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LA REVISTA ARGENTINA HUMO®: 1981-1983, CONSOLIDACIÓN COMO ESPACIO CRÍTICO

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La revista HUM®, un espacio crítico bajo la dictadura militar argentina (1978-1983) [Segunda parte]

Mara Burkart.
IEALC, FSOC, UBA-CONICET. Burkartmara@gmail.com

http://www.rafaela.com/cms/news/ver/46328/1/Tapa-Revista-Humor-N%C2%BA-57.-Abril-1981-.html

Nº 51 abril 1981. Fuente: rafaela.com

En marzo de 1981, el clima social era ambiguo. Coexistían deseos de cambio, orientados por los valores de libertad y justicia, con una generalizada desconfianza y pesimismo sobre las reales posibilidades de su concreción. La imagen de “blando” que había presentado el sucesor de Videla, el general Viola, y la designación de Lorenzo Sigaut, adversario de Martínez de Hoz, como ministro de economía abonaron la esperanza que tenía buena parte de la sociedad de que la dictadura se distendiera y que la transición democrática se pusiera en marcha con vistas a 1984, fecha de culminación de su mandato. Las dudas en torno a las “buenas intenciones” del sucesor de Videla se basaban en que éste también había asegurado fidelidad a las grandes líneas trazadas por el “Proceso”. Y a todo esto se sumaba el pesado legado dejado por Martínez de Hoz.

El régimen iniciaba una nueva etapa y a diferencia de 1978, ésta fue una nueva distensión que encontró a una sociedad civil más dispuesta a sacar provecho de ella. HUM®, en particular, así lo demostró. Para la revista de Cascioli fue la de su mayor éxito mientras que para el “Proceso” fue un período de reiterados y fallidos intentos de recomposición que derivaron, con la Guerra de Malvinas mediante, finalmente en su derrumbe. En otras palabras, mientras HUM® acumuló cada vez más capital simbólico; el “Proceso” lo perdió. Entre 1981 y 1983, las luchas simbólicas recrudecieron y se fueron articulando en torno a una confrontación más general expresada de modo dicotómico: aquella disputada entre dictadura y democracia, entre militares y civiles.

Al principio, HUM® tuvo una postura ambigua con respecto a Viola, éste era blanco de la sátira mientras que en las notas “serias” se había optado por arremeter contra el sector duro de las fuerzas armadas y mostrar cierta tolerancia hacia el dictador. Esta postura se combinó con una explícita denuncia de las “patotas” que aún actuaban ilegalmente. La consolidación de HUM® se dio en el plano de su politización a partir de incorporar a analistas políticos entre sus colaboradores y ampliar el círculo de entrevistados a los dirigentes políticos y sindicales.

A fines de 1981, cuando el golpe palaciego desplazó a Viola, la revista anunció y publicó con una imagen satírica el “naufragio del Proceso” (H nº 73, 1981: 1). No obstante, las fuerzas armadas lograron sobreponerse de la severa crisis que estaba atravesando el régimen, y designaron presidente de la Nación al general Galtieri, representante de los “duros”. Si se había esperado que Viola fuese la llave para la transición democrática, la toma del poder por parte de Galtieri postergaba indefinidamente ese futuro. Sin embargo, al saldarse la interna militar, para la oposición civil gestada a lo largo de 1981, quedaba facilitada la definición del contrincante político. En este contexto, los editores de HUM® profundizaron aún más la politización de la revista y el nivel de confrontación con las autoridades procesistas. La crisis de la dictadura motivó una revisión crítica del mismo y HUM® puso en evidencia el incumplimiento de las promesas y objetivos proclamados por éste en marzo de 1976. La estrategia expositiva elegida partía del presupuesto de que en aquel entonces se había creído en la propuesta de orden de las fuerzas armadas. De este modo, se daba cuenta del proceso de pérdida de la credibilidad en el “Proceso” y se le hacía un guiño cómplice y tolerante a quienes en marzo de 1976 habían creído en esas promesas y, a fines de 1981, se sentían decepcionados ante su incumplimiento. Esta exculpación se articulaba con la explicitación de la lucha simbólica en el plano político que HUM® estaba decidida a encarar.

Cascioli, HUM® nº 73, noviembre de 1981

Cascioli, HUM® nº 73, noviembre de 1981

A través del columnista político Enrique Vázquez, HUM® dio su apoyo a la Multipartidaria[1]. Vázquez, que meses antes había cuestionado la incorporación del peronismo al diálogo multipartidario, convocó a dejar a un lado las diferencias y a superar los reparos: “la Multipartidaria somos todos” (H nº 73, 1981: 32). El apoyo se basaba en el reconocimiento de una lucha política en la cual “nosotros estamos acá y ustedes en la vereda del frente; ¿quieren cruzar, para que estemos todos juntos del mismo lado, o nos peleamos de una vez y para siempre?”. Vázquez invitaba a los militares a unirse a la “vereda” de la democracia, es que aún no se podía pensar ésta sin las fuerzas armadas y había repartos en conformar una alianza antiautoritaria. Fue bajo el gobierno de Galtieri que se abrió el camino en ese sentido.

Junto al posicionamiento político, Enrique Vázquez definió a la democracia como un régimen político y como un modo de vida; y reivindicó, en términos genéricos, a los dirigentes político-partidarios. Estos fueron enaltecidos, se les reconoció estatura moral y valentía al punto de considerarlos héroes solitarios (H nº 73, 1981: 33). Aunque exagerado y alejado de la verdad, este reconocimiento tenía el implícito propósito de revertir la imagen peyorativa que históricamente buena parte de la sociedad y HUM®, hasta unos meses atrás, tenían de éstos. La democracia representativa se erigía como la única y mejor alternativa y para que triunfe como opción debía acompañarse con una imperiosa legitimación de sus principales actores: los partidos políticos y sus dirigentes, los cuales en la Argentina se habían caracterizado por su histórica debilidad. En otras palabras, si la Multipartidaria encarnaba la mejor alternativa opositora a la dictadura y la vía para alcanzar la democratización, había que contribuir a crear las condiciones de concreción de la misma. Y HUM® contribuyó con ello. La revista dejó de tener a los partidos políticos creados desde la sociedad civil como blanco de su sátira y, en cambio, los benefició con la transferencia de capital simbólico y político que les proveyó al entrevistarlos o mencionarlos. A fines de 1982, este gesto fue retribuido cuando la revista fue amenazada por la Junta Militar.

A la definición de la lucha política en términos de democracia contra dictadura que se estaba gestando, se sumaban las luchas específicas en el ámbito de la economía y la cultura que HUM® venía llevando adelante desde sus inicios y que ya había explicitado. HUM® continuó expresando su ferviente oposición al modelo liberal y este rechazo se leía ahora desde la mirada dicotómica sobre la realidad política que Vázquez había sugerido al definir la existencia de dos veredas enfrentadas. En otras palabras, la lucha económica y la política se articulaban como parte de una lucha más amplia que estaba tomando forma: la antidictatorial. En el campo de la cultura, la lucha también quedó planteada en términos dicotómicos. HUM® combatió a la censura y la mediocridad a la vez que activamente buscó recuperar parte de la trama cultural que el acción represivo había desplazado o aniquilado.

A medida que avanzaba el año 1982, el clima de descontento social y de deslegitimación del “Proceso” fue en aumento. Con sagacidad, HUM® se colocó a la par de ese estado de ánimo colectivo. Su sátira y sus notas serias se hicieron eco de la indignación y del fuerte sentimiento antidictatorial que impregnaba el ánimo social y que se estaba convirtiendo en antimilitar. No sólo se reclamó por el retorno al Estado de derecho sino que se denunció la reacción del gobierno militar y de sectores del periodismo todavía afines a él que desacreditaban la reactivación de la sociedad y buscaban generar miedo. HUM® les respondió, en nombre de quienes sentían “cansancio moral” y estaban al “límite de la paciencia” (H nº 74, 1982: 5): “Cuando se pide mayor apertura y tolerancia, cuando se abre el abanico de opiniones, hay quienes parecen querer cerrarlo con la intención de demostrar que no hace tanto calor como para refrescarse con una variedad de ideas o gustos. […] Nos agobia esa rígida visión” (H nº 77, 1982: 5).

En marzo de 1982, el asesinato de la militante trostkista Ana María Martínez fue el detonante que puso fin a aquel resto de paciencia. Enrique Vázquez lo definió como “un balazo en la nuca del país” (H nº 77, 1982: 116) que ponía fin al pacto de silencio y olvido que la sociedad asumió con las fuerzas armadas en 1976, cuando:

Se nos exigió silencio para justificar los excesos de la represión. […] Y, pobres giles, extendimos nuestro silencio como ofrenda póstuma. El silencio: lo único que nos quedaba. Quisimos creer que había futuro porque, al fin y al cabo no nos quedaba otra alternativa. Llegamos a suponer que la cuota de sangre vertida en cinco años alcanzaba para cubrir la hipoteca que desde siempre pesa sobe nuestras vidas.

