dibujar y escribir

Notas sobre ilustración, cómics, dibujos animados

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Historietas: el estado de las cosas en Chile

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Por Nicolás Pérez de Arce
NicoPerez1.

En los últimos 10 años se ha visto un auge en la publicación de libros de cómics en Chile. Lo que antes eran revistas y libros­álbum, hoy en día son novelas gráficas, ediciones cuidadas con más páginas y variedad en sus formatos. Esto acompaña la idea de que se están editando cómics serios, con temáticas cercanas a la realidad o mayor profundidad en sus reflexiones. Frente a la imposibilidad de los historietistas de ser considerados como grandes artistas por las instituciones del arte como parecía ser en los 80’s, el reconocimiento ha llegado finalmente de la mano del ambiente literario. La novela gráfica es el último de varios intentos hechos por el cómic para saltar el muro que lo deja fuera del arte con mayúsculas.

En kioscos el formato revista ya no existe, al menos en chile, con una distribución prácticamente inexistente (en Argentina se pueden encontrar sin problemas ediciones baratas de libros de Mafalda, Fontanarosa o El Eternauta). Un país donde se lee muy poco (alto impuesto al libro se ha dicho bastante) y donde las editoriales chilenas pagan el mínimo legal a los autores por su trabajo, un 10% por derechos de venta, que muchas veces el único pago que reciben. Es bien sabido que nadie vive de hacer cómics y que las platas están en la publicidad, diseño gráfico, docencia, o sea hay que hacer otra cosa para poder hacer finalmente cómics, disciplina que toma bastante tiempo. Los fondos públicos están cada vez más enfocados en fortalecer las llamadas industrias culturales potenciando así a las editoriales pero dejando de lado al autor a pie pelado.

el huevo Nico Perez2.

La discusión que me ha tocado ver en medios de comunicación y sitios especializados tiene que ver mas que nada con implementar el medio y la producción local, en la profesionalización. Gabriel Rodríguez o Javier Osorio son los paradigmas de este sistema, los ejemplos a seguir. Pero muy rara vez he visto que se hable de la calidad de los trabajos mismos, que se hable en términos de arte y cultura como crítica a los trabajos. Se dicen tonterías como que el latón estaba super bien logrado en historia de un oso, como si ese fuera su valor. En general se da por sentado que todo es genial e innovador, que está todo pasando, pero existe la percepción (no solamente mía, sino que es la de varios colegas) de que se publica harto material liviano, con poco relato, poco crítico, algo bobalicón, tieso y con poco desarrollo de contenidos.

En un país donde se percibe el arte y el consumo de cultura en general como bienes exclusivos de los sectores acomodados, cabe preguntarse que tan popular realmente es el boom del cómic. La señora de la vega probablemente no tiene idea de quien el Alberto Montt, Malaimagen ni Sol Díaz, pero recuerda todavía al Condorito, signo de una época donde si podía manifestarse un personaje realmente popular. Sin embargo, los mismos autores se repiten una y otra vez, como si fuera lo único que vale la pena destacar en las pretensiones de construcción de industria.

Esto por supuesto no es problema del cómic particularmente, es un problema cultural general. Es lo mismo que pasa con la música chilena en las radios (la ley del 20%). Son siempre los mismos nombres; Gepe, Javiera Mena, Francisca Valenzuela, Alex Andwanter, Pedro Piedra, Fernando Milagros, Ases falsos, y el resto son excepciones. Y que pasa con los Vázquez o el rapero Portavoz? Por poner un par de ejemplos supuestamente populares. Hay un Alberto Curapel totalmente ignorado.

O lo que pasa con el llamado nuevo cine chileno. Nos enteramos en los medios hasta del desayuno que le gusta tomar a Nicolás López, Pablo Larraín, Matías Bize o Andrés Wood, pero son prácticamente ignorados Cristián Sánchez (Los deseos concebidos, cautiverio feliz, el zapato chino)o José Luis Sepúlveda (El pejesapo, mano armada), dos autores fundamentales en la construcción de identidad en el cine. (Raúl Ruiz).

[párrafo editado].

NicoPerezHEREDIA-300x436Entonces uno se pregunta para qué tanto bombo y platillo sobre el cómic chileno si una novela gráfica chilena verdaderamente notable no aparece. [menciona Sinaventuras de Jaime Pardo].

Por mucho que se intente implementar la industria del cómic, ES LA PROPIA EXPRESIÓN DE LA GENTE LA QUE DEBE SALIR A LA LUZ EN SUS PROPIOS TÉRMINOS. Y esto no ha entrado realmente en la discusión.

Texto presentado en Monologías, primera sesión, 2 de mayo 2016. Organizado por Felipe Muhr en Casa Plop, Santiago.

PD: editado se consigna entre corchetes [ ].

