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Notas sobre ilustración, cómics, dibujos animados

Archive for noviembre 2014

DISTANCIA, CABRITOS, DISTANCIA

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Barrabases 47 p3 APROPÓSITO DE UNA HISTORIETA PROVISORIAMENTE SIN TÍTULO

Don Manuel Escalona, que tiene su puesto de libros y revistas en la feria de los miércoles de la calle Enrique Matte, cerca de mi casa, llevó un ejemplar de Barrabases, el Nº 47, año V, de la segunda época, al que le faltaban la primera y la última hoja. De todas maneras se lo compré, porque allí sale una aventura de Guatón que recordaba haber leído en su momento, y se la había contado a mi hijo varias veces. Ahora podía demostrarle que esa historieta existía de verdad.

En esa aventura cuyo título exacto no lo sé (por lo de las páginas que faltan y porque me falta también a mí la cabeza), todos los titulares de Barrabases se contagiaban de sarampión, y no podían jugar el partido del domingo con los “Cañuelas”. Todos menos Guatón, que responde al acongojado míster Pipa que puede contar con él, porque está sano. Guatón entrena junto a los niños chicos reservas de Barrabases, quienes van a tener que reemplazar a todo el resto de los titulares, pero llega con exigencias particulares del siguiente tono: “ustedes son unos cabros chicos, así que más respeto conmigo y nada de confianzas, les advierto, y tampoco quiero que se me acerquen, tienen que tener respeto a los mayores”.

barrabases 47 p7Los niños, después de la sorpresa, empiezan a enojarse con el gordo, mientras míster Pipa lo tolera, porque es una suerte que pueda jugar. El domingo, durante el partido, las arengas del insoportable Guatón continúan: “distancia, cabritos, distancia”. Al fin, en las peripecias del juego, los niños quieren pegarle porque no los deja jugar tranquilos con sus pesadeces, pero el gordo juega como nunca, se echa el equipo al hombro, como se dice; se multiplica en la cancha, y gracias a él los chicos dan vuelta el marcador y ganan 3 a 2. En el gol nº 2, del empate, Guatón les dice “nada de abracitos conmigo, yo no estoy para esas tonterías”, pero en el nº 3, o sea el gol del triunfo, cuando Guatón con una jugada de crack, gambeteando a todos los defensas se cae de cansancio al lado del arco, sin poder patear, y Tanquecito que venía de atrás alcanza a hacer el gol, todos los Barrabasitos se olvidan de sus ínfulas, lo abrazan y lo arrastran hasta el camarín, como a un héroe, mientras Guatón llora: “déjenme solo, cabros lesos”. El desenlace es simple: el gordo se había maquillado para ocultar que él también tenía sarampión, y por eso les gritaba “no se me acerquen”; vano esfuerzo ya que los niños se habían vacunado, aunque todos los del “Cañuelas” cayeron enfermos. “Ahora comprendo por qué actuabas así. No querías contagiar a los niños. Pusiste en peligro tu vida por el equipo, guatón leso”, dice míster Pipa.

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Nótese el primer cuadro: ¿no es Hervi, acaso?

No falta la moralina en los últimos diálogos, porque las historias de Barrabases siempre rematan con una lección de valores. Pero la simple y simpática anécdota tiene su centro en el humor de los diálogos y del dibujo. Pequeñas transgresiones del lenguaje popular en clave infantil, palabras malitas: “se cree mesa de centro el gordo”, “déjeme pegarle una patada en la mandíbula” “yo me lo arreglo”, un trato suelto entre los personajes, cosas que hacen su gracia porque están bien acompañadas por las expresiones de los personajes.

A ver, distancia, cabritos: basados en los datos de Jorge Rojas, esta revista con la historieta en cuestión es del año 1975. Distancia cabritos, porque la historieta no tiene intención de metaforizar su época, es decir su horrible época histórica del inicio de la dictadura de Pinochet y del apagón cultural, como se le llamó después, y por lo mismo no tendría por qué ser leída o releída en relación a esa realidad, salvo poniéndola bajo miradas adultas, y forzándola en ese sentido a convertirse en un documento, término que no le viene a una historieta. Me pesa que al final sea eso lo que terminaré haciendo.

Las maneras en que las historietas cómicas españolas del franquismo revelan su época y hablan de su contexto devastado, maneras que fueron bellamente descritas por Terence Moix, tuvieron mecanismos indirectos de crítica o de testimonio, por ejemplo en el hambre de Carpanta, mecanismos que se vehiculaban en el molde más tradicional de las historietas cómicas, el cual se conservó aislado en España. Esto hace pensar a Moix y a otros críticos españoles que se trata de una historieta pura, debido principalmente a esa cierta ingenuidad formal, a un detenimiento evolutivo del lenguaje historietístico.