La pérdida de la credibilidad en los militares se representaba como el fin de un pacto suscripto por la sociedad con aquellos en marzo de 1976. Y la ruptura devenía, explicaba Vázquez, porque hacía más de tres años que las fuerzas armadas habían anunciado el fin de la “guerra” pero “todavía andan por ahí unos relucientes [Ford] Falcon verde oliva sin chapas de identificación”. Se había llegado al punto en que “este país necesita saber el nombre y la cara de uno, por lo menos uno solo de los asesinos, para poder dormir de noche creyendo que al día siguiente habrá otra vez justicia igual para todos”. La democracia, devenida en la mejor alternativa política con el estatus de constituir todo un nuevo modo de vida, no incluía aún la revisión del pasado inmediato ni el reclamo por los “desaparecidos”. HUM® tan sólo exigía un castigo ejemplar, el cual era casi insignificante comparado a los reclamos que en ese entonces hacían los organismos de derechos humanos. En HUM®, la demanda por el fin de la violencia ilegal estatal y paraestatal era más fuerte que la que exigía la aparición con vida de los desaparecidos. Este reclamo limitado contrastaba con el hecho de que Cascioli y otros colaboradores de la revista venían firmando las solicitadas de los organismos de derechos humanos desde hacía por lo menos un año.

Estos reclamos de justicia y de fin de la violencia expresados por HUM®, se sumaban a aquellos que exigían el fin del modelo liberal, de la censura y el retorno de la democracia. Y todos se articulaban en la postura antidictatorial de la revista, lo cual irritó a ciertos grupos con poder que amenazaron a la revista y a sus periodistas. Enrique Vázquez quien por ese entonces también denunciaba la corrupción del régimen dictatorial, recibía amenazas anónimas que lo obligaban a no tener un domicilio fijo y a ocultarse en el Hotel Bauen, con el cual la revista tenía un canje publicitario. En marzo de 1982, en las oficinas de la editorial se presentó un hombre que invocó ser inspector del Ministerio de Defensa y, tras mostrar una credencial, solicitó los datos completos de varios de los colaboradores de HUM®. Se trataba de un “apriete” y HUM® lo denunció ante el Ministerio de Defensa y en sus páginas. Sin embargo, la revista no se amedrentó y su reacción fue avanzar y fortalecer su perfil crítico.

A la violencia ilegal y clandestina y a las siniestras amenazas se sumó la represión policial y militar. El 30 de marzo de 1982, una importante movilización a Plaza de Mayo convocada por la CGT-Brasil fue duramente reprimida. Todos los grandes diarios informaron sobre los hechos de violencia, y HUM® también lo hizo. En ese contexto, Galtieri sorprendió a la sociedad argentina y, en especial, a la oposición política con el anuncio de la “recuperación” militar de la soberanía sobre las Islas Malvinas. Un nuevo intento de inyectarle iniciativa del “Proceso” se ponía en marcha y, en efecto, logró dislocar a la oposición civil. Pero si bien la apelación oficial al fervor nacionalista y triunfalista fue eficaz, no logró acallarla totalmente. HUM®, como todos los sujetos del campo cultural y político, apoyó en un primer momento la “recuperación” de la soberanía sobre las Islas, no obstante frente al conflicto bélico, tomó distancia (Burkart, 2013a). En una nueva coyuntura marcada por una marcada intolerancia hacia voces impugnadoras por parte de las autoridades y buena parte de la sociedad, intentó dar continuidad a sus reclamos por la democratización política. No criticó a la guerra directamente pero empezó a filtrar algunas dudas con respecto a la veracidad de la información que los medios difundían y se opuso al clima belicista que se había generado, tratando de sostener la sensatez que ya la caracterizaba. Su apoyo no del todo complaciente con los militares significó la disminución de las ventas y algunas presiones. Pero, una vez consumada la derrota, le permitió sumar capital simbólico y legitimarse como un ejemplo de la “resistencia cultural” a la dictadura.

La derrota en Malvinas fue inesperada y sorpresiva pero ese desconcierto inicial se transformó rápidamente en frustración, bronca y en un fuerte repudio hacia los militares. El antimilitarismo se vio alimentado por el “descubrimiento” de la manipulación informativa durante la guerra y las pésimas condiciones en las que habían tenido que combatir y sobrevivir los soldados argentinos en las Islas. Para HUM®, “el colmo” era, por un lado, la acusación de “subversivos” y los sumarios que los altos mandos militares les abrieron a los conscriptos que se animaron a denunciarlos. Por otro lado, las declaraciones como las del presidente interino, el general Alfredo Saint Jean, quien dijo que “a pesar de todo en el país se vivía cada vez mejor”. Frente a la situación, HUM® se preguntó: “¿Y ahora, dónde me pongo?” (H nº 84, jun. 1982: 5). Pero si esta pregunta podía abrir un camino a la autocrítica, no fue el elegido. HUM® más bien se concentró en analizar la histórica negación de la identidad latinoamericana por parte de la sociedad argentina, enmarcada en el hecho de que fueron los países de la región, con la excepción de Chile, los que apoyaron la causa argentina en Malvinas. La revista se plegaba al silencio generalizado en torno a la adhesión a la Guerra y, como buena parte de la sociedad, procuró olvidar aquel apoyo y mirar hacia adelante.

El fracaso en Malvinas significó el colapso del “Proceso” y puso en marcha la transición democrática con las fuerzas armadas sumidas en la más profunda crisis política e institucional. La fractura de la junta militar con el alejamiento de la Armada y la Fuerza Aérea fue el momento de mayor vulnerabilidad de la dictadura; pero los militares siguieron gobernando pues los partidos políticos, aún débiles, rechazaron hacerse cargo de la transición. Se trataba de una situación política inédita: la transición democrática se iniciaba por el colapso del régimen y no debido a la movilización popular como había sido en 1973. También, a diferencia de aquel entonces, no había líderes políticos de envergadura, Perón y Balbín habían muerto e Illia no era considerado un líder sino un “hombre bueno” (H nº 99, 1983: 11). Para HUM®, se estaba en “el escenario más dramático de nuestra historia contemporánea” (H nº 85, 1982: 18). El “Proceso” estaba muerto y la interna militar se descontroló. La revista de inmediato volvió a la “vereda” de enfrente con la premisa de “ganar la posguerra”, es decir, mirar hacia delante a los fines de garantizar el retorno al Estado de derecho asumiendo como propia la tarea de sentar las bases para la construcción de un nuevo orden democrático.

HUM® interpretó la nueva coyuntura como la posibilidad para establecer un punto de inflexión histórico. Para Enrique Vázquez “ya todos estamos de acuerdo en algo: este país se acabó y hay que empezar de nuevo. Es inútil que nos echemos la culpa entre nosotros” (H nº 87, 1982: 31). Su propuesta era “volver a las fuentes” esto era recuperar el espíritu de 1810, convocar “otra vez al pueblo a la plaza” para “declararnos libres”; y el de la Asamblea de 1813 que ponía fin a la tortura y a “las capuchas de la vergüenza y el terror indiscriminado. […] Y que no vuelvan nunca más”; había que exigir la independencia como en 1816 y volver a 1853, a la Constitución Nacional, “que nos garantiza derechos y nos obliga deberes, que divide en tres a los poderes del Estado y hace que banquemos en paz la música del vecino”. HUM® reivindicaba los valores republicanos: la libertad, la soberanía popular, la independencia, la paz, la tolerancia, la igualdad, la ley y la democracia.

En la transición democrática, la revista se puso al frente del proceso que tenía como fin la construcción de un nuevo orden social del mismo modo que en el campo estrictamente político lo hizo Raúl Alfonsín, cuyo discurso fue el más radicalizado del espectro político (Quiroga, 2004). Esta convergencia, que ya venía desde la Guerra, se tradujo en un acercamiento político concreto entre Cascioli y Alfonsín. La transición y la puja electoral implicaron fricciones y conflictos en la convivencia que, al interior de la redacción, habían logrado radicales y peronistas cuando su único enemigo eran los militares en el poder. La revista quedó estrechamente asociada al alfonsinismo, rechazó cualquier acuerdo con los militares y exigió su juzgamiento.

Peni, HUM® nº 106, junio de 1983, p. 55

Peni, HUM® nº 106, junio de 1983, p. 55

La transición democrática quedó representada en HUM® como el período más virulento de las luchas simbólicas que ésta disputó con el “Proceso”. Al tomar una posición ofensiva, abandonó las entrelíneas y las metáforas visuales y textuales, y se volvió más directa y concreta en sus críticas y denuncias. En particular, la defensa de los derechos humanos ingresó con fuerza en la revista. Esta virulencia respondía, a su vez, a las amenazas que recibió por parte de la Junta Militar que derivaron en el secuestro de su número 97 en enero de 1983 y, posteriormente, en el juicio que tuvo que afrontar. En este contexto de alta conflictividad y donde las luchas simbólicas se materializaron, la revista publicó “Las ‘Bases’ de HUM®”. Este editorial era una declaración de principios que recuperaba y radicalizaba, en sintonía con el discurso alfonsinista, los valores defendidos en el marco de las luchas simbólicas que había desplegado en los planos cultural, económico, político y de seguridad desde sus inicios. Todas ellas confluían en la gran confrontación entre dictadura y democracia disputada entre las fuerzas armadas y los civiles. Y, como se sabe, la disputa se resolvió en 1983 a favor de estos últimos, entre los cuales estaba HUM®.

