dibujar y escribir

Notas sobre ilustración, cómics, dibujos animados

Archive for the ‘Historietas chilenas’ Category

JORGE ROJAS FLORES: Las historietas en Chile, 1962-1982. Aporte significativo

leave a comment »

Portada. Lom Ediciones, 2016

Portada. Lom Ediciones, 2016


En la primera línea de su introducción, Jorge Rojas reconoce la nostalgia como motor, motivación.

Para Rojas hay una tradición de estudios de la historieta, que su trabajo cuestiona: 1) la historia social, en la línea del estudio de Laura Vásquez El oficio de las viñetas; 2) los estudios político-intelectuales, en los que cabría la línea de Ariel Dorfman, Armand Mattelart, Manuel Jofré y otros; y 3) los estudios culturales, seguramente en el modelo de Umberto Eco.

Rojas piensa que hace falta un enfoque más integral de las historietas, que pueda articular esas dimensiones con las cuestiones materiales de la producción, más aún si el tramo que estudia comienza desde el último período de gran masividad, durante la década 60, hasta el declive ante la competencia televisiva y el empobrecimiento de gran parte de la población chilena, hacia los años 80. En sus palabras, su enfoque procura integrar “una dimensión cultural, que espera ahondar en lo simbólico, pero sin descuidar el debate intelectual, así como las condiciones materiales en que funcionaba la industria, y la forma en que la sociedad era representada en ella”. Propone entonces un enfoque amplio, por lo mismo exigente y demandante de mucho trabajo, que aborde las interrelaciones que ocurren en la realidad. Particular importancia tiene su investigación de la cuestión material, que comprende los procesos de las grandes industrias, pero además las condiciones de trabajo de los dibujantes y guionistas, su lugar en la sociedad, los circuitos de distribución de las publicaciones, cuyas evoluciones investiga sistemáticamente.

Respecto a la influencia material del contexto en las mismas historietas, Jorge Rojas hace una lectura penetrante de la trayectoria que tuvo el personaje El Manque con el cambio ideológico de la dictadura. Sabemos que El Manque fue una de las historietas mejor trabajadas y más exitosas de Quimantú, durante el gobierno de la Unidad Popular, y que tras el golpe cambia hacia la ideología conservadora, la defensa del orden, la sugerencia de los pobres como “merecedores” de sus infortunios. Por ejemplo, en el nº 281, de Editorial Gabriela Mistral, El Manque se enfrenta a Nehuén, un Mapuche que ataca a los colonos alemanes. Es un cambio lógico, de acuerdo a la toma del poder de los militares y la derecha civil.

Pero en uno de los últimos episodios de El Manque: “Allipén, el hermano indio” (nº 278, mediados de 1974), junto con esos valores conservadores, que ahora el personaje defiende contra los que antes fueron sus compañeros, Jorge Rojas percibe indicios pesimistas, que se rozan y se refriegan frente al contexto. Esto lo indica la trama de la historia.

Como se puede apreciar en este episodio, uno de los últimos de la serie, el personaje termina transformado en un simple brazo de la autoridad. Con resignación, El Manque reconoce que la justicia no ha triunfado, dando por concluido su papel. Claramente el guión deja en mal pie al personaje, aunque no tenemos certeza si esa fue la intención del guionista. En toda la historia se insinúa una sorda crítica y quizás se anticipaba, de esta forma, el final de la serie.

Debo el conocimiento de este detalle al propio Jorge, comentando la dificultad de encontrar a los dibujantes y guionistas, y que ellos puedan recordar con claridad lo que tenían en mente, ya sea porque el tiempo transcurrido es bastante, por razones de salud, o por otros factores. De modo que difícilmente se pueda aclarar la significación de este episodio según la intención de sus autores. (Quisiera dejar a la curiosidad del lector el resumen que hace Jorge de “Allipén, el hermano indio”, ya que obviamente la lectura directa es menos probable). ¿Se trata de detalles sutiles, vagos? No, porque su significación debería saltar a la vista: no se trata de la significación ideológica de autores y editores, sino la significación que el contexto, la situación laboral, la inminencia del cierre, provocan en una determinada narración, donde la figura del héroe y sus valores quedan criticados.

Las lecturas de la revista El Manque, dependiendo de quien las haga, dicen que es un caso representativo de un período de fuertes imposiciones ideológicas de izquierdas y derechas, es decir de censuras y autocensuras, de las obligaciones de obedecer y las estrategias para desobedecer, de parte de historietistas disidentes con la Unidad Popular, con la dictadura, o con ambas. Pero la lectura de los episodios, el conocimiento del curso regular que de pronto se quiebra y se enrarece, es lo significativo que se nos escapa. Narrativamente introduce una complejidad, un momento de cansancio y autocrítica sobre los modelos narrativos, que es algo genuinamente político. La observación de Jorge sobre la proximidad del cierre de la revista y los problemas consecuentes que se avecinaban, es un factor de materialidad, es la influencia de las condiciones de producción, que debemos considerar.

