dibujar y escribir

Notas sobre ilustración, cómics, dibujos animados

Archive for diciembre 2012

Una manera de cómo sentimos el poder

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banalidad del mallLeyendo LA BANALIDAD DEL MALL (Libros La Calabaza del Diablo. Santiago, 2012),surge natural hablar del impacto de la lectura. ¿Qué decir, se trata de un humor sin humor, nos hace bien, nos hace mal, nos gusta o es muy cruel? En ese problema me pone Leo Ríos, uno de nuestros mejores dibujantes, por sí y por el modo como domina cada trazo cargándolo de señas de estilo y memoria. Una de las riquezas profundas de Leo es que conoce la forma y la contraforma de cada dibujo que lo nutrió, que admiró o disfrutó. Hablo en pasado porque siento que sus viñetas hablan melancólicamente de un sentido del humor perdido, o sea irrecuperable así como era. Sus viñetas son una opinión racional, la razón contra la fuerza, y en eso ya habría una ironía pero a la vez una autodestructividad verificable. No tiene contemplaciones, no sólo con los criticados y con lo criticado, sino con el mismo lector. La estrategia antes era desagradar al burgués, al pirulo y a la momia, al desclasado, y hacernos reír a nosotros, que no lo éramos. Pero ha pasado el tiempo y Leo Ríos incomoda definitivamente  a nuestro pequeño burgués, a nuestro momio y a nuestro fascista interior. Lo encuentra, lo incomoda y no lo perdona, ¡qué lo va a perdonar!, no le ofrece nada, no lo halaga, no lo autocomplace, sino que lo critica. Corre su riesgo y tiene coraje, pues a pesar de su notable dibujo, en su opinión gráfica para adultos sigue un camino no popular.

En la evolución del humorismo gráfico la risa ya no está siempre, incluso ya no está nomás. Aquí en este libro, y como hacen también otros humoristas, dibuja sonriendo burlones a los inversionistas, los corpulentos mega-empresarios, los miembros de directorios, los políticos en general,  los faranduleros cuya salud, según los hechos cotidianos nos muestran, dependería de pasarnos por encima. Por supuesto en esta opinión o sentir subyace un acuerdo sobre la percepción de las cosas, dependiente de nuestra posición en el sistema, si se quiere, y si no subyace entonces no hay acuerdo. Sus escenas me dicen: ellos siguen ganando, esa es la realidad y no hay que disfrazarla, sino que hay que hundirle el dedo, porque ya está bueno ya. Los ciudadanos sentimos la burla del poder, no hace falta extenderse para explicarlo más, y sentimos amargura en ello. Las viñetas de Leo Ríos son un modo de cómo sentimos el poder, el modo cómo sentimos que somos burlados, en fin, nada para coser y cantar. Difícil encontrar la risa liberadora, y Leo lo sabe mejor que nadie, creo yo. Por el otro lado, no hay contemplaciones con los sujetos medios y pobres, con su mediocridad y su fascismo, es una crítica total y transversal.

Pero a veces Leo hace una defensa, una ingeniosa vuelta de tuerca, hay que decirlo.

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Written by vichoplaza

diciembre 20, 2012 at 9:40 pm

Publicado en Fichas de estudio

Hoy fue uno de esos días

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Hoy esHOY ES UNO DE ESOS DÍAS, (autoedición, Santiago, 2012) de Nicolás Pérez de Arce, narra  lo suyo con dibujos y diseño en página doble, o abierta,  integrando la rotulación en el dibujo. Trabaja la relación entre caligrafía y grafismo, una relación que hoy nos parece inherente y hasta obvia, es decir que lo escrito es un dibujo, y que lo dibujado es una escritura. La relación entre caligrafía, dibujo y escritura es un modo de comprender la creación artística, y tiene sentido. Mayormente, cuando aparece  visible es porque estamos frente a un trabajo de ese tipo, más que del arte aplicado o industrial, por decirlo así con esos antiguos nombres.  En los hechos, ha sido pensada por el arte verdadero y sin mayúsculas (véase por ejemplo el ensayo de Ronald Barthes sobre Cy Twombly) puesto que el arte es una forma de pensamiento, y su tarea consecuente es pensar. De ahí que al parecer se confunda el trabajo del arte con la experimentación.  Cuando uno trabaja aprendiendo a encontrarse con el flujo interno y complejo del trabajo y de uno mismo, necesariamente tiene que experimentar con los materiales, con la sintaxis, pero si no sé qué cosa quiero pensar, entender, sensibilizar, se transformará en formalismo, un formalismo atractivo quizá pero vacío por consecuencia.  Además, si esto ocurre en el trabajo de los relatos ilustrados, que no tienen por qué reclamar su ingreso al arte académico, pero sí al arte verdadero, el cual sabemos escaso y excepcional, uno se da cuenta que se aleja peligrosamente de la aprobación del Capitán América.

