Cuaderno de oficio

(Latinamérica 2). El autor de este fanzine firma Dibujista Infatigable en la portada, Érico en el interior, y en la p.2 agrega “U.F.O”, que es la firma de unos muy buenos grafitis que aparecen en santiago, a veces en lugares dificilísimos, en letreros publicitarios instalados sobre edificios o tótems, que uno se pregunta cómo lo hicieron o cómo lo hizo para subir allí y pintar. Los grafitis de Ufo tienen un dibujo libre y atractivamente sucio, a menudo en blanco y negro, y entre sus temas unos ojos que miran y unas palmas de manos con los dedos juntos hacia arriba. En resumen buenos dibujos, buenos temas incógnitos. Uno puede inferir que Érico sea parte del grupo Ufo, o que él sea Ufo.

La portada creo que no muestra el buen dibujo que descubrimos dentro, ni enseña bien su tema. ¿Por qué elige este dibujo para la portada? Querría saber si lo hace para cumplir con una imagen que se nos impone como imagen de la sensibilidad política de los que están de este lado y de los que vivimos y hemos vivido siempre en estas casas, en estos barrios, en esta realidad que el dibujo muestra. La imagen de esas casas indica una ubicación, pero solo el título Cuadernos de Oficio nos indica que el fanzine recopila apuntes de las clases y sesiones del colectivo Contra Cine, y de la Escuela de Cine Popular en una casa del barrio Santo Tomás en La Pintana, que es el barrio dibujado. Allí también se hacen talleres y grupos artísticos para niños y niñas, entre otras actividades en las que Enrico participa. Los cursos se hicieron el año 2015, pero el fanzine es posterior.

Los dibujos interiores son sueltos, con gran captura de la presencia de los retratados, particularmente vívidos, y están hechos hechos con lápiz de pasta o grafito. Los textos son los títulos de las películas que ven, nombres de los y las profes, frases y palabras de la conversación, citas y nombres de libros o canciones, entre otras claves. Los profes son cineastas renombrados en chile. Todo ello recrea el proceso de aprendizaje capturado en el cuaderno, en un contexto especialmente significativo, con una estufa para el frío, café o tecito, y panes tostados con mantequilla.

Algunas frases [no todas son legibles]: “Comunicación de resistencia. / No guión. Realización libre. / Revolución del lenguaje / Contradecir la forma correcta de hacer las cosas. / Fijar la mirada para formar el lenguaje. /”

“La esclavitud del cine por contar una historia. / Contra el cine lineal y predecible. / Dudar de lo que está muy claro. / La batalla de las mentalidades. / Elección moral: lo que muestro y lo que no. / La poesía como construcción de lenguaje y sentido.”

Algunas películas vistas o recomendadas: Cofralandes (R.R.); Dios y el diablo (G. Rocha).

Uno puede revisar críticamente la tendencia o ciertos modos de academia en los profes o en las frases apuntadas. Me contento solamente con enunciarlo. Tendencia a decir que “hay que construir un discurso”, que tienes que apropiarte del lenguaje, que tienes que desobedecer para liberarte, en fin, todos pensamientos o consignas muy respetables, movilizadoras. Érico, dibujando sus apuntes, construye –para usar la misma palabra– el esbozo vertebral de los programas de cine independiente, político, de izquierdas.

mayo 2019

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Historietas: el estado de las cosas en Chile

Por Nicolás Pérez de Arce
1.

En los últimos 10 años se ha visto un auge en la publicación de libros de cómics en Chile. Lo que antes eran revistas y libros­álbum, hoy en día son novelas gráficas, ediciones cuidadas con más páginas y variedad en sus formatos. Esto acompaña la idea de que se están editando cómics serios, con temáticas cercanas a la realidad o mayor profundidad en sus reflexiones. Frente a la imposibilidad de los historietistas de ser considerados como grandes artistas por las instituciones del arte como parecía ser en los 80’s, el reconocimiento ha llegado finalmente de la mano del ambiente literario. La novela gráfica es el último de varios intentos hechos por el cómic para saltar el muro que lo deja fuera del arte con mayúsculas.

En kioscos el formato revista ya no existe, al menos en chile, con una distribución prácticamente inexistente (en Argentina se pueden encontrar sin problemas ediciones baratas de libros de Mafalda, Fontanarosa o El Eternauta). Un país donde se lee muy poco (alto impuesto al libro se ha dicho bastante) y donde las editoriales chilenas pagan el mínimo legal a los autores por su trabajo, un 10% por derechos de venta, que muchas veces el único pago que reciben. Es bien sabido que nadie vive de hacer cómics y que las platas están en la publicidad, diseño gráfico, docencia, o sea hay que hacer otra cosa para poder hacer finalmente cómics, disciplina que toma bastante tiempo. Los fondos públicos están cada vez más enfocados en fortalecer las llamadas industrias culturales potenciando así a las editoriales pero dejando de lado al autor a pie pelado.

el huevo Nico Perez

2.

