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Archive for the ‘Crítica de historietas’ Category

Quai D’Orsay: la inteligencia y la propaganda

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(febrero de 2018)

Hay buenas reseñas críticas en internet que coinciden en que la historieta Quai D’Orsay (2010-2011), confirma el buenísimo talento historietístico de Christophe Blain, mientras que lo problemático es el guión de Abel Lanzac, no por ninguna falla de construcción ni de oficio ni de talento ni de humor en los diálogos, sino porque parece crítico o autocrítico (¿Qué he ganado sino lágrimas? ¿Qué he aprendido sino vicios?, escribe el protagonista) pero esa crítica es aparente, o en todo caso complaciente, pues a medio andar ya se nos hace obvio su ánimo celebrativo y hasta propagandista de la diplomacia y la política exterior francesas (con el mérito indudable de conocerla de primera mano). En el mismo sentido llegan a ser embusteras ciertas frases con que los editores españoles promocionaron la edición, tales como “aquí tienes la política sin micrófono, tal como es”, y en fin.

La narración dibujada de Blain es talentosa, particularmente la descripción del frenesí y la vorágine en aquel gabinete de la gran política. También lo es el manejo de los personajes en algo que hoy día para todos nosotros es inexcusable, es decir la capacidad de diferenciar a cada personaje, particularmente a las mujeres, y se puede admirar que Blain lo consiga sin aumentar la paleta de elementos gráficos, sino con apenas la sutil y a veces impalpable combinación de trazos. Es verdad que los rayados y las manchas de lápiz litográfico son elementos agregados a la paleta franco-belga, pero no están usados para la expresión de rostros ni de figuras, que mantienen su limpieza casi doctrinaria. La página en que el ministro habla sobre la narrativa de Tintin no deja dudas de su admiración. El humor de las expresiones y la precisión de los gestos y posturas la hacen una historieta que se puede leer muchas veces por el puro gusto del dibujo –para quienes nos gusta este tipo de dibujo, por supuesto.

En los textos, la verosimilitud con que está descrita la cotidianidad puertas adentro es la base para la citada reivindicación de una élite que se atribuye nada menos que la capacidad de llevar a la humanidad a destinos más humanos que aquellos a los que los brutos ‘americanos’ nos llevarían si no estuvieran los franceses.

En este plano la historieta dice, a fin de cuentas, que pese a sus histerias y pequeñeces, descritas con abundantes ironías y confidencias, los integrantes del gabinete conocen su oficio y con frecuencia llegan a buen puerto. La escena donde el director del gabinete resuelve un asunto casi imposible mientras el ministro, impotente, se ocupa en sus Stabylos, muestra la capacidad de verosimilitud debida al conocimiento que Lanzac tiene del tema. Pero mientras en el plano humorístico el canciller Taillard puede ser un energúmeno, un inútil, o un ridículo y pretencioso, no sé si alguien podría dejar de notar que no siempre lo es, es decir que no queda convertido en una simple caricatura (y otro tanto se deja ver de sus asesores). Los comentarios y acciones sobre la política internacional que ellos hacen tienen niveles de lectura seria, asuntos en los que, como se dice del propio ministro, simplemente se nos adelantan.

Me parece que las cómicas torpezas y crispaciones entre los personajes no están trabajadas para derruir a sus referentes reales sino para hacer verosímil que los representados y los dibujados son lo bastante lúcidos como para que terminemos admirándolos o quedando enganchados con ellos. Así es como el humanismo francés termina siendo celebrado. Si esto es propaganda, es propaganda inteligente, y más que promocionar a los diplomáticos de verdad, es una promoción de la inteligencia francesa.

¿Podemos criticar el guión diciendo que esperábamos sorna, incredulidad, y en cambio nos encontramos con reafirmaciones de comedia familiar? Sí, son reafirmaciones y es comedia, pero el problema es que se hallan dentro de un discurso inteligente, y la inteligencia es el quid, el objeto lanzado a la interpretación. Esto puede explicar por qué el guión es la parte más criticada, porque lo que molesta –yo creo– es la pizca más o menos sólida de chauvinismo.

La mordacidad iconoclasta está representada por el también francés Charlie Hebdo, pero en esa línea hay que decir que a menudo aceptamos por buenos sin mucha exigencia otra suerte de estereotipos y esquematismos.