El Capitán América es otro mundo, es la ideología del control,  y allí la palabra, en los guiones y escaletas, tiene la función de previsualizar y precaver en todo lo posible cada efecto y cada significación. O sea, pensarlo todo antes, por palabra y por boceto. Opuesto a esto,  la escritura y su método busca pensar sensiblemente en y durante el propio trabajo, y dar si se puede con lo que realmente uno quiere decir, y eso no puede ser meramente verbalizado con anterioridad, porque si se pudiera, o sea si correspondiera al lenguaje verbal y cotidiano, no tendría sentido repetirlo con otro lenguaje.

Por otro lado, plantea también la cuestión del tema, de aquello sobre lo cual se habla.  Aquí la angustia existencial, la angustia del ingreso al feroz funcionamiento del mundo fáctico. Se escucha todavía decir que la autenticidad viene  cuando hay tristeza, angustia, desesperación, que no se escribe cuando uno es feliz. Esa relación es falsa porque implica solamente a la emocionalidad, y más todavía, a la emocionalidad atormentada, la frustración y el dolor, cosa que todos deberíamos saber ya que es una pose aceptable en los adolescentes, pero no en los adultos. Expresa hedonismo simple, y confirma que merece el rechazo del mundo. Podemos pensar más bien que la realidad es peor, y que sus dimensiones son atisbadas por el lenguaje del arte, el cual está especialmente capacitado para esa ingrata tarea. Cuando en este caso el relato y el dibujo nos hacen pensar en lo cierto de la situación que está diciendo y que está graficando, de modo que no tratemos de hacernos los tontos, es calificable como algo verdadero, auténtico, por consecuencia como un trabajo de arte. Contradictorio como sea, su existencia nos alegra.

Written by vichoplaza

diciembre 14, 2012 at 12:38 am

¿Qué diría usted? ¿Vender o vender?

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La recién organizada Feria del cómic de Plaza Brasil 2012 fue una excelente reunión de las tendencias actuales de las historietas y los fanzines del género en Chile, –o en Santiago si se quiere. Nuestro aprecio para Sabina Gálvez, brillante gestora cultural, y Directora además del proyecto bibliotecario de Puente Alto, y a su equipo, cuyo trabajo se nota en los detalles. Respeto y profesionalidad, que los expositores invitados se esfuerzan en corresponder. Sólo sentimos la ausencia de Jorge Pato Toro, quien puso tanta energía y creatividad en las versiones anteriores.
Aquí en realidad no escribo una nota sobre la Feria, sino una reflexión a partir de ella, animado por la energía que se genera en ocasiones como estas.

Foto de la Feria en Facebook.

Foto de la Feria en su sitio de Facebook.

La Plaza Brasil, en el centro de Santiago, bulle de actividad y de gente que circula con ánimo de ver cosas nuevas, raras, con ánimo de encontrar la distracción tan necesaria, una pausa, y hasta con ánimo de encontrar objetos o libros. Es un ambiente popular y espectacular, lleno literalmente de vida. Hace años de años se ha venido generando toda esta verdadera movida cultural, y otros mejor que yo pueden contarnos su proceso y su historia. En ese sentido, nosotros, historietistas reunidos en una feria, (proyecto de Sabina Gálvez, apoyada por fondos públicos), con espectáculos musicales acompañantes, somos tan invasores como aportadores a esta Plaza Brasil, que no creamos nosotros en cuanto dibujantes, ni la Municipalidad, ni la Historia, sino nosotros como gente, pueblo que va allí por años.
Pero la actividad comercial en la misma Plaza es tan grande, que pasarse allí dos días completos por momentos nos resultaba agobiante, a mí y a algún otro nos faltaba el aire, porque todo estaba literalmente lleno de cosas que se vendían, y de gente que las vendíamos.
Me dirán que soy un pesimista, pero no es pesimismo, lo que pasa es que no se puede dejar de ver que quienes venden son más que quienes van a ver, y evidentemente más que los que compran algo. No darse cuenta es imposible para un ser normal, no ver lo que hay implicado es otra cosa. No se trata de pesimismo sino de simple sentido común del cual todos estamos dotados. Digo que este abigarramiento de comercio informal es la “cultura del comercio a como dé lugar”, a la que nos han llevado los dueños del mundo. Cultura que consume a la otra cultura, la de hacer nuestra vida, de hacer lo que uno necesita hacer, no exclusivamente la de conseguir plata. La cultura de la venta formal o informal hace que el sentido de las cosas se juegue en el vender o no vender. Encubre la cesantía, la precariedad, pero es más honda, creo yo, su raíz dura.
Aunque todavía la juventud y las ansias de vivir parecen encontrar un pretexto en extender un paño en el suelo para vender alguna artesanía, alguna cosa para comer, alguna canción, algún cómic, más cierto parece lo inverso: no se trata de una actividad alternativa, porque no hay alternativa. Habría que saberlo, pero no soy sociólogo, bien se nota. Los sociólogos parecen estar dedicados a hacer mediciones porcentuales, estadísticas que se pagan bien.
Para algunos no hay problemas de verdad en todo esto, al contrario, es una conjugación de economía y cultura, o sea una situación sana. Para otros es lo mejor que puede darse, porque no hay intermediarios, y la retribución y retroalimentación es directa. Pura ganancia.

