dibujar y escribir

Notas sobre ilustración, cómics, dibujos animados

NO FUI FELIZ, PERO HICE UN CÓMIC

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Sobre ROMA LA LOBA, cómic de Enrique Lihn (1987).

  • 1a edicionRoma-la-lobaSu Primera Edición fue hecha por Alejandro Jodorowsky & Pablo Brodsky, en Chile, 1992. En 2011 Ocho Libros hizo una cuidada nueva Edición, que agradecemos y valoramos encontrarla en BIBLIOMETRO, y ojalá en otras bibliotecas públicas del país.

La historia de Roma la Loba parece tener dos pivotes o subsuelos fuertes y entrelazados, a saber, una concepción de base psicoanalítica del deseo, de la neurosis, y de gran parte de la violencia que atraviesa las relaciones de la gente, y la angustia existencial, probablemente de raíz heideggeriana, aunque esto no es decir que el autor quisiera demostrarnos ni enseñarnos estas teorías. Ambos asuntos se expresan al inicio, inmediatamente enlazados, cuando Roma –mujer masacrona– termina con Mincho, su esposo, diciéndole “quiero pedirte tu amistad, estoy enamorada de otro”. –“¿De otro, así, de rompe y raja?” pregunta Mincho consternado, –“¿Por qué no?, la vida es así, –contesta ella, un mojón que te lanzan a la cara.” Siendo Mincho profesor de filosofía, bien pudo Roma aprender de él la idea del sujeto sin sentido, sin Dios, arrojado a la existencia, o por lo menos no hace otra cosa que confirmárselo.

Sobre estos dos subsuelos, Enrique Lihn pone un piso concreto, fáctico, a su historieta, la realidad política visible en las calles. Chile está ocupado por la omnipresencia violenta y horrenda de la dictadura, que se manifiesta desde luego en la represión y la grosería de los militares y policías. Pero a diferencia de los otros dos “suelos”, el contexto real no aparece como móvil directo de las acciones de los personajes. Ellos, más bien, viven absortos en las complicaciones de sus mutuas relaciones, de las heridas que se infieren, y de sus deseos, de eso se trata Roma la Loba, los personajes expresan abiertamente su mentalidad realista, cruel, atravesada de irracionalidades. No hay juicio moral, desde luego, pero tampoco piedad o una orientación que trascienda y se eleve, salvo, tal vez, en algunos aspectos de los hijos-niños de Mincho y Roma.
Roma pajaroAl lado de este mundo concreto y fáctico, Nembutala, la isla donde Mincho y uno de sus hijos han pasado una temporada, es una alegoría, ¿pero de qué?, ¿del exilio?, no llegamos a saberlo. En Nembutala se combinan otra dictadura irracional con una condición de fiesta dionisíaca. Existe la transformación sexual natural y libre de los nativos, de noches dionisíacas en la selva y de aberraciones que no son tales, pero que quitan la dignidad a los refugiados, mientras que el cumplimiento del deseo en el Chile de Mincho y Roma es –diríamos–, necesariamente oculto y oscuro, de club nocturno, de prostitución, de fiesta promiscua, de pedofilia y de la inminencia del incesto y del parricidio, datos que nos llevan a la inferencia psicoanalítica de la sociedad, la cual, de confirmarse, comprobaría de paso que somos parte de Occidente (mire usted, qué suerte). Sucede que en Nembutala se da, por estas causas, una sabiduría distinta, que permite al niño que vivió allí comunicarse con el gran pájaro legendario que los ayuda en dos ocasiones de apuro, mientras el otro gemelo, educado en Chile, se desmaya o no entiende. Por su parte, Mincho llega a entender lo siguiente:

Es lo que me pasa… por buscar la verdad he perdido a Roma, como si todos los caminos me hubiera alejado de ella. De todas las ideas que he acariciado, ella es el único ser vivo. El pensamiento no existe, lo verifiqué en Nembutala. No se trata de hedonismo, sino de predestinación sexual. El destino de un cuerpo. El recuerdo de Roma lo contaminó todo de irrealidad, por eso volví para nada.