¿Qué responder? Yo creo que las respuestas deben venir desde el mismo terreno, es decir en nuestras producciones, más que en textos de crítica. Pero la crítica debe hacer su parte, por modesta que sea.

O sea, que no perdamos de vista que la verosimilitud no es necesariamente la verdad, y que la política internacional francesa tiene, como las demás, páginas y hechos ignominiosos que no deberíamos pasar por alto. También, que la supuesta inteligencia humanista de las élites francesas puede ser respondida por autores como Tardi, no solamente en sus obras recientes. El chauvinismo de Quay D’Orsay no es sólo el del nacionalismo, que se halla en abundancia en otras historietas francesas o de cualquier país, sino el de la inteligencia.

Suficiente francofilia, anglofilia, germanofilia, etcétera, tenemos ya acá entre nuestras viejas y nuevas generaciones ilustradas, sobre todo de la élite, pero en ese caso su desmontaje es más fácil de hacer, por la torpeza de estos epígonos, y la de uno mismo, me incluyo. Hace poco [febrero de 2018] Mauricio Macri se ha permitido sin más la pachotada de declarar en el extranjero que la gente latinoamericana o la de Argentina es europea. Otras tantas sabemos de Sebastián Piñera, de todas las cuales uno y otro salen sin mella en las votaciones. Es decir y sobre todo porque no somos de allá es que la propaganda chauvinista en el arte resulta molesta.

Datos: Quai D’Orsay (Norma, 2014, Ed. Española), escrita por un buen conocedor del tema, identificado con Arthur, el periodista que es llamado por el ministro de exteriores francés, Alexandre Taillard de Vorms a integrarse a su equipo para escribirle los discursos. Taillard de Vorms alude a Dominique de Villepin, canciller del gobierno de Jacques Chirac (si no me equivoco) entre 2002-2004 quien trató, hay que reconocerlo, de impedir vía ONU la guerra que Estados Unidos al final emprendió contra Irak (llamado Lousdem). Hay en esto, desde ya, un ánimo de homenaje más que de crítica, pero la pregunta es por qué la propaganda.

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Written by vichoplaza

mayo 14, 2019 at 4:46 am

Cuaderno de oficio

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(Latinamérica 2). El autor de este fanzine firma Dibujista Infatigable en la portada, Érico en el interior, y en la p.2 agrega “U.F.O”, que es la firma de unos muy buenos grafitis que aparecen en santiago, a veces en lugares dificilísimos, en letreros publicitarios instalados sobre edificios o tótems, que uno se pregunta cómo lo hicieron o cómo lo hizo para subir allí y pintar. Los grafitis de Ufo tienen un dibujo libre y atractivamente sucio, a menudo en blanco y negro, y entre sus temas unos ojos que miran y unas palmas de manos con los dedos juntos hacia arriba. En resumen buenos dibujos, buenos temas incógnitos. Uno puede inferir que Érico sea parte del grupo Ufo, o que él sea Ufo.

La portada creo que no muestra el buen dibujo que descubrimos dentro, ni enseña bien su tema. ¿Por qué elige este dibujo para la portada? Querría saber si lo hace para cumplir con una imagen que se nos impone como imagen de la sensibilidad política de los que están de este lado y de los que vivimos y hemos vivido siempre en estas casas, en estos barrios, en esta realidad que el dibujo muestra. La imagen de esas casas indica una ubicación, pero solo el título Cuadernos de Oficio nos indica que el fanzine recopila apuntes de las clases y sesiones del colectivo Contra Cine, y de la Escuela de Cine Popular en una casa del barrio Santo Tomás en La Pintana, que es el barrio dibujado. Allí también se hacen talleres y grupos artísticos para niños y niñas, entre otras actividades en las que Enrico participa. Los cursos se hicieron el año 2015, pero el fanzine es posterior.

Los dibujos interiores son sueltos, con gran captura de la presencia de los retratados, particularmente vívidos, y están hechos hechos con lápiz de pasta o grafito. Los textos son los títulos de las películas que ven, nombres de los y las profes, frases y palabras de la conversación, citas y nombres de libros o canciones, entre otras claves. Los profes son cineastas renombrados en chile. Todo ello recrea el proceso de aprendizaje capturado en el cuaderno, en un contexto especialmente significativo, con una estufa para el frío, café o tecito, y panes tostados con mantequilla.

