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Notas sobre ilustración, cómics, dibujos animados

Archive for the ‘Fichas de estudio’ Category

CLAMTON

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APUNTES SOBRE UN AUTOR: HISTORIETA Y POESÍA

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Las historietas de Clamton significaron una de las rupturas más profundas y solitarias de los cómics de los años 80 en chile, respecto de las anteriores, al proponerse como un yo, una personalidad, una psicología, una sensibilidad que se enuncia a sí misma en sus historias. Esta posibilidad expresiva, que damos por sentada para la buena poesía o la narrativa escrita, recordemos que aún hoy día no puede simplemente darse por sentada para los cómics. Aunque en términos formales Clamton recurre más al narrador en tercera persona, en términos más evidentes ese narrador que habla de ciertos personajes es una subjetividad palpable, sensible, que se describe a sí misma en sus deseos y su angustia, y no la de quien (de quienes) deja (dejamos) huellas y acentos personales en un género o en un modelo narrativo.

En “El Farista”, narrado en primera persona, Clamton inventa o encuentra una imagen en cuya descripción tiene la posibilidad de describirse y descubrirse abiertamente durante el proceso de la escritura dibujada. Es posible percibir en El Farista ese proceso y momento de escritura, es decir algo en curso y en descubrimiento, y no algo pre-escrito y concluido en un guión anterior. El mismo Clamton, en la entrevista con Karin Kutscher dice que no trabajaba con guión, sino en un proceso de imágenes y palabras, si se quiere en una dialéctica entre imagen, dibujo y palabras.

Particularmente –aunque no exclusivamente– en El farista la historieta es llevada a la poesía en su capacidad de enunciación y exploración de sí mismo, de la metáfora, o de la experiencia directa de existir. Partiendo con dos páginas que obedecen al lenguaje historietístico, la primera con la imagen del imponente faro solitario en medio del mar circular, y la segunda en una secuenciación de tres cuadros donde vemos al farista observando y dándose a su ocupación, la escritura, las dos páginas finales irrumpen como los pliegos escritos en los cuales el farista describe su vida, su felicidad y su soledad:

“El tiempo no transcurre, mi cafetera nunca se enfría y escancia líquido negro sin término. La pintura no se corroe. Soy por siempre joven, el pensamiento no muere, las ideas rompen incansables sobre mi cerebro y en el delirio desnudo me interno en el seno de sus enormes olas.”
(…)
“Quién pudiera seguir la ruta de los cuervos marítimos, y sin lanzar botellas frágiles, hacerles tragar estos pergaminos para hacerlos llegar a las costas inalcanzables, del cansancio de sus alas aceradas se ahogarían[,] del cansancio entre las hambrientas ondas del océano sin término, llevándose al fondo del abismo mi indiferente mensaje.”

No hay en ese paso ruptura narrativa, los dos pliegos se aliementan de las imágenes ya dibujadas antes, y las imágenes de los escritos, recíprocamente. Pasamos de una parte a otra en un crescendo orgánico, por decirlo así, y no sólo orgánico de la materia del universo del faro y el mar circular, de sus criaturas monstruosas y sus cielos tormentosos, sino orgánico en el sentido de esa especie de bisagra entre el lenguaje de la historieta y el de la poesía.

Escan liviano de El Farista
(Libro CLAMTON, Edición de Antonio Arroyo. Trauko Fantasía, Chile, 1990)

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Written by vichoplaza

noviembre 29, 2017 at 9:53 pm

Comentario a Dibujos que hablan: acá no es una con-comics

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Después de los primeros comentarios que transcurrieron entre la satisfacción y las críticas a los contenidos y la organización, me parece que por su convocatoria Dibujos que hablan 3 mostró que las historietas no son solamente objeto para las convenciones de fans, para la celebración de personalidades, para la exhibición mercadística, para la competencia de unos cuantos sobre quiénes de ellos y ellas están más al día en la lectura de publicaciones muchas veces carísimas, y quiénes en consecuencia pretendan saber de qué va la cosa y qué es lo que viene. O al revés: de quiénes están más enterados de cada detalle del pasado. Aportó para mostrar que las historietas no son solamente un objeto para ganar lugares en delegaciones comerciales, o en fin, objeto y producto de todo ese mundo que para bien y para mal está siempre presionando al lenguaje y a los contenidos de las historietas, y que en contextos como el nuestro tiende a la hegemonía.