La discusión que me ha tocado ver en medios de comunicación y sitios especializados tiene que ver mas que nada con implementar el medio y la producción local, en la profesionalización. Gabriel Rodríguez o Javier Osorio son los paradigmas de este sistema, los ejemplos a seguir. Pero muy rara vez he visto que se hable de la calidad de los trabajos mismos, que se hable en términos de arte y cultura como crítica a los trabajos. Se dicen tonterías como que el latón estaba super bien logrado en historia de un oso, como si ese fuera su valor. En general se da por sentado que todo es genial e innovador, que está todo pasando, pero existe la percepción (no solamente mía, sino que es la de varios colegas) de que se publica harto material liviano, con poco relato, poco crítico, algo bobalicón, tieso y con poco desarrollo de contenidos.

En un país donde se percibe el arte y el consumo de cultura en general como bienes exclusivos de los sectores acomodados, cabe preguntarse que tan popular realmente es el boom del cómic. La señora de la vega probablemente no tiene idea de quien el Alberto Montt, Malaimagen ni Sol Díaz, pero recuerda todavía al Condorito, signo de una época donde si podía manifestarse un personaje realmente popular. Sin embargo, los mismos autores se repiten una y otra vez, como si fuera lo único que vale la pena destacar en las pretensiones de construcción de industria.

Esto por supuesto no es problema del cómic particularmente, es un problema cultural general. Es lo mismo que pasa con la música chilena en las radios (la ley del 20%). Son siempre los mismos nombres; Gepe, Javiera Mena, Francisca Valenzuela, Alex Andwanter, Pedro Piedra, Fernando Milagros, Ases falsos, y el resto son excepciones. Y que pasa con los Vázquez o el rapero Portavoz? Por poner un par de ejemplos supuestamente populares. Hay un Alberto Curapel totalmente ignorado.

O lo que pasa con el llamado nuevo cine chileno. Nos enteramos en los medios hasta del desayuno que le gusta tomar a Nicolás López, Pablo Larraín, Matías Bize o Andrés Wood, pero son prácticamente ignorados Cristián Sánchez (Los deseos concebidos, cautiverio feliz, el zapato chino)o José Luis Sepúlveda (El pejesapo, mano armada), dos autores fundamentales en la construcción de identidad en el cine. (Raúl Ruiz).

[párrafo editado]

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Entonces uno se pregunta para qué tanto bombo y platillo sobre el cómic chileno si una novela gráfica chilena verdaderamente notable no aparece. [menciona Sinaventuras de Jaime Pardo].

Por mucho que se intente implementar la industria del cómic, ES LA PROPIA EXPRESIÓN DE LA GENTE LA QUE DEBE SALIR A LA LUZ EN SUS PROPIOS TÉRMINOS. Y esto no ha entrado realmente en la discusión.

Texto presentado en Monologías, primera sesión, 2 de mayo 2016. Organizado por Felipe Muhr en Casa Plop, Santiago.

PD: editado se consigna entre corchetes [ ].

APUNTES EN FANZINES: Las Influencias

EN LOS ECOS de la reciente Feria del cómic de la Plaza Brasil, me hice de varios fanzines y autopublicaciones, y saqué del estante una serie de otros más que fui juntando antes. Pienso que las tendencias y los conflicto de nuestro campo se muestran en ellos tanto como en los libros integrados al difuso circuito institucional y editorial. Merecen atención y trabajo.

Mi lectura, por supuesto, está contaminada de mis propios fantasmas adultos, de mi depresión o escepticismo. También será bueno decir que no intento representar lo que los artistas han querido decir.

Sato y Fer
Sato y Fer

Comienzo con Let’s Rock, del dibujante Jaliet. Un cómic amable, de humor blanco, bien dibujado, con las anécdotas cotidianas de Fernanda y Sato, dos jóvenes que se independizan de sus familias, según se ve, compartiendo un departamento. En cierto momento, en la sección de preguntas de los lectores de facebook, Sato tiene que reconocer que su pelo verde no es culpa de una enfermedad venérea con la que nació, y que lo matará pronto, sino que solamente es un teñido, una etapa del variado devenir de sus looks, como bien se encarga de enseñarlo Fernanda, porque para eso están los amigos.