Algunas frases [no todas son legibles]: “Comunicación de resistencia. / No guión. Realización libre. / Revolución del lenguaje / Contradecir la forma correcta de hacer las cosas. / Fijar la mirada para formar el lenguaje. /”

“La esclavitud del cine por contar una historia. / Contra el cine lineal y predecible. / Dudar de lo que está muy claro. / La batalla de las mentalidades. / Elección moral: lo que muestro y lo que no. / La poesía como construcción de lenguaje y sentido.”

Algunas películas vistas o recomendadas: Cofralandes (R.R.); Dios y el diablo (G. Rocha).

Uno puede revisar críticamente la tendencia o ciertos modos de academia en los profes o en las frases apuntadas. Me contento solamente con enunciarlo. Tendencia a decir que “hay que construir un discurso”, que tienes que apropiarte del lenguaje, que tienes que desobedecer para liberarte, en fin, todos pensamientos o consignas muy respetables, movilizadoras. Érico, dibujando sus apuntes, construye –para usar la misma palabra– el esbozo vertebral de los programas de cine independiente, político, de izquierdas.

mayo 2019

Written by vichoplaza

mayo 9, 2019 at 6:47 am

Latinamérica (1)

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Latinoamérica en el territorio de los cómics, del dibujo que habla. Voy a proceder con pequeños epígrafes, atisbos, pensamientos que se junten después. No tengo fuerza espiritual o lo que fuera para realizar estudios generales, textos académicos que le sirvan a alguien, y que por lo demás nunca hice. Por supuesto partamos recordando a Suda mery K, que ya se preocupó del asunto Latinoamérica de un modo notable y destacable. Mery K fue una revista importante, editada por tres amigos de varias naciones, que alcanzó un bello número de salidas pero que como tantas otras buenas revistas muere en su plena juventud y en su plena promesa. Desde el punto de vista romántico es la mejor muerte, sin duda. Quizá la vida debe ser breve, decimos ahora, para ocultar la realidad. Ser breve para evitar la realidad. Pero es breve a causa de la realidad.

“Mery K” según la llama Thomas Dassance, uno de sus editores, era de suyo una relación sudamérica- europa, o sudamérica con un invitado de otro lugar, “el extranjero” como le llamaban. Nace durante los primeros años del 2000 (2004) en un momento en el cual, según recuerdo y según lo que me decía Carlos Reyes (chile) también editor, las conecciones y el interés siempre existentes fructificaron en diversas iniciativas que valdría recordar. Su creación fue contemporánea y quizá influida por la fundación del festival Viñetas con Altura en Bolivia, que a su vez impulsó a la revista ¡Crash! editada en Bolivia por Frank Arbelo, el tercero de los editores. En esos años se realizó en Matucana 100, de santiago de chile –relacionada a la embajada francesa–, un festival de dibujo y de historietas con intercambios entre francia-bélgica y sudamérica. Entre otras actividades que puedo mencionar.

Más sobre Mery-k por Thomas Dassance en tebeosfera

Interesante para quienes pretendemos así, sin autorizaciones estatales continuar su labor, es la intro del primer número, que según dice, de querer hacer un recuento de infos pasa a ser una crónica subjetiva de la búsqueda de sudamérica. Y previendo esa cierta imposibilidad termina preguntando “…¿habrá otra gente buscándote?” Sí la hay, digo yo, Chapulín, sin estar seguro de nada.

En la entrevista a Thomas D, por la cubana RLDEH, republicada por Tebeosfera, él dice que se trataba de intentar hacer un mapa de la nueva historieta (independiente) sudamericana. La idea del mapa, tributaria de las filosofías del arte mayor, universitario, que nunca nos termina de aceptar ni en sus salones ni en sus cabezas, aún así resulta prolífica, fértil, en cuanto y en tanto se trata de un continente cuyos mapas culturales se mueven porque no están anquilosados. Por otra parte la idea de rastrear la huella reciente de una historieta nueva de sudamérica, o con más precisión técnica: historieta independiente, fue probablemente lo sustantivo de su propuesta editorial.