 

Las “Bases de HUM®”, HUM® nº 94, noviembre de 1982, p. 5

Las “Bases de HUM®”, HUM® nº 94, noviembre de 1982, p. 5

Conclusiones

La interpretación dicotómica que se había construido en la académica, especialmente en los años 1980 y 1990, para explicar la acción de los medios de comunicación y la cultura bajo la última dictadura militar ha quedado desmontada a partir del caso de la revista HUM®. Sin tener de antemano el propósito de ser opositora al régimen, esta publicación satírica devino en tal. Inicialmente y debido a su género el humor gráfico, ocupó los márgenes del campo de la gran producción cultural y desde allí construyó lentamente las condiciones de posibilidad para identidades y subjetividades novedosas que se atrevieron a reírse, burlarse y reflexionar sobre el poder imperante. De este modo, el análisis de HUM® presentado evita una mirada esencialista de la resistencia y da cuenta de las condiciones de posibilidad para el surgimiento y la consolidación de esta publicación y su transformación en un espacio crítico de significativa importancia política y cultural.

El trabajo da cuenta del lugar de la cultura y del humor en las estrategias de oposición a la dictadura militar a partir del momento en que se produjo una primera distensión en los mecanismos represivos. Asimismo, revela las características y las limitaciones de la crítica y la disidencia por parte de una revista masiva y de humor gráfico. HUM® colocó a la cultura en un lugar políticamente central entre las estrategias de disidencia y oposición a la dictadura militar. A través del uso de lo cómico como arma, logró un sostenido crecimiento que fue acompañado con el fortalecimiento de sus posturas críticas y opositoras que derivó en un proceso de trasformación de una revista de humor en una revista política, sin abandonar el primer sentido; además de adquirir y consolidar una posición nueva y de mayor centralidad en el campo cultural. Desde esa posición y lejos de ponerse a la vanguardia de la crítica y oposición, HUM® fue lenta, tímida pero persistentemente ensanchando las grietas de la coraza impuesta por el “Proceso” y condensando nuevos sentimientos y valores que tenían que ver con la defensa del trabajo nacional, la democracia como régimen político y como modo de vida, la tolerancia, la justicia, el respeto por los derechos humanos y el rechazo a la violencia y a la participación política de las fuerzas armadas. Parte de este proceso fue el acercamiento a la revista de voces críticas a la situación cultural, económica y política impuesta por los militares y los civiles que apoyaban el proyecto castrense. Es en estos aspectos que la experiencia de HUM® cobra sentido en el marco de un conflicto hegemónico.

Bibliografía

– Blaustein Eduardo y Martín Zubieta, 1998. Decíamos ayer. La prensa argentina bajo el Proceso. Buenos Aires, Colihue.

– Burkart, Mara, 2013. “De la libertad al infierno: La revista Satiricón, 1972-1976” en Laura alosetti Costa y Marcela Gené, (comp.), Atrapados por la imagen. Arte y política en la cultura impresa argentina. Buenos Aires, Edhasa: 307-338.

– Burkart, Mara, 2013a. “Avatares de la crítica y de la sátira: HUM® y la Guerra de Malvinas”, Nuevo Mundo. Mundos Nuevos. [En línea], Cuestiones del tiempo presente, Puesto en línea el 07 febrero 2013, consultado el 09 junio 2013. URL: http://nuevomundo.revues.org/64808

– Burkart, Mara, 2012. HUM®: La risa como espacio crítico bajo la dictadura militar (1978-1983), Tesis de doctorado, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, inédita.

– Burkart, Mara, 2009. “Horcas, Guillotinas y verdugos. La representación de la “guerra antisubversiva” en la revista HUM® (1978-1983)”, Eadem Utraque Europa, Año 5, n. 9, pp. 155-190, Buenos Aires.

-Novaro, Marcos y Palermo, Vicente, 2003. La dictadura militar 1976/1983. Del golpe de estado a la restauración democrática. Buenos Aires, Paidós.

– Quiroga, Hugo, 2004. El Tiempo del Proceso. Conflictos y Coincidencias entre políticos y militares. 1976-1983. Rosario, Homo Sapiens/ Editorial Fundación Ross.

– Rommens, Aarnoud, 2005. “C de censura: Buscavidas y el ‘terror del signo incierto’ en Camouflage comics. Dirty War Images, www.camouflagecomics.com/flash.php

– Sasturain, Juan, 1995. El domicilio de la aventura. Buenos Aires, Colihue.

NOTAS

[1] Constituida formalmente en junio de 1981, por iniciativa del radicalismo, la Multipartidaria tenía el propósito de generar un espacio de negociación con un sector de las fuerzas armadas sin conformar una alianza antiautoritaria. Estaba integrada por el radicalismo, el peronismo, el MID, el PI y el PDC.

 

Written by vichoplaza

noviembre 29, 2016 at 5:02 pm

LA REVISTA ARGENTINA HUMO®: SURGIMIENTO DE UN ESPACIO CRÍTICO

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La revista HUM®, un espacio crítico bajo la dictadura militar argentina (1978-1983)[1] [Primera parte]

Mara Burkart / IEALC, FSOC, UBA-CONICET
burkartmara@gmail.com

DESDE EL RETORNO A LA DEMOCRACIA, la producción académica sobre la dictadura militar y sobre la cultura y los medios de comunicación masiva bajo dicho régimen ha sido abundante. Muchos de estos trabajos han puesto el énfasis en los aspectos destructivos y conservadores de la dictadura o en las resistencias micro o underground y en la complicidad de las industrias culturales. Durante la transición democrática, el interés y la urgencia por reconstruir el campo cultural a partir de buscar en aquel pasado oscuro y traumático las voces silenciadas y las resistencias, abonó una interpretación dicotómica de la relación entre cultura y política que sugiere que si los medios de comunicación fueron masivos, entonces fueron cómplices y obsecuentes con la dictadura; mientras que si fueron underground fueron expresión de resistencia. Este trabajo se suma a los esfuerzos que en los últimos años se vienen realizando para desmontar dicha dicotomía y propone atender a los resquebrajamientos y las contradicciones del régimen militar, y a lo que allí se gestó, en particular, a la revista HUMOR Registrado (HUM®). La relevancia de analizar esta revista se debe a su carácter de publicación satírica masiva y crítica de la dictadura militar. Su análisis contribuye tanto a cuestionar aquella mirada dicotómica como a caracterizar el campo de lo decible y lo visible bajo el régimen dictatorial.

HUM® surgió en junio de 1978, en medio del fervor generado por el Campeonato Mundial de Fútbol que tenía lugar en el país y se editó hasta 1999. Durante los años de la dictadura militar, pasó de ser una revista de humor gráfico a convertirse, en aparente paradoja, en una revista satírica seria y políticamente comprometida. HUM® se transformó en un prestigioso espacio de crítica cuya relevancia consistió en haber colocado a la cultura en un lugar políticamente central entre las estrategias de disidencia y oposición a la dictadura militar. La revista desenmascaró los proyectos fundacionales que los militares y civiles a ellos aliados intentaron imponer. También contribuyó a la recuperación del campo de la gran producción cultural a partir de estructurar sentimientos sociales dispersos en una posición en el campo, alternativa a la dominante (Burkart, 2012). Desde esta nueva posición, HUM® fue socavando la histórica legitimidad de las fuerzas armadas como actor político y erigió a la democracia como el mejor régimen político posible y como todo un modo de vida. Para ello, los diversos recursos de lo cómico y del humor se constituyeron en elementos fundamentales por su carácter ambiguo y esquivo como así también por su capacidad cohesiva. Esta transformación de HUM® ocurrió en dos grandes momentos, uno inicial que se extiende entre 1978 y principios de 1981, y otro de consolidación que comprende los años 1981 a 1983. El artículo está organizado en dos secciones en función de esas dos etapas y finaliza con unas reflexiones a modo de conclusión.

1978-1981: HUM®, SURGIMIENTO DE UN ESPACIO CRÍTICO

En 1978, ciertas grietas aparecieron en la coraza impuesta por la dictadura militar, instaurada tras el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Estas fueron producto de factores externos e internos: por un lado, el viraje en la política exterior del gobierno demócrata de James Carter en los Estados Unidos hacia una novedosa asociación entre democracia política y vigencia de los derechos humanos; por otro lado, el anuncio por parte del presidente de facto general Videla del fin triunfal de la “guerra antisubversiva” y del inicio de la etapa propiamente fundacional del autoproclamado Proceso de Reorganización Nacional; y la aceptación a que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) inspeccionará el país al año siguiente. Finalmente, la sociedad civil tuvo un incipiente despertar. El campo cultural fue uno de los espacios propicios para acciones embrionariamente colectivas desplegadas “dentro de los límites estrechos que suponía no desafiar abiertamente al régimen” (Novaro y Palermo, 2003: 151). El campo intelectual se reactivó a la vez que se produjo un reacomodamiento en el campo de “la gran producción”, siguiendo a Bourdieu (2005), aquella orientada a la satisfacción de las expectativas del gran público; que insinuaba una distensión de los mecanismos represivos producto más de las pujas al interior de las fuerzas armadas que de una política concertada o de la presión social. En julio de 1978, el diario Clarín publica la primera caricatura de Videla realizada por Sábat; vuelve el actor cómico Tato Bores a la televisión, a Canal 13, después de haber sido sacado del aire en 1974; y Miguel Paulino Tato es echado de su cargo de censor cinematográfico. Si bien estuvo lejos de ser el fin de la censura y de la persecución de agentes del campo cultural, esta primera distensión procuró, con un fuerte sesgo simbólico, cerrar una etapa e iniciar otra.