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Hoy es uno de esos días, de Nico Pérez de Arce. Comentario 2

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Propia edición, 2012

Propia edición, 2012

Antes escribí un comentario sobre el fanzine “Hoy es uno de esos días”, de Nico Pérez de Arce, con el cual estaba convencido de haber dicho una cosa, es decir, que me pareció arte verdadero –sin necesitar de mayúsculas. Eso me motivó a escribir sobre él, aprovechando de ensayar algunas ideas paralelas sobre la escritura y el guión, libremente sugeridas por el mismo fanzine. Pero luego de bastante tiempo, Nico me dice que es al contrario, que critiqué su trabajo de hedonista y adolescente, entre otras críticas nada fáciles de asimilar. Por supuesto él aceptaba el hecho. Escuchándolo, yo no quería creer que, queriendo decir una cosa, hubiera escrito otra, pero no es la primera vez que me pasa. Ahora releo el comentario anterior, y es cierto. Es además un texto hermético, elíptico.

Ahora trato de reparar, en los párrafos más complicados, lo que en efecto critiqué pensando compartir y difundir. Copio esos párrafos más o menos iguales, y corrijo dentro de paréntesis de corchetes lo que no puedo dejar de corregir, aunque sé que mis propias ideas tienen contradicciones que no sería del caso tapar.

“Hoy es uno de esos días” es angustia existencial, la angustia del ingreso al feroz funcionamiento del mundo. [La vez anterior preguntaba:] ¿La autenticidad viene solamente cuando hay tristeza, angustia, desesperación, como se cree mucho y muy comúnmente?, ¿o sea que cuando uno se siente feliz no puede escribir algo bueno? [Y contestaba que] esa relación era falsa, porque implicaba solamente la emocionalidad, el tormento, la frustración y el dolor, cosa que es una pose hedonista aceptable en los adolescentes, pero no en los adultos. [Frase injusta, aunque no dirigida al autor. Pero la dejo así, porque la explicación agrava la falta].

Después, agregaba que podemos pensar más bien que la realidad es peor, [o sea peor que creer que sólo la tristeza hace arte], y que esas dimensiones [peores] de la realidad son atisbadas por el lenguaje del arte, que está capacitado para esa ingrata tarea. Cuando en este caso [es decir en “Hoy es uno de esos días”] el relato y el dibujo nos hacen pensar en lo cierto de la situación que está graficando, de modo que no tratemos de hacernos los tontos, [eso] es algo verdadero, auténtico, y por consecuencia un trabajo de arte. Contradictorio como sea, su existencia nos alegra.

Agrego ahora, uno se alegra de encontrarse con artistas que enfrentan los problemas reales, trabajos que desdichadamente surgen de momentos o estados de angustia. Es contradictorio alegrarse por esto, alegrarse de que otra persona lo pase mal y haga arte bueno, pero también es sanador, no sé por qué. Y que el trabajo originado en la tristeza sea sanador, reparador, que sea una salida genuina, y no una evasión, también parece contradictorio, pero es verdad. Tal vez se deba a que es solidario. No es una angustia por la propia suerte individual, sino que viene de más adentro, y uno la reconoce. Sobre estas cosas me hizo pensar y sentir “Hoy es uno de esos días”, teniendo frescos en la mente las historias anteriores de Nico, de las cuales en alguna ocasión había comentado, (ver: Yo también) que van desde el humor hilarante al terror y la inquietud.

Mi redacción fue muy mala, y lamento haber afectado a un autor que estimo como uno de los brillantes nuevos historietistas chilenos. De cualquier modo, acepto que yo personalmente quedo en entredicho.

APUNTES EN FANZINES: Las Influencias

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EN LOS ECOS de la reciente Feria del cómic de la Plaza Brasil, me hice de varios fanzines y autopublicaciones, y saqué del estante una serie de otros más que fui juntando antes. Pienso que las tendencias y los conflicto de nuestro campo se muestran en ellos tanto como en los libros integrados al difuso circuito institucional y editorial. Merecen atención y trabajo.

Mi lectura, por supuesto, está contaminada de mis propios fantasmas adultos, de mi depresión o escepticismo. También será bueno decir que no intento representar lo que los artistas han querido decir.

Sato y Fer

Sato y Fer

Comienzo con Let’s Rock, del dibujante Jaliet. Un cómic amable, de humor blanco, bien dibujado, con las anécdotas cotidianas de Fernanda y Sato, dos jóvenes que se independizan de sus familias, según se ve, compartiendo un departamento. En cierto momento, en la sección de preguntas de los lectores de facebook, Sato tiene que reconocer que su pelo verde no es culpa de una enfermedad venérea con la que nació, y que lo matará pronto, sino que solamente es un teñido, una etapa del variado devenir de sus looks, como bien se encarga de enseñarlo Fernanda, porque para eso están los amigos.

La siguiente pregunta es ¿por qué Fernanda se parece a Rukia de Bleach?, una personaje de manga. Ella dice que no la conoce, que tampoco le suenan ni el manga ni el animé. “Fer, por favor, fuiste otaku toda la media y hasta el primer año de la U”, le dice Sato. “Yo no tengo pasado”, se defiende ella, pero su amigo googlea la imagen de Rukia, y Fernanda sigue defendiéndose, “no me parezco en nada… sólo tenemos melena las dos, nada más”. Al final se enfurece.

