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Una manera de cómo sentimos el poder

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banalidad del mallLeyendo LA BANALIDAD DEL MALL (Libros La Calabaza del Diablo. Santiago, 2012),surge natural hablar del impacto de la lectura. ¿Qué decir, se trata de un humor sin humor, nos hace bien, nos hace mal, nos gusta o es muy cruel? En ese problema me pone Leo Ríos, uno de nuestros mejores dibujantes, por sí y por el modo como domina cada trazo cargándolo de señas de estilo y memoria. Una de las riquezas profundas de Leo es que conoce la forma y la contraforma de cada dibujo que lo nutrió, que admiró o disfrutó. Hablo en pasado porque siento que sus viñetas hablan melancólicamente de un sentido del humor perdido, o sea irrecuperable así como era. Sus viñetas son una opinión racional, la razón contra la fuerza, y en eso ya habría una ironía pero a la vez una autodestructividad verificable. No tiene contemplaciones, no sólo con los criticados y con lo criticado, sino con el mismo lector. La estrategia antes era desagradar al burgués, al pirulo y a la momia, al desclasado, y hacernos reír a nosotros, que no lo éramos. Pero ha pasado el tiempo y Leo Ríos incomoda definitivamente  a nuestro pequeño burgués, a nuestro momio y a nuestro fascista interior. Lo encuentra, lo incomoda y no lo perdona, ¡qué lo va a perdonar!, no le ofrece nada, no lo halaga, no lo autocomplace, sino que lo critica. Corre su riesgo y tiene coraje, pues a pesar de su notable dibujo, en su opinión gráfica para adultos sigue un camino no popular.

En la evolución del humorismo gráfico la risa ya no está siempre, incluso ya no está nomás. Aquí en este libro, y como hacen también otros humoristas, dibuja sonriendo burlones a los inversionistas, los corpulentos mega-empresarios, los miembros de directorios, los políticos en general,  los faranduleros cuya salud, según los hechos cotidianos nos muestran, dependería de pasarnos por encima. Por supuesto en esta opinión o sentir subyace un acuerdo sobre la percepción de las cosas, dependiente de nuestra posición en el sistema, si se quiere, y si no subyace entonces no hay acuerdo. Sus escenas me dicen: ellos siguen ganando, esa es la realidad y no hay que disfrazarla, sino que hay que hundirle el dedo, porque ya está bueno ya. Los ciudadanos sentimos la burla del poder, no hace falta extenderse para explicarlo más, y sentimos amargura en ello. Las viñetas de Leo Ríos son un modo de cómo sentimos el poder, el modo cómo sentimos que somos burlados, en fin, nada para coser y cantar. Difícil encontrar la risa liberadora, y Leo lo sabe mejor que nadie, creo yo. Por el otro lado, no hay contemplaciones con los sujetos medios y pobres, con su mediocridad y su fascismo, es una crítica total y transversal.

Pero a veces Leo hace una defensa, una ingeniosa vuelta de tuerca, hay que decirlo.

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Written by vichoplaza

diciembre 20, 2012 a 9:40 pm

Publicado en Fichas de estudio

Una respuesta

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  1. El Gran Leo Rios idolo y maestro de la pluma.

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    carmen garrido

    enero 9, 2013 at 3:08 pm


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