La celebración en el país del Campeonato Mundial de Fútbol en junio de 1978 hizo de la imagen de Argentina ante el mundo una cuestión de Estado. El país debía mostrarse en orden, en paz, alegre y con márgenes de libertad. El acontecimiento deportivo no generó en la sociedad actitudes significativas de rebeldía sino que primó “jugar de argentinos” como oficialmente se le demandó. Por su parte, los grandes medios acompañaron más enfáticamente que nunca al gobierno (Novaro y Palermo, 2003). Pero el Mundial también posibilitó un muy incipiente cuestionamiento al estado de cosas impuesto por los militares y un resquicio por el cual deslizar un nuevo producto cultural. En ese contexto, surgió HUM®, una nueva publicación de humor gráfico dirigida por Andrés Cascioli[2], que marcó un quiebre en la uniformidad y monotonía cotidiana de los medios de comunicación.

No obstante, el hecho de que todas las miradas del mundo se posaran sobre el país y el énfasis de los militares en mostrar un país en paz y libertad no era suficiente para garantizar la supervivencia de la nueva empresa. Cascioli y muchos de los humoristas y periodistas convocados para la revista habían participado en emprendimientos editoriales que habían sido clausurados por el poder político antes y durante la dictadura militar. Tomás Sanz, jefe de redacción de HUM®, reflexiona al respecto: “Nunca supe por qué insistíamos en seguir haciendo esto. Seguro que fue más por ingenuos que por valientes. Y porque era lo único que sabíamos hacer” (Página/12, Suplemento Radar, 02/07/2006). Y agrega “Era el ‘78, y lo peor de la represión había pasado. Pero también era andar por la cuerda floja, porque los nombres eran siempre los mismos, y en algún lado saltaban”. En efecto, el surgimiento de HUM® se produjo bajo una percepción general de que con la fiesta mundialista se cerraba una etapa, aquella marcada por la “guerra antisubversiva”. Como señala Blaustein, “Con el Mundial, y aunque con una lentitud atroz, comienza oficialmente el deshielo” (1998: 32); también empieza a articularse nuevos horizontes de sentido, a homogeneizarse sentimientos, ideas e imaginarios sociales de sujetos dispersos y replegados en el espacio social y cultural producto del accionar destructivo y autoritario de la dictadura militar. HUM® convocaría y reuniría a quienes nunca habían adherido o empezaban a dejar de adherir al “Proceso”.

Cascioli, HUM® nº 1, junio de 1978

Cascioli, HUM® nº 1, junio de 1978

Advirtiendo que aún no estaban dadas las condiciones para una publicación de humor político independiente, se decidió hacer una revista de humor “a secas”. Como dice Sasturain (1995: 23), su nombre exponía esa estrategia al sugerir “algo así como: ‘fíjense, somos esto, sólo esto y no mordemos, tenemos patente, chapa, registro de humoristas’”. Para evitar que la empresa muriera en el primer intento, además del nombre se había decidido “‘peinar’ bastante las notas, cuidándonos de alguna posible clausura” (H nº 221, 1988: 60), recuerda Tomás Sanz y evitar hacer referencia a la Iglesia católica –que había motivado el secuestro y las agresiones que recibió el director de MAD en febrero de ese año– y a cuestiones sexuales para que la revista no fuera calificada de “inmoral” por pornográfica, lo que podría implicar la clausura. La experiencia ya acumulada con Satiricón y Chaupinela les había enseñado que frente a la censura legal era más fácil defender y conseguir adhesiones para una publicación política que para una calificada de pornográfica. Asimismo, se evitó desafiar al régimen de modo explícito, había un reconocimiento tácito de que éste no estaba dispuesto a tolerar críticas directas y mucho menos, la denuncia de las atrocidades represivas. Se sabía que quienes se habían atrevido a hacerlo lo habían pagado con el exilio, la cárcel o hasta con la vida. El hecho de que similar destino también tuvieron quienes se habían mostrado más conformistas, dejaba en evidencia que los límites y las reglas no eran claros. Al presentarse ante los lectores, HUM® se definió escuetamente como “un divertido ensayo de juntar buenos dibujantes, humoristas con gracejo y gente que piensa con cierta fineza y profundidad acerca de algunas cosas que pasan. Nada más. Vamos a tratar de ponernos ese tipo de anteojos para leer las páginas que siguen. Que nos divirtamos todos” (H nº 1, 1978: 9). También llamó a olvidar a sus antecesoras como estrategia dirigida a despegarse de aquellas ante la censura pero también como parte de la percepción de que había que “comenzar a pensar para después” con respecto a la dictadura.

Sin embargo, el producto que se ofrecía, con las caricaturas de la portada, el estilo gráfico, cierto sentido crítico y el equipo de colaboradores; remitía indefectiblemente a las experiencias editoriales pasadas y se contraponía a dichas advertencias. HUM® estaba dirigida a un público masivo, no obstante, su lector enunciativo (que no es necesariamente su lector empírico) era un hombre de clase media urbana, de unos treinta o cuarenta años, casado y con hijos, informado, inteligente, honrado, de buena conciencia y que no había tomado las armas en los años previos al Golpe. Es decir, un ciudadano dispuesto a asumir ciertos compromisos y no ser indiferente ante la realidad. De entrada, HUM® se mostró como una revista con límites y con una fuerte impronta moral. A diferencia de Satiricón (Burkart, 2013), no estaba dispuesta a faltarle el respeto a todos los valores instituidos pero, como ella, apelaba a la sátira política, a usar lo cómico como arma. HUM® construyó un enunciador serio mas no solemne, que no se reía por cualquier cosa sino del enemigo blanco de su sátira. Así, no promovió la burla a la inteligencia, salvo cuando ésta se presentaban elitista y soberbia; y tampoco al compromiso ni a la buena conciencia. Estos fueron sus límites.

La censura municipal clasificó el primer número de HUM® de “exhibición limitada” (BOM nº 15.792, 13/06/1978) y Cascioli lo tuvo que defender frente a la comisión de moralidad que funcionaba en el Centro Cultural General San Martín. Según recuerda Cascioli, allí sostenían que publicaciones como HUM® “le hacían mal al país, que los chicos de seis o siete años que se acercaban a los kioscos podían encontrarse con una publicación como esa y les iba a hacer muy mal” (H nº 221, 1988: 60). Sin embargo, logró la autorización para lanzar la revista. HUM® no fue un éxito comercial inmediato pero sus ventas fueron en continuo ascenso durante el período de la dictadura militar. El progresivo éxito de HUM® se tradujo en un crecimiento de la revista –más páginas y más colaboradores– y de su editorial, Ediciones de la Urraca, la cual lanzó al mercado editorial las revistas El Péndulo (1979), Mutantia (1980), HUM® & Juegos (1980), Rock SuperStar (1979) que al poco tiempo devendría en HURRA (1980), SuperHUM® (1980) y HUMI (1982). Todas ellas estuvieron montadas sobre el éxito y capital simbólico de HUM®, y condensaban su misma estructura del sentir.

Entre 1978 y principios de 1981, la trayectoria de HUM® estuvo marcada por la experimentación y la definición de un contrato de lectura. A prueba de ensayo y error, fueron recurrentes los cambios en su equipo de colaboradores y en las secciones de la revista. Esto se acompañó con una creciente ampliación en el abordaje crítico de la actualidad nacional. En este período inicial un clivaje se produjo en diciembre de 1979 cuando HUM® publicó en su tapa la primera caricatura de Videla, lo cual le generó un salto en las ventas y, al no ser sancionada, le abrió camino para incursionar en el humor estrictamente político. Previo a ello, entre junio de 1978 y diciembre de 1979, la política económica y la cultura dominante fueron los blancos centrales de la sátira y la crítica. Dada la centralidad que tenía para el “Proceso” y el poder que concentraba el ministro de economía Martínez de Hoz, el abordaje crítico de la política económica fue el de mayor audacia. No obstante, HUM® no estaba a la vanguardia de dicha crítica sino que se sumaba al coro de voces impugnadoras del modelo y del ministro. Asimismo, la crítica se veía facilitada por el hecho de que el ministro de economía y su equipo eran civiles y no militares. Estos aspectos resultaron decisivos para convertir al ministro en el primer miembro del gobierno en ser caricaturizado por parte de una publicación como HUM®, recién lanzada al mercado, independiente y con un equipo editor con antecedentes ante la censura.

Martínez de Hoz no fue su único blanco de sátira, HUM® también se burló de los promotores del modelo liberal, de las burguesías nacionales y de los sectores de clase media que en ese entonces saciaban sus ansias consumistas gracias a lo que se dio en llamar la “plata dulce”. HUM® estuvo abocada a desenmascarar las verdaderas dimensiones del proyecto económico de Martínez de Hoz y denunciar el modo autoritario de su implementación. Entre las víctimas de la sátira seguramente había lectores empíricos de la revista que se rieron de sí mismos frente a las caricaturas grotescas que de ellos ofreció la revista. HUM® convocaba a ser parte, aunque sea simbólicamente, de la selecta comunidad que lograba evitar verse fascinada por la “plata dulce”, que no se dejaba engañar y veía las consecuencias nefastas de la política económica ya que se sentía comprometida con el viejo modelo económico que estaba siendo destruido.