Es interesante la manera sutil y humorística de Jaliet de mostrar que hay algo no resuelto ahí, un problema permanente, con aspectos frustrantes y dolorosos, sobre el cual no propone una solución. Es la influencia, cuyos síntomas y efectos se ven en la copia, la imitación, o la “ilustración” opuestas a la creación y generación de imágenes originales. Pero saludablemente, a diferencia de una actitud  históricamente anterior entre los dibujantes, ya no se observa una conciencia simple y evasiva, que dolorosamente podía esconder mala fe, sino que ahora puede tematizar el problema en la propia obra, sugiriendo sus ribetes difíciles, y asumiendo que no lo puede resolver, o que no quiere resolverlo por la vía de la autorrepresión  o la censura de las fascinaciones. El mechón de pelo al medio, de la personaje original, no es en realidad original de esa figura, sino de un pensamiento y sentimiento estético que, desde luego, pertenece culturalmente a los japoneses.

Se trata de reconocer un hecho que no es de ninguna manera nuevo, ni exclusivamente infantil y juvenil. Dicho en mis palabras y a título propio, el que está bastante lleno de copia, de servilismo y presuntuosidad es el mundo adulto y serio de la cultura, al que por nuestro trabajo y nuestros intereses todos desafortunadamente ingresamos un día, o tenemos ue tratar con él.

Written by vichoplaza

diciembre 17, 2013 at 8:11 pm

Publicado en Fanzines

Hoy fue uno de esos días

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Hoy esHOY ES UNO DE ESOS DÍAS, (autoedición, Santiago, 2012) de Nicolás Pérez de Arce, narra  lo suyo con dibujos y diseño en página doble, o abierta,  integrando la rotulación en el dibujo. Trabaja la relación entre caligrafía y grafismo, una relación que hoy nos parece inherente y hasta obvia, es decir que lo escrito es un dibujo, y que lo dibujado es una escritura. La relación entre caligrafía, dibujo y escritura es un modo de comprender la creación artística, y tiene sentido. Mayormente, cuando aparece  visible es porque estamos frente a un trabajo de ese tipo, más que del arte aplicado o industrial, por decirlo así con esos antiguos nombres.  En los hechos, ha sido pensada por el arte verdadero y sin mayúsculas (véase por ejemplo el ensayo de Ronald Barthes sobre Cy Twombly) puesto que el arte es una forma de pensamiento, y su tarea consecuente es pensar. De ahí que al parecer se confunda el trabajo del arte con la experimentación.  Cuando uno trabaja aprendiendo a encontrarse con el flujo interno y complejo del trabajo y de uno mismo, necesariamente tiene que experimentar con los materiales, con la sintaxis, pero si no sé qué cosa quiero pensar, entender, sensibilizar, se transformará en formalismo, un formalismo atractivo quizá pero vacío por consecuencia.  Además, si esto ocurre en el trabajo de los relatos ilustrados, que no tienen por qué reclamar su ingreso al arte académico, pero sí al arte verdadero, el cual sabemos escaso y excepcional, uno se da cuenta que se aleja peligrosamente de la aprobación del Capitán América.

El Capitán América es otro mundo, es la ideología del control,  y allí la palabra, en los guiones y escaletas, tiene la función de previsualizar y precaver en todo lo posible cada efecto y cada significación. O sea, pensarlo todo antes, por palabra y por boceto. Opuesto a esto,  la escritura y su método busca pensar sensiblemente en y durante el propio trabajo, y dar si se puede con lo que realmente uno quiere decir, y eso no puede ser meramente verbalizado con anterioridad, porque si se pudiera, o sea si correspondiera al lenguaje verbal y cotidiano, no tendría sentido repetirlo con otro lenguaje.

Por otro lado, plantea también la cuestión del tema, de aquello sobre lo cual se habla.  Aquí la angustia existencial, la angustia del ingreso al feroz funcionamiento del mundo fáctico. Se escucha todavía decir que la autenticidad viene  cuando hay tristeza, angustia, desesperación, que no se escribe cuando uno es feliz. Esa relación es falsa porque implica solamente a la emocionalidad, y más todavía, a la emocionalidad atormentada, la frustración y el dolor, cosa que todos deberíamos saber ya que es una pose aceptable en los adolescentes, pero no en los adultos. Expresa hedonismo simple, y confirma que merece el rechazo del mundo. Podemos pensar más bien que la realidad es peor, y que sus dimensiones son atisbadas por el lenguaje del arte, el cual está especialmente capacitado para esa ingrata tarea. Cuando en este caso el relato y el dibujo nos hacen pensar en lo cierto de la situación que está diciendo y que está graficando, de modo que no tratemos de hacernos los tontos, es calificable como algo verdadero, auténtico, por consecuencia como un trabajo de arte. Contradictorio como sea, su existencia nos alegra.

NARRACIÓN Y DIBUJO, 1

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gatovicente en el Wonder bar

DESACTUALIZADO COMO SIEMPRE, aquí entrego las notas  del tema “Narrativa gráfica y estética”, que me propuso Carlos Reyes para Viñetas del fin del Mundo, hace tres meses en noviembre. Mi humilde idea es estudiar en las mismas historietas esos temas, y no al revés, de dar la lata con teorizaciones, para ver cómo se confirman en la cosa concreta, porque muchas veces no se confirman. Si ponemos la teoría antes, la lectura real siempre la deja en problemas, pero si por eso concluyéramos que la teoría no vale nada, le quitamos valor a lo que pensamos mientras dibujamos o escribimos, porque por ahí va.

