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Notas sobre ilustración, cómics, dibujos animados

Archive for the ‘Crítica de historietas’ Category

¿Por qué los cómics se han demorado tanto? por el gatovicente

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Written by vichoplaza

diciembre 5, 2017 at 6:45 am

CLAMTON

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APUNTES SOBRE UN AUTOR: HISTORIETA Y POESÍA

la mente se asoma2

Las historietas de Clamton significaron una de las rupturas más profundas y solitarias de los cómics de los años 80 en chile, respecto de las anteriores, al proponerse como un yo, una personalidad, una psicología, una sensibilidad que se enuncia a sí misma en sus historias. Esta posibilidad expresiva, que damos por sentada para la buena poesía o la narrativa escrita, recordemos que aún hoy día no puede simplemente darse por sentada para los cómics. Aunque en términos formales Clamton recurre más al narrador en tercera persona, en términos más evidentes ese narrador que habla de ciertos personajes es una subjetividad palpable, sensible, que se describe a sí misma en sus deseos y su angustia, y no la de quien (de quienes) deja (dejamos) huellas y acentos personales en un género o en un modelo narrativo.

En “El Farista”, narrado en primera persona, Clamton inventa o encuentra una imagen en cuya descripción tiene la posibilidad de describirse y descubrirse abiertamente durante el proceso de la escritura dibujada. Es posible percibir en El Farista ese proceso y momento de escritura, es decir algo en curso y en descubrimiento, y no algo pre-escrito y concluido en un guión anterior. El mismo Clamton, en la entrevista con Karin Kutscher dice que no trabajaba con guión, sino en un proceso de imágenes y palabras, si se quiere en una dialéctica entre imagen, dibujo y palabras.

Particularmente –aunque no exclusivamente– en El farista la historieta es llevada a la poesía en su capacidad de enunciación y exploración de sí mismo, de la metáfora, o de la experiencia directa de existir. Partiendo con dos páginas que obedecen al lenguaje historietístico, la primera con la imagen del imponente faro solitario en medio del mar circular, y la segunda en una secuenciación de tres cuadros donde vemos al farista observando y dándose a su ocupación, la escritura, las dos páginas finales irrumpen como los pliegos escritos en los cuales el farista describe su vida, su felicidad y su soledad:

“El tiempo no transcurre, mi cafetera nunca se enfría y escancia líquido negro sin término. La pintura no se corroe. Soy por siempre joven, el pensamiento no muere, las ideas rompen incansables sobre mi cerebro y en el delirio desnudo me interno en el seno de sus enormes olas.”
(…)
“Quién pudiera seguir la ruta de los cuervos marítimos, y sin lanzar botellas frágiles, hacerles tragar estos pergaminos para hacerlos llegar a las costas inalcanzables, del cansancio de sus alas aceradas se ahogarían[,] del cansancio entre las hambrientas ondas del océano sin término, llevándose al fondo del abismo mi indiferente mensaje.”

No hay en ese paso ruptura narrativa, los dos pliegos se aliementan de las imágenes ya dibujadas antes, y las imágenes de los escritos, recíprocamente. Pasamos de una parte a otra en un crescendo orgánico, por decirlo así, y no sólo orgánico de la materia del universo del faro y el mar circular, de sus criaturas monstruosas y sus cielos tormentosos, sino orgánico en el sentido de esa especie de bisagra entre el lenguaje de la historieta y el de la poesía.

Escan liviano de El Farista
(Libro CLAMTON, Edición de Antonio Arroyo. Trauko Fantasía, Chile, 1990)

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Written by vichoplaza

noviembre 29, 2017 at 9:53 pm

JORGE ROJAS FLORES: Las historietas en Chile, 1962-1982. Aporte significativo

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Portada. Lom Ediciones, 2016

Portada. Lom Ediciones, 2016


En la primera línea de su introducción, Jorge Rojas reconoce la nostalgia como motor, motivación.

Para Rojas hay una tradición de estudios de la historieta, que su trabajo cuestiona: 1) la historia social, en la línea del estudio de Laura Vásquez El oficio de las viñetas; 2) los estudios político-intelectuales, en los que cabría la línea de Ariel Dorfman, Armand Mattelart, Manuel Jofré y otros; y 3) los estudios culturales, seguramente en el modelo de Umberto Eco.