Respecto a las ideas y la influencia de Ariel Dorfman en los estudios latinoamericanos de historietas, particularmente en Argentina más que en el propio Chile, Jorge Rojas hace uno de los estudios más detallados y documentados que conozco, mencionando también otros autores contemporáneos como Jorge Vergara Estévez, y revisando el debate que se dio en Chile al respecto, por ejemplo la crítica de Bernardo Subercaseaux sobre el libro Cómo leer al Pato Donald. Rojas escudriña tanto la tendencia de los enfoques críticos sobre las “subliteraturas”, como el marco teórico usado en ese libro (el cual sus autores no se preocuparon por explicitar), y encuentra tres pivotes: el enfoque psicoanalítico sobre las relaciones personales de los personajes, incluidas las sexuales; las teorías de la dependencia aplicadas a las relaciones entre los pueblos, centro-periferia siempre desiguales; y “las relaciones económicas desde la perspectiva de la economía política marxista.”
En su introducción, Rojas ya sugiere una crítica a esta línea de estudios: “Inicialmente despreciadas como subliteraturas, desde hace unas décadas (las historietas) se han transformado en documentos históricos valorados por los especialistas.” Pero no toma esta evidente arbitrariedad del conocido libro como justificación para negarle pertinencia en todos los aspectos, negación en la que incurre incluso un enfadado Javier Coma.

rojas_perfilRespecto a la desarticulación de las grandes industrias editoriales, entre 1973 y 1982, sus conclusiones indican que hubieron dos factores principales: la expansión de la televisión en las capas medias y populares, y la crisis económica de 1982. Ambos cambiaron las costumbres de entretención y lectura, y con ello terminan los mecanismos tradicionales de circulación. “En las décadas siguientes, la producción de historietas adquirió otros rasgos, más bien artesanales, con contenidos y estilos más vanguardistas.”
Son bastantes más los aportes de esta excelente investigación, entre ellos la minuciosidad de sus datos y la atención al contexto internacional. Debería influir sobre los estudios y enfoques venideros. ¡Gracias, Jorge Rojas!

NOTA: para esta reseña me valgo de los textos de la Tesis de Doctorado que dio origen a este libro, y que Jorge Rojas me facilitó hace un tiempo. Ellos me siguen sirviendo como fuente de consulta para mis propios estudios, especialmente sobre la revista Rocket y sobre la historieta Barrabases.

Referencias
http://www.lom.cl/a0078fd2-faa5-46dd-9bba-2fc800ba24cf/Las-historietas-en-Chile-1962-1982-Industria-ideolog%C3%ADa-y-pr%C3%A1cticas-sociales.aspx
http://historia.uc.cl/Noticias/profesor-jorge-rojas-publica-libro-las-historietas-en-chile-1962-1982-industria-ideologia-y-practicas-socialesq.html

¿Murió la flor? Chántese este, mejor

with 3 comments

salvadorB 1

ATRASADO COMO SIEMPRE, este comentario es a partir de los primeros episodios impresos de Salvador Bandera. Algo más que un héroe. Sus autores son Eduardo Torres y Claudio Jara. Edición digital de Daniel Icaza. Sala Verde Editores, Valparaíso, 2014.

Salvador Bandera es una historieta cómica y política, que se conecta con referentes historietísticos que se están desvaneciendo, o creíamos perdidos y pasados a la pura nostalgia. Cuando en la segunda página el personaje, solo y sin plata, sin panorama en el exitoso chile, se mete al bar “La farmacia de turno” a beberse sus últimos pesos sin saber cómo se las arreglará después, hace una conexión intencionada o inconciente con Pancho Moya, que en el barrio Lo Chamullo, el año 69, (La Chiva) llegaba a conclusiones de alguna manera semejantes, después que la Carmelita le diera un par de parrafadas (dejar claro que no hablo mal de la Carmela, porque ella no se pretende fina). Lo único que pueden hacer uno y otro es apagar la sed, no les alcanza para más, bebiendo sus schops o sus cañas con un discurso a la vez culpable y reivindicativo. Yo no podría hacer una definición antropológica de esa mentalidad, de ese ánimo, de esa disposición de humor y resistencia reflejada en estas escenas, sino afirmar que existe en nosotros. Desde luego NO en la exitosa mentalidad del país empresarial, ni en la sicótica mentalidad del país policial, sino en la gallada misma, que no goza mucho con ninguna de esas dos mentalidades.
salvadorB 2

Pero ¿esta mentalidad de resistencia y de humor, sigue existiendo, o más bien está en vías de no existir más, al menos en las historietas? Lo que uno sabe es que desde Checho López, el Pato Lliro o La Abuela Fuentes, y otros ejemplos que olvido, no se la vio muy seguido por acá, hasta que reaparece aquí o en otras como Anotación Negativa. Sabemos que con el paso del tiempo, con el peso de la dictadura, con la vuelta de chaqueta de los que alguna vez defendían que la política económica debía estar al servicio del hombre y no al revés; con tantos años de publicidad al Estado social de mercado, ese sentido común popular parecía perdido. Uno se pregunta cuántas personas que alguna vez se supieron medio populares, o populares de frentón, con una cultura que mal que mal sentían propia, fueron absorbidos por la sociedad del hiper mercado, y ya no toman para conectarse con un algo profundo y atisbado, con una alegría de adentro sino, como se dice, para olvidar o divertirse no más.

Los movimientos sociales, a partir especialmente de los estudiantes secundarios en 2006, hicieron que estos sentidos vuelvan al cuerpo. En este contexto, los autores de Salvador Bandera traen a la mesa intuiciones interesantes, más allá incluso de sus referencias explícitas y sus descargas contra la farsa del sistema, que están bien. Y se conectan con una tradición chilensis de la historieta cómica-política. Tradición todo lo incompleta o precaria que se quiera, pero enraizada en las formas de sentir medias y populares, que “cachan” y reivindican que esos schops y fan-schops, que ese vino tan antiguo como el deseo de alegría, no son sólo un escapismo, sino una intuición de resistencia, una intuición de autodefensa. Demás decir que tengo presente que muchos y muchas no lo verán de este modo. No se trata de convencer.

salvadorB 3En esa anécdota inicial, coincidente en ambas historietas, la pequeña resistencia de los personajes no es directamente política sino cultural, en el sentido de defender una manera de ser y pensar que el mundo oficial nos presiona a reformar. Abandonar costumbres para adaptarse a otras costumbres más útiles. Dicho de otro modo, la cultura es un campo de batallas entre imposiciones y resistencias, y dada la disparidad de fuerzas (no de números) es un campo de represiones. El histórico ejemplo de las persecuciones cristianas contra la religiosidad de los indianos es un dato duro de la causa. Los que son obligados a cambiar no son “los ellos”, sino los que no tenemos poder de decisión en las grandes esferas, ni la ambición de llegar allí.