Hablamos de trabajos chilenos: 1. La propuesta política de Salvador Arenas y Carlos Borman en el fanzine Findemilenio. 2 La síntesis narrativa del fanzine mural A mano alzada, didáctica para recuperar una cultura narrativa. 3 ¿Dibujo malo o dibujo bueno? Antecedentes y reflexiones sobre el dibujo “crudo”. Vamos por partes.

INTRO: Bueno, la estética, como concepto y disciplina es un poco demasiado teórico para nosotros, pero hay dos o tres elementos que se interrelacionan en una historieta, y que son los que vemos estéticamente, sin importar si le llamamos a eso un conocimiento estético: la narración, la poética, el dibujo.

La narración, como sabemos, alude a la construcción de un relato, cómo se cuenta lo que se cuenta, y por otro lado a la lectura; con poética nos referimos a las preguntas de por qué se cuenta de esa o de la otra manera, los sentidos que en la lectura vamos recibiendo y proyectando, la belleza, lo bonito y lo feo, lo grotesco, la simpatía o antipatía, los recibimos como sentidos poéticos;  del dibujo diremos por ahora que es el dibujo simplemente.

Propuestas narrativo políticas en el fanzine Findemilenio

Eco negro, 1-2

ECO NEGRO, DE SALVADOR ARENAS, EPISODIO 1. Inicio: secuenciación cinematográfica (en este caso regularidad, descripción). El silencio, el tipo de iluminación, la índole de la acción, construyen la referencia al género policial o negro. Hay una transición temporal por acción similar. A través de los personajes, el ambiente y el lenguaje aparece la localización de la historia. El modo de hablar define la ubicación psicológica y social, y también la ubicación geográfica, sea de un lugar específico o de una internacionalización neutra. Esto es así en todas las artes que usan la palabra y el diálogo.

Eco negro, 3-4

Eco negro, 5-6

“Situamiento”: en la quinta página, interviene explícitamente el narrador, y la página recapitula la poética narrativa, sensible en un estilo de escritura ligado al antihéroe del género negro, en la secuenciación regular, en el silencio, en el estilo de dibujo del cual ya hablaremos. El discurso del narrador da la contextualización histórica real, y expone también su ideología, que es el desencanto  por lo fea que ha llegado a ser la realidad chilena de la postdictadura. En los casos más interesantes, el género negro explora al personaje desesperado o acorralado por ese organismo que llamamos la sociedad. Son personajes a la vez desencantados por sus propios errores, lo que los aleja de cualquier ejemplaridad épica, o al menos creo que esos son los que dan confianza. Digamos en un paréntesis que en Eco Negro, como parte de una tendencia general, se insiste en que el personaje gane la pelea, solucione su problema (fin del paréntesis). Aquí en esta página se juega “todo”, o sea el acuerdo y la conexión con el lector. Salvador Arenas, como autor, expone directamente su pensamiento, lo sabemos porque no habrá una posterior reconciliación con la cosa política ni con la cosa social, ni aquí ni en otros trabajos de Arenas, y por eso identificamos que en este punto específico el autor toma el papel del narrador de la historia. Es algo que hacemos hoy, aunque no es tan frecuente como parece. Quizá indica cierta limitación, la de no explorar las muchas flexibilidades del lenguaje, quizá por otra parte una vocación de honestidad. Agreguemos que sí lo hace con una forma elaborada, distribuyendo los textos largos, diseminándolos y componiéndolos en la página.

V de Vendetta

Según Daniele Barbieri (1995) esta forma la inventaron –como otras cosas– Stan Lee y Jack Kirby, en las historias reelaboradas de los superhéroes de Marvel. Es muy usada por Alan Moore o Frank Miller. Lo literario toma importancia, y la distribución sirve para darle una forma visual y equilibrarlo en la imagen global de la página.

Yo Pharista, Clamton

Se trata siempre del equilibrio justo entre palabra e imagen, ¿pero qué es equilibrio? De pronto esa palabra no dice nada, o lo que dice definitivamente ya no lo creemos. Más bien hablemos de cuando la imagen empuja al texto, y el texto a la imagen, recíprocamente, poniendo en marcha al relato. Una página llena de texto, como en el caso de Clamton, es un gran desequilibrio pleno de sentido, porque es un receptáculo de las asociaciones que planteó en las páginas previas, y otras que está planteando ahora.

Volvamos a la página 5 de Eco negro. Por alguna razón, insertando el discurso del narrador se reordena todo lo anterior como introducción, o como planteamiento, que sugiere imaginariamente que recién ahora es cuando el relato comienza. O sea que hay un mecanismo imaginario que nos produce la impresión de que, de un momento a otro, empieza un “tiempo presente”.

Eco negro, 7-8

Sólo se requiere que a continuación el relato cuente su historia o su escena en ese tiempo presente, que sea fluido y dé el sentido de avance, de desarrollo, como ocurre aquí, hasta que decida hacer de nuevo otro corte temporal. Entonces, la impresión de tiempo presente viene del relato y la lectura. Está impulsado por aquel mecanismo invisible, propio del lenguaje, al cual se lo pulsa, por decir así, haciendo variaciones,  entradas o salidas de los narradores, además de cortes y reinicios temporales, entre otras cosas.

