VIOLENCIA HACIA LA MUJER: UNA MIRADA DESDE LA HISTORIETA Y LAS CIENCIAS SOCIALES

Por: DANIEL ABRAHAM

[Texto de la ponencia presentada en Dibujos que Hablan 2, USACH, 20 de octubre de 2016]

1.- La historieta chilena ha ido tocando de manera crítica el ser machista de nuestra sociedad. Existe un protagonismo en las últimas décadas -en los creadores de historietas-, de tocar elementos propios de la problemática de género y de las temáticas LGBT. A mí juicio, es relevante para acentuar miradas desde el fanzine y las editoriales. La incorporación de diferentes sensibilidades humanas en un ambiente que fue principalmente masculino (heteronormativo) también es importante. Si uno analiza la historieta nacional de las décadas de los 60 al 80, los exponentes eran principalmente hombres, eran ellos quienes delineaban a las mujeres. Ellos hablaban por ellas y las dibujaban.

En este contexto, el recopilatorio de Monos Serios de 2008 fue un intento de antologar diversas sensibilidades en torno a la historieta (compilado realizado por Vicente Plaza y Carlos Reyes). En ella están insertas diversas miradas sobre el arte y la tensión que resulta de las historietas como un oficio al margen. También se recuentan obras que cruzan diferentes disciplinas y que poseen un carácter ilustrado en sus citas y referencias. En ese sentido, los antologadores de la historieta seleccionaron el comic “El Sentido del Silencio”, de Melina Rapimán; otorgándole una validación de rescate y de crítica para análisis o estudios ulteriores.

Primeramente haré una pequeña síntesis de la historieta y luego haré un análisis desde las ciencias sociales.

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Ésta es una historieta lineal, que explora una violación a una mujer adulta en el contexto universitario (donde se rompe el contrato social de la prohibición cultural y legal de ultrajar sexualmente).

En este comic, la protagonista primeramente enfrenta los desafíos de encarar una carrera universitaria humanista en el contexto del período 1990 al 2010. En sólo 6 páginas la autora presenta en un ambiente existencialista, una situación sociocultural compleja. El ingreso a la universidad, la llegada al mundo adulto. Esta contextualizada en ese continuo de la instalación de un verdadero “Darwinismo Social” en la sociedad chilena; que propicia el desarrollo de los valores centrados en el individualismo, el hedonismo y el logro personal, frente a los principios de solidaridad. Donde la protagonista femenina continuamente se cuestiona su lugar en el mundo, en la retribución económica que tendrá en el contexto de una ciudad que no nombra directamente; pero que posiblemente es Valparaíso y su pobreza asociada.

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En este contexto más bien depresivo -de dudas existenciales- la protagonista decide ir sola a un bar a beber. Allí se le acerca un hombre desconocido quién la aborda y ocupando la violencia física y verbal la aleja del bar con la excusa de fumar. La protagonista señala textualmente: “intenté soltarme varias veces hasta que descubrí que si no oponía resistencia me hacía menos daño” “Me violó en la escalera de un cerro”, “decidí hacerle pasar un buen rato y fingí”, “Le pedí que acabara fuera de mí”. “Al parecer lo hizo”. La verdad no lo sé.” Cómo se visualiza, es un relato duro, sin concesiones y desde la mirada de la protagonista.

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Con posterioridad –y todavía junto a su agresor- vuelven al bar donde la protagonista solicita ayuda a sus amigos que están bebiendo. Pero ninguno le cree. Y tampoco hay una confrontación entre sus amigos y el agresor. Nadie tampoco la acompaña hasta su casa. La última página es de una sola viñeta donde la protagonista señala: “¿Cómo contarlo? ¿A quién? ¿Quién podría creerme? Es mi culpa. Lo merezco. Hace cuatro días estoy encerrada en mi cuarto. Nadie viene a verme. Nadie llama por teléfono. Nadie pregunta qué pasa. Ésa es la historia.”

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2.- Cuando vi la primera convocatoria a esta sesión de Dibujos que Hablan 2, observé que uno de sus temas era lo relativo a la ciencia. La ciencia no es sólo datos duros de la naturaleza sobre átomos y grupos de Galaxias. Por tanto, trataré de hacer un análisis desde las ciencias sociales para explicar la agresión central que relata esta historieta.

La violencia de género constituye un elemento de nuestra sociedad y donde diferentes factores socioculturales pueden incidir en su prevalencia (campo/ciudad, clase social, grupos etarios, la migración, factores del fenotipo). La subordinación de la mujer al hombre, bajo las ideas religiosas, biológicas, repercute en una discriminación sobre el desarrollo de sus capacidades y potencialidades[1].

