dibujar y escribir

Notas sobre ilustración, cómics, dibujos animados

Dibujos que Hablan 2, extiende plazo recepción

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SE EXTIENDE PLAZO DE RECEPCIÓN DE RESÚMENES HASTA EL 29 DE JULIO DE 2016.

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Written by vichoplaza

julio 1, 2016 at 1:21 am

RECOMENDADOS

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unisexCayo Cactus hizo hace poco un nítido escaneo de la historieta chilena, para no tener dudas de la agudeza y lucidez de su mirada. Aquí una reseña muy intresante de Cayo sobre el cómic del también interesante Rodrigo La Hoz, autor peruano, en el nuevo sitio SACAPUNTA. Tres recomendados entonces.
https://sacapunta.wordpress.com/2016/06/29/estetica-unisex-rodrigo-la-hoz/
Decir que Rodrigo La Hoz contruye atmósferas narrativas que inquietan, que desacomodan. De los excelentes historietistas peruanos de hoy día, junto a Jesú Cossío, de quien hemos hablado antes, MIguel Det, los hermanos Gonzáles y su revista CARBONCITO, David Galiquio.

 

Written by vichoplaza

junio 30, 2016 at 8:49 pm

Publicado en Recomendables

Cómic autobiográfico, un comentario dibujado

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gatovi se las da2

Written by vichoplaza

junio 27, 2016 at 7:30 pm

DIBUJOS QUE HABLAN 2. CONVOCATORIA

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Con la intención de generar y convocar la reflexión sobre las historietas, el humor gráfico, la ilustración y los dibujos animados, llevamos a cabo en octubre del pasado año 2015 el primer Encuentro Dibujos que Hablan, enfocado en las décadas 1960 y 1970, el cual tuvo un promisorio nivel de exposiciones y ponencias.
Queremos convocar ahora a la segunda versión de nuestro Encuentro, a realizarse en la Universidad de Santiago de Chile, en octubre del presente año 2016. El programa estará compuesto por mesas temáticas especiales, invitados, charlas, presentación de publicaciones, exposiciones, y la convocatoria abierta de ponencias.
Las mesas especiales girarán en torno al tema de la Ciencia y la tecnología, la ciencia ficción, la fantaciencia y la anticipación en las narrativas gráficas. Presentaremos también una exposición del trabajo de ilustración de tema científico, del dibujante chileno Fernando Krahn. Coincide además el año 110 de la primera historieta chilena, el personaje Von Pilsener, de Pedro Subercaseaux.

Written by vichoplaza

junio 23, 2016 at 9:02 pm

¿Murió la flor? Chántese este, mejor

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ATRASADO COMO SIEMPRE, este comentario es a partir de los primeros episodios impresos de Salvador Bandera. Algo más que un héroe. Sus autores son Eduardo Torres y Claudio Jara. Edición digital de Daniel Icaza. Sala Verde Editores, Valparaíso, 2014.