Rojas piensa que hace falta un enfoque más integral de las historietas, que pueda articular esas dimensiones con las cuestiones materiales de la producción, más aún si el tramo que estudia comienza desde el último período de gran masividad, durante la década 60, hasta el declive ante la competencia televisiva y el empobrecimiento de gran parte de la población chilena, hacia los años 80. En sus palabras, su enfoque procura integrar “una dimensión cultural, que espera ahondar en lo simbólico, pero sin descuidar el debate intelectual, así como las condiciones materiales en que funcionaba la industria, y la forma en que la sociedad era representada en ella”. Propone entonces un enfoque amplio, por lo mismo exigente y demandante de mucho trabajo, que aborde las interrelaciones que ocurren en la realidad. Particular importancia tiene su investigación de la cuestión material, que comprende los procesos de las grandes industrias, pero además las condiciones de trabajo de los dibujantes y guionistas, su lugar en la sociedad, los circuitos de distribución de las publicaciones, cuyas evoluciones investiga sistemáticamente.

Respecto a la influencia material del contexto en las mismas historietas, Jorge Rojas hace una lectura penetrante de la trayectoria que tuvo el personaje El Manque con el cambio ideológico de la dictadura. Sabemos que El Manque fue una de las historietas mejor trabajadas y más exitosas de Quimantú, durante el gobierno de la Unidad Popular, y que tras el golpe cambia hacia la ideología conservadora, la defensa del orden, la sugerencia de los pobres como “merecedores” de sus infortunios. Por ejemplo, en el nº 281, de Editorial Gabriela Mistral, El Manque se enfrenta a Nehuén, un Mapuche que ataca a los colonos alemanes. Es un cambio lógico, de acuerdo a la toma del poder de los militares y la derecha civil.

Pero en uno de los últimos episodios de El Manque: “Allipén, el hermano indio” (nº 278, mediados de 1974), junto con esos valores conservadores, que ahora el personaje defiende contra los que antes fueron sus compañeros, Jorge Rojas percibe indicios pesimistas, que se rozan y se refriegan frente al contexto. Esto lo indica la trama de la historia.

Como se puede apreciar en este episodio, uno de los últimos de la serie, el personaje termina transformado en un simple brazo de la autoridad. Con resignación, El Manque reconoce que la justicia no ha triunfado, dando por concluido su papel. Claramente el guión deja en mal pie al personaje, aunque no tenemos certeza si esa fue la intención del guionista. En toda la historia se insinúa una sorda crítica y quizás se anticipaba, de esta forma, el final de la serie.

Debo el conocimiento de este detalle al propio Jorge, comentando la dificultad de encontrar a los dibujantes y guionistas, y que ellos puedan recordar con claridad lo que tenían en mente, ya sea porque el tiempo transcurrido es bastante, por razones de salud, o por otros factores. De modo que difícilmente se pueda aclarar la significación de este episodio según la intención de sus autores. (Quisiera dejar a la curiosidad del lector el resumen que hace Jorge de “Allipén, el hermano indio”, ya que obviamente la lectura directa es menos probable). ¿Se trata de detalles sutiles, vagos? No, porque su significación debería saltar a la vista: no se trata de la significación ideológica de autores y editores, sino la significación que el contexto, la situación laboral, la inminencia del cierre, provocan en una determinada narración, donde la figura del héroe y sus valores quedan criticados.

Las lecturas de la revista El Manque, dependiendo de quien las haga, dicen que es un caso representativo de un período de fuertes imposiciones ideológicas de izquierdas y derechas, es decir de censuras y autocensuras, de las obligaciones de obedecer y las estrategias para desobedecer, de parte de historietistas disidentes con la Unidad Popular, con la dictadura, o con ambas. Pero la lectura de los episodios, el conocimiento del curso regular que de pronto se quiebra y se enrarece, es lo significativo que se nos escapa. Narrativamente introduce una complejidad, un momento de cansancio y autocrítica sobre los modelos narrativos, que es algo genuinamente político. La observación de Jorge sobre la proximidad del cierre de la revista y los problemas consecuentes que se avecinaban, es un factor de materialidad, es la influencia de las condiciones de producción, que debemos considerar.