Una de las manifestaciones que pueden ocurrir en nuestra cultura es el de la violencia sexual hacia la mujer. Esta posee varios niveles desde el acoso simbólico o verbal, hasta el de la violación. En el caso del comic brevemente reseñado, se podría decir que existió una coerción sexual, es decir una actividad sexual no deseada que se produce como consecuencia del uso de la fuerza, presión psicológica o cualquier tipo de estrategia por parte del atacante para vulnerar la decisión de la víctima a participar de una interacción sexual. Esta puede ser desde exhibicionismo, toques sexuales hasta el coito.

Las prohibiciones sociales en torno a evitar la violencia sexual en nuestra sociedad repercuten en un entramado cultural que muchas veces invisibiliza este tipo de agresiones y que de alguna forma también minimiza su impacto y dolor en el sujeto violentado. A partir de la convivencia en el entramado social, los seres humanos adoptan de manera mayoritaria cierto tipo de conductas consideradas como válidas y normales. Por tanto, el fenómeno de la violencia de género posee visiones que la validan y que también suelen condenar tanto a la víctima como al victimario.

Entre los factores culturales que podrían incidir en esta situación de vulneración hacia la mujer, (entre otras porque éstas son cuestiones multicausales) puede ser el conocimiento sobre la sexualidad de los jóvenes chilenos. Según un estudio de 2014 (Barrientos Delgado y Silva Segovia) sobre jóvenes e iniciación sexual; los conocimientos sobre sexualidad de este grupo etario son limitados, dificultando la autodeterminación sobre el tipo de sexualidad que se desea y de los derechos de sus parejas esporádicas o permanentes.

Por otra parte, el Estado chileno promueve una educación sexual más enfocada a aspectos biológicos y reproductivos; que orientada a las dimensiones del placer, la diversidad sexual y prevención de la violencia sexual.

Otro aspecto son los estereotipos de género fuertemente influenciados por la heteronormatividad de la sociedad chilena. Existen creencias asociadas fuertemente al género como por ejemplo el deseo sexual. De igual forma se condicionan en las formas de flirteo y señales para acceder sexualmente en una relación de sexo casual (en el caso de los varones una fuente de conocimiento podría ser la pornografía, que usualmente posee una fuerte visión estereotipada y desde el punto de vista masculino).

Chile -en las últimas décadas- está dentro de una liberación de la sexualidad, donde las relaciones sexuales pre maritales son la norma. Donde se le da más autonomía a la mujer pero donde la cultura ocupa doble estándar. Es decir, si quién practica el sexo casual es hombre o mujer. Por tanto una forma de ser más liberal en el caso de las mujeres puede llegar a socavar el respeto del consentimiento de la mujer. De igual forma, de los hombres se espera que sean activos sexualmente y experimentados.

El peso de la Iglesia católica también es relevante para la sociedad chilena (Según el mito Cristiano, Jesús nace sin coito). Sus valores asociados a atrasar la iniciación sexual y menos parejas sexuales parecen entrar en contradicción con los mensajes más liberales desde lo sexual de otras partes del mundo y que continuamente son llevados al cotidiano por medio de los medios de comunicación e internet. Esto hace que para algunas personas los límites sean borrosos, entre las actividades sexuales consensuadas de las que implican una agresión sexual. (Como determinar -por ejemplo- el espacio sociocultural de las relaciones sexuales “a la mala” en el contexto machista).

Finalmente, otro elemento relevante es el consumo de alcohol. El estudio de agresión sexual entre estudiantes chilenos publicado este 21 de Septiembre (Isabell Schuster, Barbara Krahé, Paola Ilabaca Baeza, José Muñoz Reyes en “Frontiers in Psychology”) señaló que la agresión sexual entre extraños estaba el consumo de alcohol entre sus componentes recurrentes. El consumo de alcohol puede dificultar los procesos cognitivos y malinterpretar las conductas de la otra persona y de su interés sexual, equívocos que pueden ser más recurrentes entre extraños. También habría que pesquisar cuánto hay de exploración sexual que se valida en estos sitios de encuentro; que pueden llevar a malinterpretaciones y a agresiones sexuales entre sus participantes.

Los estudios consultados señalan que la coerción sexual es más común entre conocidos y ex parejas que con extraños. La historieta brevemente reseñada nos habla de alguien en una situación de salud mental que es vulnerada, que experimenta mayores niveles de depresión, ansiedad después de una agresión sexual y padece la victimización resultante.