Partiendo de la sanidad mental de no enmarcar con definiciones previas lo que es y no es sudamérica, sino verla en ciertas muestras interesantes, relativas –por las circunstancias explicadas– a los conocimientos y posibilidades de los editores, radicados cada uno en Argentina, Bolivia y Chile, se trata de una publicación importante – señera, como se dice– para quienes nos importa el tema de la historieta latinoamericana.

Written by vichoplaza

mayo 7, 2019 at 2:28 am

EL TEMA MAPUCHE en las historietas chilenas. Sobre Capitán Garra 2. Morirás en la frontera, de José Gai.

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Otra vez con una tardanza de cerca de dos años. Puedo ser responsable de no haberla conocido antes, aunque no de las limitaciones económicas.

Portada

Sobre el tema Mapuche en las historietas chilenas, Capitán Garra 2. Morirás en la frontera, de José Gai, editada por Tajamar Editores en 2017, es un aporte importante, porque expresa la memoria de la guerra chilena contra el pueblo Mapuche de fin del siglo XIX desde la perspectiva de un autor chileno, cuya ausencia había criticado en el primer artículo sobre este tema, y es destacable que esa perspectiva implique revelar “espacios y acciones poco consignados en la historia y los registros oficiales”, como dice el texto al final del libro.

Esta mirada es distinta a la perspectiva de otras historietas (pienso en Mocha Dick) que dicen ponerse del lado de los mapuches, pero que más bien reflejan solamente el buen tono y la corrección política al uso. Esas reivindicaciones se demuestran poco confiables porque evitan sistemáticamente poner en escena la memoria de la “pacificación”, o sus problemas no resueltos hasta hoy día, quizá creyendo que recrear circularmente las leyendas y mitos mapuches es suficiente como reivindicación o como gesto político. Diremos que para los historietistas e ilustradores chilenos sacar el cuerpo al problema había sido algo natural, pero para hoy día es la mantención de esta actitud lo verdaderamente preocupante, problema en el cual desde luego me incluyo.

Creo que destacar este aporte de Morirás en la frontera es lo primero, y las apreciaciones y críticas a favor y en contra de su estilo y su discurso no pretenden hacer olvidar esa primera importancia. 

Puede decirse que la perspectiva del autor y de su personaje sobre la cuestión Mapuche queda finalmente en la indecisión, y está bellamente expresada en la página 122, es decir que esta indecisión no es un demérito narrativo ni un engaño a los lectores, al contrario, se la siente como uno de los aspectos más interesantes. Pero por otro lado hay varios momentos en los cuales la idea nacionalista del autor amortigua esa cualidad indecisa, más si se trata de un nacionalismo militarista, como ya habíamos visto en el primer episodio ambientado en la guerra contra Perú y Bolivia.

Morirás en la frontera, p. 122

Sobre el conflicto, nos presenta alternativamente hechos y razones para uno y otro lado, pero en mayor número las injusticias cometidas por el Estado y el ejército chilenos, lo que impulsa al protagonista y su ayudante a aliarse con Felipe, el líder guerrero mapuche, en su intento de reorganización militar, hasta llegar a la batalla que libran con el pelotón chileno. Dado que la mayor parte del relato lo ocupa este proceso, y dado también que José Gai despliega un buen oficio narrativo y de dibujo, nos identificamos con este lado, porque vivimos allí la aventura y la desventura, hasta el punto de que no cabrían dudas respecto a que la simpatía por la causa Mapuche es la razón de ser de este episodio. Contamos, por supuesto, con que el protagonista se envuelve en la lucha por un motivo egoísta –no colectivo como había hecho contra Perú y Bolivia–, ya que su enemigo personal, el traidor Malebrán, ha de encontrarse entre la tropa chilena, no entre los mapuches. Tampoco eso quita interés, sino que pone los elementos de lo que arriba llamaba la indecisión como motivadora del relato. Que la batalla pueda ganarse o perderse depende del oficio del autor, pues nadie espera que la historieta contradiga a la historia para “darnos un gusto”. Todo eso está muy bien narrado.

El problema de Morirás en la frontera, que limita un poco su potencial (el cual arranca desde la tradición aventurera de la mejor historieta clásica), en mi modesta opinión es esa otra parte nacionalista, que no refuerza la indecisión, sino que agrega innecesarios elementos de ambigüedad.