En nuestro caso, tenemos la entretención infantil tradicional, apolítica, ingenua, sin crítica ni referencia indirecta, lateral o remota al problema político, ya que se trata de una historieta infantil. Pero es una ingenuidad conciente, que era lo que valoraba José Pérez Cartes un poco antes del golpe militar. En el dibujo de algunos personajes y en el modo humorístico del guión se ve la mano de Hervi, junto a otro dibujante que hizo buena parte de las historias de Barrabases de esta segunda época. Quizá sea una historieta dibujada a dos manos, no solamente en cuanto a uno que hace el lápiz y otro la tinta, sino que se ven dos manos en unos y otros personajes, y una recorrida por varias otras Barrabases de este tiempo puede confirmar la presencia de estos dos dibujantes, y de otros más.

¡Es Hervi, es Hervi!

La presencia de Hervi, para quienes conocemos su trayectoria, nos demuestra que este humorismo ingenuo es conciente, y quizá sería equivocado pensar que se debe a una autocensura obligada, sino que más bien puede ser el destinatario infantil-juvenil el que determina esa voluntaria ingenuidad.  Por otro lado, siempre se pueden concluir las cuestiones con la aplastante explicación de que esa ingenuidad de las historietas tradicionales, esa prescindencia del contexto en este caso, sólo es producto de los moldes y compartimientos estancos de la industria cultural de masas, y de un público formado en esos moldes, sumado a la manera en que todo eso se practicó en las historietas chilenas, ya sea en momentos auspiciosos o asfixiantes.

Pero cabría preguntarse cómo, con qué mecanismos, Hervi o Pepehuinca, –que en estos años también hace Artemio, revista que luego continuará el propio Hervi–, mantienen un sentido del humor según un estilo y modelo que han manufacturado antes, desde la segunda mitad de los 60, con bastante talento y con una propuesta renovadora indudable. Profesionalismo sin duda, ¿pero se puede mantener el talento humorístico como simple y llano funcionamiento profesional, como obediencia al jefe, como estrategia de pura supervivencia, o debe haber algo además, algún modo de evasión del propio dibujante, en el sentido de resiliencia o de salud? ¿Pues qué otro sentido tendría entonces el talento y el humor?

Naturalmente, Pepehuinca y sobre todo Hervi tienen un “compartimiento principal”, un pensamiento político y adulto que reaparecerá después, o que se expresará en otros lugares pertinentes, con destinatarios adultos(as) y anti-oficialistas. Lo mismo vale para otros dibujantes. Esto implica una cuestión quizá espinosa, o quizá un asunto de mera realidad laboral: la de que en los propios historietistas funciona una compartimentación entre una parte de su trabajo “solamente” profesional, y otra personal, comprometida o autoral, y a esa parte se le atribuye la categoría de adulta. Lo adulto es el gigante contra el cual no puede lo infantil.

Algo así es una división interior que casi reproduce otras categorías como la de alto-medio-bajo, o la de lo comercial versus lo artístico o lo honesto, vigentes en ese tiempo al menos, cuyo ejemplo ejemplar está en los artistas que trabajan para publicidad, o en historietas que se hacen productos normalizados, como el caso de Condorito. No lo sé, pero no creo que sea un invento mío. Uno puede fijarse que cuando Hervi más cuida y se demora en el dibujo es cuando hace su apuesta personal, su voz personal. No lo describo como el síntoma de un problema, sino como un hecho cotidiano en la producción de historietas. ¿Son estas historietas del Barrabases de la segunda época meros trabajos profesionales? Aunque lo fueran, sobrevive y se expresa en ellas una tradición y una cualidad humorística y dibujística que hay que notar.

Llegamos a las cuestiones que más me interesan, y que dicho lo anterior ahora puedo bocetear: ¿hasta qué punto la historieta infantil puede ser una mera compartimentación profesional? Hasta el punto en que deja de ser atractiva incluso para los niños, parece ser la respuesta. ¿Pues no hay una lógica y una conexión con los niños, un tipo de humor que implica un talento, una cierta manera de pensar, que son los que pueden hallarse, sin pretensiones, en esta historieta de Guatón, provisoriamente sin título?

Barrabases Nº 47, 1975

 

 

¿Por qué es importante la crítica de las historietas?

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son dibujantesUn día viene Claudio Aguilera y dice que sería necesario promover la crítica y la escritura sobre las historietas, la ilustración, los dibujos animados. Todos sabemos que acá es buen tiempo para intentarlo, aunque sabemos también que nuestra producción se ha retraido, pese a que acá se generaron aportes significativos a la crítica internacional sobre los cómics. Nos juntamos a ver si es posible organizar algo al respecto, y vemos necesario responder la pregunta: “¿por qué es importante todo esto?” Mi resultado son estas ideas más o menos desordenadas, que resumen intuiciones y pistas. Tienen un punto de vista estético, más que histórico, político o de los consumos; es decir un aspecto entre los otros múltiples que también existen en el mismo objeto. Porque en los objetos confluyen, por así decir, todas las influencias del mundo que los originó, y confluyen al mismo tiempo. Esto queda claro apenas nos ponemos a estudiar uno de ellos (o de ellas) y lo convertimos en “objeto de estudio” –por ejemplo las historietas– porque pese a que las aislamos artificialmente del contexto caótico de la realidad, ellas, puestas ahí frente a nuestros ojos lectores, nos lanzan con más o menos evidencia ese caos de proyecciones y causas.