Salvador Bandera es una historieta cómica y política, que se conecta con referentes historietísticos que se están desvaneciendo, o creíamos perdidos y pasados a la pura nostalgia. Cuando en la segunda página el personaje, solo y sin plata, sin panorama en el exitoso chile, se mete al bar “La farmacia de turno” a beberse sus últimos pesos sin saber cómo se las arreglará después, hace una conexión intencionada o inconciente con Pancho Moya, que en el barrio Lo Chamullo, el año 69, (La Chiva) llegaba a conclusiones de alguna manera semejantes, después que la Carmelita le diera un par de parrafadas (dejar claro que no hablo mal de la Carmela, porque ella no se pretende fina). Lo único que pueden hacer uno y otro es apagar la sed, no les alcanza para más, bebiendo sus schops o sus cañas con un discurso a la vez culpable y reivindicativo. Yo no podría hacer una definición antropológica de esa mentalidad, de ese ánimo, de esa disposición de humor y resistencia reflejada en estas escenas, sino afirmar que existe en nosotros. Desde luego NO en la exitosa mentalidad del país empresarial, ni en la sicótica mentalidad del país policial, sino en la gallada misma, que no goza mucho con ninguna de esas dos mentalidades.
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Pero ¿esta mentalidad de resistencia y de humor, sigue existiendo, o más bien está en vías de no existir más, al menos en las historietas? Lo que uno sabe es que desde Checho López, el Pato Lliro o La Abuela Fuentes, y otros ejemplos que olvido, no se la vio muy seguido por acá, hasta que reaparece aquí o en otras como Anotación Negativa. Sabemos que con el paso del tiempo, con el peso de la dictadura, con la vuelta de chaqueta de los que alguna vez defendían que la política económica debía estar al servicio del hombre y no al revés; con tantos años de publicidad al Estado social de mercado, ese sentido común popular parecía perdido. Uno se pregunta cuántas personas que alguna vez se supieron medio populares, o populares de frentón, con una cultura que mal que mal sentían propia, fueron absorbidos por la sociedad del hiper mercado, y ya no toman para conectarse con un algo profundo y atisbado, con una alegría de adentro sino, como se dice, para olvidar o divertirse no más.

Los movimientos sociales, a partir especialmente de los estudiantes secundarios en 2006, hicieron que estos sentidos vuelvan al cuerpo. En este contexto, los autores de Salvador Bandera traen a la mesa intuiciones interesantes, más allá incluso de sus referencias explícitas y sus descargas contra la farsa del sistema, que están bien. Y se conectan con una tradición chilensis de la historieta cómica-política. Tradición todo lo incompleta o precaria que se quiera, pero enraizada en las formas de sentir medias y populares, que “cachan” y reivindican que esos schops y fan-schops, que ese vino tan antiguo como el deseo de alegría, no son sólo un escapismo, sino una intuición de resistencia, una intuición de autodefensa. Demás decir que tengo presente que muchos y muchas no lo verán de este modo. No se trata de convencer.

salvadorB 3En esa anécdota inicial, coincidente en ambas historietas, la pequeña resistencia de los personajes no es directamente política sino cultural, en el sentido de defender una manera de ser y pensar que el mundo oficial nos presiona a reformar. Abandonar costumbres para adaptarse a otras costumbres más útiles. Dicho de otro modo, la cultura es un campo de batallas entre imposiciones y resistencias, y dada la disparidad de fuerzas (no de números) es un campo de represiones. El histórico ejemplo de las persecuciones cristianas contra la religiosidad de los indianos es un dato duro de la causa. Los que son obligados a cambiar no son “los ellos”, sino los que no tenemos poder de decisión en las grandes esferas, ni la ambición de llegar allí.

Volviendo a esa tradición de los monos, hay allí historietas de derecha, de izquierda, o independientes también. La revista Topaze, como se ha dicho en otros lugares, expresó en sus épocas, a través del personaje Verdejo, tanto una crítica elitista contra los populares representados por él, como una crítica a la élite que lo explota y lo hace cesante. El pensamiento de derecha desconfía de los populares, y los caricaturiza, y el pensamiento del pobre desconfía del poder, y busca también reírse, pero dado que está en desventaja, esa risa es de resistencia, de intuición, mucho más que de desdén al rico. Lo que en mi opinión era común entre unos y otros caricaturistas, y que configuró tal vez ese pequeño núcleo de tradición, es que el tema de la oposición –pueblo versus poder– se escenificaba desde las situaciones de desventaja, y eso era probablemente un signo de la sociedad. Tiras como “Perejil” o “Super roto”, de Lugoze, tan afanosamente anticomunistas, querían convencer a los convencidos de que los rotos siempre serían rotos, porque su misma cabeza los condicionaba. Lugoze trataba de disolver fanáticamente la contradicción, y en ese intento la escenificaba. No podía permitirse subir al departamento del hombre exitoso para dibujar desde allí.