Quiero decir, la historia va derivando hacia una estructura ideológica bastante conocida, la de presentar en primer lugar las fallas y mentiras de un sujeto o institución, para luego durante el relato ir alegando en favor de ella, hasta absolverla, o al menos hasta perdonarla. La ideología de las “manzanas podridas” aquí aparece en su maniqueísmo. En este caso, las injusticias y los robos van quedando progresivamente sobre los hombros de aquellas manzanas podridas, hampones enquistados en el Estado y en el ejército, y el avance del ejército es más o menos justificado por un recuadro que informa el objetivo “mayor” de defender las fronteras chilenas de las entradas de los militares argentinos. Este último punto indica la posición ideológica final.

Esta convicción nacionalista se expresa con cierta desnudez en el segundo párrafo de la contraportada, que acá transcribo, el cual quizá no fue escrito por el mismo autor:

“un mundo en formación: el de una Araucanía por primera vez chilena en la que se construyen fuertes y fortines, puentes y caminos, líneas de ferrocarril y telégrafo, impulso que bien puede hacerse parte de la dicotomía «civilización y barbarie» y que en este volumen se concretará a punta de sangre y bala.”

No quisiera “espoliar” ni abundar en ejemplos de este nacionalismo que habla de civilización o barbarie, solo me permito mencionar dos momentos: el primero la página 79, la ensombrecida expresión de Garra ante la rasgadura de la bandera chilena y la reivindicación de una bandera roja que hace el mapuche, donde, por supuesto las connotaciones colorísticas son muy claras. Garra no protesta, pero de ningún modo aprueba, pues en páginas anteriores hemos visto el respeto nacionalista por la bandera chilena. El mapuche, por consiguiente, queda cuestionado.

Morirás en la frontera, p. 79

El segundo, la revelación de que Garra es hijo de un oligarca tradicional, y que ese padre sea el jefe de los hampones, implica cierta crítica a la estructura social y política (y en consecuencia en favor de los mapuche), pero ese padre es finalmente la gran manzana podrida contra la cual el hijo siente repugnancia. Las estructuras autoritarias se subjetivizan, dependen de los individuos, y de este modo el caso funciona más bien como metáfora (o deseo de metáfora) del reemplazo de viejas generaciones corruptas por nuevas generaciones honestas y progresistas en la historias nacionales.

Agregar, respecto al arte de José Gai, el equilibrio y mesura de los motivos personales e individualistas que mueven a los personajes, la equivocación de la vieja mapuche en su profecía de muerte, que da lugar a una muerte simbólica, y al peso de conciencia, buenos elementos de subjetividad más genuina, que el personaje gana también en buena lid, o sea a través de la narración, y el muy buen manejo narrativo de trancos largos, aunque a veces sus elipsis quedan bruscas, sin ligamentos entre sí.

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Written by vichoplaza

abril 25, 2019 at 7:09 am

Jorge Alís y el monstruo de Viña 2019

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Comento un detalle, un comentario volado, quizá enredado.

Jorge Alís, en una parte de su show de Viña 2019, cuenta “mi hijo es mariguanero, a lo cual todos reímos. No está tratando mal a su hijo de verdad, eso lo entendemos y nos gusta. Es un chiste que él cuenta con gracia. Pero a continuación dice algo serio, en el estilo de “yo le digo a mi hijo que la mariguana es mala, loco”, lo que ya no es un chiste, sino un contenido. A este contenido, si no me equivoco, le siguió un silencio, Y LUEGO DEL SILENCIO EL PÚBLICO APLAUDE, UNÁNIME. Durante ese momento de silencio el público ha procesado el mensaje, lo aprueba y lo aplaude. Es una aprobación ideológica. Y su aplauso significa más que el sonido de unas palmas.

Pero el público, o sea el monstruo de viña del mar, no ha entendido bien. Creyó o le gustó creer que el NO a la mariguana era de verdad y definitivo, pero no era así. La ironía de Alís lo dejaba claro, pero el monstruo de viña, ícono de chilenidad, vio la oportunidad para decir al mundo que no apoya las drogas, ninguna droga, aunque muchos (o algunos) de entre “él” fumen maría o beban, ni tengan claro lo que piensan ni lo que quieren, el monstruo en tanto monstruo se tiene por probo.

