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Apuntes para una bisagra entre el hoy y el ayer de las historietas chilenas

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[Editorial del Fanzine Alias y Co. de la Biblioteca de Santiago. nº 5, julio 2011. Agradecimientos a Ana Mora por su invitación]

NOS ALEGRA A DIBUJANTES Y LECTORES el interés de la Biblioteca de Santiago para dedicar el mes de julio de 2011 al cómic nacional. Bueno que se incluyera un espacio para exhibir y exponer experiencias y obras a jóvenes que están en la autogestión y los fanzines..

Las historietas chilenas han tenido una historia, en cuyos procesos actuales la autogestión y los fanzines son un método y un medio importante para desarrollar proyectos de profesionalización, respondiendo también a la dificultad de iniciarse dentro de la industria editorial. El fanzine hoy es un lenguaje de emergencia de talentos y de proposiciones en miras a profesionalizarse: es un lenguaje para emergencias, y aunque suena humorístico decirlo así, no falta a la verdad, porque el humor es importante en un sistema que agobia por el problema del empleo, de hacer una vida en la ilustración, en la escritura o la narración gráfica.

En 1989 (aprox.), Antonio Arroyo convocó en la revista Trauko a un concurso de fanzines que tuvo una convocatoria numerosa y sorprendente. Era un fenómeno y una realidad potente, que había tenido un proceso de gestación en los jóvenes, en su vida, en sus colegios, en sus casas y barrios —y que era efectivamente subterránea– . Los temas y ánimos eran variadísimos, descontando que sólo convocaba el contexto del cómic, a saber: Terror, Rock pesado y fotos de chicas, ironía, metafísica, descreencia, sorna. Rock y palos, como se titulaba uno de ellos, y entre esos títulos los chilenismos, por ejemplo: Kagaziki.

Si estrictamente el fanzine fue en su origen la autopublicación hecha por los fans de algo, cosa que implica aunque sea imaginariamente cierto grado de “confort” o de “gourmet”, la vida latinoamericana impuso a la adaptación unas formas en cierto sentido ajenas y nuevas, o sea cierta crudeza conciente e inconciente a la vez, que es el correlato evidente de la mochila de “la realidad” que de joven se recibe. Crudeza del dibujo y la palabra, crisis de adolescencias que encontraron un lenguaje y un formato, un medio de comunicación una vía de creación y hasta de salida. Estaba el elemento básico de ser fans del Rock y los cómics, pero su forma de serlo es la diversa, inconciente de sí detrás de la estilización, de todas las influencias que creemos necesarias tener.

Aquella expresividad caótica y cruda, aunque no ha dejado de estar, ha evolucionado hacia la proposición de proyectos profesionales, es decir, más “tranquilos”. El arte y la vida no tienen por qué exponerse en una sola cosa siempre. Es mi hipótesis a tientas del proceso que desde los 80 a hoy día han tenido los fanzines.

¿Hay alguna bisagra que una a los anteriores dibujantes profesionales de historietas con los jóvenes que quieren ser profesionales hoy? Si existe, quizás está rota, pero en realidad primeramente deberíamos saber de qué está o estuvo hecha. ¿Existen maneras, temas, dibujos, intenciones que persistan en las historietas, los cómics, la narración gráfica que hacemos? ¿Cuáles son los elementos y los rasgos que nos hablan de un “nosotros”, traspasando la influencia, la moda de cada época, las copias? ¿No son esos elementos los que genuinamente pueden a interesar a otras culturas? ¿Son el humorismo, la crudeza inicial, y nada más, o definitivamente hay una fractura entre hoy y ayer?

¿Si no existe nada latinoamericano, nada “chileno”, si es global, por qué existen historietas que llamamos italiana, española, etcétera? ¿Es sólo una realidad de poder y de capital? No podría responder esas preguntas, porque ya me pasé de mi espacio.

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Written by vichoplaza

octubre 20, 2011 at 6:02 pm

Publicado en Fichas de estudio