Pero diré que para algunos como yo, más que problema la situación es una sentencia, porque en la competencia por la venta, sabiendo que seré desplumado a la primera, yo prefiero no entrar al ruedo de nuevo. No entrar de nuevo, ahora que me doy cuenta, porque como nadie puede evitarlo, estuve allí en pleno casi toda mi vida. Prefiero vivir estrechamente, algo que puede hacerse peor más adelante, y no hallando el modo de evitarlo. Pero a pesar de eso no pude evitar el deseo y la necesidad de vender. La presión viene de todas partes. Ése es el asunto. Estar allí, en un stand formal o informal con tus libros, tus fanzines y tus objetos, te coloca en la situación de aceptar que no hay salida por lo pronto, que las cosas se miden según vendes o no, según compras o no, que la venta es la medida de todas las cosas. ¿Qué diría Leonardo, qué diría Bruneleschi? ¿Qué diría Poe, qué diría Benjamin?

En estas circunstancias pierde sentido pensar en qué hacemos y cómo hacemos lo que hacemos, o sea pensar nuestro medio y su lenguaje. Tratamos de hacerlo pero no logramos organizar una actividad crítica vital, y seguimos a años de otros mercados ¡paradójico!

Ese es el segundo punto, y el que más me interesa: allí en las ferias uno se presiona, sólo tiene sentido pensar en lo que estamos haciendo para vender. Esto adquiere como sabemos rango de verdad, de realidad. El problema, para quienes están convencidos, es lo caro que resulta contratar estudios de mercado.
Diré que uno trata de hacer algo, mostrando por ejemplo entre los libros otros libros u objetos que no se venden, que sólo se exhiben, que atraen quizá porque son bonitos y originales, eso nomás. O sea que al menos algunos respondemos con romanticismo, pero “no sirve”, y sabemos que no sirve. Hay gente que odia estos “gestos”. Para exhibir están las galerías, grandísmimo hipócrita, dirán,  y el recorrido es el mismo, en otro nivel.
Yo no creo que la civilización ¡OH, la civilización!, encuentre su vértice en el billete, el más aplastante de los significantes, decía Lacan. O en el poder, el sexo y el dinero, como dicen en el Movimiento Humanista. Pero la porfía es cosa de uno no más, porque la realidad existe, es fascista, y te muele a palos, dice Feinmann en Filosofía aquí y ahora.

O sea ¿estoy pensando, diría el Divino Anticristo,  que se trata de las relaciones con el poder? Gente que dice que a este país le hace falta remecerlo, sacarle la hipocresía, etcétera, mientras gozan de un muy buen pasar con la publicidad, y ya no hacen otra cosa. Gente que nunca pasó hambre y que entra a dominar el mundillo del arte con “Para no morirse de hambre en el arte”, y va a las poblaciones. Pero lo que los hace entrar en la Historia es que son capaces de contactos exitosos con Soprole y la FACH, en tiempos de Pinochet, nada menos. Porque, ¿qué mérito hay en persuadir a las personas pobres que participen en la acción del CADA si la acción que les piden es que reciban bolsas de leche de Soprole en el escenario de sus casas? ¿No acusan por lo mismo, gravemente y con razón, a quienes se dedican a otro tipo de actividades y van a Pedro Aguirre Cerda a ofrecer bolsas con mercadería?
Al fin señores leyentes, que me habéis tenío paciencia, que en esto o en aquello digo no hay aquí nada nuevo, y toos lo sabimos bien. Aquí, o en una librería, se trata de los contantes y sonantes, pero en otro nivel de esto mismo, y a medida que se va subiendo, se trata de la venta del símbolo, de la personalidad, de la lectura histórica, del anti-anti discurso, del genio que dicta su regla a la cultura. Por eso a ellos les hace falta la crítica, de esa que se convierte en metalenguaje de élites. Yo sospecho que hay necesidad de ello para que lo de arriba domine a lo de abajo, por eso funciona, –aunque para sospechar ya sabemos quienes están. Yo no quiero esa crítica para lo nuestro. Ellos nunca nos darán sitio, tenemos que ganarlo nosotros. Pero si no le vemos sentido, si no encontramos nuestro propio debate serio, perdidos en la urgencia de sobrevivir, no tendremos cómo.

Aguántenme si lo último, o todo acaso, no fue lo claro que tendría que ser. Uno no puede verbalizar bien y a la primera lo que, según lo poco que conozco, no está verbalizado en ninguna parte todavía.

Written by vichoplaza

diciembre 4, 2012 at 5:49 am