LA REVISTA ARGENTINA HUMO®: 1981-1983, CONSOLIDACIÓN COMO ESPACIO CRÍTICO

La revista HUM®, un espacio crítico bajo la dictadura militar argentina (1978-1983) [Segunda parte]

Mara Burkart.
IEALC, FSOC, UBA-CONICET. Burkartmara@gmail.com

http://www.rafaela.com/cms/news/ver/46328/1/Tapa-Revista-Humor-N%C2%BA-57.-Abril-1981-.html
Nº 51 abril 1981. Fuente: rafaela.com

En marzo de 1981, el clima social era ambiguo. Coexistían deseos de cambio, orientados por los valores de libertad y justicia, con una generalizada desconfianza y pesimismo sobre las reales posibilidades de su concreción. La imagen de “blando” que había presentado el sucesor de Videla, el general Viola, y la designación de Lorenzo Sigaut, adversario de Martínez de Hoz, como ministro de economía abonaron la esperanza que tenía buena parte de la sociedad de que la dictadura se distendiera y que la transición democrática se pusiera en marcha con vistas a 1984, fecha de culminación de su mandato. Las dudas en torno a las “buenas intenciones” del sucesor de Videla se basaban en que éste también había asegurado fidelidad a las grandes líneas trazadas por el “Proceso”. Y a todo esto se sumaba el pesado legado dejado por Martínez de Hoz.

El régimen iniciaba una nueva etapa y a diferencia de 1978, ésta fue una nueva distensión que encontró a una sociedad civil más dispuesta a sacar provecho de ella. HUM®, en particular, así lo demostró. Para la revista de Cascioli fue la de su mayor éxito mientras que para el “Proceso” fue un período de reiterados y fallidos intentos de recomposición que derivaron, con la Guerra de Malvinas mediante, finalmente en su derrumbe. En otras palabras, mientras HUM® acumuló cada vez más capital simbólico; el “Proceso” lo perdió. Entre 1981 y 1983, las luchas simbólicas recrudecieron y se fueron articulando en torno a una confrontación más general expresada de modo dicotómico: aquella disputada entre dictadura y democracia, entre militares y civiles.

Al principio, HUM® tuvo una postura ambigua con respecto a Viola, éste era blanco de la sátira mientras que en las notas “serias” se había optado por arremeter contra el sector duro de las fuerzas armadas y mostrar cierta tolerancia hacia el dictador. Esta postura se combinó con una explícita denuncia de las “patotas” que aún actuaban ilegalmente. La consolidación de HUM® se dio en el plano de su politización a partir de incorporar a analistas políticos entre sus colaboradores y ampliar el círculo de entrevistados a los dirigentes políticos y sindicales.

A fines de 1981, cuando el golpe palaciego desplazó a Viola, la revista anunció y publicó con una imagen satírica el “naufragio del Proceso” (H nº 73, 1981: 1). No obstante, las fuerzas armadas lograron sobreponerse de la severa crisis que estaba atravesando el régimen, y designaron presidente de la Nación al general Galtieri, representante de los “duros”. Si se había esperado que Viola fuese la llave para la transición democrática, la toma del poder por parte de Galtieri postergaba indefinidamente ese futuro. Sin embargo, al saldarse la interna militar, para la oposición civil gestada a lo largo de 1981, quedaba facilitada la definición del contrincante político. En este contexto, los editores de HUM® profundizaron aún más la politización de la revista y el nivel de confrontación con las autoridades procesistas. La crisis de la dictadura motivó una revisión crítica del mismo y HUM® puso en evidencia el incumplimiento de las promesas y objetivos proclamados por éste en marzo de 1976. La estrategia expositiva elegida partía del presupuesto de que en aquel entonces se había creído en la propuesta de orden de las fuerzas armadas. De este modo, se daba cuenta del proceso de pérdida de la credibilidad en el “Proceso” y se le hacía un guiño cómplice y tolerante a quienes en marzo de 1976 habían creído en esas promesas y, a fines de 1981, se sentían decepcionados ante su incumplimiento. Esta exculpación se articulaba con la explicitación de la lucha simbólica en el plano político que HUM® estaba decidida a encarar.

Cascioli, HUM® nº 73, noviembre de 1981
Cascioli, HUM® nº 73, noviembre de 1981

A través del columnista político Enrique Vázquez, HUM® dio su apoyo a la Multipartidaria[1]. Vázquez, que meses antes había cuestionado la incorporación del peronismo al diálogo multipartidario, convocó a dejar a un lado las diferencias y a superar los reparos: “la Multipartidaria somos todos” (H nº 73, 1981: 32). El apoyo se basaba en el reconocimiento de una lucha política en la cual “nosotros estamos acá y ustedes en la vereda del frente; ¿quieren cruzar, para que estemos todos juntos del mismo lado, o nos peleamos de una vez y para siempre?”. Vázquez invitaba a los militares a unirse a la “vereda” de la democracia, es que aún no se podía pensar ésta sin las fuerzas armadas y había repartos en conformar una alianza antiautoritaria. Fue bajo el gobierno de Galtieri que se abrió el camino en ese sentido.

Junto al posicionamiento político, Enrique Vázquez definió a la democracia como un régimen político y como un modo de vida; y reivindicó, en términos genéricos, a los dirigentes político-partidarios. Estos fueron enaltecidos, se les reconoció estatura moral y valentía al punto de considerarlos héroes solitarios (H nº 73, 1981: 33). Aunque exagerado y alejado de la verdad, este reconocimiento tenía el implícito propósito de revertir la imagen peyorativa que históricamente buena parte de la sociedad y HUM®, hasta unos meses atrás, tenían de éstos. La democracia representativa se erigía como la única y mejor alternativa y para que triunfe como opción debía acompañarse con una imperiosa legitimación de sus principales actores: los partidos políticos y sus dirigentes, los cuales en la Argentina se habían caracterizado por su histórica debilidad. En otras palabras, si la Multipartidaria encarnaba la mejor alternativa opositora a la dictadura y la vía para alcanzar la democratización, había que contribuir a crear las condiciones de concreción de la misma. Y HUM® contribuyó con ello. La revista dejó de tener a los partidos políticos creados desde la sociedad civil como blanco de su sátira y, en cambio, los benefició con la transferencia de capital simbólico y político que les proveyó al entrevistarlos o mencionarlos. A fines de 1982, este gesto fue retribuido cuando la revista fue amenazada por la Junta Militar.

A la definición de la lucha política en términos de democracia contra dictadura que se estaba gestando, se sumaban las luchas específicas en el ámbito de la economía y la cultura que HUM® venía llevando adelante desde sus inicios y que ya había explicitado. HUM® continuó expresando su ferviente oposición al modelo liberal y este rechazo se leía ahora desde la mirada dicotómica sobre la realidad política que Vázquez había sugerido al definir la existencia de dos veredas enfrentadas. En otras palabras, la lucha económica y la política se articulaban como parte de una lucha más amplia que estaba tomando forma: la antidictatorial. En el campo de la cultura, la lucha también quedó planteada en términos dicotómicos. HUM® combatió a la censura y la mediocridad a la vez que activamente buscó recuperar parte de la trama cultural que el acción represivo había desplazado o aniquilado.

A medida que avanzaba el año 1982, el clima de descontento social y de deslegitimación del “Proceso” fue en aumento. Con sagacidad, HUM® se colocó a la par de ese estado de ánimo colectivo. Su sátira y sus notas serias se hicieron eco de la indignación y del fuerte sentimiento antidictatorial que impregnaba el ánimo social y que se estaba convirtiendo en antimilitar. No sólo se reclamó por el retorno al Estado de derecho sino que se denunció la reacción del gobierno militar y de sectores del periodismo todavía afines a él que desacreditaban la reactivación de la sociedad y buscaban generar miedo. HUM® les respondió, en nombre de quienes sentían “cansancio moral” y estaban al “límite de la paciencia” (H nº 74, 1982: 5): “Cuando se pide mayor apertura y tolerancia, cuando se abre el abanico de opiniones, hay quienes parecen querer cerrarlo con la intención de demostrar que no hace tanto calor como para refrescarse con una variedad de ideas o gustos. […] Nos agobia esa rígida visión” (H nº 77, 1982: 5).

En marzo de 1982, el asesinato de la militante trostkista Ana María Martínez fue el detonante que puso fin a aquel resto de paciencia. Enrique Vázquez lo definió como “un balazo en la nuca del país” (H nº 77, 1982: 116) que ponía fin al pacto de silencio y olvido que la sociedad asumió con las fuerzas armadas en 1976, cuando:

Se nos exigió silencio para justificar los excesos de la represión. […] Y, pobres giles, extendimos nuestro silencio como ofrenda póstuma. El silencio: lo único que nos quedaba. Quisimos creer que había futuro porque, al fin y al cabo no nos quedaba otra alternativa. Llegamos a suponer que la cuota de sangre vertida en cinco años alcanzaba para cubrir la hipoteca que desde siempre pesa sobe nuestras vidas.

La pérdida de la credibilidad en los militares se representaba como el fin de un pacto suscripto por la sociedad con aquellos en marzo de 1976. Y la ruptura devenía, explicaba Vázquez, porque hacía más de tres años que las fuerzas armadas habían anunciado el fin de la “guerra” pero “todavía andan por ahí unos relucientes [Ford] Falcon verde oliva sin chapas de identificación”. Se había llegado al punto en que “este país necesita saber el nombre y la cara de uno, por lo menos uno solo de los asesinos, para poder dormir de noche creyendo que al día siguiente habrá otra vez justicia igual para todos”. La democracia, devenida en la mejor alternativa política con el estatus de constituir todo un nuevo modo de vida, no incluía aún la revisión del pasado inmediato ni el reclamo por los “desaparecidos”. HUM® tan sólo exigía un castigo ejemplar, el cual era casi insignificante comparado a los reclamos que en ese entonces hacían los organismos de derechos humanos. En HUM®, la demanda por el fin de la violencia ilegal estatal y paraestatal era más fuerte que la que exigía la aparición con vida de los desaparecidos. Este reclamo limitado contrastaba con el hecho de que Cascioli y otros colaboradores de la revista venían firmando las solicitadas de los organismos de derechos humanos desde hacía por lo menos un año.