Veamos cómo lo hace Arenas: tenemos un relato paso a paso, de momentos crueles, oscuros, contados con cierta distancia. Escenas donde es notable que a pesar de que hablen los personajes, hay silencio. El ambiente no habla ni emite ruidos, la gente pasa callada, no se escucha la música que oye el escolar por los audífonos, no hay onomatopeyas ni aunque se disparen las pistolas, no hay grito del herido, toda esa ausencia permite que entre el silencio. Uno cree que el silencio es lo que hay que llenar, lo que hay que tapar, y al contrario, se requiere una decisión poética para hacerlo sensible.  Diríamos que no hay animación ambiental detrás de los personajes, la ciudad se mueve más que nada movida por la inercia cotidiana, en sensación de desencanto.

Eco negro, final episodio 1

La historia continúa sin otras intervenciones del narrador, sin nuevos cortes temporales. Pero en la última página vuelve, por corte, al momento del inicio, o sea al presente “efectivo”. Lo que quiero decir es que nuestro trabajo siempre se juega en mantener este presente de la lectura, y que nuestro lenguaje es bastante dúctil y permite muchas posibilidades. Por eso, las intervenciones explícitas del narrador con los cuadros de texto son críticas, porque me parece que muchas veces tienden a convertir la imagen, la viñeta, en pasado, en algo ya concluido, que entorpece la sensación del presente en la lectura. Naturalmente no me refiero a cuando se está narrando un hecho pasado, o una anticipación futura, o un plano temporal indeterminado, sino a que en cualquiera de ellos una narración interesante, por las mismas condiciones de la lectura, relata en un acontecer de aquí a hora, en desenvolvimiento.

Paréntesis: el narrador sabelotodo, señor del tiempo pasado

En numerosas historietas de aventuras de  Zig Zag, que son narradas de acuerdo a un modelo tradicional, la contextualización se hacía en la primera página, con recuadro del narrador en el primer cuadro introductorio. El texto daba la localización ambiental, el lugar, la fecha o la época, a veces incluso refería el conflicto y nos adelantaba quiénes eran quiénes. Por ejemplo, en Jungla Nº 54 (1968) que vemos acá, el recuadro dice: “En sus largos viajes, ¿vio Ulises en verdad esas criaturas acuáticas mitad pez mitad mujeres? ¿O simplemente vio aquellas sirenas que habitaban la siniestra montaña de la jungla del Mato Grosso?”

MAWA

Es cierto que el procedimiento tiene que ver con una poética usual de ese tiempo, con modelos exitosos, que los lectores estábamos habituados a esperar. Pero desde nuestra situación actual, que bien lo sabemos no es ni más evolucionada ni necesariamente mejor, uno puede ver que el narrador se superponía al dibujo, y desde luego al mismo proceso del relato. Naturalmente, dentro de éste encontramos acciones y escenas en presente, que son diría yo los que más envuelven al lector en las narraciones largas, porque la sensación de asistir a hechos que están ocurriendo y hacemos ocurrir nos da el placer de leer la historia. Aquí un segundo paréntesis, subjetivo si se quiere: la experiencia del tiempo presente es la que más tenemos perdida, extraviada. Vivimos y pensamos en pasado y ganar el presente es una batalla. Por eso, quizá, la expectativa del presente que nos dan los relatos nos despierta o nos consuela. Por contraparte a la pérdida visual, es cierto que la palabra y el relato verbal  son perfectamente capaces de envolver al lector o la lectora, como era el caso de Juan Marino y otros guionistas de la época, con todo y la abundancia del recuadro del narrador. Pero en general  a nuestros ojos produce una retardación del flujo, del ritmo secuencial, una retardación del dibujo, que queda más de una vez en la incómoda situación de ser un mero ilustrador de la descripción verbal, en vez  de ser relato visual.

Aliro Godoy, de J. Pérez Castillo

Acá lo vemos en la página inicial de “Aliro Godoy”, de Jorge Pérez Castillo, de 1974, que lo mitiga bastante, dejando que el dibujo y el cuadro lleven la lectura. De Pérez castillo hay que hablar bastante más.

Quintín Quintay, de Lukas

Y acá (de Rakatán, 1965) el texto de narrador pasó a ser un globo de diálogo, y el primer cuadro es un cuadro de acción, en la cual entramos inmediatamente. Lukas logra una página introductoria de ritmo narrativo pleno.