Roma MinchoRoma nos muestra la madeja bien profunda que tejía su autor con la condición infeliz de la vida y la muerte en los días que lo dibujó. La cercanía con la muerte, la debilidad física que lo hizo atarse el lápiz en la mano, y necesitar la ayuda del pintor Oscar Gacitúa para entintar, según cuenta el mismo pintor a Javier García en el diario La Tercera, es algo que nos conmueve y nos hace valorarla de un modo especial, comprendiendo de paso sus problemas de legibilidad.  Aunque hay problemas formales de legibilidad y narración, son menores en relación a la potencia sensible e intelectual del autor, que nos muestra la naturalidad honesta de su lenguaje, su dolor existencial, su capacidad de encarnar su época. Cuando Roma entra en cuestiones filosóficas o poéticas, en reflexiones como un kilo de teoría contemporánea, lo hace porque su autor lo hacía habitualmente y las conocía, era su trabajo y su preocupación vital. ¿Por qué su aporte no ha sido incorporado, discutido, en los cómics chilenos posteriores? Tal es nuestro problema, las obras “difíciles”, sean chilenas o internacionales, siguen siendo difíciles.

Pero en este caso, hay una dificultad de lectura, de claves internas, que causa un alejamiento. Ante ese problema surge, en el exterior de la obra, la discusión sobre los niveles de cultura y de crítica. Desde mi punto de vista, el aprecio verdadero y la modestia no debería suspender la lectura crítica de Roma la Loba, ni de las historietas chilenas. Si nos excusamos de las preguntas difíciles, concedemos  que la discusión llegue una y otra vez a puertos consabidos, pero a estas alturas tan desiertos como el de la superioridad de la literatura sobre la historieta, del artista sobre el historietista, etcétera, como pienso que lo hace Álvaro Bizama en la introducción a la Segunda Edición.

Estas y otras osadas afirmaciones pido merced de abordarlas más sueltamente en un próximo capítulo.

Written by vichoplaza

septiembre 26, 2013 at 10:14 pm

A partir del Perú

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Otros trabajos que mueven a decir algo, no tanto sobre sus coincidencias o diferencias, sino en especial sobre las líneas que van marcando en las historietas de Suramérica.

Portada de Novísima Corónica… de Miguel Det, Editorial Contracultura, Perú, 2011

Portada de Novísima Corónica… de Miguel Det, Editorial Contracultura, Perú, 2011

“Dedicado a todos los gobiernos de turno, mi odio eterno”, dice Miguel Det en el prólogo a su Novísima Corónica y mal gobierno, obra inspirada en El Primer nueva corónica y buen gobierno, de Guamán Poma de Ayala, que en la mayor parte de sus páginas hace una crítica muy documentada pero también visceral de la reciente historia política del Perú y la mentalidad de sus grupos dominantes. Había hablado antes de la narrativa dibujada peruana apropósito de Rupay de Jesús Cossio, comentando que después de la lectura no quedaba otra cosa que hacer sino hablar de ella, mismo para exorcizarla, si se puede confesar, y reconocer un fantasma de pesadumbre, que es el deseo frustrado de escapar hacia la ensoñación estética de escaparse, el deseo de lavar el alma o tranquilizar la conciencia sin que haya cuestionamientos reales en uno mismo, deseo el cual, frustrado, se vuelve y reacciona. Pues La nueva Corónica, así como Rupay o Barbarie, y otras obras de humor gráfico de la misma procedencia peruana que he podido leer no nos facilitan ese tipo de escape.

No quiero decir que sean obras que se sumen a un miserabilismo que conocemos en la literatura o el cine, y también en algunos cómics desde décadas atrás, porque me parece que se trata de proposiciones nuevas, inspiradas en parte en la tendencia del cómic documental, en Cossio; en la reactualización de documentos de lucidez del pasado, en el caso de Miguel Det respecto a la obra de Guamán Poma, o en la profunda sabiduría del humor, en el caso de Juan Acevedo y su personaje El Cuy. Si aplicáramos la idea de consuelo metafísico expuesta por Nietszche apropósito de la tragedia griega anterior a Eurípides, pero sobre todo, si no me equivoco, respecto a cierta música, que enfrentaban sin mentiras la realidad de la tragedia humana, pero brindando —quizá por la misma humanidad que las hizo posibles— la posibilidad de elevación hacia una comprensión más profunda y más abierta, diría yo que nos hallamos acá llevados no tanto a un flujo emocional o estético que nos transporte, sino al dilema de pensar en la posibilidad de una existencia mejor, una existencia más verdadera, a condición de no olvidar.