Estos reclamos de justicia y de fin de la violencia expresados por HUM®, se sumaban a aquellos que exigían el fin del modelo liberal, de la censura y el retorno de la democracia. Y todos se articulaban en la postura antidictatorial de la revista, lo cual irritó a ciertos grupos con poder que amenazaron a la revista y a sus periodistas. Enrique Vázquez quien por ese entonces también denunciaba la corrupción del régimen dictatorial, recibía amenazas anónimas que lo obligaban a no tener un domicilio fijo y a ocultarse en el Hotel Bauen, con el cual la revista tenía un canje publicitario. En marzo de 1982, en las oficinas de la editorial se presentó un hombre que invocó ser inspector del Ministerio de Defensa y, tras mostrar una credencial, solicitó los datos completos de varios de los colaboradores de HUM®. Se trataba de un “apriete” y HUM® lo denunció ante el Ministerio de Defensa y en sus páginas. Sin embargo, la revista no se amedrentó y su reacción fue avanzar y fortalecer su perfil crítico.

A la violencia ilegal y clandestina y a las siniestras amenazas se sumó la represión policial y militar. El 30 de marzo de 1982, una importante movilización a Plaza de Mayo convocada por la CGT-Brasil fue duramente reprimida. Todos los grandes diarios informaron sobre los hechos de violencia, y HUM® también lo hizo. En ese contexto, Galtieri sorprendió a la sociedad argentina y, en especial, a la oposición política con el anuncio de la “recuperación” militar de la soberanía sobre las Islas Malvinas. Un nuevo intento de inyectarle iniciativa del “Proceso” se ponía en marcha y, en efecto, logró dislocar a la oposición civil. Pero si bien la apelación oficial al fervor nacionalista y triunfalista fue eficaz, no logró acallarla totalmente. HUM®, como todos los sujetos del campo cultural y político, apoyó en un primer momento la “recuperación” de la soberanía sobre las Islas, no obstante frente al conflicto bélico, tomó distancia (Burkart, 2013a). En una nueva coyuntura marcada por una marcada intolerancia hacia voces impugnadoras por parte de las autoridades y buena parte de la sociedad, intentó dar continuidad a sus reclamos por la democratización política. No criticó a la guerra directamente pero empezó a filtrar algunas dudas con respecto a la veracidad de la información que los medios difundían y se opuso al clima belicista que se había generado, tratando de sostener la sensatez que ya la caracterizaba. Su apoyo no del todo complaciente con los militares significó la disminución de las ventas y algunas presiones. Pero, una vez consumada la derrota, le permitió sumar capital simbólico y legitimarse como un ejemplo de la “resistencia cultural” a la dictadura.

La derrota en Malvinas fue inesperada y sorpresiva pero ese desconcierto inicial se transformó rápidamente en frustración, bronca y en un fuerte repudio hacia los militares. El antimilitarismo se vio alimentado por el “descubrimiento” de la manipulación informativa durante la guerra y las pésimas condiciones en las que habían tenido que combatir y sobrevivir los soldados argentinos en las Islas. Para HUM®, “el colmo” era, por un lado, la acusación de “subversivos” y los sumarios que los altos mandos militares les abrieron a los conscriptos que se animaron a denunciarlos. Por otro lado, las declaraciones como las del presidente interino, el general Alfredo Saint Jean, quien dijo que “a pesar de todo en el país se vivía cada vez mejor”. Frente a la situación, HUM® se preguntó: “¿Y ahora, dónde me pongo?” (H nº 84, jun. 1982: 5). Pero si esta pregunta podía abrir un camino a la autocrítica, no fue el elegido. HUM® más bien se concentró en analizar la histórica negación de la identidad latinoamericana por parte de la sociedad argentina, enmarcada en el hecho de que fueron los países de la región, con la excepción de Chile, los que apoyaron la causa argentina en Malvinas. La revista se plegaba al silencio generalizado en torno a la adhesión a la Guerra y, como buena parte de la sociedad, procuró olvidar aquel apoyo y mirar hacia adelante.

El fracaso en Malvinas significó el colapso del “Proceso” y puso en marcha la transición democrática con las fuerzas armadas sumidas en la más profunda crisis política e institucional. La fractura de la junta militar con el alejamiento de la Armada y la Fuerza Aérea fue el momento de mayor vulnerabilidad de la dictadura; pero los militares siguieron gobernando pues los partidos políticos, aún débiles, rechazaron hacerse cargo de la transición. Se trataba de una situación política inédita: la transición democrática se iniciaba por el colapso del régimen y no debido a la movilización popular como había sido en 1973. También, a diferencia de aquel entonces, no había líderes políticos de envergadura, Perón y Balbín habían muerto e Illia no era considerado un líder sino un “hombre bueno” (H nº 99, 1983: 11). Para HUM®, se estaba en “el escenario más dramático de nuestra historia contemporánea” (H nº 85, 1982: 18). El “Proceso” estaba muerto y la interna militar se descontroló. La revista de inmediato volvió a la “vereda” de enfrente con la premisa de “ganar la posguerra”, es decir, mirar hacia delante a los fines de garantizar el retorno al Estado de derecho asumiendo como propia la tarea de sentar las bases para la construcción de un nuevo orden democrático.

HUM® interpretó la nueva coyuntura como la posibilidad para establecer un punto de inflexión histórico. Para Enrique Vázquez “ya todos estamos de acuerdo en algo: este país se acabó y hay que empezar de nuevo. Es inútil que nos echemos la culpa entre nosotros” (H nº 87, 1982: 31). Su propuesta era “volver a las fuentes” esto era recuperar el espíritu de 1810, convocar “otra vez al pueblo a la plaza” para “declararnos libres”; y el de la Asamblea de 1813 que ponía fin a la tortura y a “las capuchas de la vergüenza y el terror indiscriminado. […] Y que no vuelvan nunca más”; había que exigir la independencia como en 1816 y volver a 1853, a la Constitución Nacional, “que nos garantiza derechos y nos obliga deberes, que divide en tres a los poderes del Estado y hace que banquemos en paz la música del vecino”. HUM® reivindicaba los valores republicanos: la libertad, la soberanía popular, la independencia, la paz, la tolerancia, la igualdad, la ley y la democracia.

En la transición democrática, la revista se puso al frente del proceso que tenía como fin la construcción de un nuevo orden social del mismo modo que en el campo estrictamente político lo hizo Raúl Alfonsín, cuyo discurso fue el más radicalizado del espectro político (Quiroga, 2004). Esta convergencia, que ya venía desde la Guerra, se tradujo en un acercamiento político concreto entre Cascioli y Alfonsín. La transición y la puja electoral implicaron fricciones y conflictos en la convivencia que, al interior de la redacción, habían logrado radicales y peronistas cuando su único enemigo eran los militares en el poder. La revista quedó estrechamente asociada al alfonsinismo, rechazó cualquier acuerdo con los militares y exigió su juzgamiento.

Peni, HUM® nº 106, junio de 1983, p. 55
Peni, HUM® nº 106, junio de 1983, p. 55

La transición democrática quedó representada en HUM® como el período más virulento de las luchas simbólicas que ésta disputó con el “Proceso”. Al tomar una posición ofensiva, abandonó las entrelíneas y las metáforas visuales y textuales, y se volvió más directa y concreta en sus críticas y denuncias. En particular, la defensa de los derechos humanos ingresó con fuerza en la revista. Esta virulencia respondía, a su vez, a las amenazas que recibió por parte de la Junta Militar que derivaron en el secuestro de su número 97 en enero de 1983 y, posteriormente, en el juicio que tuvo que afrontar. En este contexto de alta conflictividad y donde las luchas simbólicas se materializaron, la revista publicó “Las ‘Bases’ de HUM®”. Este editorial era una declaración de principios que recuperaba y radicalizaba, en sintonía con el discurso alfonsinista, los valores defendidos en el marco de las luchas simbólicas que había desplegado en los planos cultural, económico, político y de seguridad desde sus inicios. Todas ellas confluían en la gran confrontación entre dictadura y democracia disputada entre las fuerzas armadas y los civiles. Y, como se sabe, la disputa se resolvió en 1983 a favor de estos últimos, entre los cuales estaba HUM®.

Las “Bases de HUM®”, HUM® nº 94, noviembre de 1982, p. 5
Las “Bases de HUM®”, HUM® nº 94, noviembre de 1982, p. 5

Conclusiones

La interpretación dicotómica que se había construido en la académica, especialmente en los años 1980 y 1990, para explicar la acción de los medios de comunicación y la cultura bajo la última dictadura militar ha quedado desmontada a partir del caso de la revista HUM®. Sin tener de antemano el propósito de ser opositora al régimen, esta publicación satírica devino en tal. Inicialmente y debido a su género el humor gráfico, ocupó los márgenes del campo de la gran producción cultural y desde allí construyó lentamente las condiciones de posibilidad para identidades y subjetividades novedosas que se atrevieron a reírse, burlarse y reflexionar sobre el poder imperante. De este modo, el análisis de HUM® presentado evita una mirada esencialista de la resistencia y da cuenta de las condiciones de posibilidad para el surgimiento y la consolidación de esta publicación y su transformación en un espacio crítico de significativa importancia política y cultural.