Tal vez una forma para que este texto no sea ese grito que no calla, es precisamente la divulgación científica de las Ciencias Sociales. Ver el abuso sexual y la violencia hacia la mujer es parte de las estructuras que definen nuestro vivir y ser en la cultura. Discutir este texto en los colegios en las clases de Biología, Ciencias Sociales, Educación Cívica o Consejo de Curso sería también una forma de prevención en la comunidad más joven. Porque finalmente es el hostigamiento hacia la singularidad de las personas.

Para terminar quisiera decir que de alguna forma estoy en contra del título de esta historieta. Porque “El Sentido del Silencio” de Melina Rapimán habla de lo que no se dice. Porque son muchas las jóvenes o muchachos que han vivido en el mundo real la violencia sexual y siguen en silencio amparando a los culpables. Lamentablemente existe una normalización de esta situación, acentuada en la angustia individual. Porque es la persona violada y no el violador quién vive la ansiedad de la contradicción de la vida real y los ideales judeo cristianos. Pues de alguna manera ese silencio cómplice se crea entre todos.

[1] El Artículo 1° de la CONVENCION INTERAMERICANA PARA PREVENIR, SANCIONAR Y ERRADICAR LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER “CONVENCION DE BELEM DO PARA”, señala “Para los efectos de esta Convención debe entenderse por violencia contra la mujer cualquier acción o conducta, basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado”.

DANIEL ABRAHAM (Daniel Rosales González) es Antopólogo por la Universidad Austral de Chile (1997); Diplomado en Pedagogía para la Educación Superior, por la Universidad Santo Tomás (2008); Diplomado en Derechos Humanos y Personas Privadas de Libertad, por la Universidad Diego Portales (2014). Actualmente es Encargado Regional de Clasificación y Segmentación / Encargado de Derechos Humanos, Gendarmería de Chile. Adicionalmente es autor de cómics: El Pato Horacio, El Cámbrico, El Rencor Feliz, que publica en el Fanzine Ex Casona, en la página de Facebook: Ex Casona – Daniel Abraham, y en Sacapunta / sitio de crítica y difusión de historieta. Vive y trabaja en Puerto Montt, Chile.

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Santiago de Chile, 4 de julio de 2016, la tercera sesión de los conversatorios Monología, organizados por Felipe Muhr y yo, que tienen lugar en Casa Plop. Convocamos a una sesión titulada Comiqueras, con tres autoras invitadas. Ellas, sin duda, dan muestra de su vitalidad y su inteligencia. Vale destacar, en primer lugar, que ellas y el público compuesto mayormente por mujeres, destruyen de modo amable pero inobjetable que la primera sesión de Monologías, sobre el estado de las cosas en los cómics nacionales, haya tenido una mesa exclusiva de hombres. ¿Por qué no hubo allí una mujer? Lo hechos demuestran que el sesgo fue innegable, tan innegable como “inconciente”. En cuanto co-responsable de Monologías, esa pregunta me deja ante la prueba de que mi tan preciado progresismo democrático en el mejor de los casos es un provincianismo. Lo único que pudiera decir, pero que sale como una confesión que nadie necesita, es que en realidad no se me pasó por la cabeza en aquella ocasión invitar a una mujer para el tema, y no hay argumento para justificar lo que es evidentemente la mentalidad machista de mis actos. Pero tampoco pido “perdón” porque aquí eso no sirve para nada.
Hay que ir por partes, al menos las partes que yo pueda pensar. Ante este desvelamiento, pienso que, desde otras perspectivas, un autor o autora de otra ciudad nos acusará con toda razón que los invitados e invitadas sólo eran de la capital, y que no se nos pasó por la cabeza llamar a alguien de otro lugar, y hacer el esfuerzo básico de brindarle alojamiento en nuestras casas, para que se hiciera presente. Así, el centralismo político y económico, la falta de generosidad de quienes creemos ser generosos, tiene un paralelo con el problema que se nos presenta con ellas, porque es algo que está en nosotros naturalizado como lo más normal del mundo, siendo que es una discriminación. Otros numerosos casos de este sesgo de poder, de privilegios y discriminaciones, surgen inmediatamente en distintos niveles y ámbitos.
Sigo con un ejemplo que me parece definitivo. La tarde después de esta difícil toma de conciencia, en mi casa, escucho en la radio Usach como a las 5 de la tarde a un dirigente homosexual, conversando de política y actualidad. En un momento él dice que el asunto no es de por sí la discriminación a los colas y lesbianas, a las transgéneros y travestis, a los raros por ser raros. Cita el caso de un señor de apellido prestigioso (¿Larraín?) homosexual, que ocupa un puesto directivo en la Fundación Iguales. Ese señor homosexual, dice el amigo en la radio, no sufre en realidad la discriminación, como no sea en términos retóricos. Tiene un estupendo cargo bien remunerado, y de prestigio social en una organización progresista, como corresponde a su clase social. No sufre ni sufrirá la detención, los golpes de la policía, ni de cualquier grosero tipo de la calle que lo odia por ser marica. Ese “cualquier tipo de la calle” (esto lo agrego yo) no podrá ni siquiera acercarse a él. Creo que esta observación llega al hueso. La discriminación primordial en la sociedad patriarcal no es primero hacia las mujeres, ni a los distintos, porque hay bastantes patriarcas mujeres, y patriarcas raros. La desventaja fundamental, que te hace ser castigado dentro y fuera de casa, es la de ser pobre [y ser débil como los niños ante los adultos]. Esto no es ninguna verdad nueva, ni un paso hacia la iluminación.
No desde luego la pobreza espiritual de los obispos y pastores que heredarán el reino de los cielos, sino la material de estar y vivir en las bases de la pirámide, soportando el peso de todo lo demás. Si a esa desventaja se le agrega la de ser homosexual, travesti, negro, Mapuche o MUJER, la sociedad decreta que es natural que tu vida sea un infierno, ya que la violencia llegará también desde tu propia clase, para qué decir de las demás.