Decir que ese mundo de las comic-con y festivales es extra-historietístico ya no es posible a estas alturas, porque su influencia es evidente sobre el trabajo creativo. Tampoco se trata de competir con él. Comparado con el interés reflexivo o crítico, el interés por las convenciones es muchísimo mayor en su masividad, y allí incluso se acogen no sólo a las micro editoriales sino a los colectivos de fanzines, con su precariedad económica o su precariedad como postura política ante las marcas y el mercadeo, que han creado las convenciones. La diferencia es que los encuentros de estudios no tienen por objeto la comercialización, la promoción de productos y artistas, etcétera, sino en cualquier caso la promoción de la lectura, y de que lo que pensamos y percibimos en la lectura de las historietas es una riqueza social e individual, tal como la de la literatura.

La comparación es subjetiva y personal. Para mí la visita a las librerías especializadas o a las convenciones y festivales es un sufrimiento debido a sus precios, y por lo mismo con razón o sin ella tengo un resentimiento con el mundo comercial de los cómics, y no los experimento como propios. No sé si se trata de un resentimiento crudo de no tener plata, o por la exclusión que significa. Gran contradicción de que un medio todavía llamado popular sea hace varias décadas económicamente más exclusivo que frecuentar el cine o la literatura. Todos sabemos que en nuestros países, por los costos materiales y por la auténtica necesidad de alguna recuperación, incluso los fanzines se venden a veces caros. O sea que de haber tenido plata para comprar en los años 80 y 90 la Electra de Frank Miller, probablemente hubiera preferido comprarme las obras completas de Freud, cuyos precios no eran tan distintos. Hoy día –y sobre esto ha dicho algo Laura Vazquez en Dibujos que hablan, no es que uno no esté al día para entender a Chris Ware, sino que no estamos al día para comprarlo. Y contradictoriamente, tal vez equivocándome debido al resentimiento, si estuviera al día para comprarlo, puede que escoja mejor los libros de historia de Eric Hobsbawn, por ejemplo.

Written by vichoplaza

noviembre 14, 2017 at 8:00 pm

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LA REVISTA VENTARRÓN Nº1

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Portada nº1

Descargar PDF de Ventarrón nº1. 

La revista Ventarrón, de 1955, “La primera revista de histoietas totalmente ilustrada en Chile” muestra una precariedad que uno quisiera adjetivar de entrañable, sabiendo que adjetivar no es recomendable para el estudio o la crítica, y que la mención de lo precario se usa también para tejer mitos y cuentos épicos que al final no son realidad. Pero fueron las primeras ideas que me vinieron a la cabeza, como cosas ya hechas. La primera precariedad es la del modesto presupuesto, lo que dio lugar a una impresión irregular a lo largo de sus 7 números, comenzando con páginas de tintas deslavadas y desvanecidas ya en la misma imprenta, y otras páginas con tintas plenas y llenas, y un blanco limpio donde los dibujos pueden observarse en su valor. Eso es una marca de proceso. Y ese proceso editorial e imprentero de Ventarrón, encuentra su conexión histórica con las publicaciones jóvenes de todas estas décadas que van de los años 80 al 2017, el movimiento de fanzines fotocopiados y autopublicaciones que han sido la sangre de todo este momento actual. En los años 80 y 90 se diseñaba pegoteando con cemento de caucho, o con goma de pegar, escotch o cola fría a falta del anterior, y las copias eran azarosas, a veces deslavadas, que desmejoraban los originales, otras veces impecables, aunque ya sería arriesgado decir que esta vez mejoraban los originales. Lo entrañable, probablemente, venga del signo de juventud, de ganas, de ilusiones.

La segunda precariedad es la del arte, que también tiende sus hilos temporales. Pero eso queda por abordar y explicar.

Acá comparto el nº1. Son fotos del empaste de la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional. Algunas se desenfocaron un poco.