Salvador Bandera renueva la presencia de esta contradicción, con una narrativa gráfica que también se enraíza en esa historieta anterior al manga, anterior a Moebius o a Maus, anterior desde luego a la etiqueta presuntuosa de la novela gráfica.

Tomando la imagen hiper-utilizada en su momento por los grandes medios, del hombre que rescata la bandera del barro del terremoto de 2010, imagen que fue tan útil a la oficialidad, Salvador Bandera intenta dar vuelta el signo, con un personaje que, sumando la excusa un poco ingenua del superpoder, lo usa para dar al traste con esa oficialidad. Lo que me ha interesado personalmente no es la victoria imaginada, la venganza simbólica, que están bien, sino el ponerse sin ninguna duda del lado de la gallada violentada por la economía y por el poder. La referencia al movimiento de Aysén, en Chile del 2011, lo ejemplifica. No es usado como escenario, ni intenta congraciarse con el progresismo bienpensante ni con la “whiskerda”, sino que está allí, viviendo la desventaja. Ojalá esta historieta continúe, u otras que los mismos autores hagan.

Referencias para ver:

https://issuu.com/salvadorbandera/docs/libro_salvador_bandera_

Salvador Bandera (@SalvadorBandera) | Twitter

 https://soundcloud.com/salvador-bandera/entrevista-con-eduardo-torres

 

 

Written by vichoplaza

junio 2, 2016 at 10:30 am

TIENE RAZÓN

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critica lacritica

Written by vichoplaza

mayo 31, 2016 at 7:13 am

Publicado en Fichas de estudio

SIN TÍTULO TODAVÍA. UN COMENTARIO DE ROAD STORY

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La pregunta que quisiera hacer es desde qué lugar de la sociedad vienen las novelas gráficas de los últimos años en chile. Paralelamente, podemos preguntar a qué público se dirigen, o mejor dicho a qué público interpretan. El escenario no es un circuito claro. En éste parece haber más producción que lectura. Naturalmente, el público que compra los libros de novela gráfica y cómics está seguramente en las clases medias. Pero se dice que ya no hay clases medias con un proyecto de sociedad, con una representatividad política, pues ya no hay clases sociales sino clases de consumo. Por otro lado, hay un rango tan grande de estratos que se identifican con la clase media chilena en estos años, que es impracticable usar el término como significante de algo claro. El lenguaje oficial de las estadísticas define a los grupos sociales en niveles de ingresos y consumos por familia. Allí se mide la educación, acceso a servicios, acceso a oportunidades de empleo, etcétera, es decir, las condiciones materiales de vida son el gran documentador de la vida social e individual, aunque tantos quieren ver muerto a Carlos Marx. Esas condiciones de vida están asociadas a capacidades de consumo cultural e intereses culturales. Los cómics, ya no baratos como alguna vez lo fueron, estarían dentro de lo que hoy se llama consumo cultural, no entretención masiva. En las partes de la clase media que compra libros, a vista de pájaro, deben estar los lectores de cómics, y no en los grupos populares, que mayormente se hallan en el círculo de la sobrevivencia, la falta de poder adquisitivo y el desinterés, al menos aparente, por la cultura.

Puede desprenderse, aunque no demostrarse con datos duros, que las historietas (o cómics) nunca han sido de, ni para los sectores populares, sino para la clase media, y usualmente por artistas pertenecientes a ellas. A veces ha tendido hacia lo popular, otras veces, como me parece el caso chileno de hoy día, tiende hacia arriba.

Hay una correspondencia en el hecho de que las novelas gráficas que se publican en editoriales grandes o influyentes, en estos años, son hechas por artistas de una parte de esos grupos medios y para ellos. La posibilidad que tenemos de saber quiénes o cómo son ellos y sus lectores, hay que deducirla de las maneras de pensar, los deseos y las ideas expresadas en las obras, y en parte considerar que los lectores se interesan a través de las promociones y notas en los medios, premios y reconocimientos. Por supuesto, las novelas gráficas reconocidas por la institución oficial llegan hacia un indeterminado “abajo”, grupos eventuales de lectores populares, como los estudiantes de básica y media hacia los cuales las políticas de educación llevan actividades de cultura.