El trabajo da cuenta del lugar de la cultura y del humor en las estrategias de oposición a la dictadura militar a partir del momento en que se produjo una primera distensión en los mecanismos represivos. Asimismo, revela las características y las limitaciones de la crítica y la disidencia por parte de una revista masiva y de humor gráfico. HUM® colocó a la cultura en un lugar políticamente central entre las estrategias de disidencia y oposición a la dictadura militar. A través del uso de lo cómico como arma, logró un sostenido crecimiento que fue acompañado con el fortalecimiento de sus posturas críticas y opositoras que derivó en un proceso de trasformación de una revista de humor en una revista política, sin abandonar el primer sentido; además de adquirir y consolidar una posición nueva y de mayor centralidad en el campo cultural. Desde esa posición y lejos de ponerse a la vanguardia de la crítica y oposición, HUM® fue lenta, tímida pero persistentemente ensanchando las grietas de la coraza impuesta por el “Proceso” y condensando nuevos sentimientos y valores que tenían que ver con la defensa del trabajo nacional, la democracia como régimen político y como modo de vida, la tolerancia, la justicia, el respeto por los derechos humanos y el rechazo a la violencia y a la participación política de las fuerzas armadas. Parte de este proceso fue el acercamiento a la revista de voces críticas a la situación cultural, económica y política impuesta por los militares y los civiles que apoyaban el proyecto castrense. Es en estos aspectos que la experiencia de HUM® cobra sentido en el marco de un conflicto hegemónico.

Bibliografía

– Blaustein Eduardo y Martín Zubieta, 1998. Decíamos ayer. La prensa argentina bajo el Proceso. Buenos Aires, Colihue.

– Burkart, Mara, 2013. “De la libertad al infierno: La revista Satiricón, 1972-1976” en Laura alosetti Costa y Marcela Gené, (comp.), Atrapados por la imagen. Arte y política en la cultura impresa argentina. Buenos Aires, Edhasa: 307-338.

– Burkart, Mara, 2013a. “Avatares de la crítica y de la sátira: HUM® y la Guerra de Malvinas”, Nuevo Mundo. Mundos Nuevos. [En línea], Cuestiones del tiempo presente, Puesto en línea el 07 febrero 2013, consultado el 09 junio 2013. URL: http://nuevomundo.revues.org/64808

– Burkart, Mara, 2012. HUM®: La risa como espacio crítico bajo la dictadura militar (1978-1983), Tesis de doctorado, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, inédita.

– Burkart, Mara, 2009. “Horcas, Guillotinas y verdugos. La representación de la “guerra antisubversiva” en la revista HUM® (1978-1983)”, Eadem Utraque Europa, Año 5, n. 9, pp. 155-190, Buenos Aires.

-Novaro, Marcos y Palermo, Vicente, 2003. La dictadura militar 1976/1983. Del golpe de estado a la restauración democrática. Buenos Aires, Paidós.

– Quiroga, Hugo, 2004. El Tiempo del Proceso. Conflictos y Coincidencias entre políticos y militares. 1976-1983. Rosario, Homo Sapiens/ Editorial Fundación Ross.

– Rommens, Aarnoud, 2005. “C de censura: Buscavidas y el ‘terror del signo incierto’ en Camouflage comics. Dirty War Images, www.camouflagecomics.com/flash.php

– Sasturain, Juan, 1995. El domicilio de la aventura. Buenos Aires, Colihue.

NOTAS

[1] Constituida formalmente en junio de 1981, por iniciativa del radicalismo, la Multipartidaria tenía el propósito de generar un espacio de negociación con un sector de las fuerzas armadas sin conformar una alianza antiautoritaria. Estaba integrada por el radicalismo, el peronismo, el MID, el PI y el PDC.

LA REVISTA ARGENTINA HUMO®: SURGIMIENTO DE UN ESPACIO CRÍTICO

Por MARA BURKART

DESDE EL RETORNO A LA DEMOCRACIA, la producción académica sobre la dictadura militar y sobre la cultura y los medios de comunicación masiva bajo dicho régimen ha sido abundante. Muchos de estos trabajos han puesto el énfasis en los aspectos destructivos y conservadores de la dictadura o en las resistencias micro o underground y en la complicidad de las industrias culturales. Durante la transición democrática, el interés y la urgencia por reconstruir el campo cultural a partir de buscar en aquel pasado oscuro y traumático las voces silenciadas y las resistencias, abonó una interpretación dicotómica de la relación entre cultura y política que sugiere que si los medios de comunicación fueron masivos, entonces fueron cómplices y obsecuentes con la dictadura; mientras que si fueron underground fueron expresión de resistencia. Este trabajo se suma a los esfuerzos que en los últimos años se vienen realizando para desmontar dicha dicotomía y propone atender a los resquebrajamientos y las contradicciones del régimen militar, y a lo que allí se gestó, en particular, a la revista HUMOR Registrado (HUM®). La relevancia de analizar esta revista se debe a su carácter de publicación satírica masiva y crítica de la dictadura militar. Su análisis contribuye tanto a cuestionar aquella mirada dicotómica como a caracterizar el campo de lo decible y lo visible bajo el régimen dictatorial.

HUM® surgió en junio de 1978, en medio del fervor generado por el Campeonato Mundial de Fútbol que tenía lugar en el país y se editó hasta 1999. Durante los años de la dictadura militar, pasó de ser una revista de humor gráfico a convertirse, en aparente paradoja, en una revista satírica seria y políticamente comprometida. HUM® se transformó en un prestigioso espacio de crítica cuya relevancia consistió en haber colocado a la cultura en un lugar políticamente central entre las estrategias de disidencia y oposición a la dictadura militar. La revista desenmascaró los proyectos fundacionales que los militares y civiles a ellos aliados intentaron imponer. También contribuyó a la recuperación del campo de la gran producción cultural a partir de estructurar sentimientos sociales dispersos en una posición en el campo, alternativa a la dominante (Burkart, 2012). Desde esta nueva posición, HUM® fue socavando la histórica legitimidad de las fuerzas armadas como actor político y erigió a la democracia como el mejor régimen político posible y como todo un modo de vida. Para ello, los diversos recursos de lo cómico y del humor se constituyeron en elementos fundamentales por su carácter ambiguo y esquivo como así también por su capacidad cohesiva. Esta transformación de HUM® ocurrió en dos grandes momentos, uno inicial que se extiende entre 1978 y principios de 1981, y otro de consolidación que comprende los años 1981 a 1983. El artículo está organizado en dos secciones en función de esas dos etapas y finaliza con unas reflexiones a modo de conclusión.

1978-1981: HUM®, SURGIMIENTO DE UN ESPACIO CRÍTICO

En 1978, ciertas grietas aparecieron en la coraza impuesta por la dictadura militar, instaurada tras el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Estas fueron producto de factores externos e internos: por un lado, el viraje en la política exterior del gobierno demócrata de James Carter en los Estados Unidos hacia una novedosa asociación entre democracia política y vigencia de los derechos humanos; por otro lado, el anuncio por parte del presidente de facto general Videla del fin triunfal de la “guerra antisubversiva” y del inicio de la etapa propiamente fundacional del autoproclamado Proceso de Reorganización Nacional; y la aceptación a que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) inspeccionará el país al año siguiente. Finalmente, la sociedad civil tuvo un incipiente despertar. El campo cultural fue uno de los espacios propicios para acciones embrionariamente colectivas desplegadas “dentro de los límites estrechos que suponía no desafiar abiertamente al régimen” (Novaro y Palermo, 2003: 151). El campo intelectual se reactivó a la vez que se produjo un reacomodamiento en el campo de “la gran producción”, siguiendo a Bourdieu (2005), aquella orientada a la satisfacción de las expectativas del gran público; que insinuaba una distensión de los mecanismos represivos producto más de las pujas al interior de las fuerzas armadas que de una política concertada o de la presión social. En julio de 1978, el diario Clarín publica la primera caricatura de Videla realizada por Sábat; vuelve el actor cómico Tato Bores a la televisión, a Canal 13, después de haber sido sacado del aire en 1974; y Miguel Paulino Tato es echado de su cargo de censor cinematográfico. Si bien estuvo lejos de ser el fin de la censura y de la persecución de agentes del campo cultural, esta primera distensión procuró, con un fuerte sesgo simbólico, cerrar una etapa e iniciar otra.

La celebración en el país del Campeonato Mundial de Fútbol en junio de 1978 hizo de la imagen de Argentina ante el mundo una cuestión de Estado. El país debía mostrarse en orden, en paz, alegre y con márgenes de libertad. El acontecimiento deportivo no generó en la sociedad actitudes significativas de rebeldía sino que primó “jugar de argentinos” como oficialmente se le demandó. Por su parte, los grandes medios acompañaron más enfáticamente que nunca al gobierno (Novaro y Palermo, 2003). Pero el Mundial también posibilitó un muy incipiente cuestionamiento al estado de cosas impuesto por los militares y un resquicio por el cual deslizar un nuevo producto cultural. En ese contexto, surgió HUM®, una nueva publicación de humor gráfico dirigida por Andrés Cascioli[2], que marcó un quiebre en la uniformidad y monotonía cotidiana de los medios de comunicación.

No obstante, el hecho de que todas las miradas del mundo se posaran sobre el país y el énfasis de los militares en mostrar un país en paz y libertad no era suficiente para garantizar la supervivencia de la nueva empresa. Cascioli y muchos de los humoristas y periodistas convocados para la revista habían participado en emprendimientos editoriales que habían sido clausurados por el poder político antes y durante la dictadura militar. Tomás Sanz, jefe de redacción de HUM®, reflexiona al respecto: “Nunca supe por qué insistíamos en seguir haciendo esto. Seguro que fue más por ingenuos que por valientes. Y porque era lo único que sabíamos hacer” (Página/12, Suplemento Radar, 02/07/2006). Y agrega “Era el ‘78, y lo peor de la represión había pasado. Pero también era andar por la cuerda floja, porque los nombres eran siempre los mismos, y en algún lado saltaban”. En efecto, el surgimiento de HUM® se produjo bajo una percepción general de que con la fiesta mundialista se cerraba una etapa, aquella marcada por la “guerra antisubversiva”. Como señala Blaustein, “Con el Mundial, y aunque con una lentitud atroz, comienza oficialmente el deshielo” (1998: 32); también empieza a articularse nuevos horizontes de sentido, a homogeneizarse sentimientos, ideas e imaginarios sociales de sujetos dispersos y replegados en el espacio social y cultural producto del accionar destructivo y autoritario de la dictadura militar. HUM® convocaría y reuniría a quienes nunca habían adherido o empezaban a dejar de adherir al “Proceso”.