Dibujo e influencia en Salvador Arenas

Los pliegues de la ropa, de las sábanas, son surcos delgados y punzantes como las ramas espinosas de los arbustos secos,  que transmiten una sensación de heridas. Las sombras también participan de esa sensación, terminando en bordes duros y en ramificaciones afiladas. Es acorde al tema y a la visión de mundo de Eco negro, y se complementa con una forma general de bloques amplios con línea regular, que a veces describe redondeces del cuerpo, cierta salud. Del dibujo de Salvador Arenas se dice, o él mismo dice, que está hecho en el grado suficiente para que cada viñeta cuente la parte de la historia que le corresponde, para construir una atmósfera, a veces bastante detallada en el ambiente, pero no puede detenerse en dibujar bonito. Dibuja la forma correcta y el efecto que se necesita. No hay tiempo para más, en el amplio sentido de la palabra,  y eso es cierto, y porque es cierto es un problema importante para una historia social de nuestras historietas. ¿Es su decisión o es su manera natural de dibujar? ¿no hay tiempo para trabajarlo más porque el que hay está priorizado para lograr la continuidad del relato, para pensar el guión, para leer? Y hay que decir que es un talento narrador. ¿No hay tiempo porque como en casi todos nosotros, se trata del escaso tiempo libre, de la escasa tranquilidad material necesaria?  ¿cuando hay un poco más de tranquilidad, la prioridad narrativa continúa?

Findemilenio nº 1

Veámoslo desde otra perspectiva que puede iluminar también el asunto: la de los estilos. Aunque yo no podría detallar las influencias que confluyen en el dibujo de Salvador, tengo la impresión de que el dibujo de cómics, y todos los géneros del dibujo, funcionan en corrientes internacionales que no son creados exclusivamente por unos pocos genios, sino que son fenómenos más complejos, que durante el romanticismo se entendieron como los espíritus de las épocas, según cuenta Hauser. Arriesgándome en algo que conozco un poco al menos, sus dibujos se inscriben en una corriente como la que representa Daniel Clowes, donde el dibujo  sintético esencialmente sirve para narrar, y transmite lo que quiere transmitir por su forma fría y funcional. En Salvador la línea regular, los espacios limpios contrastados con surcos arañados, la leve caricaturización, están racionalizados para transmitir la crueldad y la lucidez de sus textos. No quiero decir que Salvador está influenciado por Clowes, sino en todo caso por una serie de fuentes similares de sensibilidad.

Sirva de introducción para el tema titulado “¿dibujo bueno o dibujo malo?” Pero en la próxima seguiremos con Puerto Oscuro, otra historia del fanzine Fidemilenio.

Written by vichoplaza

enero 18, 2012 at 11:47 pm

Yotambien: diseño editorial y relatos del yo

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Portada Yotambien

El libro Yotambien, Cómic 2010, compila parte de los relatos gráficos publicados durante ese año en el proyecto del blog yotambien.cl, y fue presentado en la Feria del Cómic de Plaza Brasil, en noviembre del mismo. Una primera edición limitada de 50 ejemplares que se agotó al tiro.

El diseño del libro es inteligente y talentoso, hay que extenderse en este punto. Desde hace algunos años, como sabemos, viene aumentando en Chile la edición de libros de cómics, y de revistas o compilados especiales, en un contexto general de proliferación de publicaciones culturales independientes. Provienen de autogestiones colectivas o de microeditoriales, se financian por fondos concursables o por nuestros bolsillos. Además tenemos los títulos de algunas editoriales más grandes, que se están interesando por el humor o se suben al carro de la moda de la novela gráfica. Sigue existiendo por supuesto una gran producción joven de fanzines y autopublicaciones en fotocopia y en impresión digital, a veces corcheteados, otras veces no. El fanzine, la forma en que nosotros lo hacemos, se ha convertido en una etapa primera en la cual darse a conocer. La libertad de contenidos en las autogestiones es total, sólo puede limitarla la autocensura, o las estrategias editoriales.

Una de las exigencias que los libros imponen por su propia naturaleza es el trabajo de edición, de conceptualizaciones y estrategias en la forma en que se presentan y escogen los contenidos, y por otro lado la preocupación por el diseño. El primer punto se perfila con más claridad y libertad si se quiere, y habría que hablar de ello en otra oportunidad. El diseño, más cercano a la materialidad, es dependiente de los recursos. No son separables, están tejidos entre sí, entrelazados, pero vamos a enfocar el diseño de este libro como objeto.

No hay que estudiar para darse cuenta que el diseño editorial sofisticado es caro. Por otro lado, me parece que todavía son caras para nosotros las encuadernaciones “blandas”, muy de moda y muy agradables, que se basan en tecnologías y materiales recientes combinados con los ancestrales cuadernillos cosidos con hilo.

Por otro lado el diseño editorial tiene que ver con el saber y el talento, se trata de un arte a veces invisible. Por lo menos dos modos materiales aparecen en nuestros libros: unos diseñados como “libros de arte” o  “libros visuales” con tapas duras o semi duras, con laminado especial, solapas, color, e interior en papel couché de bastante gramaje a veces. Por ejemplo, libros como  Chao Nomás o Informe Tunguska, producidos con aportes estatales, y que valga decirlo en base a lo mismo, se venden a precios demasiado altos. El otro polo, si se quiere, está en ediciones que intentan ser económicas, con portadas en couché o cartulina laminados, a veces en color, y usando en los interiores papeles medios, como el Bond ahuesado, que se está usando mucho para los libros tradicionales, evitando el papel blanco y liso. En realidad son económicas, lo que sucede es que su tiraje de entre 100 y 500 copias los hace valer en promedio 7 mil pesos a público. Su punto técnicamente difícil es la encuadernación, que a veces las imprentas realizan mal, y el libro queda con un lomo duro, ingratísimo de abrir para leer o para hojear. Es lo que pasó por ejemplo con Vichoquien, del sello TEHA,  pero también con Prehistorieta de Chile, de J. Montealegre, editado por Dibam y RIL (me ha tocado así al menos mi ejemplar). Los plazos o la economía hacen que se acepte un encuadernado que podría simplemente estar mejor hecho. Aún así, estos intentos se relacionan más con una meta democrática, en tanto las ediciones más caras, aunque sus contenidos sean republicanos, son costosos para los públicos medios y populares. Una contradicción que habría que notar. Entre unos y otros hay desde luego muchos intermedios particulares.