Volviendo a esa tradición de los monos, hay allí historietas de derecha, de izquierda, o independientes también. La revista Topaze, como se ha dicho en otros lugares, expresó en sus épocas, a través del personaje Verdejo, tanto una crítica elitista contra los populares representados por él, como una crítica a la élite que lo explota y lo hace cesante. El pensamiento de derecha desconfía de los populares, y los caricaturiza, y el pensamiento del pobre desconfía del poder, y busca también reírse, pero dado que está en desventaja, esa risa es de resistencia, de intuición, mucho más que de desdén al rico. Lo que en mi opinión era común entre unos y otros caricaturistas, y que configuró tal vez ese pequeño núcleo de tradición, es que el tema de la oposición –pueblo versus poder– se escenificaba desde las situaciones de desventaja, y eso era probablemente un signo de la sociedad. Tiras como “Perejil” o “Super roto”, de Lugoze, tan afanosamente anticomunistas, querían convencer a los convencidos de que los rotos siempre serían rotos, porque su misma cabeza los condicionaba. Lugoze trataba de disolver fanáticamente la contradicción, y en ese intento la escenificaba. No podía permitirse subir al departamento del hombre exitoso para dibujar desde allí.

Salvador Bandera renueva la presencia de esta contradicción, con una narrativa gráfica que también se enraíza en esa historieta anterior al manga, anterior a Moebius o a Maus, anterior desde luego a la etiqueta presuntuosa de la novela gráfica.

Tomando la imagen hiper-utilizada en su momento por los grandes medios, del hombre que rescata la bandera del barro del terremoto de 2010, imagen que fue tan útil a la oficialidad, Salvador Bandera intenta dar vuelta el signo, con un personaje que, sumando la excusa un poco ingenua del superpoder, lo usa para dar al traste con esa oficialidad. Lo que me ha interesado personalmente no es la victoria imaginada, la venganza simbólica, que están bien, sino el ponerse sin ninguna duda del lado de la gallada violentada por la economía y por el poder. La referencia al movimiento de Aysén, en Chile del 2011, lo ejemplifica. No es usado como escenario, ni intenta congraciarse con el progresismo bienpensante ni con la “whiskerda”, sino que está allí, viviendo la desventaja. Ojalá esta historieta continúe, u otras que los mismos autores hagan.

Referencias para ver:

https://issuu.com/salvadorbandera/docs/libro_salvador_bandera_

Salvador Bandera (@SalvadorBandera) | Twitter

 https://soundcloud.com/salvador-bandera/entrevista-con-eduardo-torres

 

 

Written by vichoplaza

junio 2, 2016 at 10:30 am

SIN TÍTULO TODAVÍA. UN COMENTARIO DE ROAD STORY

with 5 comments

La pregunta que quisiera hacer es desde qué lugar de la sociedad vienen las novelas gráficas de los últimos años en chile. Paralelamente, podemos preguntar a qué público se dirigen, o mejor dicho a qué público interpretan. El escenario no es un circuito claro. En éste parece haber más producción que lectura. Naturalmente, el público que compra los libros de novela gráfica y cómics está seguramente en las clases medias. Pero se dice que ya no hay clases medias con un proyecto de sociedad, con una representatividad política, pues ya no hay clases sociales sino clases de consumo. Por otro lado, hay un rango tan grande de estratos que se identifican con la clase media chilena en estos años, que es impracticable usar el término como significante de algo claro. El lenguaje oficial de las estadísticas define a los grupos sociales en niveles de ingresos y consumos por familia. Allí se mide la educación, acceso a servicios, acceso a oportunidades de empleo, etcétera, es decir, las condiciones materiales de vida son el gran documentador de la vida social e individual, aunque tantos quieren ver muerto a Carlos Marx. Esas condiciones de vida están asociadas a capacidades de consumo cultural e intereses culturales. Los cómics, ya no baratos como alguna vez lo fueron, estarían dentro de lo que hoy se llama consumo cultural, no entretención masiva. En las partes de la clase media que compra libros, a vista de pájaro, deben estar los lectores de cómics, y no en los grupos populares, que mayormente se hallan en el círculo de la sobrevivencia, la falta de poder adquisitivo y el desinterés, al menos aparente, por la cultura.

Puede desprenderse, aunque no demostrarse con datos duros, que las historietas (o cómics) nunca han sido de, ni para los sectores populares, sino para la clase media, y usualmente por artistas pertenecientes a ellas. A veces ha tendido hacia lo popular, otras veces, como me parece el caso chileno de hoy día, tiende hacia arriba.

Hay una correspondencia en el hecho de que las novelas gráficas que se publican en editoriales grandes o influyentes, en estos años, son hechas por artistas de una parte de esos grupos medios y para ellos. La posibilidad que tenemos de saber quiénes o cómo son ellos y sus lectores, hay que deducirla de las maneras de pensar, los deseos y las ideas expresadas en las obras, y en parte considerar que los lectores se interesan a través de las promociones y notas en los medios, premios y reconocimientos. Por supuesto, las novelas gráficas reconocidas por la institución oficial llegan hacia un indeterminado “abajo”, grupos eventuales de lectores populares, como los estudiantes de básica y media hacia los cuales las políticas de educación llevan actividades de cultura.