Cascioli, HUM® nº 1, junio de 1978
Cascioli, HUM® nº 1, junio de 1978

Advirtiendo que aún no estaban dadas las condiciones para una publicación de humor político independiente, se decidió hacer una revista de humor “a secas”. Como dice Sasturain (1995: 23), su nombre exponía esa estrategia al sugerir “algo así como: ‘fíjense, somos esto, sólo esto y no mordemos, tenemos patente, chapa, registro de humoristas’”. Para evitar que la empresa muriera en el primer intento, además del nombre se había decidido “‘peinar’ bastante las notas, cuidándonos de alguna posible clausura” (H nº 221, 1988: 60), recuerda Tomás Sanz y evitar hacer referencia a la Iglesia católica –que había motivado el secuestro y las agresiones que recibió el director de MAD en febrero de ese año– y a cuestiones sexuales para que la revista no fuera calificada de “inmoral” por pornográfica, lo que podría implicar la clausura. La experiencia ya acumulada con Satiricón y Chaupinela les había enseñado que frente a la censura legal era más fácil defender y conseguir adhesiones para una publicación política que para una calificada de pornográfica. Asimismo, se evitó desafiar al régimen de modo explícito, había un reconocimiento tácito de que éste no estaba dispuesto a tolerar críticas directas y mucho menos, la denuncia de las atrocidades represivas. Se sabía que quienes se habían atrevido a hacerlo lo habían pagado con el exilio, la cárcel o hasta con la vida. El hecho de que similar destino también tuvieron quienes se habían mostrado más conformistas, dejaba en evidencia que los límites y las reglas no eran claros. Al presentarse ante los lectores, HUM® se definió escuetamente como “un divertido ensayo de juntar buenos dibujantes, humoristas con gracejo y gente que piensa con cierta fineza y profundidad acerca de algunas cosas que pasan. Nada más. Vamos a tratar de ponernos ese tipo de anteojos para leer las páginas que siguen. Que nos divirtamos todos” (H nº 1, 1978: 9). También llamó a olvidar a sus antecesoras como estrategia dirigida a despegarse de aquellas ante la censura pero también como parte de la percepción de que había que “comenzar a pensar para después” con respecto a la dictadura.

Sin embargo, el producto que se ofrecía, con las caricaturas de la portada, el estilo gráfico, cierto sentido crítico y el equipo de colaboradores; remitía indefectiblemente a las experiencias editoriales pasadas y se contraponía a dichas advertencias. HUM® estaba dirigida a un público masivo, no obstante, su lector enunciativo (que no es necesariamente su lector empírico) era un hombre de clase media urbana, de unos treinta o cuarenta años, casado y con hijos, informado, inteligente, honrado, de buena conciencia y que no había tomado las armas en los años previos al Golpe. Es decir, un ciudadano dispuesto a asumir ciertos compromisos y no ser indiferente ante la realidad. De entrada, HUM® se mostró como una revista con límites y con una fuerte impronta moral. A diferencia de Satiricón (Burkart, 2013), no estaba dispuesta a faltarle el respeto a todos los valores instituidos pero, como ella, apelaba a la sátira política, a usar lo cómico como arma. HUM® construyó un enunciador serio mas no solemne, que no se reía por cualquier cosa sino del enemigo blanco de su sátira. Así, no promovió la burla a la inteligencia, salvo cuando ésta se presentaban elitista y soberbia; y tampoco al compromiso ni a la buena conciencia. Estos fueron sus límites.

La censura municipal clasificó el primer número de HUM® de “exhibición limitada” (BOM nº 15.792, 13/06/1978) y Cascioli lo tuvo que defender frente a la comisión de moralidad que funcionaba en el Centro Cultural General San Martín. Según recuerda Cascioli, allí sostenían que publicaciones como HUM® “le hacían mal al país, que los chicos de seis o siete años que se acercaban a los kioscos podían encontrarse con una publicación como esa y les iba a hacer muy mal” (H nº 221, 1988: 60). Sin embargo, logró la autorización para lanzar la revista. HUM® no fue un éxito comercial inmediato pero sus ventas fueron en continuo ascenso durante el período de la dictadura militar. El progresivo éxito de HUM® se tradujo en un crecimiento de la revista –más páginas y más colaboradores– y de su editorial, Ediciones de la Urraca, la cual lanzó al mercado editorial las revistas El Péndulo (1979), Mutantia (1980), HUM® & Juegos (1980), Rock SuperStar (1979) que al poco tiempo devendría en HURRA (1980), SuperHUM® (1980) y HUMI (1982). Todas ellas estuvieron montadas sobre el éxito y capital simbólico de HUM®, y condensaban su misma estructura del sentir.

Entre 1978 y principios de 1981, la trayectoria de HUM® estuvo marcada por la experimentación y la definición de un contrato de lectura. A prueba de ensayo y error, fueron recurrentes los cambios en su equipo de colaboradores y en las secciones de la revista. Esto se acompañó con una creciente ampliación en el abordaje crítico de la actualidad nacional. En este período inicial un clivaje se produjo en diciembre de 1979 cuando HUM® publicó en su tapa la primera caricatura de Videla, lo cual le generó un salto en las ventas y, al no ser sancionada, le abrió camino para incursionar en el humor estrictamente político. Previo a ello, entre junio de 1978 y diciembre de 1979, la política económica y la cultura dominante fueron los blancos centrales de la sátira y la crítica. Dada la centralidad que tenía para el “Proceso” y el poder que concentraba el ministro de economía Martínez de Hoz, el abordaje crítico de la política económica fue el de mayor audacia. No obstante, HUM® no estaba a la vanguardia de dicha crítica sino que se sumaba al coro de voces impugnadoras del modelo y del ministro. Asimismo, la crítica se veía facilitada por el hecho de que el ministro de economía y su equipo eran civiles y no militares. Estos aspectos resultaron decisivos para convertir al ministro en el primer miembro del gobierno en ser caricaturizado por parte de una publicación como HUM®, recién lanzada al mercado, independiente y con un equipo editor con antecedentes ante la censura.

Martínez de Hoz no fue su único blanco de sátira, HUM® también se burló de los promotores del modelo liberal, de las burguesías nacionales y de los sectores de clase media que en ese entonces saciaban sus ansias consumistas gracias a lo que se dio en llamar la “plata dulce”. HUM® estuvo abocada a desenmascarar las verdaderas dimensiones del proyecto económico de Martínez de Hoz y denunciar el modo autoritario de su implementación. Entre las víctimas de la sátira seguramente había lectores empíricos de la revista que se rieron de sí mismos frente a las caricaturas grotescas que de ellos ofreció la revista. HUM® convocaba a ser parte, aunque sea simbólicamente, de la selecta comunidad que lograba evitar verse fascinada por la “plata dulce”, que no se dejaba engañar y veía las consecuencias nefastas de la política económica ya que se sentía comprometida con el viejo modelo económico que estaba siendo destruido.

La cultura, la otra cuestión satirizada por HUM®, fue representada en sus dos acepciones: como manifestaciones artísticas, intelectuales e incluso deportivas; y como modo de vida. Este último aspecto estuvo estrechamente vinculado al humor costumbrista de larga tradición en el país cuyo despliegue en HUM® no asumió grandes innovaciones estilísticas ni temáticas; incluso fue menos audaz que su predecesora Satiricón. En cambio en el primero, su propuesta consistió en faltarle el respeto a lo establecido y permitido por la dictadura: la cultura oficial y oficialista. Sin embargo, no se dedicó únicamente a ello, también se propuso reivindicar y difundir a quienes en el campo de la cultura consideraba respetables o interesantes pero, dadas las condiciones políticas y sociales impuestas por la dictadura militar, contaban con escasa publicidad, cultivaban el bajo perfil, estaban cayendo en el olvido, integraban listas negras por las cuales habían sido “desaconsejados”, etiquetados como “prescindibles”, prohibidos o fueron perseguidos, debiendo algunos de ellos exiliarse. Esta propuesta, efectuada en un contexto de violenta reducción de la esfera pública y del campo cultural y mediático, adquiría sentido político. HUM® buscaba delinear un horizonte a futuro y para ello era fundamental recuperar la vasta trama cultural del país que el accionar de la Triple A y luego del “Proceso” habían desplazado y aniquilado. Con el tiempo, este aspecto cobraría mayor dimensión y se constituiría en la nota distintiva y “seria” de HUM® con respecto a sus antecesoras y al resto de las publicaciones masivas que se editaban en aquel entonces.

En 1979, el artículo de María Elena Walsh, “Desventuras en el país Jardín-de-Infantes”, publicado por el suplemento cultural del diario Clarín, abrió una senda que HUM® se mostró dispuesta a profundizar. La cantautora infantil, con la carga simbólica que esa profesión y su trayectoria representaban, se había animado a exigir el fin de la censura y del paternalismo. Aunque reconocía la actuación de las fuerzas armadas en la “lucha antisubversiva”, Walsh sintetizaba el malestar que había en el ámbito de la cultura y que nadie hasta ese entonces había osado denunciar públicamente en un medio masivo nacional. Según Novaro y Palermo, el artículo fue un “esfuerzo de transacción representativo de la forma en que se hallaban dispuestos a entender al régimen, quienes se hallaban fuera del mismo y querían una vida diferente a la que éste estaba permitiéndoles” (Novaro y Palermo, 2003: 347). Su artículo tuvo un gran impacto sobre los agentes del campo cultural, entre los cuales estaba HUM®, que venían expresando tímidamente cierta disconformidad hacia la censura y otras políticas del “Proceso”.