Portada doble Yotambien

Ahora llegamos a Yotambién, cuyo diseño es del telentoso Nicolás Pérez de Arce. No soluciona todas las contradicciones, pero dice lo suyo. Un formato pequeño, 16,5 x 21. La tapa en un couché grueso y flexible, que queda crudo, en blanco. La portada está impresa en un couché más delgado que se pone como forro sobre la tapa blanca. El diseño de portada, con los monitos de los autores y la rotulación calada es excelente, se la puede estar mirando por horas. En el interior se juntan dos o tres  elementos: la impresión digital casera, las historias en color (o no, según los autores), y el papel roneo, el humilde papel de imprenta. La combinación produce algo, es notable. Nos trae a los ojos con técnicas actuales las antiguas revistas de historietas en color y en papel de imprenta, con cómics que en su grafismo y temática no se imaginaban en aquellos formatos industriales. Lo antiguo y lo nuevo se juntan en una misma página impresa. Otro punto bello es la encuadernación, cosida a mano al parecer, que posibilita una “tapa blanda” y hace que el libro sea un objeto atractivo. Cinco lucas valía. Así media elegantemente entre lo caro y lo barato, entre el libro de culto y el sencillo, de kiosco. Yotambién es una bella respuesta a nuestro contexto, o dicho de otra manera, es un producto talentoso salido de nuestras condiciones de producción, que en los últimos años se han ido poniendo mejores, aunque nunca tanto por supuesto.

Las condiciones hacen que, aparte de su existencia concreta,  libros como éste queden  como maquetas de un potencial muy rico.

La otra parte es la idea editorial: trabajar sobre la cotidianeidad personal, vertida en relatos gráficos, sin querer lucirse, aunque sí pretendiendo agarrar esa difícil cuestión que es la experiencia de “la vida misma”, la cual es la página en blanco aquí. Sabemos que lo autobiográfico es un género ya establecido y reconocido como tal en los cómics a partir de Crumb especialmente. Henry James había intuido en los años 30 que en lo consiguiente toda literatura sería autobiográfica, como lo dice en el epígrafe inicial de Trópico de Cáncer. Así las cosas, la declaración es: “Yo también me baso en mi propia vida para contar historias”.

Yotambien manifiesto

Se trata, creo yo, de indagaciones de la forma en la cual dibujar y narrar recuerdos y experiencias propias, con cierta continuidad semanal. Los participantes trabajan con el dibujo espontáneo, siempre atractivo, permitiéndose errores y correcciones a la vista, escribiendo y tachando como se escribe en un cuaderno. Todo hecho por la mano que dibuja y rotula: “El dibujo rápido y espontáneo, sin correcciones ni cortes comerciales. ¿Cuántas rayas necesitas para emocionarme? Poquitas”. Una defensa del gesto no calculado, que “no pesca” la ilusión de ser genial, que tampoco le saca brillo ni controla cada cosa, porque por ahí, en todo el tiempo de producción que necesita el control y el lustre de los significantes, se nos van las horas y la vida. Podría pensarse en una opción estética y política a la vez, aunque más bien hay que hablar de libertad en el ánimo de los artistas. De todos modos hay un cuidado en cada uno, lo espontáneo no es lo primero que salga, sino una inspiración y una concentración.

El espectro visible y potencial de la autoenunciación (cómo hablar de uno mismo) es aquello a lo que modestamente intentaré aproximarme ahora.

Don Liebre

Varios de los participantes trabajan con el humor, con la risa, con cuadritos regulares, que es una imagen característica del relato autobiográfico en los cómics. Don liebre es conocido precisamente por su auto-risa constante, que envuelve sus penas y trabajos. La autocaricatura de Don liebre sale sola, emerge aunque esté haciendo a otros personajes, como era el caso de sus historias en Informe Meteoro. Aquí, por el dibujo y el color, ha hecho unas páginas que parecen antiguas y no lo son, que evocan todas las revistas de historietas de su infancia, en dos colores o a todo color.

Nico Pérez

Nico Pérez, identificándose con un dibujo caricaturesco, ha mostrado antes un abanico de registros en los que se desenvuelve bien: el humor, la experimentación con el lenguaje, y algunos relatos donde emerge una estética siniestra, espeluznante y admirable. Es un narrador gráfico nato, creo yo, que se vale aquí como en otras partes de su cómica autocaricatura de sujeto extenuado, estrujado, no sólo por el sistema explotador, sino por sí mismo, por su deseo de vivir.

