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LA RISA DE RIUS

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irres00El arte irrespetuoso. Historia incompleta de la caricatura política según Rius. Eduardo del Río. Editorial Grijalbo, México, 1988.

Comienzo agradeciendo —como en otras ocasiones—, a Mauricio García, Director del Museo de la Historieta Chilena, el conocimiento de este  libro en el cual Rius explicita su perspectiva de edición, vale decir, se ocupa especialmente de la caricatura política que se ha puesto en contra del poder y la autoridad abusiva, o, más precisamente, del lado de los oprimidos por ese poder, vale decir de los pobres, puesto que hay otras tendencias en la historia de este arte que no se han ocupado del problema desde esta perspectiva. En ese sentido, sólo menciona el anticomunismo de la famosa revista inglesa Punch, y, levemente, el apoliticismo de New Yorker. Como sabemos, Rius es marxista y de simpatía comunista. En el capítulo “La caricatura contra el fascismo”, dice que se acepta como credo que Hitler subió al poder sin oposición del pueblo alemán, pero esa idea quiere ocultar la lucha de la izquierda alemana contra Hitler, y que los únicos que se le opusieron fueron los comunistas, y lo pagaron con su vida, entre ellos, varios caricaturistas alemanes.

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Caricaturas búlgaras

Por otro lado, su honestidad le hace criticar a la caricatura contemporánea de los países socialistas, a pesar de su calidad notable en los casos de la RDA y Bulgaria, porque “es brava hacia fuera pero acrítica hacia adentro”. “Stalin… convirtió al Pravda y al Krokodil en órganos sumisos y dedicados a desacreditar y atacar ferozmente a sus enemigos… y los caricaturistas se dejaron vencer por el terror (que fue bastante serio, claro).” En el caso de Cuba, “la caricatura es víctima del mismo problema: no existe prensa de opinión, y así difícilmente se puede dar una caricatura crítica, que en un momento dado fustigue los errores del gobierno, o se meta con un ministro corrupto y oportunista (eso, hasta hoy, es imposible en Cuba).” Rius terminó este trabajo en 1988, por lo cual sus referencias llegan hasta la Perestroika. De su afiliación comunista, en su sitio web cuenta que con El diablo se llama Trotsky, (1981) ”acabé de romper con el Partido”. El libro fue mejor recibido por los mismos trotskistas. En 1994 publicó Lástima de Cuba, el grandioso fracaso de los Hermanos Castro, “Nadie tomó en cuenta un antecedente de mi libro. En 1993 los moneros de La Jornada viajamos a Cuba para preparar un Tataranieto del Ahuizote a parecer el 26 de julio, dedicado a lo que quedaba de la Revolución Cubana. Participé en él, y ya desde ese suplemento que movió a toda la izquierda pro castrista, me manifesté en desacuerdo con Fidel Castro.”

P.9. Caricaturas luteranas anti-romanas.

P.9. Caricaturas luteranas anti-romanas.

Volvamos a El arte irrespetuoso. Se inicia la discusión con una referencia al conocido sesgo jerárquico: “La caricatura —dicen los pintores—, es un arte menor. Como puede que sí, puede que no, lo más seguro es que quién sabe… Y mal haríamos en polemizar sobre tan poco importante cuestión. En lo que no habrá dudas, es en la afirmación de que la caricatura es tan antigua como la pintura.” Reproduce ejemplos en los cuales hay presencia de dos modos del humor en las artes plásticas universales: una que exagera las formas para hacer reír (entre otros, el dibujo de un sello azteca) a la cual llamamos dibujo humorístico, y la caricatura, “que intenta hacer pensar”. En rigor, su afirmación podría rebatirse, puesto que el humor “blanco” a menudo se hace también para hacer pensar, pero sería un poco cretino detenerse en esa objeción, porque la diferencia que quiere señalar es clara: la caricatura es una crítica, que igual y más aún que el dibujo humorístico, usa la exageración burlona y ridiculizadora. “…Gran parte de la campaña de Lutero y sus fieles contra el corrupto papado se llevó a cabo con caricaturas que circulaban impresas en volantes”.