En cuanto a las referencias y fichas técnicas de Ventarrón, Cristián Díaz Castro (Capitán Chile) la ha reseñado revisando sus manifiestos, sus autores, su editor, sus fechas. Esos textos están publicados en la Revista Latinoamericana de Estudios sobre la Historieta, y en Tebeosfera. Creo que para quienes quieran conocer esa reseña, pueden contactar con el mismo Cristián, en el ánimo de reconocer su trabajo.

Written by vichoplaza

noviembre 2, 2017 at 4:30 am

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CONVOCATORIA DIBUJOS QUE HABLAN 3

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TERCER ENCUENTRO DIBUJOS QUE HABLAN. Invitados extranjeros: Los excelentes investigadores argentinos Laura Vásquez y Oscar Steinberg, junto a Jesús Cossío,del Perú, autor de historietas documentales reconocidas internacionalmente, y Al-Azar, Alejandro Salazar, uno de los más destacados profesionales del humor gráfico de Bolivia.

Habrá TRES BECAS en la convocatoria a ponencias para participantes de regiones de Chile. IMPORTANTE: El plazo de recepción de los resúmenes será el 20 de JULIO del presente 2017. Vean la página web del Encuentro, con toda la Info: www.dibujosquehablan.cl

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Written by vichoplaza

junio 7, 2017 at 9:20 pm

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El dibujo de Chris Ware

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El precio de los libros de Ware en el fin del mundo, y su ausencia en bibliotecas públicas, hacen que estas notas estén basadas especialmente en las imágenes y fragmentos que se encuentran en Internet, y en la intuición.

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Building Stories.  Espectacular ladrillo-a-ladrillo de la narración 

Como sabemos, los cómics de Chris Ware son continuos ejercicios intertextuales sobre los mismos cómics y sus formatos, especialmente los infantiles y tradicionales de ciertas épocas de oro en Estados Unidos. A través de ellos, se abren a un enfoque sobre la cultura estadounidense y los sujetos que componen el mundo contemporáneo. Pero no se trata simplemente del ejercicio de cita. Diríamos que es la nostalgia sumergida en un baño de ácido, ingrediente solicitado por sus lectores bienpensantes.

Los dibujos de Ware refieren a una significación icónica que ya está ahí, en la historia del género, pero más que reproducirlos bien y con estilo personal (que ya es difícil para tantos de nosotros), lo que hace es llevarlos a situaciones grotescas, psicologías desaforadas de humor negro, y de ese modo les inyecta la acidez contemporánea, que por lo mismo no puede ser tomada completamente como la desesperación de un atormentado romántico-existencialista. En último término este humor puede ser la expresión de un sujeto lúcido aunque políticamente apático.

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Diseño narrativo absoluto

Pero lo notable no está en el elemento amargo, sino en la invención de una forma nueva y brillante de diseño narrativo, junto a su reelaboración –su redibujación– impecable de los signos gráficos de los cómics. Desde luego, estrictamente no es lo mismo el dibujo que el diseño. El talento de Ware como dibujante se percibe en la línea, en las formas de los cuerpos, en la composición espacial de los cuadros, pero su diseño de la lectura, o diseño narrativo es la cuestión sorprendente y nueva. Referido también a formas y formatos históricos, es un ámbito paralelo al dibujo de figuras y ambientes.

La obsesión por recapturar y revivir la fascinación por los cómics de las eras doradas a la vez que el mismo grado de obsesión por destruir esa nostalgia resulta en un desgarro, que en cierto sentido es el contenido fino e irreductible que se quiere expresar. Este desgarro no es ni con mucho particular de Chris Ware, es un tema que viene hace años, en distintas maneras y en diversos autores, entre los cuales cabe mencionar al neozelandés Dylan Horroks. Tampoco la construcción del relato y del libro en base a citas de los formatos de las eras doradas es exclusiva, pues la coincidencia con Daniel Clowes salta a la vista, así como el humor negro con el que ambos cargan la nostalgia.

Chris Ware nos jalona por un lado hacia la admiración por el dibujo y el diseño impecable, claro, cuidadoso, y hacia el otro lado por la desesperación de la mentira de ese mundo de maravilla visual. Creo que eso queda patente en la amargura psicológica de Jimmy Corrigan. Y aunque ese contenido perverso es un tópico aceptado y popular, tal vez haya algo de dolor real.