La cultura, la otra cuestión satirizada por HUM®, fue representada en sus dos acepciones: como manifestaciones artísticas, intelectuales e incluso deportivas; y como modo de vida. Este último aspecto estuvo estrechamente vinculado al humor costumbrista de larga tradición en el país cuyo despliegue en HUM® no asumió grandes innovaciones estilísticas ni temáticas; incluso fue menos audaz que su predecesora Satiricón. En cambio en el primero, su propuesta consistió en faltarle el respeto a lo establecido y permitido por la dictadura: la cultura oficial y oficialista. Sin embargo, no se dedicó únicamente a ello, también se propuso reivindicar y difundir a quienes en el campo de la cultura consideraba respetables o interesantes pero, dadas las condiciones políticas y sociales impuestas por la dictadura militar, contaban con escasa publicidad, cultivaban el bajo perfil, estaban cayendo en el olvido, integraban listas negras por las cuales habían sido “desaconsejados”, etiquetados como “prescindibles”, prohibidos o fueron perseguidos, debiendo algunos de ellos exiliarse. Esta propuesta, efectuada en un contexto de violenta reducción de la esfera pública y del campo cultural y mediático, adquiría sentido político. HUM® buscaba delinear un horizonte a futuro y para ello era fundamental recuperar la vasta trama cultural del país que el accionar de la Triple A y luego del “Proceso” habían desplazado y aniquilado. Con el tiempo, este aspecto cobraría mayor dimensión y se constituiría en la nota distintiva y “seria” de HUM® con respecto a sus antecesoras y al resto de las publicaciones masivas que se editaban en aquel entonces.

En 1979, el artículo de María Elena Walsh, “Desventuras en el país Jardín-de-Infantes”, publicado por el suplemento cultural del diario Clarín, abrió una senda que HUM® se mostró dispuesta a profundizar. La cantautora infantil, con la carga simbólica que esa profesión y su trayectoria representaban, se había animado a exigir el fin de la censura y del paternalismo. Aunque reconocía la actuación de las fuerzas armadas en la “lucha antisubversiva”, Walsh sintetizaba el malestar que había en el ámbito de la cultura y que nadie hasta ese entonces había osado denunciar públicamente en un medio masivo nacional. Según Novaro y Palermo, el artículo fue un “esfuerzo de transacción representativo de la forma en que se hallaban dispuestos a entender al régimen, quienes se hallaban fuera del mismo y querían una vida diferente a la que éste estaba permitiéndoles” (Novaro y Palermo, 2003: 347). Su artículo tuvo un gran impacto sobre los agentes del campo cultural, entre los cuales estaba HUM®, que venían expresando tímidamente cierta disconformidad hacia la censura y otras políticas del “Proceso”.

A fines de 1979, la revista abordó por primera vez y de modo explícito el tema de la censura. Específicamente, fue a través de su reportera, Mona Moncalvillo, y a partir de convocar voces autorizadas y ajenas a la revista. Moncalvillo sorprendió entrevistando al célebre censor Miguel Paulino Tato y luego, a la mismísima María Elena. Si bien puede llamar la atención que HUM® haya optado por darle espacio al ex funcionario más que a las víctimas de la censura, lo cierto era que las principales víctimas de la censura, si estaban vivas y en el país, aún estaban con miedo para denunciar abiertamente su situación o estaban aún prohibidas y había riesgo sobre sus vidas con lo cual publicar un reportaje a ellas significaba para HUM® un desafío mucho más importante del que estaba decidida a llevar adelante. La estrategia de la revista era, como recuerda Cascioli: “cuando veíamos que alguien se animaba a decir algo contra el gobierno lo aprovechábamos bien” (H nº 221, 1988: 62). El tratamiento serio y satírico que se hizo de la censura fue bien recibido por los lectores que encontraron en la revista un medio a través del cual canalizar la incomprensión sobre el accionar de aquella y su tedio hacia una oferta cultural pobre. Cabe destacar, la importancia de estos pequeños espacios en el marco de un contexto fuertemente reprimido y censurado, bajo el cual la cultura del miedo se desplegó sin parangón.

HUM® sacaba provecho de la grieta abierta por Walsh, sin embargo, no se sumaba al “esfuerzo de transacción” propuesto por la escritora. En ese entonces, la revista no reconoció a las fuerzas armadas por la “lucha antisubversiva”. Este gesto de omisión no significó un total silencio por parte de la revista hacia el tema de la violencia estatal y paraestatal. Desde su primer número HUM® aludió a ésta a través de la imagen humorística. Entre 1978 y diciembre de 1979, se publicaron gran cantidad de chistes de humor negro, que llaman poderosamente la atención debido a que dan cuenta de umbrales de sensibilidad hacia la tortura y la muerte que hoy en día nos parecen inconcebibles (Burkart, 2009; 2012). El abordaje satírico de la economía y de la cultura fueron los cimientos sobre los cuales se recortaron estas llamadas de atención sobre los aspectos más siniestros y terroríficos de la dictadura militar cuyo tratamiento implicaba un riesgo aún mayor al cual se estaba dispuesto a asumir. En esta etapa inicial, fue a través de la imagen más que la palabra como HUM® representó la tortura, el asesinato, el fusilamiento y, así, distintas formas de alcanzar la muerte de manera violenta.

Las condiciones de posibilidad para estas representaciones humorísticas fueron las grietas e intersticios que los debates al interior de las fuerzas armadas produjeron en la coraza que éstas habían impuesto a la sociedad. El hecho de que los máximos responsables del proyecto de aniquilamiento fueran militares, dificultaba su representación. Los humoristas supieron sortear esta cuestión apelando a metáforas visuales que permitían aludir a ellos de modo sesgado. El repertorio iconográfico más recurrente fue el de los suplicios de la Edad Media, de la Temprana Modernidad –especialmente, de la Inquisición– y de la Revolución Francesa. Horcas, guillotinas, hachas, patíbulos y salas de torturas y eventualmente como versión más moderna y alternativa a éstos, la silla eléctrica, fueron los instrumentos de tortura y muerte a los cuales los humoristas echaron mano para hacer sus chistes.

Aquello que estos humoristas ilustraron, Rodolfo Walsh, con gran lucidez, lo había puesto en palabras en su “Carta abierta a la Junta Militar”, distribuida clandestinamente el 24 de marzo de 1977, un día antes de su asesinato. La crudeza a la que aludía Walsh estaba matizada en los cartoons a través de la risa, la cual procuraba restarle dolor y acritud a la realidad que representaban. En otras palabras, estas imágenes naturalizaban la violencia pero la neutralización de esa realidad dolorosa y trágica se hacía a los fines de hacerla tolerable ya que también era reconocida como inmodificable o por lo menos, que su transformación no estaba al alcance de sus posibilidades.

Suar, HUM® nº 6, noviembre de 1978 p.47

Suar, HUM® nº 6, noviembre de 1978 p.47

En las representaciones de la violencia política en esta etapa inicial de HUM® se distinguen algunos aspectos en común. En primer lugar, el predominio de la representación visual por sobre la textual. La imagen constituyó el mecanismo de representación por excelencia para hacer referencia a estas cuestiones, especialmente, por la ambigüedad que ofrecía. Las metáforas visuales con referencias sesgadas e indirectas a la realidad fueron los medios predilectos para representar algo que era horroroso y doloroso a la vez que peligroso. En segundo lugar, las representaciones de víctimas y de victimarios fueron prototípicas y anónimas; y predominó el escamoteo de marcas espacio-temporales concretas. Mientras los perpetradores fueron representados a partir de varios prototipos –verdugos, matones, patotas, nazis, miembros del KKK, Idi Amin, incluso militares–, las víctimas tuvieron un mismo patrón por el cual carecieron de indicios de filiación político-partidaria, ideológica o social. Esta despolitización de las víctimas contribuyó a su legitimación social, a que pasaran de ser “subversivos” a ser víctimas, “desaparecidos”. En otras palabras, su despolitización se compensó con su humanización, lo cual en el futuro facilitó el despliegue del discurso de los derechos humanos. En la mayoría de los casos, los dibujantes recurrieron a una estética ficcional y esquemática la cual contribuyó a mantener cierta distancia en la aprehensión del hecho real. Se creó una imagen estetizada de la muerte y el dolor donde los cuerpos, en general, no cargaban con las marcas del poder. Y sobresale la representación de un estado de cosas –la situación de violencia– que no es cuestionado ni del cual se conocen sus causas. En continuidad con representaciones realizadas previas al golpe de Estado, la violencia política fue representada en su carácter individual, es decir, no hubo alusiones a masacres o exterminios colectivos.

Con estas representaciones, HUM® invitó al lector a hacer un trabajo activo de interpretación, de desciframiento de los niveles ocultos de la representación, de reponer la información escamoteada debido a la necesidad de dibujantes y editores de evitar la censura y poner en riesgo su existencia y la de la revista. HUM® interpeló al lector para llevar a cabo “un acto potencialmente subversivo que le da poder al intentar leer buscando significados ocultos que perturben el engañoso discurso inequívoco del régimen” (Rommens, 2005: 5). Si bien, no denunció hechos ni autores concretos tampoco se mostró obsecuente ni cómplice con ellos. A través de estos artilugios, HUM® ofreció herramientas para el cuestionamiento de la versión impuesta por los militares y los civiles a ellos aliados. De este modo, convocaba a quienes no se sentían convocados con los discursos hegemónicos y los incentivó a dudar de las “verdades” oficiales y oficialistas que circulaban en la prensa y a hacerse preguntas, aunque éstas quedaran circunscriptas al ámbito íntimo y privado de la lectura de la revista.

En diciembre de 1979, la revista de Cascioli publicó por primera vez en tapa una caricatura de Videla. Se trató de un gesto de gran valentía, que estuvo rodeado de varias precauciones. A la larga se convirtió en un punto de inflexión para la trayectoria de la revista porque condensó varios cambios que se venían produciendo desde meses anteriores y porque generó un salto en las ventas. La caricatura tenía un sesgo economicista, sugería que la apertura de la economía había dado lugar a las “pirañas de la importación” las cuales estaban dispuestas a devorarse a una enflaquecida “industria nacional”, encarnada en Videla. Además, su audacia se veía matizada por el hecho de que Videla aparecía como víctima más que como responsable de la situación. En el editorial, el primero de la revista, HUM® se definió explícitamente en “lucha contra la importación” y en defensa de la industria nacional con cuyo desarrollo se sentía comprometida.