Esconejotimados leyentes: estudiar, pensar, y escribir sobre las historietas, las animaciones, los libros ilustrados, es importante porque tiene que ver con nuestra formación imaginaria, o la formación de nuestras imaginaciones. Esa raíz infantil, que se refiere a la historia de estas artes y a la historia biográfica de los lectores y artistas, no implica y no debiera significar una minusvaloración, como ha sucedido antes.

Porque desde su raíz en los modos de pensar y sentir de la infancia y la juventud viene la fascinación o el gusto con el cual los artistas han hecho evolucionar las historietas, dibujos animados y la ilustración a niveles de lectura compleja y rica, para niños y grandes. Pero aun entre muchos artistas subsiste un equívoco desprecio a lo infantil.

Porque es posible pensar que constituyen un tipo de gusto estético, o una experiencia estética particular, y no solamente un tipo de lenguaje específico. Este gusto está relacionado históricamente, desde sus inicios, con el humor y la narración de historias, pero quizá sobre todo con el dibujo.

Los creadores y creadoras de historietas, ilustraciones o animación accionan frecuentemente el ámbito infantil que se encuentra en los adultos, debido a los elementos visuales y narrativos con los que trabaja. Pienso que esta conexión se halla también en las obras que tienen temas o perspectivas adultas, para adultos.

Porque junto al ámbito infantil, este gusto está ubicado históricamente en la cultura popular contemporánea, que viene desde el humor, la sátira, la literatura de folletín.

Porque el prejuicio debido a su filiación a la infancia y a lo popular ha hecho que un buen número de artistas y críticos hayan pensado en una necesidad histórica de arribar a la “mayoría de edad” como arte, a incorporar o recoger preocupaciones del arte y la literatura como por ejemplo la autonomía artística, y por otro lado conquistar al adulto lector de literatura como prueba deseada de su valor. La búsqueda de esas metas ha impulsado renovaciones notables y obras interesantes, y sigue siendo mencionada y deseada, pero es una materia de debate necesaria.

Porque hay artistas cuya naturaleza y biografía, y cuyo pensamiento los dota de talento para crear obras dirigidas a niños, jóvenes o adultos, o con el talento de hablar a unos y otros en distintas obras (o textos), y cada cual hace naturalmente su obra, y no hay a priori jerarquías de valor.

Porque las críticas contra el poco mérito de mucha de la producción deberían hacerse en los mismos términos contra libros, películas, pinturas y obras de arte de poco interés, con sobrecargas ideológicas o moralistas, etcétera, cuya existencia es también abundante y numerosa. Si antes se ha confundido el valor cultural o espiritual con los formatos o con los espacios de circulación social, no es posible insistir en esa confusión.

Porque el problema del poco interés histórico o artístico de esa producción corriente es más bien el problema de la industria cultural como instrumento de alienación y de interés comercial, y no de las limitaciones discursivas y estéticas de la narración dibujada. Este problema cuenta con una tradición crítica importante (Eco, Dorfman, entre otros) que actualmente es debatido, pero que continúa siendo pertinente para el caso de las producciones que siguen correspondiendo a estas características.

Porque en las historietas, por ejemplo, se pueden ver y estudiar los mecanismos llamados de “absorción” o de “recuperación”, es decir la desactivación de contenidos vivos y/o rebeldes, las tendencias de cinismo y encubrimiento ideológico, así como de la resistencia a esos mecanismos y la persistencia de proposiciones distintas. Es decir, un campo de lucha politica o de hechos políticos.

Porque creo que la cultura popular contemporánea, en sus orígenes y sus estados actuales, no está determinada y fijada por el mal gusto y la facilidad. Tampoco está subrogada a la cultura de élite por su supuesta limitación intrínseca, sino probablemente por causas de poder e influencia social. La evolución de las narraciones dibujadas nos indica que son un modo de pensar distinto, y que es equívoca la aspiración a “nivelarse” con el arte, la literatura o la filosofía.

En su evolución internacional las narrativas dibujadas han demostrado ser lenguajes originales, como dice Umberto Eco sobre las historietas, estéticamente ricos y complejos, que han impactado notablemente en la sociedad global contemporánea. En este proceso, se han independizando de sus sujeciones a la narración literaria y cinematográfica, así como de sus subrogamientos culturales.

la pintora

Written by vichoplaza

noviembre 14, 2014 at 7:57 pm