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La amargura perversa versus el deseo de inocencia no son lo más original de Ware. En cualquier caso no es el único autor comprometido en esos temas. Lo nunca visto antes es el diseño. Y eso se observa en la influencia que tiene sobre autores jóvenes y viejos, de las tendencias más disímiles, por explorar sus sugerencias narrativas. El diseño de sus páginas y libros es apolíneo y transparente, diurno, abstracto, además de caro y lujoso. Y el diseño narrativo de sus relatos, que es su aporte singular y brillante, es independiente y queda a salvo de la oposición entre nostalgia y desilusión.

El dibujo de los cómics es un modo de dibujo. Y un modo que, tal como en las otras artes, se divide en varios sub-modos, según sus fines diversos, y también en lo que llamamos “estéticas” y poéticas.

Existe por ejemplo el dibujo académico de figura humana, o el dibujo que un escultor traza en el espacio. El dibujo arquitectónico y el dibujo de los niños, el dibujo de algunos surrealistas interesantes, el dibujo de Miró, o el dibujo de gente que dibuja muy bien y de otros que simplemente dibujamos. Pero a pesar de la pericia de unos y otros, siempre hay en todas partes dibujos interesantes, inteligentes, vivos.

El dibujo de Ware tiene un grado alto de codificación. Diría que lo primero que hace es darnos a significar el concepto “cómic”. Las líneas, las formas de las figuras representan una tradición o mejor dicho una escuela del cómic estadounidense, que es la que vive con la gran industria cultural. También el dibujo de Ware se liga en buena parte a la bande desinée franco belga, al mundo europeo de la industria editorial, es decir, las metrópolis, la parte más vistosa del mundo.

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Este estilo o forma de dibujo nos da a significar el cómic y funciona con los elementos del lenguaje, como la viñeta, la continuidad, el formato y la publicación. Es un dibujo que nos habla de una manera muy codificada. Las cabezas redondas, las líneas continuas y moduladas, las formas perfectamente cerradas y separadas en su lugar espacial. Hay estilos y escuelas de dibujos que hacen nuestra idea del cómic y sus géneros.

Ware y Clowes coinciden en este trabajo de estructurar sus relatos y sus libros con la cita de formatos, de ahí la codificación de formas, líneas, proporciones y rasgos, dentro de esta tradición o escuela de la línea modulada y la forma visualmente limpia. El trazo en Ware o Clowes es una abstracción, no se siente el pulso, el brazo, la pluma, lo que se siente, o más bien lo que se entiende es la idea, la codificación, la cita intertextual, el lenguaje y desde luego la industria, el medio.

Vicho Plaza

Written by vichoplaza

mayo 20, 2017 at 4:11 am

Publicado en DIBUJO, Fichas de estudio

LÍNEAS DE FUGA, de Óscar Gutiérrez y Cristián Toro

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Líneas-de-fuga-1-620x350El relato de las páginas 64-65 es por fin claro, distribuye los textos, el contrapunto diálogos y dibujos es interesante, se hila una narración que supera la reiteración retórica de juicios sobre la conducta del personaje, y sentencias de lo que es la ciudad y la vida. Pero en la página 66, aunque en principio sigue el viejo con sus diálogos, cambia la gráfica y suspende la cualidad narrativa –de nuevo–. Tito Manfred dice, en el texto al final, que Líneas de Fuga permite hacernos una idea mucho más profunda de la ciudad de Concepción, mitología de personas de carne y hueso, mapa cultural y emotivo. De acuerdo, hay algo que respira, que llama la atención porque se reconoce un relato gráfico hecho desde una necesidad vital y auténtica de expresarse, lo cual es oro.

Pero hay que decirlo, esa necesidad expresiva está un poco demasiado comprometida con la volada de la “contemporaneidad” y una serie de asuntos del arte contemporáneo y su filosofía que, explícitos o no, están haciendo difíciles las palabras y las imágenes.