Respecto a las ideas y la influencia de Ariel Dorfman en los estudios latinoamericanos de historietas, particularmente en Argentina más que en el propio Chile, Jorge Rojas hace uno de los estudios más detallados y documentados que conozco, mencionando también otros autores contemporáneos como Jorge Vergara Estévez, y revisando el debate que se dio en Chile al respecto, por ejemplo la crítica de Bernardo Subercaseaux sobre el libro Cómo leer al Pato Donald. Rojas escudriña tanto la tendencia de los enfoques críticos sobre las “subliteraturas”, como el marco teórico usado en ese libro (el cual sus autores no se preocuparon por explicitar), y encuentra tres pivotes: el enfoque psicoanalítico sobre las relaciones personales de los personajes, incluidas las sexuales; las teorías de la dependencia aplicadas a las relaciones entre los pueblos, centro-periferia siempre desiguales; y “las relaciones económicas desde la perspectiva de la economía política marxista.”
En su introducción, Rojas ya sugiere una crítica a esta línea de estudios: “Inicialmente despreciadas como subliteraturas, desde hace unas décadas (las historietas) se han transformado en documentos históricos valorados por los especialistas.” Pero no toma esta evidente arbitrariedad del conocido libro como justificación para negarle pertinencia en todos los aspectos, negación en la que incurre incluso un enfadado Javier Coma.

rojas_perfilRespecto a la desarticulación de las grandes industrias editoriales, entre 1973 y 1982, sus conclusiones indican que hubieron dos factores principales: la expansión de la televisión en las capas medias y populares, y la crisis económica de 1982. Ambos cambiaron las costumbres de entretención y lectura, y con ello terminan los mecanismos tradicionales de circulación. “En las décadas siguientes, la producción de historietas adquirió otros rasgos, más bien artesanales, con contenidos y estilos más vanguardistas.”
Son bastantes más los aportes de esta excelente investigación, entre ellos la minuciosidad de sus datos y la atención al contexto internacional. Debería influir sobre los estudios y enfoques venideros. ¡Gracias, Jorge Rojas!

NOTA: para esta reseña me valgo de los textos de la Tesis de Doctorado que dio origen a este libro, y que Jorge Rojas me facilitó hace un tiempo. Ellos me siguen sirviendo como fuente de consulta para mis propios estudios, especialmente sobre la revista Rocket y sobre la historieta Barrabases.

Referencias
http://www.lom.cl/a0078fd2-faa5-46dd-9bba-2fc800ba24cf/Las-historietas-en-Chile-1962-1982-Industria-ideolog%C3%ADa-y-pr%C3%A1cticas-sociales.aspx
http://historia.uc.cl/Noticias/profesor-jorge-rojas-publica-libro-las-historietas-en-chile-1962-1982-industria-ideologia-y-practicas-socialesq.html

¿Buen dibujo, mal dibujo? (1)

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SOBRE ESTA PREGUNTA, lógicamente debemos poner en contexto la clase de dibujos de la que se habla, las finalidades que se le suponen, la época de ese contexto, etcétera. Acá hablamos del dibujo de historietas, y también el de ilustración, específicamente de las décadas recientes, pero sin obviar el dibujo de arte, ya sea como arte autónomo, o el que es (o fue) base de la pintura. Hasta cierto punto el dibujo en sí mismo, que es preocupación del arte “puro”, es la matriz, el cuerpo nutriente. Pero nuestro dibujo tiene también que relatar, contar historias, por lo cual tiene elementos literarios lo mismo que plásticos, que procrean una criatura original y distinta.

El bueno de Cutlass, de Calpurnio

El bueno de Cutlass, de Calpurnio (delpapelalaeternidad.blogspot)

En las historietas y la ilustración, desde hace una cantidad de años parece haber un problema de evaluación a causa de la gran relatividad en torno a los juicios y gustos sobre el dibujo. Carlos Reyes ejemplificaba esta situación con la historieta El bueno de Cutlass, del español Calpurnio, que para algunos ojos puede estar mal dibujada, pero esos juicios y sus presupuestos no pueden objetar el interés y el éxito de Cutlass como historieta. Allí se grafica la dificultad. Puede uno preguntarse si la división “dibujo bueno o malo” no solamente está caducada sino que es conservadora, jerárquica, e implica eso que entendemos por violencia simbólica.