Cascioli, HUM® nº 24, diciembre de 1979

Cascioli, HUM® nº 24, diciembre de 1979

El hecho de no haber recibido más que una llamada de atención por parte de las autoridades nacionales fue percibido por los editores como una habilitación para avanzar en la oposición al avance del modelo liberal y con la sátira estrictamente política al sumar a las autoridades militares a los blancos de su crítica. En este sentido, HUM® inició el año 1980 con un cauteloso pero persistente proceso de politización tendiente a desafiar y ampliar los límites de lo permitido por el régimen. La sátira estrictamente política se convirtió en la mayor audacia de la revista, la cual se alternó con el humor y la crítica dirigidos a la situación económica y cultural, en este último caso, siendo central el problema de la “mediocridad cultural”. El humor negro se replegó, dando indicios de un cambio en la sensibilidad hacia el tema de la violencia.

El “diálogo político” fue el acontecimiento más sobresaliente en la primera mitad del año y marcó el inicio de la politización de HUM® en su sentido más estricto y sistemático. Los dirigentes partidarios volvían a la escena política de mano de los militares y HUM® se burló de todos ellos, desenmascarando las intenciones de unos y de otros. La sucesión presidencial dentro del marco del “Proceso” fue otra cuestión satirizada por HUM®. Ésta atacó con su risa el modo en que se habían resuelto las discrepancias al interior de las fuerzas armadas en torno a la sucesión y la cobertura que la prensa dominante hizo de la “elección”. Asimismo, denunció la exclusión política de la ciudadanía y el militarismo, esto es, la participación de los militares en el escenario político. La realidad política boliviana, que en sí misma parecía una caricatura de la argentina, fue la materia prima de los humoristas para aludir de manera oblicua la realidad nacional y, así, evitar la censura o cualquier llamado de atención.

A diferencia de sus antecesoras, HUM® había evitado ser blanco del poder censor municipal. Las excepciones fueron su primer número y el número treinta correspondiente al mes de marzo de 1980, que como aquel y sin explicación de los motivos, fue declarado de “exhibición limitada” (BOM nº 16.251, 06/04/1980). Un caso llamativo es el registrado en el Boletín Oficial Municipal en septiembre de 1980. El secretario de Cultura, Ricardo Freixá, decidió desestimar la calificación aconsejada por la Comisión Asesora para la Calificación Moral de Impresos y Expresiones Plásticas para las publicaciones HUM® nº 39, correspondiente a agosto de 1980, “por no observarse motivos suficientes que así lo justifiquen” (BOM nº 16.364, 19/09/1980). En ese número, se publicaba por primera vez una caricatura del ministro del Interior, general Harguindeguy, en alusión al “diálogo político”. Más allá de la ausencia de pruebas fehacientes, queda en evidencia que hubo un intento por impedir la difusión de dicha imagen y éste fue desestimado. Talvez la revista había caído involuntariamente en la interna militar. No obstante, el hecho de haber evitado la censura oficial no significó no recibir otro tipo de presiones. La prensa católica ultraconservadora, al registrar el crecimiento de HUM®, la atacó en numerosas oportunidades.

[1] Este trabajo se basa en mi tesis de doctorado: “HUM®: La risa como espacio crítico bajo la dictadura militar (1978-1983)”, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, inédita. Una versión está publicada en la revista Afuera. Estudios de crítica cultural, nº 13, septiembre de 2013.

[2] Cascioli había sido el fundador, junto a Oskar Blotta, de la revista Satiricón en 1972 y en 1974, de Chaupinela. Ambas publicaciones fueron clausuradas, la primera en 1974 y la segunda en 1975, por la entonces presidenta María Estela Martínez de Perón.

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noviembre 25, 2016 at 3:38 pm

VIOLENCIA HACIA LA MUJER: UNA MIRADA DESDE LA HISTORIETA Y LAS CIENCIAS SOCIALES

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Por: DANIEL ABRAHAM

[Texto de la ponencia presentada en Dibujos que Hablan 2, USACH, 20 de octubre de 2016]

1.- La historieta chilena ha ido tocando de manera crítica el ser machista de nuestra sociedad. Existe un protagonismo en las últimas décadas -en los creadores de historietas-, de tocar elementos propios de la problemática de género y de las temáticas LGBT. A mí juicio, es relevante para acentuar miradas desde el fanzine y las editoriales. La incorporación de diferentes sensibilidades humanas en un ambiente que fue principalmente masculino (heteronormativo) también es importante. Si uno analiza la historieta nacional de las décadas de los 60 al 80, los exponentes eran principalmente hombres, eran ellos quienes delineaban a las mujeres. Ellos hablaban por ellas y las dibujaban.

En este contexto, el recopilatorio de Monos Serios de 2008 fue un intento de antologar diversas sensibilidades en torno a la historieta (compilado realizado por Vicente Plaza y Carlos Reyes). En ella están insertas diversas miradas sobre el arte y la tensión que resulta de las historietas como un oficio al margen. También se recuentan obras que cruzan diferentes disciplinas y que poseen un carácter ilustrado en sus citas y referencias. En ese sentido, los antologadores de la historieta seleccionaron el comic “El Sentido del Silencio”, de Melina Rapimán; otorgándole una validación de rescate y de crítica para análisis o estudios ulteriores.

Primeramente haré una pequeña síntesis de la historieta y luego haré un análisis desde las ciencias sociales.

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Ésta es una historieta lineal, que explora una violación a una mujer adulta en el contexto universitario (donde se rompe el contrato social de la prohibición cultural y legal de ultrajar sexualmente).

En este comic, la protagonista primeramente enfrenta los desafíos de encarar una carrera universitaria humanista en el contexto del período 1990 al 2010. En sólo 6 páginas la autora presenta en un ambiente existencialista, una situación sociocultural compleja. El ingreso a la universidad, la llegada al mundo adulto. Esta contextualizada en ese continuo de la instalación de un verdadero “Darwinismo Social” en la sociedad chilena; que propicia el desarrollo de los valores centrados en el individualismo, el hedonismo y el logro personal, frente a los principios de solidaridad. Donde la protagonista femenina continuamente se cuestiona su lugar en el mundo, en la retribución económica que tendrá en el contexto de una ciudad que no nombra directamente; pero que posiblemente es Valparaíso y su pobreza asociada.

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En este contexto más bien depresivo -de dudas existenciales- la protagonista decide ir sola a un bar a beber. Allí se le acerca un hombre desconocido quién la aborda y ocupando la violencia física y verbal la aleja del bar con la excusa de fumar. La protagonista señala textualmente: “intenté soltarme varias veces hasta que descubrí que si no oponía resistencia me hacía menos daño” “Me violó en la escalera de un cerro”, “decidí hacerle pasar un buen rato y fingí”, “Le pedí que acabara fuera de mí”. “Al parecer lo hizo”. La verdad no lo sé.” Cómo se visualiza, es un relato duro, sin concesiones y desde la mirada de la protagonista.

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Con posterioridad –y todavía junto a su agresor- vuelven al bar donde la protagonista solicita ayuda a sus amigos que están bebiendo. Pero ninguno le cree. Y tampoco hay una confrontación entre sus amigos y el agresor. Nadie tampoco la acompaña hasta su casa. La última página es de una sola viñeta donde la protagonista señala: “¿Cómo contarlo? ¿A quién? ¿Quién podría creerme? Es mi culpa. Lo merezco. Hace cuatro días estoy encerrada en mi cuarto. Nadie viene a verme. Nadie llama por teléfono. Nadie pregunta qué pasa. Ésa es la historia.”

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2.- Cuando vi la primera convocatoria a esta sesión de Dibujos que Hablan 2, observé que uno de sus temas era lo relativo a la ciencia. La ciencia no es sólo datos duros de la naturaleza sobre átomos y grupos de Galaxias. Por tanto, trataré de hacer un análisis desde las ciencias sociales para explicar la agresión central que relata esta historieta.

La violencia de género constituye un elemento de nuestra sociedad y donde diferentes factores socioculturales pueden incidir en su prevalencia (campo/ciudad, clase social, grupos etarios, la migración, factores del fenotipo). La subordinación de la mujer al hombre, bajo las ideas religiosas, biológicas, repercute en una discriminación sobre el desarrollo de sus capacidades y potencialidades[1].

Una de las manifestaciones que pueden ocurrir en nuestra cultura es el de la violencia sexual hacia la mujer. Esta posee varios niveles desde el acoso simbólico o verbal, hasta el de la violación. En el caso del comic brevemente reseñado, se podría decir que existió una coerción sexual, es decir una actividad sexual no deseada que se produce como consecuencia del uso de la fuerza, presión psicológica o cualquier tipo de estrategia por parte del atacante para vulnerar la decisión de la víctima a participar de una interacción sexual. Esta puede ser desde exhibicionismo, toques sexuales hasta el coito.