Trato de acercarme a estos puntos en la lectura de Road Story, de Gonzalo Martínez y Alberto Fuguet (Alfaguara, 2007).

roadstory_007Road Story habla de un joven cuyo origen social está en las partes acomodadas de la clase media, si es que no en la clase alta, si se mira en los aspectos informativos de la trama. La chica boliviana con la cual se encuentra denota un origen similar. Ambos están envueltos en una rebeldía a su propia clase, encarnada en sus familias y relaciones personales. Ya entrados en el relato, aparece el hermano del personaje. Se trata de un cuestionamiento de las relaciones familiares y de pareja. El personaje dejó botado todo, esposa, familia, trabajo, para alejarse por las suyas al extranjero. Para hacerlo, él mismo cuenta que hurtó o sacó dinero de la empresa donde trabajaba, una empresa de su familia. Pero el centro de la historia está en la expresión de la desorientación, el nihilismo, el derecho a equivocarse. La expresión de la crisis, del enredo, de la confusión, es el hilo más potente y sugestivo, puesto que toca asuntos que palpitan de vida. También el dibujo acompaña sensiblemente con cierta suciedad de los trazos y las formas. Ellos reivindican los derechos de la oveja negra, tal vez el derecho a tener la libertad el tiempo de perderse para encontrarse, como nuevas conquistas humanas intuidas por la gente de avanzada. Creo que estas son las motivaciones que identifican la situación del personaje con la del lector, al menos con sus deseos, y sobre todo con sus deseos. Se trata pues de un viaje espiritual, cuyo resultado es la posibilidad lejana todavía de una salida, un proyecto, una posibilidad.

RoadStory_064Todos o casi todos los elementos del viaje, esto es la road story, se articulan en cita y reescritura de la literatura y el cine. Caería en la ostentación de esa serie de referencias si no fuera por la expresión del conflicto personal en que se encuentran los personajes, y cierta desesperación de la misma cultura que lo fascina. La fascinación por la road culture, las obsesiones personales, son leídas por un público igualmente implicado en la fascinación o el prestigio de esa literatura y ese cine. O por la literatura y el cine.

La localización social se halla en la base del argumento: hay un dinero suficiente para que la necesidad de sobrevivir en Estados Unidos, o en México, no distraiga el tema principal. Como seña, el financiamiento hace posible la concentración del personaje en su crisis de los treinta, a la vez que el robo a la familia es un conflicto y una rebeldía. En el relato está la implicación de que los de abajo están, como en Hitchcock, invisibles, pero haciendo funcionar el mundo, incluso el mundo diegético. Desde esa base material, explicitada por el relato –no inventada por esta lectura–, arranca entonces el despliegue psicológico y filosófico de los personajes y de la historia.

Por otro lado, si las referencias de cultura y contracultura literaria se dejaran de lado, tal vez siguiera sosteniéndose el centro expresivo, y tal vez el mundo mismo no se cayera, pero los hechos son los hechos, y ahí va el carro por la carretera estadounidense, acarreando la expresividad vital, y los deseos de autores y lectores.

Los deseos y fascinaciones de Road Story indican un conocimiento de primera mano de el mundo que describe y de la literatura que lo inspira. Lo que sucede es que hay unos conflictos reales, una carne tocada en los personajes, que sostiene toda esa escenografía, pero que de no estar se transformaría en muestra de escenografías. Se apropia de formas y contenidos que le fascinan, pero que necesitan un piso material determinado.

El trabajo interior de los autores no es por hacer salir lo que se vive acá, sino por trasladar lo de allá hasta acá (hasta “mí”) de modo verosímil. Quizá hay un convencimiento de que el traslado y su trayecto son los que pueden dar cuenta del “acá”. Pero uno también puede, por lo menos, cuestionar esas ideas.

Carretera a chile, mayo 2016.

Written by vichoplaza

mayo 25, 2016 at 7:23 am