Trato de acercarme a estos puntos en la lectura de Road Story, de Gonzalo Martínez y Alberto Fuguet (Alfaguara, 2007).

roadstory_007Road Story habla de un joven cuyo origen social está en las partes acomodadas de la clase media, si es que no en la clase alta, si se mira en los aspectos informativos de la trama. La chica boliviana con la cual se encuentra denota un origen similar. Ambos están envueltos en una rebeldía a su propia clase, encarnada en sus familias y relaciones personales. Ya entrados en el relato, aparece el hermano del personaje. Se trata de un cuestionamiento de las relaciones familiares y de pareja. El personaje dejó botado todo, esposa, familia, trabajo, para alejarse por las suyas al extranjero. Para hacerlo, él mismo cuenta que hurtó o sacó dinero de la empresa donde trabajaba, una empresa de su familia. Pero el centro de la historia está en la expresión de la desorientación, el nihilismo, el derecho a equivocarse. La expresión de la crisis, del enredo, de la confusión, es el hilo más potente y sugestivo, puesto que toca asuntos que palpitan de vida. También el dibujo acompaña sensiblemente con cierta suciedad de los trazos y las formas. Ellos reivindican los derechos de la oveja negra, tal vez el derecho a tener la libertad el tiempo de perderse para encontrarse, como nuevas conquistas humanas intuidas por la gente de avanzada. Creo que estas son las motivaciones que identifican la situación del personaje con la del lector, al menos con sus deseos, y sobre todo con sus deseos. Se trata pues de un viaje espiritual, cuyo resultado es la posibilidad lejana todavía de una salida, un proyecto, una posibilidad.

RoadStory_064Todos o casi todos los elementos del viaje, esto es la road story, se articulan en cita y reescritura de la literatura y el cine. Caería en la ostentación de esa serie de referencias si no fuera por la expresión del conflicto personal en que se encuentran los personajes, y cierta desesperación de la misma cultura que lo fascina. La fascinación por la road culture, las obsesiones personales, son leídas por un público igualmente implicado en la fascinación o el prestigio de esa literatura y ese cine. O por la literatura y el cine.

La localización social se halla en la base del argumento: hay un dinero suficiente para que la necesidad de sobrevivir en Estados Unidos, o en México, no distraiga el tema principal. Como seña, el financiamiento hace posible la concentración del personaje en su crisis de los treinta, a la vez que el robo a la familia es un conflicto y una rebeldía. En el relato está la implicación de que los de abajo están, como en Hitchcock, invisibles, pero haciendo funcionar el mundo, incluso el mundo diegético. Desde esa base material, explicitada por el relato –no inventada por esta lectura–, arranca entonces el despliegue psicológico y filosófico de los personajes y de la historia.

Por otro lado, si las referencias de cultura y contracultura literaria se dejaran de lado, tal vez siguiera sosteniéndose el centro expresivo, y tal vez el mundo mismo no se cayera, pero los hechos son los hechos, y ahí va el carro por la carretera estadounidense, acarreando la expresividad vital, y los deseos de autores y lectores.

Los deseos y fascinaciones de Road Story indican un conocimiento de primera mano de el mundo que describe y de la literatura que lo inspira. Lo que sucede es que hay unos conflictos reales, una carne tocada en los personajes, que sostiene toda esa escenografía, pero que de no estar se transformaría en muestra de escenografías. Se apropia de formas y contenidos que le fascinan, pero que necesitan un piso material determinado.

El trabajo interior de los autores no es por hacer salir lo que se vive acá, sino por trasladar lo de allá hasta acá (hasta “mí”) de modo verosímil. Quizá hay un convencimiento de que el traslado y su trayecto son los que pueden dar cuenta del “acá”. Pero uno también puede, por lo menos, cuestionar esas ideas.

Carretera a chile, mayo 2016.

Written by vichoplaza

mayo 25, 2016 at 7:23 am

SOBRE LA HISTORIETA CHILENA RECIENTE

with 9 comments

POR CAYO CACTUS
ejercicio de composición05
No es una exageración decir que el noveno arte es en nuestro país una de las actividades culturales más infravaloradas y underground en comparación a otros campos artísticos, lo que ya es mucho decir. La historieta presenta un débil grado de institucionalización y la “profesión” de historietista es una de las menos codificadas socialmente, lo anterior se puede demostrar fácilmente con la absoluta ausencia de premios con incidencia pecuniaria en nuestro país para este medio.

Los agentes que intervienen en este campo específico de alguna manera u otra asumen esta precariedad de antemano lo que me parece, a priori, una característica positiva toda vez que la escena local es abundante y heterogénea a nivel de producción; esto es, a pesar de la inexistencia de una industria local autosustentable en términos económicos, no se deja de crear historieta.

Esto no quier decir, por supuesto, que todo lo que se publique tenga de suyo valor artístico. Tampoco creo que necesariamente deba tenerlo, este valor puede ser o no un fin de los creadores. Ahora bien este valor existirá quiéranlo o no una vez que sus obras entren en el mercado de capital simbólico al cual acceden, de ello no me cabe duda. Es este punto donde redundan dos de los temas más importantes en el estado del arte actual del medio, esto es, la crítica y lo que yo llamaría una cierta “moralidad artística”, ambos fenómenos que articulan la producción del valor de una obra, lo que es lo mismo decir, la creencia en el valor de una obra.