En mi opinión el problema no es tan sencillo, porque si es cierto que, siguiendo los procesos de etapas anteriores, cada época va contradiciendo (si se quiere aboliendo) algunos estándares y cánones de sus predecesoras, entre ellos la de presuponer que un dibujo mínimo como el de Calpurnio o el del argentino Copi (La mujer sentada) están mal hechos, no por eso estamos en situación de decir que en nuestra época se han erradicado los estándares y las formas de pensar asociadas a ellos.

copi bibliapobre.wordpres

Copi: La mujer sentada (bibliapobre.wordpres)

EN EL CASO DEL DIBUJO MÍNIMO, SIMPLE, en numerosas ocasiones la verdadera objeción de sus críticos no va más allá del gusto estilístico, o en otros casos se trata de un juicio moralista que presupone muy poco trabajo para hacer esos dibujos, juicio que a menudo es un error. En los hechos no es posible demostrar que estos dibujos sean malos como dibujos, es decir que no tengan vida gráfica, expresividad, estilo, que no provengan de un pensamiento dibujístico y visual, y en nuestro caso que no sean agentes narrativos por sí mismos, porque esos elementos se cumplen en ellos. Lo que sucede o parece suceder es que exponen un estilo, una visión que a algunos no les llena, y andando un poco más allá, ponen sobre la mesa la controversia ya centenaria entre lo viejo y lo nuevo. Si podemos estar de acuerdo en lo anterior, entonces no es cierta esa supuesta relatividad total de hoy día, donde en materia gráfica todo entra y todo vale.

Las nociones de dibujos “buenos” y “malos” parecen seguir funcionando (“operando”) en nuestras cabezas, no solamente entre los criterios conservadores, –desde los cuales por cierto afloran rápida e ideológicamente–, sino en un piso de nociones más profundas y permanentes, y quizá menos ideologizadas. Un ejemplo de ello puede estar en la colaboración de Robert Crumb y Harvey Pekar para la historieta American Splendor. Basados acá en la película del mismo nombre, y confiando en su veracidad, vemos que Crumb se interesa por dibujar las historias de Pekar, y le pide que le haga guiones dibujados. Pekar responde que él no dibuja ni un solo palote, pero Crumb insiste “dibuja con tus palotes, y anota los textos, con eso yo puedo trabajar”. Y seguidamente vemos a Pekar dibujando esos esquemas, torpes y básicos como dibujos, pero útiles como guión. Como se ve, la relatividad conceptual no ha llegado al grado de que los editores estadounidenses saquen partido a los guiones dibujados de Pekar publicándolos como obras en sí, o iniciando una línea de nuevo estilo de dibujo. Lo que sí hacen es colocarlos como extras al final de algunos libros. ¿Es cosa de tiempo? No lo sabemos, pero el caso es que Pekar se daba cuenta que su dibujo no era bueno, y que necesitaba dibujantes para sus historias. El ejemplo no es inocente, porque estamos considerando a Crumb, uno de los mayores transgresores y rompedores de las lógicas de los cómics.

Pekar marvel strangetales

Pekar: guión dibujado para Marvel Strange Tales (ciuddanopop.blogspot.cl)