A fines de 1979, la revista abordó por primera vez y de modo explícito el tema de la censura. Específicamente, fue a través de su reportera, Mona Moncalvillo, y a partir de convocar voces autorizadas y ajenas a la revista. Moncalvillo sorprendió entrevistando al célebre censor Miguel Paulino Tato y luego, a la mismísima María Elena. Si bien puede llamar la atención que HUM® haya optado por darle espacio al ex funcionario más que a las víctimas de la censura, lo cierto era que las principales víctimas de la censura, si estaban vivas y en el país, aún estaban con miedo para denunciar abiertamente su situación o estaban aún prohibidas y había riesgo sobre sus vidas con lo cual publicar un reportaje a ellas significaba para HUM® un desafío mucho más importante del que estaba decidida a llevar adelante. La estrategia de la revista era, como recuerda Cascioli: “cuando veíamos que alguien se animaba a decir algo contra el gobierno lo aprovechábamos bien” (H nº 221, 1988: 62). El tratamiento serio y satírico que se hizo de la censura fue bien recibido por los lectores que encontraron en la revista un medio a través del cual canalizar la incomprensión sobre el accionar de aquella y su tedio hacia una oferta cultural pobre. Cabe destacar, la importancia de estos pequeños espacios en el marco de un contexto fuertemente reprimido y censurado, bajo el cual la cultura del miedo se desplegó sin parangón.

HUM® sacaba provecho de la grieta abierta por Walsh, sin embargo, no se sumaba al “esfuerzo de transacción” propuesto por la escritora. En ese entonces, la revista no reconoció a las fuerzas armadas por la “lucha antisubversiva”. Este gesto de omisión no significó un total silencio por parte de la revista hacia el tema de la violencia estatal y paraestatal. Desde su primer número HUM® aludió a ésta a través de la imagen humorística. Entre 1978 y diciembre de 1979, se publicaron gran cantidad de chistes de humor negro, que llaman poderosamente la atención debido a que dan cuenta de umbrales de sensibilidad hacia la tortura y la muerte que hoy en día nos parecen inconcebibles (Burkart, 2009; 2012). El abordaje satírico de la economía y de la cultura fueron los cimientos sobre los cuales se recortaron estas llamadas de atención sobre los aspectos más siniestros y terroríficos de la dictadura militar cuyo tratamiento implicaba un riesgo aún mayor al cual se estaba dispuesto a asumir. En esta etapa inicial, fue a través de la imagen más que la palabra como HUM® representó la tortura, el asesinato, el fusilamiento y, así, distintas formas de alcanzar la muerte de manera violenta.

Las condiciones de posibilidad para estas representaciones humorísticas fueron las grietas e intersticios que los debates al interior de las fuerzas armadas produjeron en la coraza que éstas habían impuesto a la sociedad. El hecho de que los máximos responsables del proyecto de aniquilamiento fueran militares, dificultaba su representación. Los humoristas supieron sortear esta cuestión apelando a metáforas visuales que permitían aludir a ellos de modo sesgado. El repertorio iconográfico más recurrente fue el de los suplicios de la Edad Media, de la Temprana Modernidad –especialmente, de la Inquisición– y de la Revolución Francesa. Horcas, guillotinas, hachas, patíbulos y salas de torturas y eventualmente como versión más moderna y alternativa a éstos, la silla eléctrica, fueron los instrumentos de tortura y muerte a los cuales los humoristas echaron mano para hacer sus chistes.

Aquello que estos humoristas ilustraron, Rodolfo Walsh, con gran lucidez, lo había puesto en palabras en su “Carta abierta a la Junta Militar”, distribuida clandestinamente el 24 de marzo de 1977, un día antes de su asesinato. La crudeza a la que aludía Walsh estaba matizada en los cartoons a través de la risa, la cual procuraba restarle dolor y acritud a la realidad que representaban. En otras palabras, estas imágenes naturalizaban la violencia pero la neutralización de esa realidad dolorosa y trágica se hacía a los fines de hacerla tolerable ya que también era reconocida como inmodificable o por lo menos, que su transformación no estaba al alcance de sus posibilidades.

Suar, HUM® nº 6, noviembre de 1978 p.47
Suar, HUM® nº 6, noviembre de 1978 p.47

En las representaciones de la violencia política en esta etapa inicial de HUM® se distinguen algunos aspectos en común. En primer lugar, el predominio de la representación visual por sobre la textual. La imagen constituyó el mecanismo de representación por excelencia para hacer referencia a estas cuestiones, especialmente, por la ambigüedad que ofrecía. Las metáforas visuales con referencias sesgadas e indirectas a la realidad fueron los medios predilectos para representar algo que era horroroso y doloroso a la vez que peligroso. En segundo lugar, las representaciones de víctimas y de victimarios fueron prototípicas y anónimas; y predominó el escamoteo de marcas espacio-temporales concretas. Mientras los perpetradores fueron representados a partir de varios prototipos –verdugos, matones, patotas, nazis, miembros del KKK, Idi Amin, incluso militares–, las víctimas tuvieron un mismo patrón por el cual carecieron de indicios de filiación político-partidaria, ideológica o social. Esta despolitización de las víctimas contribuyó a su legitimación social, a que pasaran de ser “subversivos” a ser víctimas, “desaparecidos”. En otras palabras, su despolitización se compensó con su humanización, lo cual en el futuro facilitó el despliegue del discurso de los derechos humanos. En la mayoría de los casos, los dibujantes recurrieron a una estética ficcional y esquemática la cual contribuyó a mantener cierta distancia en la aprehensión del hecho real. Se creó una imagen estetizada de la muerte y el dolor donde los cuerpos, en general, no cargaban con las marcas del poder. Y sobresale la representación de un estado de cosas –la situación de violencia– que no es cuestionado ni del cual se conocen sus causas. En continuidad con representaciones realizadas previas al golpe de Estado, la violencia política fue representada en su carácter individual, es decir, no hubo alusiones a masacres o exterminios colectivos.

Con estas representaciones, HUM® invitó al lector a hacer un trabajo activo de interpretación, de desciframiento de los niveles ocultos de la representación, de reponer la información escamoteada debido a la necesidad de dibujantes y editores de evitar la censura y poner en riesgo su existencia y la de la revista. HUM® interpeló al lector para llevar a cabo “un acto potencialmente subversivo que le da poder al intentar leer buscando significados ocultos que perturben el engañoso discurso inequívoco del régimen” (Rommens, 2005: 5). Si bien, no denunció hechos ni autores concretos tampoco se mostró obsecuente ni cómplice con ellos. A través de estos artilugios, HUM® ofreció herramientas para el cuestionamiento de la versión impuesta por los militares y los civiles a ellos aliados. De este modo, convocaba a quienes no se sentían convocados con los discursos hegemónicos y los incentivó a dudar de las “verdades” oficiales y oficialistas que circulaban en la prensa y a hacerse preguntas, aunque éstas quedaran circunscriptas al ámbito íntimo y privado de la lectura de la revista.

En diciembre de 1979, la revista de Cascioli publicó por primera vez en tapa una caricatura de Videla. Se trató de un gesto de gran valentía, que estuvo rodeado de varias precauciones. A la larga se convirtió en un punto de inflexión para la trayectoria de la revista porque condensó varios cambios que se venían produciendo desde meses anteriores y porque generó un salto en las ventas. La caricatura tenía un sesgo economicista, sugería que la apertura de la economía había dado lugar a las “pirañas de la importación” las cuales estaban dispuestas a devorarse a una enflaquecida “industria nacional”, encarnada en Videla. Además, su audacia se veía matizada por el hecho de que Videla aparecía como víctima más que como responsable de la situación. En el editorial, el primero de la revista, HUM® se definió explícitamente en “lucha contra la importación” y en defensa de la industria nacional con cuyo desarrollo se sentía comprometida.

Cascioli, HUM® nº 24, diciembre de 1979
Cascioli, HUM® nº 24, diciembre de 1979

El hecho de no haber recibido más que una llamada de atención por parte de las autoridades nacionales fue percibido por los editores como una habilitación para avanzar en la oposición al avance del modelo liberal y con la sátira estrictamente política al sumar a las autoridades militares a los blancos de su crítica. En este sentido, HUM® inició el año 1980 con un cauteloso pero persistente proceso de politización tendiente a desafiar y ampliar los límites de lo permitido por el régimen. La sátira estrictamente política se convirtió en la mayor audacia de la revista, la cual se alternó con el humor y la crítica dirigidos a la situación económica y cultural, en este último caso, siendo central el problema de la “mediocridad cultural”. El humor negro se replegó, dando indicios de un cambio en la sensibilidad hacia el tema de la violencia.

El “diálogo político” fue el acontecimiento más sobresaliente en la primera mitad del año y marcó el inicio de la politización de HUM® en su sentido más estricto y sistemático. Los dirigentes partidarios volvían a la escena política de mano de los militares y HUM® se burló de todos ellos, desenmascarando las intenciones de unos y de otros. La sucesión presidencial dentro del marco del “Proceso” fue otra cuestión satirizada por HUM®. Ésta atacó con su risa el modo en que se habían resuelto las discrepancias al interior de las fuerzas armadas en torno a la sucesión y la cobertura que la prensa dominante hizo de la “elección”. Asimismo, denunció la exclusión política de la ciudadanía y el militarismo, esto es, la participación de los militares en el escenario político. La realidad política boliviana, que en sí misma parecía una caricatura de la argentina, fue la materia prima de los humoristas para aludir de manera oblicua la realidad nacional y, así, evitar la censura o cualquier llamado de atención.