Ha escuchado del humorista el “mensaje” de que las drogas son malas, lo aprueba y lo aplaude. A fin de cuentas, a la hora de los quihubos, aprobará la represión. Por otra parte sabe que su aplauso es singular. El monstruo no aplaude con palmas sino con premios y éxito. Su aplauso es una catapulta, incluso su rechazo puede catapultar a los artistas. De sus palmas salen trofeos, de sus abucheos salen noticias. Publicidad que compensará el mal momento, si los afectados lo toman a bien. El público de viña del mar, mito chileno, es el que queda bien, demostrando que es bueno, justo, y además moderno.

Pero en este caso Jorge Alís no piensa como el dichoso monstruo. Para seguir siendo quien es, él tiene que decir el chiste siguiente, que destruirá la certeza de la frase y del contenido anterior. Lo tiene que decir porque es su estilo, su forma de pensar, y además su plan narrativo. Primero cree en todo, o puede creer en todo, (como lo hacemos casi todos), pero unos momentos después lo destroza todo según su propio ridículo, de una manera brillante. El guión parece ser una estructura cíclica, porque después de reírse casi cruelmente, quizá por obra del buen humor es que vuelve a creer, y una vez que ha vuelto a creer creyendo, y haciendo una pequeña ceremonia de ese creer con una frase seria, como la de que la mariguana es mala, viene otra sorna, otro chiste que podría matar, pero que perdona. Nos perdona a nosotros y se perdona él. Todo se puede olvidar.

El monstruo de viña del mar, que detesta la ideología, no percibe cuando un humorista juega con la ideología en vez de quedarse en ella, como lo hace él. El monstruo cree que Alís hablaba de verdad cuando decía “la mariguana es mala”, siendo que lo que dice es que la mariguana es para los perdedores, porque PARA GANAR ESTÁ LA COCAÍNA, PAPÁÁ.

Y con este nuevo chiste el monstruo se vuelve a apretar la guata de la risa. Supongamos que yo me considero parte del monstruo de viña, aunque no lo soy. Debo hacerme parte, otro día explico por qué. Con el nuevo chiste de la cocaína explotamos freudianamente, histéricamente, pues justo en el momento en que nos damos cuenta que quedaríamos en absoluta vergüenza por nuestra hipocresía, o más todavía por nuestra flojedad mental, quedamos absueltos gracias a la complicidad que permite el propio chiste. El chiste nos desvela, nos deja en pelotas o si se quiere en ridículo, pero al instante siguiente viene la salvaguarda del olvido traído por cada nuevo chiste.

Eso es todo, como diría el poeta.

El público se expresa en su poder: gaviota de plata y de oro también. Son los premios, es el éxito. Hazte rico, usa bien el dinero que te hacemos ganar, es el mensaje del monstruo. Por el otro lado, si el mensaje del humorista se entiende, es siempre un misterio. Un humorista no puede ir más allá.

Written by vichoplaza

febrero 28, 2019 at 9:51 am

MELODÍA, de Gaspar Ortega, editada por Pezarbóreo.

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Le debo este comentario hace tiempo. La página del gatovicente es de 2016. Melodía es una historieta interesante, que está a punto de dejar de ser un manga (un manga chileno, un manga no-japonés) para ser historieta, o sea para independizarse de la forma o el estilo y ser “ella misma”. En cierto sentido ya lo logra. 

Lo logra porque tiene una lectura y continuidad que se sostiene sola, sin explotar mitologías (pensaba en el “Mainstream” y sus representantes).

¿De qué se trata Melodía? Hipótesis mía: se trata de dos preguntas: ¿Melodía, la protagonista, es inteligente porque lo es por sí misma desde antes en un mundo horrible, o lo es porque un hombre horrible, un cura, la abusa? 

Lo único raro y difícil en el argumento es el nombre de la doctora que atiende a la niña (o niño), la que parece al final quedar como buena, luchadora y defensora. Su nombre, “la doctora Sordo” es el de una doctora real, una celebridad en la alta sociedad chilena y los medios de comunicación masivos, autora de bests sellers de autoayuda. 

La doctora Sordo ayuda a la niña a salir un poco hacia afuera, a rescatarla del cura, o sea lo bueno es que sea un poco, no un “triunfo” ni un “rescate total”. Pero esa doctora real-demasiado-real es la que queda  como buena, no la doctora de la historieta, si me permite decirlo así. Debería ser esta última la dotada de protagonismo, no la real. O es que al final yo no entendí bien. 