Written by vichoplaza

agosto 26, 2016 at 4:41 am

ELLAS

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comiqueras

Santiago de Chile, 4 de julio de 2016, la tercera sesión de los conversatorios Monología, organizados por Felipe Muhr y yo, que tienen lugar en Casa Plop. Convocamos a una sesión titulada Comiqueras, con tres autoras invitadas. Ellas, sin duda, dan muestra de su vitalidad y su inteligencia. Vale destacar, en primer lugar, que ellas y el público compuesto mayormente por mujeres, destruyen de modo amable pero inobjetable que la primera sesión de Monologías, sobre el estado de las cosas en los cómics nacionales, haya tenido una mesa exclusiva de hombres. ¿Por qué no hubo allí una mujer? Lo hechos demuestran que el sesgo fue innegable, tan innegable como “inconciente”. En cuanto co-responsable de Monologías, esa pregunta me deja ante la prueba de que mi tan preciado progresismo democrático en el mejor de los casos es un provincianismo. Lo único que pudiera decir, pero que sale como una confesión que nadie necesita, es que en realidad no se me pasó por la cabeza en aquella ocasión invitar a una mujer para el tema, y no hay argumento para justificar lo que es evidentemente la mentalidad machista de mis actos. Pero tampoco pido “perdón” porque aquí eso no sirve para nada.
Hay que ir por partes, al menos las partes que yo pueda pensar. Ante este desvelamiento, pienso que, desde otras perspectivas, un autor o autora de otra ciudad nos acusará con toda razón que los invitados e invitadas sólo eran de la capital, y que no se nos pasó por la cabeza llamar a alguien de otro lugar, y hacer el esfuerzo básico de brindarle alojamiento en nuestras casas, para que se hiciera presente. Así, el centralismo político y económico, la falta de generosidad de quienes creemos ser generosos, tiene un paralelo con el problema que se nos presenta con ellas, porque es algo que está en nosotros naturalizado como lo más normal del mundo, siendo que es una discriminación. Otros numerosos casos de este sesgo de poder, de privilegios y discriminaciones, surgen inmediatamente en distintos niveles y ámbitos.
Sigo con un ejemplo que me parece definitivo. La tarde después de esta difícil toma de conciencia, en mi casa, escucho en la radio Usach como a las 5 de la tarde a un dirigente homosexual, conversando de política y actualidad. En un momento él dice que el asunto no es de por sí la discriminación a los colas y lesbianas, a las transgéneros y travestis, a los raros por ser raros. Cita el caso de un señor de apellido prestigioso (¿Larraín?) homosexual, que ocupa un puesto directivo en la Fundación Iguales. Ese señor homosexual, dice el amigo en la radio, no sufre en realidad la discriminación, como no sea en términos retóricos. Tiene un estupendo cargo bien remunerado, y de prestigio social en una organización progresista, como corresponde a su clase social. No sufre ni sufrirá la detención, los golpes de la policía, ni de cualquier grosero tipo de la calle que lo odia por ser marica. Ese “cualquier tipo de la calle” (esto lo agrego yo) no podrá ni siquiera acercarse a él. Creo que esta observación llega al hueso. La discriminación primordial en la sociedad patriarcal no es primero hacia las mujeres, ni a los distintos, porque hay bastantes patriarcas mujeres, y patriarcas raros. La desventaja fundamental, que te hace ser castigado dentro y fuera de casa, es la de ser pobre [y ser débil como los niños ante los adultos]. Esto no es ninguna verdad nueva, ni un paso hacia la iluminación.
No desde luego la pobreza espiritual de los obispos y pastores que heredarán el reino de los cielos, sino la material de estar y vivir en las bases de la pirámide, soportando el peso de todo lo demás. Si a esa desventaja se le agrega la de ser homosexual, travesti, negro, Mapuche o MUJER, la sociedad decreta que es natural que tu vida sea un infierno, ya que la violencia llegará también desde tu propia clase, para qué decir de las demás.
ellas 1
Por esa razón, y por mis propios medios, también observo inevitablemente, como una carga pesada, que la cuestión social ocurre en la más vital y creativa línea de las historietas, es decir en los cómics de autoras mujeres. Si bien dicha vitalidad con mucho supera hoy las barreras sociales, no por ello dejan de existir, y valdrá la pena ver cómo se manifiestan esas diferencias en términos de aceptación y rechazo de la sociedad, las editoriales, los medios, a unos y otros discursos y temas de los cómics de autoras mujeres. Pero vale recalcar su potencia y su originalidad, en comparación con los ejercicios estilísticos repetidos y egocéntricos de muchos de nosotros los autores con pene.
¿Me escapo ladina y mañosamente de mi responsabilidad machista con “la bandera social” y criticando a mi propio género sexual? No lo sé, les aseguro que no lo sé. No creo que Katherine desee que yo agarre el cuchillo grande de la cocina y me castre, me castigue, asuma la culpa con autotortura, para demostrar que estoy de su lado. No soy capaz de hacerlo, desde luego. Si me auto-torturo y me castro en mi cabeza, eso es anterior a ella. Porque la castración es el castigo tan temido, así como el odio de ellas es el infierno tan temido, según bien lo entendió Onetti.