Puedo dar fe de lo que significa el amor por los cómics. Suena ñoño y claro que es ñoño y claro que es real; Kirby ya lo decía: “los comics te destrozarán el corazón”. De las mayores de mis satisfacciones personales han provenido tanto de la lectura como de la creación de historietas. Me he pasado horas desvelado, solo y con mis compañeros, escribiendo, componiendo, diagramando, rotulando; y todas esas instancias han sido maravillosas; momentos en que he alcanzado procesos o ideas que no pensaba estaban en mí. Puedo comprender perfectamente por qué hay tantas personas que quieren acceder al aura de la historieta, al aura de la creación y quisieran ser como los autores que admiran para tener que sea una pequeña incidencia en este maravilloso lenguaje. Por ello es que puedo entender también la ilusión del glamour y el exitismo que acompaña a la escena.

destacado cayo1

Me parece ingenuo pensar que no hay tomas de posición, poder y distribución de capital -económico o simbólico- cuya posesión redunda en la obtención de beneficios específicos. En general, los seres humanos seguimos siendo bestias que se sonrojan. En este medio, como en todos los medios, existirán convergencias y divergencias artísticas y núcleos de poder que visibilizan o invisibilizan un determinado trabajo en desmedro de otros, núcleos de poder que en definitiva se confrontan bajo la apariencia de un discurso que dice “cada cual debe preocuparse por posicionarse”; estos discursos son el fiel reflejo de una ideología profundamente arraigada en nuestra sociedad. Sobre este punto no hay más que sacarse las máscaras y asumir un grado de egoísmo en autores y editores quienes no serán imparciales al momento de construir relatos verosímiles sobre el valor de sus obras y que tenderán a inflar sus logros para alcanzar sus objetivos, sean cuales sean, mercado y/o calidad artística. Desde la vereda de la retórica es sincero afirmar: los discursos son plásticos y maleables y la razón puede encontrar argumentos para lo que quiera.

Habiendo dicho todo esto, en lo consecutivo quisiera aportar con algunas opiniones personales sobre el panorama de la historieta chilena de los últimos años sobre todo de la escena más mainstream (una hipérbole, claro está), pienso que debido a su nivel de notoriedad mis palabras no les harán suficiente mella como para que sus autores se sientan realmente perjudicados y creo que con estos casos podré ilustrar algunas perspectivas que creo NO debieran ser un ejemplo de lo que debe ser la movida local en los años por venir.

EL LLAMADO BOOM DE LA HISTORIETA CHILENA

Honestamente no sé cómo ni quién acuñó el término, pero sí tengo claro que ha sido un tópico de los últimos 5 años al menos y aun en el último tiempo he visto como todavía se utiliza el término para demarcar un “hito” en el estado actual de la historieta chilena.

A mi propio entender, creo que los discursos del “boom de la historieta chilena” son increíblemente superfluos y no parecen más que atender a tomas de poder sobre el medio a fin de visibilizar determinadas obras. Por ejemplo, se habla demasiado a menudo de “Road Story” (Martínez, adaptación de novela de Fuguet) como un punto de inflexión en la escena actual, sin embargo, de los entendidos en cómic con los cuales me relaciono, nadie jamás la ha leído.

La utilización de la palabra “boom” resulta ridícula porque evidentemente se intenta equiparar alegóricamente a lo que conocemos como el “boom latinoamericano” el cual, por una parte, fue un fenómeno mundial que nos lega 2 premios Nobel -situación incomparable con la nuestra- y, por otra parte, se reconoce como una gran estrategia de marketing orquestada desde la industria editorial española. En definitiva, la otra cara de la moneda es que no es más que un mito. Así las cosas, el uso del término por parte de los productores locales me parece impúdico por su falta de realidad y exitismo desmedido y yo no puedo comulgar en lo absoluto con quienes pretendan hacer de él una forma de relacionar sus obras con el público.

destaca cayo2

Bien se podría decir que hacer este tipo de declaraciones es necesario para llegar al público y que cada cual ha de hacer de mejor manera relaciones públicas para sus propios intereses; pues bueno, que cada uno corra el riesgo de decir lo que mejor le parezca, pero no se espere entonces que la legitimidad de sus obras ante la masa crítica se mantenga incólume: el término es, por lo bajo, engañoso. Yo diría, por favor, mantengamos cierta perspectiva y cierta honestidad. Aquí, no me queda sino recordarles a Bolaño:

“No sé como no se dan cuenta. El oficio (…) está poblado de tontos que no se dan cuenta de la fragilidad inmensa, de lo efímero que es. Es decir yo puedo estar con 20 escritores de mi generación y todos están convencidos de que son buenísimos y de que van a perdurar, eso es una ignorancia bestial, aparte de una soberbia enorme”.

POLICÍA DEL KARMA Y CÓMO NO EDITAR UN CÓMIC

“Policía del Karma” (Baradit-Cáceres) fue una obra importante del año 2011, una obra que incluyó como estrategia de posicionamiento ciertas plataformas multimedia interesantes como soundtrack e historias paralelas que le permitieron sobresalir y destacarse en el medio local.

Mi apreciación personal del cómic “Polícia del Karma” es positiva, sin perjuicio que el trabajo de “color” ensucia bastante el dibujo de Cáceres y el uso tipográfico y trabajo de rotulación es inadecuado (léase, feo); en este sentido, la obra es perfectible, por supuesto; pero creo que aún así cumple.

Lo que me parece imperdonable es que nos hayan vendido un libro inflado, con el cuento original -ilustrado-, el proceso creativo y el trabajo de bocetos; todo para aumentar casi el doble el tamaño de lo que es la historieta que realmente nos están presentando y que nos debería importar. Puedo entender esta decisión editorial en una edición de décimo aniversario, por ejemplo, pero no en una primera edición dondenos están aumentando la palta con leche para aprovechar de vender un libro más caro de lo que realmente costaría. Yo hasta el día de hoy me sigo preguntando ¿de verdad pensaron que era relevante que nos incluyeran el desarrollo de personajes y su proceso creativo?… por favor.