Courbet-Baudelaire

Risueño Baudelaire

Valgan aquí algunos alcances que recogemos primero de Ernst Gombrich, quien en su estudio “El experimento de la caricatura”, plantea que sin duda los artistas descubrieron pronto este efecto, pero demoraron en encontrar su lugar, y la demora bien pudo deberse a que se asustaron ante el poder de su imagen, una imagen que hace reír, que trastorna. Desde luego, allí hay una madeja en la cual el problema propio de la forma y su capacidad de comunicar, que cabe a los artistas, es presionado por los contextos y mentalidades. Primero está la represión, la censura, el cierre de las publicaciones, la circulación clandestina, de la cual nos ilustra con numerosos ejemplos. Junto a esto, y anotado aquí de mi parte, se encuentra el problema de la risa en el arte y la estética para la civilización cristiana, el cual, según lo estudió Baudelaire, estribaba en que, más allá de estimarla propia de la estupidez, la ignorancia y la perversidad, su origen era satánico. Dios y su vástago no ríen, tienen raptos de alegría bienaventurada, pero nunca de “hilaridad inmortal e incorregible”. La relación satánica no debe subestimarse, pues como Baudelaire bien lo comprende, “la risa humana está íntimamente ligada al accidente de una antigua caída, de una degradación física y moral.” ¿No es la intuición de fondo de que la risa se ríe de la desgracia de otros, y de que su origen es extra humano, la que plantea Isaac Asimov en su notable cuento “El chistoso”? Pero esta relación al origen extraño no está allí sino para conducirnos a la interrogación de lo humano, ¿de qué nos reímos?, ¿qué nos hace la risa? ¿nos hace más humanos, en el sentido de que tiende a la libertad y la horizontalidad, o nos hace “inhumanos” llevándonos al deleite cruel y sádico? En palabras de Pablo Oyarzún, Baudelaire dirá que la esencia de la risa es un acceso a la esencia de lo humano.

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Por medio de la risa
burlona e irrespetuosa

La risa burlona que motiva a Rius es la que discute ese fondo de igualdad y libertad humanas, y no tanto, al menos aquí, la de nuestra condición metafísica, aunque ella le interesa, como en el caso de los fascinantes cartones del danés Per Marquard Otzen. Rius defiende que, por medio de la burla, la caricatura puede desnudar la mala autoridad y el mal gobierno, aunque su éxito real sea raro. “La caricatura es finalmente faltarles el respeto a quienes no se lo merecen, (ser) voz de los eternamente burlados y desposeídos de todo por los ‘respetables’”. Hay que notar que con el tiempo, e incluso a poco andar desde el sorprendente efecto visual de “Les poires”, (la famosa caricatura de Daumier en Le Caricature, de 1831, en la cual la cabeza de Luis Felipe, Emperador de Francia, se transforma en una pera), la caricatura no se apoyará siempre en la risa. Es el caso de Jean Louis Forain, “dibujante extraordinario, dice Rius, condiscípulo de Degas, (quien) está considerado como el más amargo de los caricaturistas de Francia. Contrario a Daumier, progresista y liberal, Forain resulta un crítico reaccionario que combate ferozmente a la sociedad ‘malvada y viciosa’, sin pretender transformarla.”

Colaborar a cambiar un poco las cosas injustas de la sociedad, de cualquier sociedad, recalca Rius, es la función social de la caricatura. “Es una lucha con las armas limitadísimas que dios nos ha dado, el dibujo y el humor. Quizá no se logre mucho que digamos, pero no deja de ser divertida.”

Caricaturas de Thomas Nast

Caricaturas de Thomas Nast

Entre los muy pocos que tuvieron éxito en esta tarea, está “el mejor caricaturista que han tenido los gringos”: Thomas Nast, que hizo fama por sus caricaturas en la última página de Harper’s Weekly, las que “sirvieron para meter en prisión al corrupto poítico William M. Tweed… que para callarlo le ofreció 100 mil dólares ‘para que fuera a estudiar pintura a Europa’. Nast, curioso por ver cuánto podían dar, pidió medio millón, pero nunca aceptó nada. Su idea era meterlo preso, y lo logró. Eso, obvio es decirlo, nunca pasó en México.” En los países latinoamericanos “por lo general, la prensa humorística del pasado era clandestina, o con muy poca circulación, en desigual competencia con la prensa ‘grande’ siempre comprometida con el dictador de turno o el partido en el poder. Que lastimaba al dictador y hacía reír al lector no cabía duda, pero de eso a pensar que las caricaturas del Ahuizote crearon conciencia para tumbar a don Porfirio, o que los monos de García Cabral en Multicolor acabaron con Madero, es una ilusión que agradecemos los moneros. El único dibujante que acabó con un presidente fue José de León Toral, balaceando a don Álvaro Obregón en 1928.” “Con el paso del tiempo, y con eso de que la historia la escriben los vencedores, se ha exagerado la influencia que las revistas de caricaturas tuvieron en la caída de tiranos y dictadores.”

El arte irrespetuoso me enseña una historia y muchas referencias y artistas que no conocía. También discute ideas para entender, discordar y acordar con el actual humorismo y opinión gráfica. Gracias a Rius.

Written by vichoplaza

octubre 1, 2013 at 9:39 pm