Por otra parte la pedofilia de curas malditos no es simple, es una frontera. El tema pide que trates de decir lo que tú piensas, no lo que has oído. Eso está bien.

Written by vichoplaza

febrero 22, 2019 at 10:01 pm

El sistema de la historieta de Thierry Groensteen, 2

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Me gustaría ir haciendo una pequeña lectura comentada de los dos sistemas de Thierry Groeensteen, en vez de dejar las cosas en el cajón.  Por supuesto es una lectura parcial, de algunos puntos.

Primero, el autor discute una cuestión de método, diciendo que no se puede ir en busca de las unidades estables mínimas de la Bande Desinée (en adelante la historieta), o sea de las unidades microsemióticas, porque aplicado a la imagen de las artes como la pintura o también la historieta, el método falla demasiadas veces. La imagen es indivisible en unidades discretas, codificadas, que formen un sistema. Recordar que las unidades mínimas, según lo está planteando el semiólogo Thierry Groensteen, son los significantes básicos, que se articulan con otros para producir las significaciones o codificaciones comunicativas más complejas. El modelo de la lengua y la lingüística es inherente por decir así, está en el origen y en la matriz de la semiología, que no es el estudio de lo que dicen los textos (eso es más propiamente objeto de la semántica y la crítica), sino el de los gestos y los signos que lo dan a entender –generalmente visibles o audibles.

Si la línea, las figuras o los objetos dibujados, los globos y textos, los personajes que se repiten en las viñetas son microunidades de significado o de sentido en la historieta, lo son algunas veces pero otras no. Se las ha buscado en el interior de la viñeta, pero la única unidad estable, dice Groensteen, es la viñeta misma.

La viñeta ya es un compuesto complejo, no una unidad mínima, pero para Groeensteen no hay en la historieta otras unidades que sean estables, y lo argumenta con su lectura de varias investigaciones anteriores. Lo que en realidad importa, dice, es que podamos hacernos un modelo del lenguaje de la historieta, no interesa demostrar si hay o no hay unidades mínimas de base, sino cuál de ellas (asumiendo su existencia), es más apta para construir ese modelo. Podemos inferir que la más apta es la más estable. Y entre la calle y la casa, Groensteen escogerá la casa.

Yo, quizá al contrario, no tengo mucho donde escoger, y si me toca la calle es porque, aunque no quiera verlo, estoy en la calle y no en la casa.

Written by vichoplaza

febrero 15, 2019 at 8:09 am

Sinaventuras de Ana gata

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Written by vichoplaza

febrero 15, 2019 at 8:08 am

El sistema de la historieta / Narración e historieta, de Thierry Groensteen 1

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El sistema de la historieta / Narración e historieta, de Thierry Groensteen

Thierry Goensteen, Sistema 1

No es una crítica a Thierry Groesteen decir que, para hoy día, los intentos de identificar y describir los elementos propios o inalienables de cada lenguaje es una tarea algo improbable. Y lo es porque tales definiciones con la misma idoneidad pueden aplicarse para definir los sistemas o mecanismos articulados de otros lenguajes narrativos. Debe reconocerse y apreciarse el gran aporte y la influencia de conceptos nuevos, propuestos por Groensteen, como los de multicuadro y solidaridad icónica, siempre que advirtamos que señalan relaciones que también existen en el cine, en la pintura, en la literatura o en el teatro, desde luego no de la misma forma, pero sí tal vez de la misma índole. Antes pensábamos por ejemplo que en la historieta ocurría algo similar al montaje cinematográfico o al relato literario a la hora de crear relaciones con escenas y cuadros ya vistos antes, o por ver a continuación. El aporte de Groesteen es que podamos precisar mejor esas relaciones con los conceptos de multicuadro o solidaridad icónica, que describen bien al lenguaje de la historieta. Pero no por ello deberíamos descartar las antiguas intuiciones como falsas o superadas por la nueva teoría, puesto que las relaciones que se señalan son similares y compartidas por distintos lenguajes.