La siguiente pregunta es ¿por qué Fernanda se parece a Rukia de Bleach?, una personaje de manga. Ella dice que no la conoce, que tampoco le suenan ni el manga ni el animé. “Fer, por favor, fuiste otaku toda la media y hasta el primer año de la U”, le dice Sato. “Yo no tengo pasado”, se defiende ella, pero su amigo googlea la imagen de Rukia, y Fernanda sigue defendiéndose, “no me parezco en nada… sólo tenemos melena las dos, nada más”. Al final se enfurece.

Es interesante la manera sutil y humorística de Jaliet de mostrar que hay algo no resuelto ahí, un problema permanente, con aspectos frustrantes y dolorosos, sobre el cual no propone una solución. Es la influencia, cuyos síntomas y efectos se ven en la copia, la imitación, o la “ilustración” opuestas a la creación y generación de imágenes originales. Pero saludablemente, a diferencia de una actitud  históricamente anterior entre los dibujantes, ya no se observa una conciencia simple y evasiva, que dolorosamente podía esconder mala fe, sino que ahora puede tematizar el problema en la propia obra, sugiriendo sus ribetes difíciles, y asumiendo que no lo puede resolver, o que no quiere resolverlo por la vía de la autorrepresión  o la censura de las fascinaciones. El mechón de pelo al medio, de la personaje original, no es en realidad original de esa figura, sino de un pensamiento y sentimiento estético que, desde luego, pertenece culturalmente a los japoneses.

Se trata de reconocer un hecho que no es de ninguna manera nuevo, ni exclusivamente infantil y juvenil. Dicho en mis palabras y a título propio, el que está bastante lleno de copia, de servilismo y presuntuosidad es el mundo adulto y serio de la cultura, al que por nuestro trabajo y nuestros intereses todos desafortunadamente ingresamos un día, o tenemos ue tratar con él.

Hoy es uno de esos días, por Nico Pérez.

Hoy es

HOY ES UNO DE ESOS DÍAS, (autoedición, Santiago, 2012) de Nicolás Pérez de Arce, narra  lo suyo con dibujos y diseño en página doble, integrando la rotulación como una forma de dibujo. Trabaja muy bien la relación entre caligrafía y grafismo, una relación que hoy nos parece inherente, es decir que lo escrito es un dibujo, y que lo dibujado es una escritura, pero que no es tan abordada como se esperaría. Es uno de los puntos interesantes del trabajo de Nicolás, junto a un discurso escéptico y existencial muy agudo.

Cuando la relación entre caligrafía e imagen es visible en una historieta o relato ilustrado, es porque estamos frente a un trabajo innovador. En los hechos, la imbricación entre escritura y dibujo, entre marcas significantes de la palabra y de la imagen ha sido pensada por el arte verdadero y sin mayúsculas (véase por ejemplo el ensayo de Ronald Barthes sobre Cy Twombly) puesto que el arte es una forma de pensamiento, y su tarea consecuente es pensar.

Leyendo este fanzine, podemos pensar que cuando uno trabaja aprendiendo a encontrarse con el flujo interno y complejo del trabajo y de uno mismo, necesariamente tiene que experimentar con los materiales, con la sintaxis. Además, si esto ocurre en el trabajo de los relatos ilustrados, que no tienen por qué reclamar su ingreso al arte académico, pero sí al arte verdadero, el cual sabemos escaso y excepcional, uno se da cuenta que se aleja peligrosamente de la aprobación del Capitán América.

El “Capitán América”, valga decir aquellos artistas, periodistas y editores que conciben la historieta como un mercado donde hay que subirse al “mainstream”,  es otro mundo, cercano a la ideología del control,  y allí en ese medio el lenguaje, en los guiones y escaletas, tiene la ilusión de que cada significado, cada significación y cada efecto sensible ya está normado y se puede predisponer en el guión. O sea, pensarlo todo antes, por palabra y por boceto.

Opuesto a este deseo de control y de preproducción, los trabajos como “Hoy es uno de esos días”, parecen originarse en la ambición de pensar sensiblemente en y durante el propio trabajo, y acercarse a lo que de profundo se necesita decir, o sea asumir el trabajo narrativo y gráfico como una escritura, la cual posee estructuras y reglas, pero con las que se necesita expresar precisamente lo que antes no hemos podido decir.

Por otro lado, plantea también la cuestión del tema, que en este fanzine, probablemente, es la angustia existencial, la angustia del ingreso al feroz funcionamiento del mundo fáctico, expresado con talento y honestidad. “No he conocido a nadie que pueda decir que realmente ha logrado algo”. Se escucha decir que la autenticidad viene  de la tristeza, de la angustia, que no se escribe cuando uno es feliz. Aunque haya mucho de cierto en esta manera de concebir cuando algo es verdadero, ese origen implicaría que solamente la emocionalidad, triste es auténtica como motivación.

