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¿Crítica mala onda?

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HACE POCOS DÍAS EN FACEBOOK CRITIQUÉ a un colega por una foto en Angouleme usando un sombrero de fantasía, de antiguas modas. Le decía que era que mejor no lo usara, ya que su trabajo vale por sí mismo, y ha ganado la atención hace tiempo por sus propios méritos, o sea que es mejor que a uno le vaya bien por ser quien es y no por lo que se pone. Creí que mostrarse exótico ante quienes inventaron la idea de lo exótico podía resultarle en falso.

Después me pesó, por muchas razones: porque se supone que yo debería saber que es una pelotudez meterse a criticar lo que usan los demás aquí o en cualquier lugar. Era desubicado ya que en el mundo de los cómics los disfraces y los atuendos son una costumbre. Todos nos sentimos bien con tal ropa o adornos, y criticarlo en otros es sospechoso. También había envuelto un moralismo autoritario cargándole una especie de responsabilidad fuera de lugar; un nacionalismo de mal gusto. También presumía que puedo preveer la mentalidad de los franceses que leen historietas,  y de ahí innumerables cuestionamientos. Quedé en posición muy criticable.

El problema de una crítica así, salvando que no se trataba ni con mucho de un texto largo ni de un ensayo, es que inevitablemente se reciben o se sienten destructivas, y se atribuyen a la envidia, las neurosis, la incapacidad propia del criticón.

¿Pero en realidad es cierto que no aprecio a este colega, y yendo más allá no aprecio la producción de mi país? Eso es falso, no hay esa mala onda. Pero la culpa mal entendida me hace ver que uno de nuestros problemas culturales es la hipersensibilidad individual a costa del aprecio colectivo. Esto se puede graficar con un comentario escuchado en la calle, de alguien que decía con total convicción que si tú quieres joder a un chileno simplemente le pones a otro chileno al lado, y ya está. Este prejuicio que se hace pasar por sabiduría popular, no porque sea falso deja de existir. Enfocando de nuevo más allá del caso personal, un problema de la crítica propiamente tal en un medio tan restringido es la sospecha de negatividad y mala onda, por eso se concluye que es inútil.

Creo que para hacer más fuerte nuestra producción, para romper con el desequilibrio de que hay más producción que lectura, deberíamos ser más fuertes y abordar nuestros asuntos, que no son ni con mucho exclusivamente nacionales o regionales. En este caso entender por ejemplo que el comentario no se originaba en ningún oscuro deseo psicoanalítico de agresión, sino, dado el contexto, en el problema de las influencias y la identidad. Allí, como me ha pasado, se cuelan a su vez problemas de nacionalismos o purismos que entorpecen, pero pienso que tampoco es sensato sentirse culpable por ellos y ocultarlos, sino hacerlos concientes. Hasta cierto punto, ese tipo de nacionalismo ha sido una reacción histórica a algunos desmedros,  y reconocer su existencia hace posible ver si al presente se sostienen o no. Yo lo podría plantear de la siguiente manera: ¿Es todavía un legado de la dominación cultural de Europa precisamente nuestra reflexión estética y nuestros mercados a la saga, y la confusión de si tenemos o no tenemos una identidad gráfica y narrativa, nuestra desesperación centenaria por tener esas cosas? No puedo afirmar que la respuesta sea afirmativa en cada aspecto. Creo que estos son temas de la crítica en los que tendríamos que insistir. De la crítica en el sentido de conocimiento, o si se quiere, de los estudios. Si corresponde o no corresponde al caso, es un tema a dialogar.

Written by vichoplaza

febrero 2, 2017 at 9:39 am

Publicado en Fichas de estudio