Ágata

Los minicómics de Ágata Raczynska están llenos de sugerencias y notas agudas y mundanas. Ágata está llamando la atención en nuestro Santiago “donde después de 15 días no me ha pasado nada, ninguna extorsión, ni la más pequeña transa, ¡nadie ha intentado abusar de mí!”. Bien empleado lo tiene, porque así le queda tiempo de dibujar. Sus minicómics en los que usa el gris, no el negro lleno, son llamativos por su minimalismo, o miniaturismo, no sé, que se enlaza con estilos de ilustración lineales y finamente anatómicos. Pero además, Ágata muestra una inédita forma de humor, de fraseología y de construcción literaria, que ella misma relaciona con su origen polaco y su paso mexicano, pero resulta claro el talento personal. “Empiezo a sospechar que los chilenos son unos psicópatas”.

Grotesco

No hay humor negro, propiamente tal, no hay amargura o pesimismo al hablar de la propia vida. Será por la juventud, por la búsqueda temática y el carácter de apunte, que los “yoes” humoristas adoptan la calidad reconocible de personajes, y al parecer ingresan el registro personal a una estructura y una forma que les permite enrielarse.  Parece ser además el humorismo como expresión natural de la cultura humana y de la chilena, que sale siempre solo y se garantiza, que se encuentra a sí mismo, resistiendo el mundo absurdo y duro de Chile. Lo que hay es el humor ácido, iconoclasta, de Grotesco, que trabaja un relato como los que le conocemos (y bien que lo haga), en los cuales lo mismo con una anécdota real que con la “ficción” es sorpresivo e hilarante. De todos el que más vocación corrosiva tiene, porque no se ve dispuesto a excursiones subjetivas sin hablar también de los fraudes del mundo.

Bonzo

Bonzo tiene sutiles diferencias en cuanto a cómo se enuncia. Con todo y su divertida autocaricatura al final no se ríe mucho de sí mismo ni de nada, sino que se expone como un sujeto serio, inteligente, callado, increíblemente trabajador, en un día a día que no alcanza a ser más de lo que es, por decirlo así.

Hay otros “yoes” más contemplativos, que no se caricaturizan, y que expresan estéticamente cierta tranquilidad. Francisca Robles, Margarita Valdés, Jorge Quien, Vicho. En sus trabajos la forma, la página visible, lo que entra por el ojo se va asociando a otros géneros, no siempre ni necesariamente marcados por los cómics, lo que es bueno. Estos relatos, igual que los anteriores, hablan de la vivencia de algún hecho, de alguna conversación, de algún proceso (postular a una beca, encontrarse un objeto, relatar una experiencia de felicidad, sentir pena, inseguridad, tomar alguna decisión, sorprenderse de conocer el cinismo de un amigo). Buscan en la experiencia un sentimiento estético, o de otra índole similar, que es lo que en lenguaje popular llamamos “vivencia subjetiva”. Pero el humor también es una interiorización estética, una subjetividad estética. Aunque la diferencia sea obvia, se hace difícil de precisar, así que convendría no confundirnos. Lo que tienen de distinto estos registros es quizá no tener que cerrar necesariamente la historia, sino hacerla permanecer en cierta tranquilidad e inutilidad de fines. No sé si ha sonado demasiado enredado, pero creo que hay que permitirse ser enredado para no reducir las cosas a términos o fórmulas conocidas, pero que no son las que uno siente.

Margarita Valdés

En las páginas de Margarita uno percibe más el mundo de la ilustración, y de ese tal vez nuevo género de narración e ilustración, proveniente de los libros ilustrados infantiles. Da la impresión que ella lleva su forma hacia los cómics como pie forzado, siendo que no tendría por qué planificar necesariamente en cuadritos. Su interés es comunicar el sutil sentimiento, la opinión, aunque no tajante ni conclusiva, que le dejan las cosas. Los bellos dibujos de Francisca también parecen venir de otros mundos del dibujo, los de la ilustración de temas cotidianos modernos, en los que juega con el error y la soltura sobre una buena base dibujística. Narraciones sutiles, en las que hay silencio y distancia de observadora. Me parece que ese silencio observador se expresa o se siente en la composición, con  espacios blancos y de aire, además de los textos. De Jorge Quien hemos hablado antes, en sus páginas siempre muestra su dominio de la ilustración y la pintura, y una inspiración nutrida de referencias y pensamiento estético. Aquí nos narra por ejemplo una impresión en un concierto de música, donde dice “qué loco, ser feliz”. Son los mismos dibujos y relatos los que comunican en cada caso una contemplación pausada. No se trata de que ellas y ellos no se escenifiquen como personajes, sino que su género es más confuso, con referencias menos precisas.

Francisca Robles

Jorge Quien

Todavía nos falta a todos una profundización hacia los huesos, como se dice. Mucho del cómic chileno nuevo, y no sólo de los cómics,  está enredado en una cosa “burguesita”, de la cual habría que hablar también.  Pero lo hecho permite pensar en más proyectos narrativos y gráficos, donde el guión no precisa estar finalizado. Reiterar: un bello libro como objeto y en los cómics que contiene.

Enero de 2011

Written by vichoplaza

enero 30, 2011 at 11:58 pm

Publicado en Yo tambien