Con “Hoy es uno de esos días” podemos pensar más bien que la realidad es peor, y que sus dimensiones son atisbadas por el lenguaje del arte, el cual está especialmente capacitado para esa tarea. Cuando en este caso el relato y el dibujo nos hacen pensar en lo cierto de la situación que está diciendo y que está graficando, de modo que no tratemos de hacernos los tontos, es calificable como algo verdadero, auténtico, por consecuencia como un trabajo de arte.

Contradictorio como sea, su existencia nos alegra.

Apuntes para una bisagra entre el hoy y el ayer de las historietas chilenas

[Editorial del Fanzine Alias y Co. de la Biblioteca de Santiago. nº 5, julio 2011. Agradecimientos a Ana Mora por su invitación]

NOS ALEGRA A DIBUJANTES Y LECTORES el interés de la Biblioteca de Santiago para dedicar el mes de julio de 2011 al cómic nacional. Bueno que se incluyera un espacio para exhibir y exponer experiencias y obras a jóvenes que están en la autogestión y los fanzines..

Las historietas chilenas han tenido una historia, en cuyos procesos actuales la autogestión y los fanzines son un método y un medio importante para desarrollar proyectos de profesionalización, respondiendo también a la dificultad de iniciarse dentro de la industria editorial. El fanzine hoy es un lenguaje de emergencia de talentos y de proposiciones en miras a profesionalizarse: es un lenguaje para emergencias, y aunque suena humorístico decirlo así, no falta a la verdad, porque el humor es importante en un sistema que agobia por el problema del empleo, de hacer una vida en la ilustración, en la escritura o la narración gráfica.

En 1989 (aprox.), Antonio Arroyo convocó en la revista Trauko a un concurso de fanzines que tuvo una convocatoria numerosa y sorprendente. Era un fenómeno y una realidad potente, que había tenido un proceso de gestación en los jóvenes, en su vida, en sus colegios, en sus casas y barrios —y que era efectivamente subterránea– . Los temas y ánimos eran variadísimos, descontando que sólo convocaba el contexto del cómic, a saber: Terror, Rock pesado y fotos de chicas, ironía, metafísica, descreencia, sorna. Rock y palos, como se titulaba uno de ellos, y entre esos títulos los chilenismos, por ejemplo: Kagaziki.

Si estrictamente el fanzine fue en su origen la autopublicación hecha por los fans de algo, cosa que implica aunque sea imaginariamente cierto grado de “confort” o de “gourmet”, la vida latinoamericana impuso a la adaptación unas formas en cierto sentido ajenas y nuevas, o sea cierta crudeza conciente e inconciente a la vez, que es el correlato evidente de la mochila de “la realidad” que de joven se recibe. Crudeza del dibujo y la palabra, crisis de adolescencias que encontraron un lenguaje y un formato, un medio de comunicación una vía de creación y hasta de salida. Estaba el elemento básico de ser fans del Rock y los cómics, pero su forma de serlo es la diversa, inconciente de sí detrás de la estilización, de todas las influencias que creemos necesarias tener.

Aquella expresividad caótica y cruda, aunque no ha dejado de estar, ha evolucionado hacia la proposición de proyectos profesionales, es decir, más “tranquilos”. El arte y la vida no tienen por qué exponerse en una sola cosa siempre. Es mi hipótesis a tientas del proceso que desde los 80 a hoy día han tenido los fanzines.

¿Hay alguna bisagra que una a los anteriores dibujantes profesionales de historietas con los jóvenes que quieren ser profesionales hoy? Si existe, quizás está rota, pero en realidad primeramente deberíamos saber de qué está o estuvo hecha. ¿Existen maneras, temas, dibujos, intenciones que persistan en las historietas, los cómics, la narración gráfica que hacemos? ¿Cuáles son los elementos y los rasgos que nos hablan de un “nosotros”, traspasando la influencia, la moda de cada época, las copias? ¿No son esos elementos los que genuinamente pueden a interesar a otras culturas? ¿Son el humorismo, la crudeza inicial, y nada más, o definitivamente hay una fractura entre hoy y ayer?

¿Si no existe nada latinoamericano, nada “chileno”, si es global, por qué existen historietas que llamamos italiana, española, etcétera? ¿Es sólo una realidad de poder y de capital? No podría responder esas preguntas, porque ya me pasé de mi espacio.