Influido por la proposición de Danielle Barbieri en su libro Los lenguajes del cómic (original de 1993), pensaba y sigo pensando que si se quiere definir lo que algo es y no es, parece más apropiado observar lo que comparte con otros objetos similares, no para extraer lo propio intrínseco de cada uno ¿pues cómo se puede hacer eso sin caer en la aridez y la omisión?, sino al contrario, para darse cuenta que el relato, la secuencia, el tiempo, la imagen o el diálogo son dominios de varios lenguajes, creaciones sociales, creaciones históricas y antropológicas.

Thierry Goensteen, Sistema 2

Pero en adelante, es decir en su aporte, la proposiciones de Thierry Groensteen son nuevas y profundas, y se le agradecen sus discusiones con otras ideas y otros pensadores historietísticos. Quizá cataliza las tendencias, y al hacerlo actualiza a quienes siempre llegamos tarde, o todavía no hemos entendido (según se vea la cuestión).

¿Por qué este aporte viene de la semiótica y no de la historia del arte, o de la filosofía del arte? O más bien dicho: ¿por qué tiene que venir desde el método riguroso de una disciplina de estudios de los significantes que dan lugar a las significaciones, y no más bien de una filosofía o una crítica del arte, que comprenda o tenga incorporada como parte de sí a esa semiología? ¿Tal vez esa filosofía fuera todavía un poco más difícil de leer? ¿Tal vez sea que aun no es tiempo para ella? Lo que Thierry G. no exige pero tampoco exime es del saber algo de semiótica. Y por cierto no faltan quienes saben algo de ella y la odian.

Pero puede uno reconocer que el trabajo de Groensteen se impone suavemente como el que se ocupa de grandes cuestiones no completamente atendidas, pues la historieta necesita dejar de sustentarse en conceptos prestados. De ahí que la definición de la unidad básica, que para Groensteen es la viñeta, esté realizado mediante una discusión sobre la inutilidad de dividir los elementos que componen a la viñeta (como unidades significantes).

Así como el autor nos ayuda mucho a deshacernos de la mochila de los historietistas que quieren igualarse a las artes visuales, así también contribuye, con su influencia, a que se reabran los intentos por definir texto tras texto, artículo tras artículo, la historieta, el cómic, la bande dessinée, y ya no entronar, como ocurre a menudo, unas formas y unos autores más o menos reconocibles en desmedro de otros y otras de quienes no se habla.

Firma el gatovicente, pues.

Written by vichoplaza

febrero 9, 2019 at 9:20 am

Las cosas como son

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Es un buen título, de la película de Fernando Lavanderos, cuyo final indefinido, inconcluso, puede ser así por lo encerrados que estamos en esta provincia del poto del mundo. Es decidor porque lo dice la chica Noruega (no yo), “o sea acá ustedes están lejos, tan lejos del mundo, que tendrían que ser libres ¿o no?” Y le responde el tipo serio con barbas de chivo (barbas demasiado de moda), “se ve que no conoces todavía.” Es un retrato difuso, o sea por hacer, de los antiguos dueños del país, representados por este hombre joven, que hacen en su casa lo que ellos quieren, pero que al menos, según Lavanderos,  tenían un sentido del cuidado, en el sentido de Heidegger, que los nuevos no tienen, ni tienen idea de tener. Unos y otros no pueden impedir que su sociedad, en la que ellos hacen lo que quieren, les produzca sujetos populares que les dan problemas, y no sean capaces de solucionar los problemas de convivencia. Esa crítica que la película esboza es su mejor parte. Lo demás es desigual, contradictorio, difícil, con pros y contras.

La simpatía que termina dándose entre el dueño de la casa y el joven popular se hace creíble, y aunque desolador es también creíble que ese acercamiento esté mediado por la casi demasiado sexi e inteligente chica noruega, condicionado por ella, y finalmente imposible de darse sin ella. Por eso se hace de mal gusto que incurra en la típica escena de sexo innecesaria para la trama ni para el argumento, que contradice la credibilidad. En pro digamos que logra expresar una  lúcida desesperación, las buenas razones para un suicidio digno, en contra, que se contradice con la esperanza fatua de que la libre Europa nos enseñará a liberarnos de la desigualdad y de la autorepresión.  Acá seguimos esperando, pues.

Con esos pros y contras, es una buena película chilena, recomendable. Si está en revista “Capital” o similares, me da lata, pero así es la cosa. El asunto es que sus películas tienen algunas cosas atendibles, buenas.

Written by vichoplaza

febrero 6, 2019 at 9:59 am