MYTHICA Y LAS SERIES INCONCLUSAS

“Me llaman Pulp” y “E-Dem Vol. 1” fueron dos obras editadas por Mythica Ediciones que a pesar de señalar que eran obras seriadas, no han sido continuadas hasta la fecha, aun cuando la editorial siguió editando material nuevo. Desconozco la razón de estas decisiones, sin embargo yo creo que a futuro podemos extraer esta sencilla lección: prudencia editorial, no nos embarquemos en proyectos serializados que no sabemos si vamos a terminar de publicar o no.

1899 Y EL FANSERVICE

Yo compré “1899” (Ortega-Daniel) al día de ser lanzado, ñoñamente emocionado y con muchas expectativas lo leí de inmediato en el metro, de vuelta a mi casa. Mi decepción fue mayúscula. Ya en Los Eternautas se publicó en su tiempo una crítica a la cual adscribo totalmente y de la cual incluso los autores entraron a explicar en parte la obra y los errores que ahí se apuntaron. A estas alturas puedo decir también caí como pajarito en el aparataje marketero de la Editorial Norma, pues parecía un libro interesante y con una premisa prometedora. Sin embargo, “1899” no es más que una suma de citas y guiños inconexos, un fanservice caza-bobos. Recuerdo perfectamente que cuando llegue a la viñeta donde se guiña a “Watchmen” solo pude pensar en lo cuma que era hacer una cita que no tenía ningún respaldo ni mayor intertextualidad que esa. El dibujo de Nelson Daniel es súper profesional pero sanitizado; no hay vértigo alguno, no hay una página de dibujo que sea memorable, que me haya hecho exclamar, y está muy por debajo del trabajo que acostumbra a hacer . Del guión de Ortega no se diga más, solo agreguemos que los glosarios y notas explicativas son sobre abundantes y creo que debieran ser parte del relato de la obra más que anexos pues las obras deben poder ser leídas en si mismas.

Prometieron una secuela, por favor, si alguna vez sale, leámosla al primer día y seamos despiadados con ella, de ser necesario, para que una obra así no tenga una segunda edición como sí la tuvo “1899”. Este tipo de decepciones no se las doy a nadie.

BASTA DE PRÓLOGOS

¿Es necesario que cada obra publicada tenga un prólogo? De manera transversal y sistemática las obras publicadas por editoriales suelen tener un prólogo laudatorio que nos contextualiza la historieta en cuestión, el trabajo del autor y la importancia que tiene en el medio. En general, me parece que siempre es mucho ruido y pocas nueces, además de no ser más que una forma de generar relaciones a futuro con otros autores (prólogos van y prólogos vienen). Creo que no es demasiado repetirlo: las obras deben poder sostenerse a si mismas, no es necesario que nos las introduzcan. Ahora bien, no quiero decir que las obras no debiesen ser prologadas, para una re-edición de una obra no contemporánea un prologo es relevante, como también para una antología, por mencionar un par de ejemplos, lo que digo es que se instaura como una práctica generalizada que no se sopesa en lo más minimo. Menos es más.

Recuerdo una polémica literaria reciente en la cual se le achacaba a Raúl Zurita escribir prólogos demasiado excesivos. Zurita respondió que tal vez era cierto, que tal vez no todas las obras eran tan buenas pero que muchas veces los autores necesitan palabras de aliento y que de cualquier modo lo importante es que jamás habló mal de de una obra que le pareciera buena, fuera de quien fuera. Pfff, flaco favor prologuista. Sigo creyendo que menos es más. No más prólogos, por favor.

PREMIOS FIC

Es mejor tener premios que no tenerlos, aunque los premios en realidad nos signifiquen nada. La iniciativa de los premios FIC Santiago es una iniciativa privada y los premios que otorgan son más bien simbólicos pues no tienen un correlato pecuniario. Sin embargo, han adquirido una cierta relevancia a nivel de medios. Ya para la última versión pude leer en El Mostrador “Los Años de Allende arrasó en los Premios FIC Santiago”. Y fíjense que arrasar es un verbo bastante fuerte.

Sin perjuicio de sus deficiencias, creo que la iniciativa de FIC Santiago es valorable pues tiende a paliar una laguna insolente para nuestro medio. Ahora bien, creo que es tiempo de que los organizadores reformulen los premios pues el sistema en sí ha caído en omisiones imperdonables.

Puedo asegurar que si los organizadores de FIC hicieran una consulta a los creadores locales podría llegarse a un sistema de valoración más realista y representativo que no dependa mayoritariamente en la cantidad de likes que tienen los autores en su fanpage. Hay gente en nuestro medio calificada como para hacer de jurado tanto en selección como en votación, pero los roles deben ser delimitados y asumidos con honor: los conflictos de interés también afectan a nuestro campo específico y es inevitable. En este mismo sentido, más allá de los méritos y el innegable entusiasmo y relevancia que tiene Carlos Reyes en nuestro medio local y, en particular, su trabajo como guionista en “Los Años de Allende”, todo ello queda en entredicho cuando lo que sobresale finalmente son comentarios de pasillos por aparecer animando los premios y, a su vez, recibiendo los premios; o sea, la organización debe tener cuidado con los roles que asigna pues se producen equívocos que son evitables.

Por último, creo que a estas alturas las editoriales que se han beneficiado del premio en los últimos años debieran apoyar a FIC Santiago y hacer un fondo común para mejorar los premios más allá del simbólico galvano. Una microeditorial pequeña dedicada a hacer fanzines como Mapachestudios ya ha dado una beca para autores del medio (y van por la segunda). Entonces es lógico pensar que editoriales más grandes sean capaces de meterse la mano al bolsillo en el mismo sentido para apoyar la iniciativa de FIC Santiago.