A diferencia de sus antecesoras, HUM® había evitado ser blanco del poder censor municipal. Las excepciones fueron su primer número y el número treinta correspondiente al mes de marzo de 1980, que como aquel y sin explicación de los motivos, fue declarado de “exhibición limitada” (BOM nº 16.251, 06/04/1980). Un caso llamativo es el registrado en el Boletín Oficial Municipal en septiembre de 1980. El secretario de Cultura, Ricardo Freixá, decidió desestimar la calificación aconsejada por la Comisión Asesora para la Calificación Moral de Impresos y Expresiones Plásticas para las publicaciones HUM® nº 39, correspondiente a agosto de 1980, “por no observarse motivos suficientes que así lo justifiquen” (BOM nº 16.364, 19/09/1980). En ese número, se publicaba por primera vez una caricatura del ministro del Interior, general Harguindeguy, en alusión al “diálogo político”. Más allá de la ausencia de pruebas fehacientes, queda en evidencia que hubo un intento por impedir la difusión de dicha imagen y éste fue desestimado. Talvez la revista había caído involuntariamente en la interna militar. No obstante, el hecho de haber evitado la censura oficial no significó no recibir otro tipo de presiones. La prensa católica ultraconservadora, al registrar el crecimiento de HUM®, la atacó en numerosas oportunidades.

Referencias

La revista HUM®, un espacio crítico bajo la dictadura militar argentina (1978-1983)[1] [Primera parte]

Mara Burkart / IEALC, FSOC, UBA-CONICET
burkartmara@gmail.com

Siguiente artículo: Revista HumoR. Consolidación de un espacio crítico.

NOTAS

[1] Este trabajo se basa en mi tesis de doctorado: “HUM®: La risa como espacio crítico bajo la dictadura militar (1978-1983)”, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, inédita. Una versión está publicada en la revista Afuera. Estudios de crítica cultural, nº 13, septiembre de 2013.

[2] Cascioli había sido el fundador, junto a Oskar Blotta, de la revista Satiricón en 1972 y en 1974, de Chaupinela. Ambas publicaciones fueron clausuradas, la primera en 1974 y la segunda en 1975, por la entonces presidenta María Estela Martínez de Perón.

HUMOR CONTINGENTE Y LUCIDEZ

Con todo respeto
Con todo respeto

Acá comentarios sobre algunos trabajos y tendencias del humor dibujado político y de opinión, que han estado publicándose y autopublicándose en chile en estos años, sin atribuirles superioridad sobre otros. (Malaimagen, Juanelo, Anotación negativa, Con todo respeto).

La necesidad es un poco saber quiénes somos hoy día, en qué andamos, y qué tan lúcidos estamos. Desde la década 90, o antes, hubo en los opinantes gráficos independientes la actitud de declararse irresponsables por los efectos de sus ocurrencias. En el texto de contraportada del libro Monos Chistosos (2007) Carlos Reyes decía “ya se sabe que el humor otorga impunidad a los bufones de la corte para indigestar a los comensales”. La actitud implicaba ideas provocadoras, respuestas irónicas y la reivindicación de que el humor ataca hacia todos lados desde un plano abierto, y necesita escapar de cualquier “posición” partidaria, lo que constituía una respuesta coherente a su contexto.

Pero para hoy día hay más conciencia de que la irresponsabilidad por lo dicho y lo hecho es más bien el patrimonio indignante del poder y la autoridad. Esto hace cambiar las cosas, aunque no es en ningún caso que ahora los opinantes gráficos tuvieran que “responder” por lo que dicen, sino más bien que al criticar y burlarse del poder, es necesario tratar de ver desde qué tipo de impunidad distinta hablan.

prevencion

Malaimagen (Guillermo Galindo) y Marco Cánepa con su personaje Juanelo, se han ocupado de la corrupción, la farsa y el cinismo, especialmente el de los políticos y los poderosos. Con comicidad y talento, ponen en escena el cara-de-rajismo: “No me interesa la opinión pública sino la privada” dice un personaje de Malaimagen, mientras que Juanelo abre su primera compilación con el capítulo ”Empresas Juanelo, su pérdida es mi ganancia”. El cínico reconoce sus objetivos verdaderos de un modo ingeniosamente descarado, cuyo mérito estaría en ese elemento de honestidad, irritante pero no directamente hipócrita.

También han aparecido entre autopublicaciones y blogs otros autores, con otro tipo de ideas, como EF Kennedy y su historieta Anotación negativa (ver artículo anterior de Nico Pérez) muy potente en su comicidad, que expresa una desesperanza visceral; o Leonel Arregui, que lleva editados dos o tres libros de su serie Con todo respeto, que en este contexto intenta una salida a través de la sensibilidad y la interioridad.

La tendencia a un dibujo anárquico, deficitario, quizás un dibujo que descree del “Dibujo” no es exclusiva de estos autores, ni del humorismo político. Podría decirse que el dibujo, aunque no ha dejado ni mucho menos de ser significante, significa ahora una crítica a las falsas categorías artísticas. Pero aún así hay que darse cuenta cuándo el dibujo es expresivo o significativo, y cuándo queda faltando. Por otro lado, siguiendo la historia de la caricatura nacional, el dibujo va detrás de la palabra, poco a menudo toma la delantera o el dibujante logra expresarse sólo con la imagen.

Malaimagen
Malaimagen

Con todo, Malaimagen electriza a sus personajes con una especie de nervio neurótico, una histeria caricaturizada en la cual no sólo reconocemos la increíble actitud de quienes nos engañan delante de nuestros ojos, sino que reconocemos también nuestra absurda e histérica imagen de engañados. Malaimagen es muy buen caricaturista y ha logrado un estilo inconfundible.

Incluye en sus viñetas a Michelle Bachelet, a quien hace decir, por ejemplo: “este es un gobierno que se la juega por la igualdad, todos igual de mojados”; “el país no es corrupto, sólo los que lo manejamos”, quebrando el resguardo que le dan los caricaturistas centrales-izquierdos. Desahoga también el eufemismo de no ofender a las mujeres. Evelyn Matthei, su ex contendora dice “Bachelet ganó con financiamiento sucio… bueno, también porque yo era una candidata como el pico.” En viñetas recientes, reafirma que no se trata simplemente de explotar el “personaje” de Bachelet sino de criticarla agudamente como representante actual de un poder que no ha cambiado, por eso no hay gran diferencias entre ella y los otros políticos. Esto puede verse cuando les habla a los mapuches. Es notable también el talento con que remata los a veces largos textos de sus personajes con una vuelta sorpresiva y cómica.

Juanelo
Juanelo

Juanelo es una cómica y certera disección del cinismo, dejándolo ver como un problema más profundo que el de los escándalos mediáticos, con la particularidad de que conecta muy bien con niños y adolescentes, o sea con mentalidades todavía no sujetas totalmente a la represión y la hipocresía, cosa que es un mérito, y da para pensar. Una viñeta precisa y genial de Juanelo, entre otras, es la del aviso publicitario del “Condominio Lomas del Sol. Juanelo Propiedades” con un letrero publicitario que pone una advertencia: “Realidad puede diferir groseramente”.

Malaimagen incluye en sus críticas al ciudadano acomodaticio y dispuesto a la corrupción. Están por supuesto los ciudadanos que se preguntan “¿y si lo lógico fuera estafar al fisco y nosotros somos los equivocados que trabajamos?”, pero también aquellos modernos brutos que sacan ventajas de cualquier cosa, con lo cual asoma otro de los problemas profundos, “de cultura”, porque la insensibilidad y el cinismo están en todos los estratos sociales. (Hay que agradecer que malaimagen no achaque a los de abajo el origen de los problemas de la moral y la cultura, como lo hacen los conservadores simplones).

Juanelo logra algo similar por su ubicuidad, tipo Condorito, apareciendo lo mismo como un trabajador, o como un limpia parabrisas en las esquinas, que como megaempresario y político. Aunque hay que decir que en esas ocasiones, cuando Juanelo es por ejemplo un mendigo inescrupuloso, sin dejar de ser divertido da la impresión que a la noche irá a dormir en su departamento, como todas las noches. De cualquier modo, Juanelo exhibe descaradamente su propio cinismo, es su notable mérito.

Juanelo
Juanelo

Sobre la injusticia, Malimagen hace una viñeta donde un preso común pregunta “¿por qué a mí me esposan y a ellos no?, a lo que otro le responde “porque ellos defraudan en millones mientras vóh soi un ratero rasca”. Aquí se trata de un sentido común tradicional, más aún, de un diagnóstico milenario, universal, una realidad que se plantea como algo eterno: la justicia no es igual para el rico que para el pobre. Pero no encuentro viñetas sobre lo que es la conclusión lógica del sujeto corrupto: “en la vida hay que llegar arriba para que la ley esté de tu parte y para que la ley de la selva te favorezca”. Algo parece detenerlo.

Los ciudadanos comunes repetimos la verdad de que la justicia es según quien, pero repetirla a estas alturas es rumiar. Rumiamos milenariamente una verdad que se hace inútil, y que pesa en el hastío milenario como la burla cotidiana. ¿Y el humorista sigue? Habría que hacer también al menos lo que el lápiz puede hacer, de penetrar sobre el tema ya conocido. Criticar por qué no se terminan las aguas estancadas, por qué no se mueve la historia.

malaimagen
malaimagen

Si a todos nos preocupa el tema del cinismo y la corrupción, debe ser –al menos en alguna medida– porque llena las páginas de Latinoamérica. En las viñetas chilenas aparecen los y las periodistas como aquellos que garantizan la presencia de la razón y la ética. Sus preguntas son respondidas por los políticos y megaempresarios con descarado cinismo e indiferencia. La serie “Tolerancia cero” de Malaimagen da cuenta de las diferencias y parcialidades entre periodistas-estrellas, que no son lo mismo. De cualquier modo, hay una identificación del sentido común y la honradez intelectual con los periodistas, que se agregan a las figuras tradicionales del hombre y la mujer de a pie. Esto parece un asunto cultural reflejado en las viñetas.

milicogate

Pero no aparece la duda de los humoristas sobre los medios de comunicación y sus diferencias. ¿Cuándo se trata de indignación, y cuándo de crueles luchas de poder y manipulaciones de la opinión pública? No aparecen los medios independientes o pequeños distintos que los gigantes poderosos. Es una sola imagen general de periodistas. En chile este problema sigue fuera del debate público masivo, y hay que preguntarse si es por eso que no aparece tampoco en las viñetas de opinión.