Lo que veo es que el paralelo más patente del reclamo de ellas es el de la diferencia entre tener o no tener, equivalente en el mundo a la de ser o no ser. No la de tener o no tener vagina o pene, sino la de no tener un cuarto propio. Creo que en ese sentido –más o menos– Maliki se expresó al inicio “¿por qué este tipo de encuentros no los organizamos nosotras?”, pues en ese plan están, y les deseamos lo mejor.

Cité la famosa frase de la admirada Virginia, pero polemizo que ella, extraordinaria como es su obra, no dejaba de despreciar a las “costureras y modistillas”, a quienes acusaba clasistamente de tener horrible mal gusto y comportamiento, acusación hecha del mismo molde con que los “superiores” han acusado milenariamente a los inferiores, que no pueden echarles en descargo la policía encima, ni escriben las leyes, ni determinan los horarios de trabajo ni las horas de ocio y tranquilidad que jamás pueden tener. Quiero decir que el problema es dolorosamente complicado, y que incluso traspasa la solidaridad femenina, porque no es Virginia Woolf una autora más, ni una pituca, ni menos una indiferente.
Debimos y no debimos convocar a una sesión de mujeres autoras de cómics. Si no lo hacemos está mal, si lo hacemos también está mal. El error flagrante, en realidad, es que dividimos la cuestión desde antes. Si lo continuamos haciendo, allá nosotros. Nuestro problema (uno de nuestros problemas) del que debemos hacernos cargo, es preguntarnos qué entonces es la sensibilidad, y por qué nos sale tan difícil hacer cómics serios o cómicos sobre estos problemas reales que sabemos tan complejos, en vez de las simplificaciones que nos gustan tanto. [Agregado: En el abordaje de esta complejidad que nos supera, ellas demuestran bastante mayor lucidez y valentía que sus colegas hombres. Si hay algo que admiramos de Maliki, por ejemplo, es su coraje para hablar de sí misma y de otros].

[En nuestro masculino problema de enfrentar contenidos más difíciles, y de nuestra falta de vocabulario para hacerlo, ¿no hay entre otros temores el de “que no hay público para eso”?] ¿Pero no somos nosotros, autores y autoras, quienes debemos manejar los carros, en vez de muchos editores(as) y medios, que están valorándonos según si jugamos en equipos de los united states, o según los likes de las redes sociales?

Written by vichoplaza

julio 6, 2016 at 10:20 am

Cómic autobiográfico, un comentario dibujado

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gatovi se las da2

Written by vichoplaza

junio 27, 2016 at 7:30 pm

DIBUJOS QUE HABLAN 2. CONVOCATORIA

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Con la intención de generar y convocar la reflexión sobre las historietas, el humor gráfico, la ilustración y los dibujos animados, llevamos a cabo en octubre del pasado año 2015 el primer Encuentro Dibujos que Hablan, enfocado en las décadas 1960 y 1970, el cual tuvo un promisorio nivel de exposiciones y ponencias.
Queremos convocar ahora a la segunda versión de nuestro Encuentro, a realizarse en la Universidad de Santiago de Chile, en octubre del presente año 2016. El programa estará compuesto por mesas temáticas especiales, invitados, charlas, presentación de publicaciones, exposiciones, y la convocatoria abierta de ponencias.
Las mesas especiales girarán en torno al tema de la Ciencia y la tecnología, la ciencia ficción, la fantaciencia y la anticipación en las narrativas gráficas. Presentaremos también una exposición del trabajo de ilustración de tema científico, del dibujante chileno Fernando Krahn. Coincide además el año 110 de la primera historieta chilena, el personaje Von Pilsener, de Pedro Subercaseaux.

Written by vichoplaza

junio 23, 2016 at 9:02 pm