Por esa razón, y por mis propios medios, también observo inevitablemente, como una carga pesada, que la cuestión social ocurre en la más vital y creativa línea de las historietas, es decir en los cómics de autoras mujeres. Si bien dicha vitalidad con mucho supera hoy las barreras sociales, no por ello dejan de existir, y valdrá la pena ver cómo se manifiestan esas diferencias en términos de aceptación y rechazo de la sociedad, las editoriales, los medios, a unos y otros discursos y temas de los cómics de autoras mujeres. Pero vale recalcar su potencia y su originalidad, en comparación con los ejercicios estilísticos repetidos y egocéntricos de muchos de nosotros los autores con pene.
¿Me escapo ladina y mañosamente de mi responsabilidad machista con “la bandera social” y criticando a mi propio género sexual? No lo sé, les aseguro que no lo sé. No creo que Katherine desee que yo agarre el cuchillo grande de la cocina y me castre, me castigue, asuma la culpa con autotortura, para demostrar que estoy de su lado. No soy capaz de hacerlo, desde luego. Si me auto-torturo y me castro en mi cabeza, eso es anterior a ella. Porque la castración es el castigo tan temido, así como el odio de ellas es el infierno tan temido, según bien lo entendió Onetti.

Lo que veo es que el paralelo más patente del reclamo de ellas es el de la diferencia entre tener o no tener, equivalente en el mundo a la de ser o no ser. No la de tener o no tener vagina o pene, sino la de no tener un cuarto propio. Creo que en ese sentido –más o menos– Maliki se expresó al inicio “¿por qué este tipo de encuentros no los organizamos nosotras?”, pues en ese plan están, y les deseamos lo mejor.

Cité la famosa frase de la admirada Virginia, pero polemizo que ella, extraordinaria como es su obra, no dejaba de despreciar a las “costureras y modistillas”, a quienes acusaba clasistamente de tener horrible mal gusto y comportamiento, acusación hecha del mismo molde con que los “superiores” han acusado milenariamente a los inferiores, que no pueden echarles en descargo la policía encima, ni escriben las leyes, ni determinan los horarios de trabajo ni las horas de ocio y tranquilidad que jamás pueden tener. Quiero decir que el problema es dolorosamente complicado, y que incluso traspasa la solidaridad femenina, porque no es Virginia Woolf una autora más, ni una pituca, ni menos una indiferente.
Debimos y no debimos convocar a una sesión de mujeres autoras de cómics. Si no lo hacemos está mal, si lo hacemos también está mal. El error flagrante, en realidad, es que dividimos la cuestión desde antes. Si lo continuamos haciendo, allá nosotros. Nuestro problema (uno de nuestros problemas) del que debemos hacernos cargo, es preguntarnos qué entonces es la sensibilidad, y por qué nos sale tan difícil hacer cómics serios o cómicos sobre estos problemas reales que sabemos tan complejos, en vez de las simplificaciones que nos gustan tanto. [Agregado: En el abordaje de esta complejidad que nos supera, ellas demuestran bastante mayor lucidez y valentía que sus colegas hombres. Si hay algo que admiramos de Maliki, por ejemplo, es su coraje para hablar de sí misma y de otros].

[En nuestro masculino problema de enfrentar contenidos más difíciles, y de nuestra falta de vocabulario para hacerlo, ¿no hay entre otros temores el de “que no hay público para eso”?] ¿Pero no somos nosotros, autores y autoras, quienes debemos manejar los carros, en vez de muchos editores(as) y medios, que están valorándonos según si jugamos en equipos de los united states, o según los likes de las redes sociales?