No se trata del saludable desorden gráfico, como lo dice Carlos Reyes, ese desorden está ok, los dibujos de las figuras son correctos, y el dibujo arquitectónico y de paisaje urbano es admirable. Se trata de las reiteraciones,  que después de la primera y segunda vez ya son demasiadas, sobre todo de los dos ámbitos mencionados: el primero el del personaje con sus soliloquios circulares, adosado a los repetitivos juicios que le llegan de boca de los demás; el segundo las sentencias sobre la ciudad, venidas en su mayor parte desde los soliloquios. Esto indica que los textos dominan sobre las imágenes y las acciones que se narran. No es que estén mal esos juicios, sino que su reiteración llega hasta el mismo final de la historia, sin que Líneas de Fuga haya narrado ni una odisea interior legible, ni una desventura fantasmagórica en el gran Concepción, sino que se queda en mitad de ambas.

De cualquier modo, y por lo dicho al inicio, es una historia interesante y muy recomendable.

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Written by vichoplaza

abril 4, 2017 at 7:59 pm

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¿Crítica mala onda?

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HACE POCOS DÍAS EN FACEBOOK CRITIQUÉ a un colega por una foto en Angouleme usando un sombrero de fantasía, de antiguas modas. Le decía que era que mejor no lo usara, ya que su trabajo vale por sí mismo, y ha ganado la atención hace tiempo por sus propios méritos, o sea que es mejor que a uno le vaya bien por ser quien es y no por lo que se pone. Creí que mostrarse exótico ante quienes inventaron la idea de lo exótico podía resultarle en falso.

Después me pesó, por muchas razones: porque se supone que yo debería saber que es una pelotudez meterse a criticar lo que usan los demás aquí o en cualquier lugar. Era desubicado ya que en el mundo de los cómics los disfraces y los atuendos son una costumbre. Todos nos sentimos bien con tal ropa o adornos, y criticarlo en otros es sospechoso. También había envuelto un moralismo autoritario cargándole una especie de responsabilidad fuera de lugar; un nacionalismo de mal gusto. También presumía que puedo preveer la mentalidad de los franceses que leen historietas,  y de ahí innumerables cuestionamientos. Quedé en posición muy criticable.

El problema de una crítica así, salvando que no se trataba ni con mucho de un texto largo ni de un ensayo, es que inevitablemente se reciben o se sienten destructivas, y se atribuyen a la envidia, las neurosis, la incapacidad propia del criticón.

¿Pero en realidad es cierto que no aprecio a este colega, y yendo más allá no aprecio la producción de mi país? Eso es falso, no hay esa mala onda. Pero la culpa mal entendida me hace ver que uno de nuestros problemas culturales es la hipersensibilidad individual a costa del aprecio colectivo. Esto se puede graficar con un comentario escuchado en la calle, de alguien que decía con total convicción que si tú quieres joder a un chileno simplemente le pones a otro chileno al lado, y ya está. Este prejuicio que se hace pasar por sabiduría popular, no porque sea falso deja de existir. Enfocando de nuevo más allá del caso personal, un problema de la crítica propiamente tal en un medio tan restringido es la sospecha de negatividad y mala onda, por eso se concluye que es inútil.

Creo que para hacer más fuerte nuestra producción, para romper con el desequilibrio de que hay más producción que lectura, deberíamos ser más fuertes y abordar nuestros asuntos, que no son ni con mucho exclusivamente nacionales o regionales. En este caso entender por ejemplo que el comentario no se originaba en ningún oscuro deseo psicoanalítico de agresión, sino, dado el contexto, en el problema de las influencias y la identidad. Allí, como me ha pasado, se cuelan a su vez problemas de nacionalismos o purismos que entorpecen, pero pienso que tampoco es sensato sentirse culpable por ellos y ocultarlos, sino hacerlos concientes. Hasta cierto punto, ese tipo de nacionalismo ha sido una reacción histórica a algunos desmedros,  y reconocer su existencia hace posible ver si al presente se sostienen o no. Yo lo podría plantear de la siguiente manera: ¿Es todavía un legado de la dominación cultural de Europa precisamente nuestra reflexión estética y nuestros mercados a la saga, y la confusión de si tenemos o no tenemos una identidad gráfica y narrativa, nuestra desesperación centenaria por tener esas cosas? No puedo afirmar que la respuesta sea afirmativa en cada aspecto. Creo que estos son temas de la crítica en los que tendríamos que insistir. De la crítica en el sentido de conocimiento, o si se quiere, de los estudios. Si corresponde o no corresponde al caso, es un tema a dialogar.

Written by vichoplaza

febrero 2, 2017 at 9:39 am

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