Como una disgresión final, quisiera apuntar que el circuito de creadores es pequeño y que en cuanto tal todos nos conocemos. No es necesario que todos seamos amigos, no por compartir una pasión necesariamente debemos compartir nuestras cervezas (aunque no estaría nada de mal). Mas sí creo que debemos tener una visión más amplía que el de nuestros propios caudillos, estar en constante actualización de lo que está pasando en el circuito y saber valorar los buenos trabajos que se están dando en el medio,

sobre todo en todos aquellos que sin mayores aspavientos están subiendo los niveles de lo que puede ser la tecnología del libro y el arte secuencial. Nico Pérez de Arce es un capo y nadie lo menciona; Toto Duarte tiene un trabajo sensible y exquisito y es apenas conocida, el trabajo de Leo Ríos y Christiano pasa desapercibido a pesar del tiempo que llevan en el medio (y a pesar de que a este último le roban dibujos los diarios) y Jorge “Pato” Toro debiera ser premiado en una plaza pública por su incansable trabajo de investigación, como también por su trabajo como tallerista y promotor de la lectura historietística.

La competencia nos arruina cuando optamos por sobresalir silenciando lo que debe ser valorado; de qué vale ganar por walkover (wokover), pregunto honestamente. El mercado simbólico se beneficia con la heterogeneidad y, de cualquier modo, los lectores que han de ser conquistados no son el público lector de historietas, el cual ya está asegurado, si no más bien ha de ensancharse el espectro hacia los que ya leen novela, ensayo y poesía, por ejemplo; ellos son los que presentan un nuevo desafío para nuestro medio y nuestros talentos.

Quito – Mayo de 2016

Written by vichoplaza

mayo 20, 2016 at 9:00 pm

Ver a Jorge Pato Toro, hombre de sangre

with one comment

Les invito acá a ver los videos de buen humor e interés que está subiendo Pato Toro, en este link, y a partir de él, donde le hace una encantadora entrevista a Gabriel Garvo, de quien he hablado antes, y de quien siempre necesitaría decir más.

también muy recomendada su entrevista a Sebastián González.

Así pe, sin alfombras rojas, porque no las tengo. Las ceremonias del ego son otra cosa, que a mí no me compete. Simplemente un reconocimiento necesario que tiene que darse, que muchos sentimos. Un hombre de humor envidiable, a pesar que roban con descaro sus ideas, y encima las roban mal. Otros tratan de hacer los duelos de dibujantes y los animan lastimosamente, al lado del original, Pato Toro, un hombre de sangre. ¿Por qué no pueden hacerlo bien los imitadores? La respuesta es simple, la respuesta es porque en el mate no les arde la llama. La llama que arde en Jorge Pato Toro.

 

LOS DUELOS DE DIBUJANTES, APORTE DE CHRISTIANO

Bueno, corría el año 96 y en un encuentro de cómic, en la Facultad de química y farmacia, vi por primera vez EL DUELO DE DIBUJANTES, el artífice de esto fue Jorge Pato Toro junto a Kobal, que no paraban de hacerse caricaturas cada vez más grotescas… Jorge Pato siguió haciéndolo, acuñó una actividad, era el referee, el animador, la gente se divertía y se divierte aún… Ahora varios se arrogan que se les ocurrió a ellos, hasta en eventos internacionales. Se hace y claro no hay cita posible para el incansable mr. Toro, tiene razón Vicente Plaza en este texto, imitadores pueden haber muchos pero la gran matriz underground es una sola, ¡aguante, Pato toro, hombreeee!

En facebook. Christian O Gutz

Written by vichoplaza

mayo 20, 2016 at 6:19 am

Historietas: el estado de las cosas en Chile

with one comment

Por Nicolás Pérez de Arce
NicoPerez1.

En los últimos 10 años se ha visto un auge en la publicación de libros de cómics en Chile. Lo que antes eran revistas y libros­álbum, hoy en día son novelas gráficas, ediciones cuidadas con más páginas y variedad en sus formatos. Esto acompaña la idea de que se están editando cómics serios, con temáticas cercanas a la realidad o mayor profundidad en sus reflexiones. Frente a la imposibilidad de los historietistas de ser considerados como grandes artistas por las instituciones del arte como parecía ser en los 80’s, el reconocimiento ha llegado finalmente de la mano del ambiente literario. La novela gráfica es el último de varios intentos hechos por el cómic para saltar el muro que lo deja fuera del arte con mayúsculas.

En kioscos el formato revista ya no existe, al menos en chile, con una distribución prácticamente inexistente (en Argentina se pueden encontrar sin problemas ediciones baratas de libros de Mafalda, Fontanarosa o El Eternauta). Un país donde se lee muy poco (alto impuesto al libro se ha dicho bastante) y donde las editoriales chilenas pagan el mínimo legal a los autores por su trabajo, un 10% por derechos de venta, que muchas veces el único pago que reciben. Es bien sabido que nadie vive de hacer cómics y que las platas están en la publicidad, diseño gráfico, docencia, o sea hay que hacer otra cosa para poder hacer finalmente cómics, disciplina que toma bastante tiempo. Los fondos públicos están cada vez más enfocados en fortalecer las llamadas industrias culturales potenciando así a las editoriales pero dejando de lado al autor a pie pelado.

el huevo Nico Perez2.

La discusión que me ha tocado ver en medios de comunicación y sitios especializados tiene que ver mas que nada con implementar el medio y la producción local, en la profesionalización. Gabriel Rodríguez o Javier Osorio son los paradigmas de este sistema, los ejemplos a seguir. Pero muy rara vez he visto que se hable de la calidad de los trabajos mismos, que se hable en términos de arte y cultura como crítica a los trabajos. Se dicen tonterías como que el latón estaba super bien logrado en historia de un oso, como si ese fuera su valor. En general se da por sentado que todo es genial e innovador, que está todo pasando, pero existe la percepción (no solamente mía, sino que es la de varios colegas) de que se publica harto material liviano, con poco relato, poco crítico, algo bobalicón, tieso y con poco desarrollo de contenidos.