Si el blanco predilecto del humorista son los poderosos, siguen intocados los poderosos de la prensa. Hay viñetas contra los dueños de estos medios, personificados como corruptos con sacos de dinero, o de un director editorial que censura al periodista, lo cual es cierto, pero se olvida que en el caso de los Clarín, O Globo, El Mercurio, etc, la cuestión no es reducible sólo a sacos de plata, o a censurar líneas de un artículo.

Lo que quiero decir es que, a partir de los periodistas, igual que de los corruptos, entramos a zonas difíciles, no solucionadas por el sentido común masivo, en las cuales hace falta entrar. Lógico, no pretendo decirle a nadie lo que tiene que hacer.

Anotación negativa
Anotación negativa

Anotación Negativa es un cómic descreído de casi todo, salvo de la repulsa que los tres personajes adolescentes expresan hacia la realidad. El artículo anterior, de Nico Pérez, explica bastante bien por qué este cómic tiene una recepción entusiasta en un grupo de público que ha ido aumentando a un espectro mayor. ¿Hay en él una base moral, o ética, o se trata más bien de una expresión del proceso de derrumbes y carencias de la adolescencia? O sea, pregunto si las ideas de Anotación Negativa son una respuesta pensada contra una sociedad represiva y profundamente hipócrita, que aumenta sus tenazas en las provincias, o si es un asunto de carácter, que sale por necesidad visceral.

Interpretar este cómic como un asunto personal del autor y de un grupo determinado de personas sería una interpretación represiva, “mercurial”, que quiere quebrar sus puntas más agudas para dejar sólo la anécdota y la risotada. Pero de cualquier manera debe haber una mezcla de moral y de visceralidad espontánea. Quizás Anotación Negativa expresa la rebeldía que viene de lo que podría llamarse la lucidez negativa, consistente en cierta incapacidad de mentirse y autoengañarse por demasiado tiempo. Suma su talento para el humor negro, aunque se siente que algo falta a veces en el dibujo.

Con todo respeto "Gaza"
Con todo respeto “Gaza”

Con todo respeto, necesito hablar contigo, no con tu ego” es una propuesta respecto a las personas y su capacidad de darse cuenta de lo que podemos hacer al menos por nosotros mismos para alcanzar integridad moral, y de fondo es optimista.

Distinto a los anteriores, trata de las posibilidades de la vida moderna, por decirlo así. Tiene la obvia contrapartida de estar al borde de una sensibilidad de las clases medias más o menos acomodadas que tienen tiempo, cuyas críticas tienden al aggiornamiento intelectual, entre otras cosas. Pero, en mi opinión, Con todo respeto, que parte desde la crítica, y que tiene ingenio para hacerla, percibe la dificultad de los problemas, percibe que las contradicciones salen a cada momento, y que no es llegar y decir que un problema es como yo quiero que sea: “conectarse a la realidad ¿por usb o por wi-fi?” “Sólo una vida interesante puede vivirse sin Internet –COMPARTIR”.

Su manera de percibir lo siniestro del sistema de la economía social de mercado, está combinada con la preocupación de la interioridad individual. Lo uno queda en determinadas viñetas como la que dice “Aproveche las grandes ofertas en millones de trabajadores. Toda nuestra mano de obra con un 99% de descuento. Encuéntrenos sólo en los peores países del planeta”; mientras que lo interior queda en otras como la que dice “¿qué haremos esta noche, cerebro? –lo mismo que hacemos todos los días, corazón: tratar de conectarse al mundo.” Una viñeta en la que los dos aspectos se unen es la que dice “¿por qué los ricos viven lejos de los pobres? –porque ojos que no ven…”

El dibujo es limitado, pero él mismo parece conciente, y se las arregla para auto-ironizar con la frase “me gusta porque es simple”. “El hombre común y el hombre simple” son muñecos de niño, palotes con una cabeza redonda, cuya gracia es la crítica a los grandes sentidos comunes y los deseos de la sociedad actual, como la de que una pelota no es para jugar sino para ganar. Es una crítica que hace falta, que de tan poco discutida parece elitista, siendo que entra en una de las cuestiones más urgentes de ver.

Como pequeña conclusión, queda claro que los principales temas son los escándalos de corrupción, colusiones y estafas de la elite, de los que estamos bombardeados de información día por día, para bien y para mal, que en los casos de Malaimagen y Juanelo tienen un talento singular y notable, y que ponen en cuestión que el problema está extendido y es profundo. Pero me parece, sin querer convencer a nadie, que en una segunda etapa el tema debería continuarse hacia la crítica que es consecuente y lógica, o sea la crítica al sistema, al poder que incita estos escándalos. Lo que quiero decir es que hace falta la discusión ya legítimamente política.

Malaimagen y Juanelo tienen por consecuencia más receptividad de lectores que Anotación Negativa o Con todo respeto, tan distintos entre sí, que su único parecido en este contexto es que piden un lector o lectora distintos. Unos decididamente descreidos o nihilistas, corrosivos (lo que está muy bien); y otros creyentes en que la naturaleza humana tiene un pequeño compartimiento de luminosidad racional. Si fuéramos un país civilizado, estas líneas de humor tendrían que tener también un circuito de circulación y recepción.

Volver sobre Charlie Hebdo, cómo no

Voy a insistir un poco sobre lo que escribí antes, y en caliente, sobre la tragedia de Charlie Hebdo. Quizá es cierto que hay otros temas más importantes envueltos, pero si entre esos temas más importantes está el problema de la libertad de expresión, me parece que la libertad de expresión es lo que se puede llamar un campo minado e hiper minado. Me empujaron más en ese momento los problemas de la libertad de expresarse específicamente contra la autoridad, contra el poder, contra la religión, y contra lo que se esté en contra, el problema de dibujar a Mahoma o Alá, y el problema de que lo dibujen sarcásticamente en otro lugar donde no está prohibido dibujarlo.

Entre las primeras respuestas dibujadas y las caricaturas que empezaron a salir en Internet sobre Charlie H, estaban las que hacían la relación gráfica de los fierros contra los lápices. Es decir las AK-47 apuntando a unos lápices o plumas de dibujo. Sobre unos pocos de esos dibujos aquí me refiero. No encontré al principio caricaturas fuertes sobre el ataque, con el mismo estilo fuerte de Charlie Hebdo. Lo más probable es que hayan salido inmediatamente, aunque yo las he visto en los días siguientes.

Varias de esas primeras caricaturas, dibujos y opiniones gráficas trabajaban sobre la imagen de base de los fierros contra los lápices, por lo cual le di ese título a la nota anterior (https://dibujaryescribir.wordpress.com/2015/01/08/) porque me pareció que daban con el problema, sin contar con que muy pronto se iba a tornar enredadísimo. En algún momento me di cuenta de que no se puede sacar provecho de un crimen, y esa precisamente es una de las cuestiones discutidas y oscuras del asunto. Pero para poder aprovechar todo esto, según mi perspectiva, había que tener algo de poder, poder para poner tu opinión y hacerla circular e influir con ella, o poder para colarse y salir en la foto.

Por esa razón fue casi automático que, al ver a Benjamin Netanyahu y Nicolas Zarcozy entre los que encabezaron la marcha de París, aparecieran memes con el subtítulo “je suis hypocrite” o “je suis assasin”, apuntando con toda razón al menos a tres de ellos.

En esos días, cuando todo estaba ocupado por la tragedia de Charlie H, escuché en Radio Nacional Argentina una entrevista de Carlos Polimeni a Eduardo Febbro, quien pensaba que no eran lo mismo esos poderosos premieres que las personas, la multitud que levantó el “Je suis Charlie” y que, en su opinión, impidieron de ese modo un posible “yo odio a los musulmanes” u otra idea de control o medidas de emergencia que quizá los premieres pudieran ejecutar.

O sea, esa multitud salió de sus casas no para pedir más control ni más castigo, sino por la libertad de expresarse, decía Febbro. Puede ser que tenga razón, es un hombre lúcido y además conoce el terreno, ¿pero cómo saberlo? No se trata de encontrar la verdad, sino al menos de no mentirse uno mismo. Si nos mienten, no por eso uno tiene que seguir mintiéndose a sí mismo. La cuestión es metafísica, o sea ética.

Acudo a un expediente antiguo: los hechos quedan cubiertos de opiniones, válidas por supuesto, pero las imágenes pueden tener un poco más de confiabilidad. ¿Por qué? No tanto porque al menos significan un trabajo, aunque igual es una razón, sino porque una opinión gráfica es un trabajo con un lenguaje, y en ese difícil lenguaje las reconocemos más o menos certeras, sinceras, inteligentes o talentosas.

No me refiero a cualquier imagen, o a las demás imágenes sino a los dibujos hechos por dibujantes, caricaturistas, ilustradoras, la gente directamente afectada, que habla el mismo lenguaje que los hombres de Charlie Hebdo. Gente de la tribu, como dijo Joe Sacco, que respondió con una historieta de una página. Se hicieron muchas críticas a Sacco, de que esta vez ha sido conservador y temeroso, yo todavía no sé quién andaba más encaminado y quién no, por lo cual ya puedo ser un cobarde también.

Responder con dibujos, responder por qué no está bien asesinar a un caricaturista, de cualquier estilo o idea, incluso que fuera fascista.