Las prohibiciones sociales en torno a evitar la violencia sexual en nuestra sociedad repercuten en un entramado cultural que muchas veces invisibiliza este tipo de agresiones y que de alguna forma también minimiza su impacto y dolor en el sujeto violentado. A partir de la convivencia en el entramado social, los seres humanos adoptan de manera mayoritaria cierto tipo de conductas consideradas como válidas y normales. Por tanto, el fenómeno de la violencia de género posee visiones que la validan y que también suelen condenar tanto a la víctima como al victimario.

Entre los factores culturales que podrían incidir en esta situación de vulneración hacia la mujer, (entre otras porque éstas son cuestiones multicausales) puede ser el conocimiento sobre la sexualidad de los jóvenes chilenos. Según un estudio de 2014 (Barrientos Delgado y Silva Segovia) sobre jóvenes e iniciación sexual; los conocimientos sobre sexualidad de este grupo etario son limitados, dificultando la autodeterminación sobre el tipo de sexualidad que se desea y de los derechos de sus parejas esporádicas o permanentes.

Por otra parte, el Estado chileno promueve una educación sexual más enfocada a aspectos biológicos y reproductivos; que orientada a las dimensiones del placer, la diversidad sexual y prevención de la violencia sexual.

Otro aspecto son los estereotipos de género fuertemente influenciados por la heteronormatividad de la sociedad chilena. Existen creencias asociadas fuertemente al género como por ejemplo el deseo sexual. De igual forma se condicionan en las formas de flirteo y señales para acceder sexualmente en una relación de sexo casual (en el caso de los varones una fuente de conocimiento podría ser la pornografía, que usualmente posee una fuerte visión estereotipada y desde el punto de vista masculino).

Chile -en las últimas décadas- está dentro de una liberación de la sexualidad, donde las relaciones sexuales pre maritales son la norma. Donde se le da más autonomía a la mujer pero donde la cultura ocupa doble estándar. Es decir, si quién practica el sexo casual es hombre o mujer. Por tanto una forma de ser más liberal en el caso de las mujeres puede llegar a socavar el respeto del consentimiento de la mujer. De igual forma, de los hombres se espera que sean activos sexualmente y experimentados.

El peso de la Iglesia católica también es relevante para la sociedad chilena (Según el mito Cristiano, Jesús nace sin coito). Sus valores asociados a atrasar la iniciación sexual y menos parejas sexuales parecen entrar en contradicción con los mensajes más liberales desde lo sexual de otras partes del mundo y que continuamente son llevados al cotidiano por medio de los medios de comunicación e internet. Esto hace que para algunas personas los límites sean borrosos, entre las actividades sexuales consensuadas de las que implican una agresión sexual. (Como determinar -por ejemplo- el espacio sociocultural de las relaciones sexuales “a la mala” en el contexto machista).

Finalmente, otro elemento relevante es el consumo de alcohol. El estudio de agresión sexual entre estudiantes chilenos publicado este 21 de Septiembre (Isabell Schuster, Barbara Krahé, Paola Ilabaca Baeza, José Muñoz Reyes en “Frontiers in Psychology”) señaló que la agresión sexual entre extraños estaba el consumo de alcohol entre sus componentes recurrentes. El consumo de alcohol puede dificultar los procesos cognitivos y malinterpretar las conductas de la otra persona y de su interés sexual, equívocos que pueden ser más recurrentes entre extraños. También habría que pesquisar cuánto hay de exploración sexual que se valida en estos sitios de encuentro; que pueden llevar a malinterpretaciones y a agresiones sexuales entre sus participantes.

Los estudios consultados señalan que la coerción sexual es más común entre conocidos y ex parejas que con extraños. La historieta brevemente reseñada nos habla de alguien en una situación de salud mental que es vulnerada, que experimenta mayores niveles de depresión, ansiedad después de una agresión sexual y padece la victimización resultante.

Tal vez una forma para que este texto no sea ese grito que no calla, es precisamente la divulgación científica de las Ciencias Sociales. Ver el abuso sexual y la violencia hacia la mujer es parte de las estructuras que definen nuestro vivir y ser en la cultura. Discutir este texto en los colegios en las clases de Biología, Ciencias Sociales, Educación Cívica o Consejo de Curso sería también una forma de prevención en la comunidad más joven. Porque finalmente es el hostigamiento hacia la singularidad de las personas.

Para terminar quisiera decir que de alguna forma estoy en contra del título de esta historieta. Porque “El Sentido del Silencio” de Melina Rapimán habla de lo que no se dice. Porque son muchas las jóvenes o muchachos que han vivido en el mundo real la violencia sexual y siguen en silencio amparando a los culpables. Lamentablemente existe una normalización de esta situación, acentuada en la angustia individual. Porque es la persona violada y no el violador quién vive la ansiedad de la contradicción de la vida real y los ideales judeo cristianos. Pues de alguna manera ese silencio cómplice se crea entre todos.

[1] El Artículo 1° de la CONVENCION INTERAMERICANA PARA PREVENIR, SANCIONAR Y ERRADICAR LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER “CONVENCION DE BELEM DO PARA”, señala “Para los efectos de esta Convención debe entenderse por violencia contra la mujer cualquier acción o conducta, basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado”.

DANIEL ABRAHAM (Daniel Rosales González) es Antopólogo por la Universidad Austral de Chile (1997); Diplomado en Pedagogía para la Educación Superior, por la Universidad Santo Tomás (2008); Diplomado en Derechos Humanos y Personas Privadas de Libertad, por la Universidad Diego Portales (2014). Actualmente es Encargado Regional de Clasificación y Segmentación / Encargado de Derechos Humanos, Gendarmería de Chile. Adicionalmente es autor de cómics: El Pato Horacio, El Cámbrico, El Rencor Feliz, que publica en el Fanzine Ex Casona, en la página de Facebook: Ex Casona – Daniel Abraham, y en Sacapunta / sitio de crítica y difusión de historieta. Vive y trabaja en Puerto Montt, Chile.

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noviembre 16, 2016 at 7:26 pm

Publicado en Dibujos que Hablan

PROGRAMA DIBUJOS QUE HABLAN 2

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tira-verticalDIBUJOS QUE HABLAN II

Segundo Encuentro de crítica, teoría, historia y estética de la narrativa dibujada.

Universidad de Santiago de Chile, 20 y 21 de octubre de 2016.

Dirección: Las Sophoras 175 Estación Central, Campus Universitario. Edificio Vicerrectoría de Vinculación con el Medio.

Organizadores: Departamento de Extensión U. de Santiago de Chile – Plop! Galería. Comité organizador: Claudio Aguilera, Isabel Molina, Jorge Montealegre y Vicente Plaza.

Productora Corporación Cultural Universidad de Santiago de Chile: Paola González Ragulin.

 

Día 1 – 20 de octubre de 2016

09:45 Inscripción – chequeo técnico de presentaciones en pp.
10:00 a 10:10  

Bienvenida de la Universidad de Santiago de Chile y del Comité Organizador. Director del Departamento de Extensión, Dr. Jorge Montealegre Iturra.

10:15 a 10:45  

Moisés Hasson. “Monos chilenos al espacio. Historietistas chilenos dejando estelas”. Reseña de autores de la historieta de ciencia ficción chilena: Magre, Kao, Máximo Carvajal, Mario Igor y Themo Lobos.

11:00 – 11:20  

Fernando Krahn: el universo en una viñeta

Isabel Molina y Claudio Aguilera

11:30 a 11:50  

Café

Visita a exposición “El color de la ciencia” de Fernando Krahn

12:00 a 13:00  

MESA 1. EL CÓMIC DE CIENCIA FICCIÓN

–        Vicente Plaza. “Desembarco en Rocket”.

–        Fernando Riveros Palma “Chile Distópico. Poéticas del cómic chileno de los ochenta: Juan Faúndez, Lautaro Parra y Juan Vásquez”.

–        Hugo Hinojosa. “El Chile exponencial. Distopías y ucronías en la narrativa gráfica chilena”.

–        Modera: Claudio Aguilera.

–        Claudio Aguilera invita para la jornada de la tarde

15:00 a 16:20 horas  

MESA 2. EL CÓMIC DE CIENCIA FICCIÓN

–        Roberto Alfaro. “Influencias, coincidencias y cruces: El Eternauta – EC Cómics – Humanoides y la CF chilena”.

–        Pablo Bastian Soto Pérez. “De Los cuatro fantásticos a Black Paradox: Exploradores de un mundo sin fin”.

–        Hernan Marinkovic. “La ciudad como coordenada central de los viajes tempo espaciales desde el contexto histórico cultural de Argentina y Chile”.

–        Modera: Vicente Plaza.

16:30 a 17:40  

MESA 3. VIOLENCIA POLÍTICA Y DE GÉNERO EN EL HUMOR GRÁFICO Y LA HISTORIETA

Mara Burkart. “O Pasquim y Satiricón ante la emancipación femenina. La prensa sátirica de Argentina y Brasil a comienzos de los años setenta”.

Daniel Abraham. “Violencia hacia la mujer: Una mirada desde la historieta y las Ciencias Sociales”.

Catalina Donoso. “Dibujando la historia: dos novelas gráficas juveniles que toman la palabra”.

Modera: Isabel Molina

17:45 a 18:30 Qué hay de nuevo, viejo. Noticiero y exposición de libros: Presenta: Carlos Reyes
18:30 – cierre Invitación y programa del segundo día

 

 

Día 2 – 21 de octubre de 2016

 

10:00 a 10:40 Jorge Rojas Flores. Conferencia inaugural de segunda jornada y presentación de libro Las historietas en Chile 1962-1982: industria, ideología y prácticas sociales (Lom, 2016).

