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AÑOS SABÁTICOS y SUPERNORMALES

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LA VIDA COTIDIANA Y LOS PEQUEÑOS MOMENTOS. Sobre los dos volúmenes de Vicente Cociña Año sabático I y II, y los relatos de Gabriel Garvo en Supernormal, dos trabajos excelentes. Ambos relatan momentos ligeros, sin grandes o difíciles problemas, y desde los cuales aparecen pensamientos, también intencionadamente mínimos, cuyo interés estriba en esa levedad aparente, pero llena de sugerencias y significaciones. Micro historias de la vida privada, puede que apuntes al pasar, detenimiento en la subjetividad que vive y piensa lo que vive.

sabaticos supernormales

Uno diría que es el tiempo de fijarnos en aquellas observaciones o visiones que nos pasan absolutamente desapercibidas, pero que el juego psíquico usa (usaba) como material para los sueños, según Freud. Uno diría además que es momento de detenernos a valorar la materia de la vida cotidiana, que fue la materia olvidada de los grandes acontecimientos de la historia.

Son momentos y actos comunes, de relaciones con los otros y otras. Ambos autores narran escenas en la que ellos, como protagonistas, no están jugándose intereses importantes. Vicente Cociña, en sus breves descripciones llenas de simpatía y de un notable y fresquísimo dibujo, tiene solamente pequeños objetivos, cuando los hay: llegar a tiempo, comprar algo, comer, ponerse de acuerdo para algo, cambiarle pañales a su guagua, dibujar. Gabriel Garvo, también con un dibujo bello y liviano, descargado de drama o de expresionismo gráfico, necesita sólo de viajes en metro o en auto, atravesar calles, sobre todo observar, para entrar, por así decirlo, en las aguas de la vida. Incluso contrapone con algo de ironía momentos extraordinarios como un choque de trenes, o incendios que él o sus parientes padecen, pero que no destruyen el suave transcurrir del tiempo cotidiano, como ocurriría lógicamente en otras circunstancias o en otros relatos. Es decir, es el curso del tiempo en esas acciones lo que percibimos de un modo delicioso.

La semejanza y contraposición entre ambos corre, desde luego, totalmente de mi parte. El asomo de lo dramático en los relatos de Garvo evidencia, en mi opinión, su cercanía a una cotidianidad más aspera que la de Cociña, quien en cambio retrata un mundo más o menos estable, en el cual, al mismo tiempo que se queja un poco por la falta de dinero, accede a mejor ubicación en la ciudad. Es una situación de clase y de educación, que le permite contemplar su vida con fino humorismo. Gabriel Garvo en cambio no habla de dinero, sino que en la interpretación de estas escenas de su propia vida y la de otras personas recurre a la imaginación y la esperanza, sin dejar de percibir que la tristeza y el absurdo están constantemente a su lado, le basta mirar por la ventana del metro, o mirar a una persona sentada a su lado en la micro para saberlo.

Hay un punto que me parece difícil de entender, pero que es transversal en muchas de las historietas (y el cine de ficción, y el grafitti) de las dos décadas últimas, la ausencia de crítica, o la ambigüedad que deja la crítica como un sobreentendido. No hay una crítica a la vida cotidiana contemporánea en Santiago de Chile, o de otros lugares. Parece que la tendencia de los relatos autobiográficos en las historietas chilenas está yendo más hacia lo contemplativo, hacia la meditación, que hacia lo político. No sé, por supuesto si es mejor o no, pero en mi punto de vista es un signo de una sociedad civil dispuesta a la indignación y el escándalo, pero no a la autocrítica. La vida cotidina chata y frustradora, que la mayoría de las personas vivimos, no tanto por elección sino por determinaciones sociales, y en la que se impone el “sálvese quien pueda”, no es puesta en cuestión, ni por sus causas ni por sus consecuencias

No quiero decir que Vicente Cociña ni Gabriel Garvo sean de ningún modo indiferentes a esos problemas, sino que ambos, cada cual a su propio modo, parecen decidirse por la salida individual: el bienestar que puede hallarse en el leve transcurrir de lo único que cada uno tiene: el tiempo, la experiencia, el pensamiento, y el talento en el dibujo. Se trata sin duda de actitudes válidas y sensibles. Lo bueno sería abrir el debate de cómo es la vida que vivimos, y que su campo sean las propias historietas.

Cuando leemos narraciones que nos dan bienestar, alegría, pensamiento y contraposiciones, es lo mínimo retribuirlas con buenos comentarios, tratando de captar los elementos que nos cautivan a la vez que tratando de no tocarlos demasiado. Supernormal y los Años sabáticos son trabajos notables.

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Written by vichoplaza

noviembre 13, 2015 a 10:57 pm

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