Atribuido a Banksi por error

Entre las imágenes basadas en la contraposición “fierros contra lápices”, estaba la que usaba un globo que decía “he drew first”. Estaba también la que figuraba el asunto como el avión contra las dos torres, representadas por dos lápices gigantes, que es inteligente pero muy evidente en su apología a un occidente democrático atacado. En lo de acá cerca, el dibujo de Malaimagen también está basado en esta contraposición, lo que viene a comprobar que se trata de una idea en el aire.

Hubo una imagen que al principio se atribuyó a Banksi, pero que es de la diseñadora Lucille Clerc según se supo después. Una imagen en tres tiempos: ayer un lápiz impecable, hoy el lápiz partido en dos, destrozado, mañana del vientre cortado sale otra punta, y quedan dos lápices chicos, prestos al trabajo. Un amigo puso la foto en su facebook, donde aparecían solamente el today y el tomorrow y yo en principio la tomé como la imagen completa. Esos dos momentos son elocuentes, dan un sentido fuerte, y tienen dignidad ética. Quizá su elocuencia esté en que la AK-47 está fuera de cuadro, pero presente por su agresión. Y por estar fuera de cuadro, se agranda a puño, tanque, tortura, cuarteles secretos, Guantánamo, quemas de imprentas, exilio, en fin violencia explícita que quebró y sigue quebrando lápices, cabezas y cuerpos. Y es obvio que no es exclusiva de yihadistas. En esto es indudable que la imagen habla de la libertad de expresión en general, no solamente la de los humoristas y dibujantes.

Iustración original de Lucille Clerc

Pero el dibujo completo, con el “yesterday” en primer término, representado como el mismo lápiz en estado impecable, se diluye un poco. Qué quiere que le diga, la imagen y la idea pierden potencia, pierden política y poesía. Ese “yesterday” tan lindo no es cierto allá ni menos acá. Sólo podría pensar que en el caso particular de los dibujantes de Charlie pueda ser cierto, porque hacían lo que querían, presumiblemente sin trabas, y si es así entonces ellos tenían (tienen) ese lápiz en estado de lujo, si se quiere.

Pero desde acá, desde Chile, no puedo ver ese ayer íntegro y limpio de otro modo que como una propaganda autocomplaciente. Un autoengaño de ellos mismos, quizá inconciente pero complaciente. Todo lo inconciente y no premeditado que se quiera, pero una propaganda. Y no me entra, se lo digo de verdad, porque si me lo creo me engaño. A la hora de sentirme identificado ese primer lápiz tan lindo me aparta.

El único argumento que puedo darles es que la imagen completa de Lucille Clerc representa, simboliza, alude a un gran ayer de libertades expresivas, y al hacerlo la secuencia se transforma en una apología de “Occidente”, un poco lejos del pensamiento y el ánimo anarco y urticariante de las caricaturas de Charlie contra el mismo occidente.

Pero adquiere claridad si le saco ese “yesterday” lindo, y dejo solamente el today y el tomorrow, que hacen mucho más sentido.

¿Sentido de qué? De lo que fue este asesinato, de lo que nos ha choqueado, y de lo que significa para el lenguaje del humorismo político, para la sátira fuerte. Es decir, que matar a caricaturistas es el extremo de la represión, y que la represión es también cárcel, tortura, requisamientos, extorsiones, y marginación económica, geográfica, política. Que además la agresión e incluso el asesinato contra gente desarmada continúa como práctica policial en países de aquel occidente contra los emigrantes o contra los “otros” de ellos, incluso sin necesidad de que se estén expresando.

“Los caricaturas del diario Haaretz de Israel sacan un dibujo Yo soy Charlie’ pero abajo también ponen yo soy Gaza. ‘Diez periodistas murieron en el ataque a Charlie H, pero 13 periodistas murieron durante el ataque que hicimos nosotros en la franja de Gaza’. Esto les valió una crítica feroz de algunos sectores de Israel. Entonces la vida humana no tiene el mismo valor. ¿No hay que usar la misma vara?” (Atilio Borón: “Acá hay gato encerrado” http://www.radionacional.com.ar/?p=42693)

Usé el presupuesto de que en medio de las opiniones y columnas que ha generado, me interesan más las caricaturas y dibujos. Caricaturistas las víctimas, comecuras y anarcos, que se definían contra los poderosos, contra las religiones. Por más vulgares que fueran, y no lo son tanto, ellos no se lo buscaron ni se lo merecían.

La imagen fierro-rompe-lápiz

DIBUJOS PARA CHARLIE HEBDO

Ixene, Jullien, Malaimagen

Sobre el asesinato de los caricaturistas y el director de la revista francesa Charlie Hebdo, muriendo también policías y transeúntes ayer miércoles 8 de enero de 2015, no se me ocurren nuevos calificativos u opiniones que no hayan sido dichos y escritos ayer mismo sobre este hecho espantoso. Movido como casi todos por el shock, solamente pude fijarme en una imagen, en un dibujo que tomó sentido en algunos de los caricaturistas políticos, ilustradores y dibujantes, con el cual hicieron homenaje a los colegas franceses. La imagen —o en este caso la idea— del lápiz enfrentado a un arma automática.

No quiero decir que esté demostrado que fuera la idea más recurrida por los dibujantes, sino solamente la que personalmente más veces me pareció ver en lo publicado ayer en prensa y redes sociales. En distintas y numerosas variantes, la imagen se basta por sí misma, puede ser usada con o sin palabras (una de las repetidas fue he drew first, él dibujó primero), y creo que resume y expresa bien el problema de este asesinato represivo, es decir, la fuerza contra la razón, la fuerza fáctica usada para imponer una razón contra la otra, contra un armamento solamente intelectual. Por otro lado, el lápiz que hace frente al fusil automático connota la dignidad moral de lo intelectual sobre la fuerza bruta.

Pero por otra parte también ha habido otra idea, la de la libertad de expresión y prensa, bastante más recurrida para aludir e interpretar el fondo de este crimen, y que envuelve en mi opinión un malentendido.

Tomi Ungerer
Tomi Ungerer

En primer lugar, tal como se ha dado en los dibujos que han sido publicados, la idea de libertad de expresión aparece como idea filosófica y política, pero no ligada a una imagen distinguible, por lo cual los dibujantes la graficaron de distintas maneras, y necesariamente necesita palabras para explicarla.

En el aspecto histórico, me parece que nadie podría hacerse el tonto de no admitir que este mismo crimen hecho por fanáticos islamistas, lo han cometido por siglos y lo siguen haciendo diversos grupos, entre ellos los Estados y sus fuerzas, contra grupos, pueblos, individuos, medios de comunicación, instituciones, en fin, contra quienes se les enfrentan en términos ideológicos o morales, pero sin fierros. Por eso la imagen del arma de fuego contra el lápiz o contra la pluma del escritor tiene un sentido más verdadero, porque es una imagen de raíz antigua, que indica la antigua existencia del crimen silenciando a la crítica.

Uno de los enredos que se producen al interpretar este caso como un atentado contra la libertad de expresión, es la facilidad y comodidad de ver “malos y buenos”, con la comodidad de que acá los malos vienen de afuera. Esa interpretación conduce inopinadamente a simplificaciones que en otras circunstancias nos cuidaríamos mucho de hacer. La comodidad de que se haga un muñeco del fundamentalista del islam como el actual enemigo de la civilización, en vez de considerar también las heridas y matanzas que nuestro buen y sabio Occidente le ha estado infieriendo al oriente islamista. Los que reciben venganza son caricaturistas, ingeniosos y mordaces pero sin armas de fuego.

Supongo que pocos caricaturistas de hoy querrían defender los maniqueísmos de buenos y malos identificados con ideologías o filosofías o religiones. Al contrario, son clichés contra los cuales los más inteligentes han apuntado siempre sus plumas.

Pero en la línea de ‘atentado contra la libertad de expresión’ se puede asociar, oscura aunque cómodamente, al comité de salud pública, al macartismo, o la censura previa y los incendios de imprentas de Augusto Pinochet, bonitas prácticas occidentales, con el islam. Como se trata de asuntos pretendidamente superados por la mentalidad occidental, es obvio deducir que el islam implica creencias retrógradas. O sea, cuando retornan entre nosotros, se debe a mentalidades arcaicas, a gorilaje con armas de fuego, asuntos externos para hoy. ¿Pero estará de acuerdo con estas asociaciones de ideas un caricaturista o un artista, o cualquier persona de otra profesión u oficio (y digamos medianamente de izquierdas), o son ideas contra las cuales apuntará su lápiz? Cada cual sabe su respuesta.

Porque de acuerdo con la idea de que la libertad de prensa sería un bien ganado entre nosotros, se olvida uno que hay otras censuras, con otras violencias, que operan todos los días, que a unos pocos les facilitan la libertad de expresión, y a otros, la mayoría, nos determina o nos obliga al silencio reprimido, a la confusión y el balbuceo.

¿Por la indignación de este caso uno va a defender el uso de la libertad de expresión que hace CNN con sus políticas de edición, o la actuación de El Mercurio contra Allende, para no ir más lejos? ¿Defenderemos así nomás la libertad de expresión, concepto tan manoseado como el del ‘dios único’, en el nombre del cual se cometió este crimen?

Lucille Clerc
Lucille Clerc

Por eso yo creo modestamente que la idea-imagen que mejor indica por dónde va el problema de este deprimente crimen, problema antiguo, es la del lápiz frente al arma de matar, ya sea aquí o en la quebrada del ají.

Esta imagen se puede complementar con la del lápiz enfrentado a las otras formas del poder, más complicadas y menos figurativas, pero en las cuales hay que trabajar. El problema de la libertad de expresión y de prensa no está para nada resuelto a favor del bien común, y los caricaturistas deberían también ocuparse más de él.

Desde luego, un homenaje a los caricaturistas de Charlie Hebdo.