Presenta: Vicente Plaza

10:45 a 11:00 Café
11:00 a 12:20

 

MESA 4. NARRATIVA GRÁFICA. LENGUAJE Y LECTURA CRÍTICA.

–        Tomás Gaete Altamirano. “El auge de la historieta en el mundo académico”.

–        Luis Alejandro Ocaña Salinas. “Érase una vez. La elipsis y el origen de la narración”.

–        José Blanco (Joblar). “Lector chilensis in fabula: narrativa gráfica a mediados del siglo XX”.

–        Felipe Muhr. “Copia feliz: Jorge Christie y Álbum Mickey”.

–        Modera: Matías Hermosilla

12:30 Premiación concurso de chistes gráficos “No falta de qué reírse”
12:40 a 13:30 PLENARIA. Evaluación, preguntas, proyección de “Dibujos que Hablan”.

FIN DE JORNADA E INVTACIÓN A ÚLTIMA ACTIVIDAD

19:00 horas.

 

Conversatorio Monología 6:

“Historietas en Dictaduras”. Conversación con Mara Burkart y Jorge Montealegre. Conduce: Felipe Muhr

En: PLOP! Galería – Merced 349

 

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octubre 11, 2016 at 9:26 pm

Publicado en Dibujos que Hablan

DIBUJOS que HABLAN 2 / Octubre 20 y 21 de 2016

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ImprimirYa viene el Segundo Encuentro Dibujos que Hablan, “Ciencia fición, Lenguaje, Género y Violencia en las Historietas”, el jueves 20 y viernes 21 de octubre próximos, en el Edificio VIME de la Universidad de Santiago de Chile. Pronto difundiremos el programa. TODOS INVITADOS.

 

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octubre 5, 2016 at 7:25 pm

Publicado en Dibujos que Hablan

¿MIEDO A LA PÁGINA EN BLANCO? El gatovicente negro

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septiembre 26, 2016 at 9:22 am

Publicado en Fichas de estudio

JORGE ROJAS FLORES: Las historietas en Chile, 1962-1982. Aporte significativo

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Portada. Lom Ediciones, 2016

Portada. Lom Ediciones, 2016


En la primera línea de su introducción, Jorge Rojas reconoce la nostalgia como motor, motivación.

Para Rojas hay una tradición de estudios de la historieta, que su trabajo cuestiona: 1) la historia social, en la línea del estudio de Laura Vásquez El oficio de las viñetas; 2) los estudios político-intelectuales, en los que cabría la línea de Ariel Dorfman, Armand Mattelart, Manuel Jofré y otros; y 3) los estudios culturales, seguramente en el modelo de Umberto Eco.

Rojas piensa que hace falta un enfoque más integral de las historietas, que pueda articular esas dimensiones con las cuestiones materiales de la producción, más aún si el tramo que estudia comienza desde el último período de gran masividad, durante la década 60, hasta el declive ante la competencia televisiva y el empobrecimiento de gran parte de la población chilena, hacia los años 80. En sus palabras, su enfoque procura integrar “una dimensión cultural, que espera ahondar en lo simbólico, pero sin descuidar el debate intelectual, así como las condiciones materiales en que funcionaba la industria, y la forma en que la sociedad era representada en ella”. Propone entonces un enfoque amplio, por lo mismo exigente y demandante de mucho trabajo, que aborde las interrelaciones que ocurren en la realidad. Particular importancia tiene su investigación de la cuestión material, que comprende los procesos de las grandes industrias, pero además las condiciones de trabajo de los dibujantes y guionistas, su lugar en la sociedad, los circuitos de distribución de las publicaciones, cuyas evoluciones investiga sistemáticamente.

Respecto a la influencia material del contexto en las mismas historietas, Jorge Rojas hace una lectura penetrante de la trayectoria que tuvo el personaje El Manque con el cambio ideológico de la dictadura. Sabemos que El Manque fue una de las historietas mejor trabajadas y más exitosas de Quimantú, durante el gobierno de la Unidad Popular, y que tras el golpe cambia hacia la ideología conservadora, la defensa del orden, la sugerencia de los pobres como “merecedores” de sus infortunios. Por ejemplo, en el nº 281, de Editorial Gabriela Mistral, El Manque se enfrenta a Nehuén, un Mapuche que ataca a los colonos alemanes. Es un cambio lógico, de acuerdo a la toma del poder de los militares y la derecha civil.

Pero en uno de los últimos episodios de El Manque: “Allipén, el hermano indio” (nº 278, mediados de 1974), junto con esos valores conservadores, que ahora el personaje defiende contra los que antes fueron sus compañeros, Jorge Rojas percibe indicios pesimistas, que se rozan y se refriegan frente al contexto. Esto lo indica la trama de la historia.

Como se puede apreciar en este episodio, uno de los últimos de la serie, el personaje termina transformado en un simple brazo de la autoridad. Con resignación, El Manque reconoce que la justicia no ha triunfado, dando por concluido su papel. Claramente el guión deja en mal pie al personaje, aunque no tenemos certeza si esa fue la intención del guionista. En toda la historia se insinúa una sorda crítica y quizás se anticipaba, de esta forma, el final de la serie.

Debo el conocimiento de este detalle al propio Jorge, comentando la dificultad de encontrar a los dibujantes y guionistas, y que ellos puedan recordar con claridad lo que tenían en mente, ya sea porque el tiempo transcurrido es bastante, por razones de salud, o por otros factores. De modo que difícilmente se pueda aclarar la significación de este episodio según la intención de sus autores. (Quisiera dejar a la curiosidad del lector el resumen que hace Jorge de “Allipén, el hermano indio”, ya que obviamente la lectura directa es menos probable). ¿Se trata de detalles sutiles, vagos? No, porque su significación debería saltar a la vista: no se trata de la significación ideológica de autores y editores, sino la significación que el contexto, la situación laboral, la inminencia del cierre, provocan en una determinada narración, donde la figura del héroe y sus valores quedan criticados.

Las lecturas de la revista El Manque, dependiendo de quien las haga, dicen que es un caso representativo de un período de fuertes imposiciones ideológicas de izquierdas y derechas, es decir de censuras y autocensuras, de las obligaciones de obedecer y las estrategias para desobedecer, de parte de historietistas disidentes con la Unidad Popular, con la dictadura, o con ambas. Pero la lectura de los episodios, el conocimiento del curso regular que de pronto se quiebra y se enrarece, es lo significativo que se nos escapa. Narrativamente introduce una complejidad, un momento de cansancio y autocrítica sobre los modelos narrativos, que es algo genuinamente político. La observación de Jorge sobre la proximidad del cierre de la revista y los problemas consecuentes que se avecinaban, es un factor de materialidad, es la influencia de las condiciones de producción, que debemos considerar.

Respecto a las ideas y la influencia de Ariel Dorfman en los estudios latinoamericanos de historietas, particularmente en Argentina más que en el propio Chile, Jorge Rojas hace uno de los estudios más detallados y documentados que conozco, mencionando también otros autores contemporáneos como Jorge Vergara Estévez, y revisando el debate que se dio en Chile al respecto, por ejemplo la crítica de Bernardo Subercaseaux sobre el libro Cómo leer al Pato Donald. Rojas escudriña tanto la tendencia de los enfoques críticos sobre las “subliteraturas”, como el marco teórico usado en ese libro (el cual sus autores no se preocuparon por explicitar), y encuentra tres pivotes: el enfoque psicoanalítico sobre las relaciones personales de los personajes, incluidas las sexuales; las teorías de la dependencia aplicadas a las relaciones entre los pueblos, centro-periferia siempre desiguales; y “las relaciones económicas desde la perspectiva de la economía política marxista.”
En su introducción, Rojas ya sugiere una crítica a esta línea de estudios: “Inicialmente despreciadas como subliteraturas, desde hace unas décadas (las historietas) se han transformado en documentos históricos valorados por los especialistas.” Pero no toma esta evidente arbitrariedad del conocido libro como justificación para negarle pertinencia en todos los aspectos, negación en la que incurre incluso un enfadado Javier Coma.

rojas_perfilRespecto a la desarticulación de las grandes industrias editoriales, entre 1973 y 1982, sus conclusiones indican que hubieron dos factores principales: la expansión de la televisión en las capas medias y populares, y la crisis económica de 1982. Ambos cambiaron las costumbres de entretención y lectura, y con ello terminan los mecanismos tradicionales de circulación. “En las décadas siguientes, la producción de historietas adquirió otros rasgos, más bien artesanales, con contenidos y estilos más vanguardistas.”
Son bastantes más los aportes de esta excelente investigación, entre ellos la minuciosidad de sus datos y la atención al contexto internacional. Debería influir sobre los estudios y enfoques venideros. ¡Gracias, Jorge Rojas!

NOTA: para esta reseña me valgo de los textos de la Tesis de Doctorado que dio origen a este libro, y que Jorge Rojas me facilitó hace un tiempo. Ellos me siguen sirviendo como fuente de consulta para mis propios estudios, especialmente sobre la revista Rocket y sobre la historieta Barrabases.

Referencias
http://www.lom.cl/a0078fd2-faa5-46dd-9bba-2fc800ba24cf/Las-historietas-en-Chile-1962-1982-Industria-ideolog%C3%ADa-y-pr%C3%A1cticas-sociales.aspx
http://historia.uc.cl/Noticias/profesor-jorge-rojas-publica-libro-las-historietas-en-chile-1962-1982-industria-ideologia-y-practicas-socialesq.html