En un país donde se percibe el arte y el consumo de cultura en general como bienes exclusivos de los sectores acomodados, cabe preguntarse que tan popular realmente es el boom del cómic. La señora de la vega probablemente no tiene idea de quien el Alberto Montt, Malaimagen ni Sol Díaz, pero recuerda todavía al Condorito, signo de una época donde si podía manifestarse un personaje realmente popular. Sin embargo, los mismos autores se repiten una y otra vez, como si fuera lo único que vale la pena destacar en las pretensiones de construcción de industria.

Esto por supuesto no es problema del cómic particularmente, es un problema cultural general. Es lo mismo que pasa con la música chilena en las radios (la ley del 20%). Son siempre los mismos nombres; Gepe, Javiera Mena, Francisca Valenzuela, Alex Andwanter, Pedro Piedra, Fernando Milagros, Ases falsos, y el resto son excepciones. Y que pasa con los Vázquez o el rapero Portavoz? Por poner un par de ejemplos supuestamente populares. Hay un Alberto Curapel totalmente ignorado.

O lo que pasa con el llamado nuevo cine chileno. Nos enteramos en los medios hasta del desayuno que le gusta tomar a Nicolás López, Pablo Larraín, Matías Bize o Andrés Wood, pero son prácticamente ignorados Cristián Sánchez (Los deseos concebidos, cautiverio feliz, el zapato chino)o José Luis Sepúlveda (El pejesapo, mano armada), dos autores fundamentales en la construcción de identidad en el cine. (Raúl Ruiz).

[párrafo editado].

NicoPerezHEREDIA-300x436Entonces uno se pregunta para qué tanto bombo y platillo sobre el cómic chileno si una novela gráfica chilena verdaderamente notable no aparece. [menciona Sinaventuras de Jaime Pardo].

Por mucho que se intente implementar la industria del cómic, ES LA PROPIA EXPRESIÓN DE LA GENTE LA QUE DEBE SALIR A LA LUZ EN SUS PROPIOS TÉRMINOS. Y esto no ha entrado realmente en la discusión.

Texto presentado en Monologías, primera sesión, 2 de mayo 2016. Organizado por Felipe Muhr en Casa Plop, Santiago.

PD: editado se consigna entre corchetes [ ].

PRÓLOGO PARA ANOTACIÓN NEGATIVA

with one comment

Por NICOLÁS PÉREZ DE ARCE

 

Imágenes desde sus páginas en tumblr.com y facebook

Imágenes desde sus páginas en tumblr.com y facebook

¿Cuál es la relevancia de Anotación Negativa? ¿Por que vale la pena leerlo? Alguien podría argumentar que este cómic es medio degenerado, obsceno, que podría deformar la mente de los jóvenes y que no ayuda a construir modelos ejemplificadores. Y tendría razón. El propio autor reconoce que tiene una mirada nefasta a la realidad chilena, con personajes incorrectos en un mundo provinciano y decadente.

anotacion neg 1280

La razón es sencilla. Hay una mirada del mundo, personal y contingente, a partir de la vida de estudiantes en un liceo de Punta Arenas. Eso nomás. Vamos viendo: ¿dónde más se puede encontrar algo así? Ni en la tele ni en los diarios, ni siquiera en el cine. La gracia del cómic, y tal vez esto lo comparte sólo la literatura, es la cercanía que tiene el autor con sus lectores, que está mediada sólo por la distribución del trabajo. Yo nunca podría haber imaginado que llegaría a ser testigo de una saga de ¡80! números, ambientada en un liceo de Punta Arenas, políticamente incorrecta, con personajes profundamente irresponsables, humor desquiciado e invitados famosos. Siempre he preferido el cómic de autor (dibujado y escrito por) porque creo que tiene mas carácter. Y es que aquí no hay filtros, no hay comités editoriales, grupos de guionistas ni estudios de mercado que adapten la obra a los gustos populares. Y sin embargo es algo que nace del gusto popular, las series de animación ácidas norteamericanas seguramente, que a su vez son hijas del underground del cómic de los 70’s, el cómix con x.

anotacion neg 54
Hay algo ahí entre toda esa broma absurda, algo que es como asomarse a una ventana. Para un santiaguino como yo es una entrada directa al mundo magallánico “real”, a una de sus realidades al menos. No es la postal de la cueva del milodón o del indio al que hay que besarle el pie, por ejemplo. La televisión no te va a mostrar la realidad adolecente de un grupo de liceanos de región tal como se muestra aquí. Es como diría Jorge Pato Toro: “estos contenidos no los encontrarás en otros lados.” Se intuye por entre las páginas, por entre las viñetas, algo biográfico, algo vivido. Eduardo habla desde su experiencia, bromea con el recuerdo, con los lugares, la gente y sus pequeñas ideas. En 10 o 20 años mas el mundo que retrata Eduardo ya no va a existir, entonces hay también un registro del aquí y ahora, un “documentalismo fantástico” de la realidad.

La gracia del artista es que se salta todas las convenciones, todas las resistencias, para seguir la intuición y hacer lo que realmente se quiere hacer. Eduardo hace cómics de autor, localista, como el cómic independiente que se edita en Estados Unidos o Europa, como si realmente fuéramos un país desarrollado y hubiera espacio para este tipo de lujos expresivos. Pero lo hace aquí y ahora. En un Chile que probablemente no va a saber muy bien qué hacer con esto, porque está pensando en construir cultura con mayúscula, e ignora en el proceso todas las bellas minúsculas que se arremolinan a su alrededor.
anotacion neg 400

Written by vichoplaza

febrero 11, 2016 at 7:03 pm