Página de Novísima Corónica. De: http://ciudadanopop.blogspot.com

Página de Novísima Corónica.
http://ciudadanopop.blogspot.com

¿Se trata de denuncia? me parece que no, ¿protesta?, tampoco. Pienso que esas tendencias, que como sabemos irrumpieron como tales y explícitamente desde más o menos los fines de los años 60, implicaban, en su fondo, la apelación a una especie de árbitro de lo humano y de la humanidad que acogiera la denuncia; pero ya que en términos reales se entendía en las obras más interesantes que tales entidades, en el caso de existir, no operaban mucho en este sentido, la denuncia apelaba a la conciencia del mismo lector, y desde allí al pueblo, a los ciudadanos. Pienso por ejemplo en Rius, respecto al humorismo, que llega a este tipo de posturas sin grandes cambios formales en relación a su tradición inmediatamente anterior, debido a la natural e histórica cercanía del humorismo gráfico con la contingencia y los temas de la política. La narración de relatos y aventuras, por el otro lado, había explorado ya antes sus caminos por la vía que también le era natural, es decir la invención de historias que eran metáforas o alegorías del acá, y fue Oesterheld indudablemente el que abrió el camino, con anticipaciones de un genio ya maduro. Sin pretender en lo mínimo ser un conocedor de la obra este admirable guionista, diría que él hizo un trabajo distinto con los elementos del relato cambiando sorpresivamente los lugares de los “buenos” y los “malos”, atribuyendo humanidad a todos, y por consecuencia “alejando” o más bien descarnando los problemas centrales: la maldad, la miseria, el poder, para hacérnoslos sentir en su existencia real, porque en efecto esos problemas son invisibles, indibujables. No había que figurarlos en personajes, sino hacer que los reconociéramos en su presencia indudable.

Rius: la idea total

Rius: la idea total

Quizá pueda decirse que “hacer o crear conciencia”, era y sigue siendo una palabra clave para los autores de estas tendencias, o también, en intentos menos radicales, el ánimo de entrelazar reflexión y entretención. En ambos casos hay una intención didáctica muy propia del ánimo político, que llevó a Rius a concebir el conocido Marx para principiantes, con el cual inició toda una idea y un nuevo modo de narración dibujada y gráfica. Lo didáctico, para dar otro ejemplo, se hizo cada vez más importante hacia los últimos números de la revista chilena La Chiva donde los personajes explicaban hechos o asuntos como la producción, la circulación monetaria, la dependencia y sus cambios desde la época colonial a la entonces presente. Esa línea siguió en su continuadora La firme, pero diría yo que retrocedió (¿dialécticamente?) debido a la personificación de los “malos”, probablemente por la urgencia de explicar el sabotaje económico y el desabastecimiento, problemas que eran padecidos por nosotros durante el gobierno de Allende, y que había que explicar en caliente. ¿Qué diríamos hoy respecto a la necesidad de exponer e incluso de explicar didácticamente el problema del poder de los grandes medios de comunicación en Latinoamérica?, pues lo didáctico no ha perdido su valor ni su pertinencia, aunque ya no lo podemos sentir del mismo modo hoy día. En esto vemos la retoma de conciencia política despertada en las historietas del Perú, y seguramente en historietas de otros países (las cuales no he podido conocer todavía), que nos hacen llegar a estos cuestionamientos.

En aquellas historietas anteriores, dicho como hipótesis, me parece que entre la apelación al lector individual y a la colectividad, se confiaba en la existencia de la “opinión pública”, y se trabajaba en ese sentido para formar nueva masa crítica, distinta de la formada por la tradición capitalista. Esa índole de lucha o debate se jugaba entre las oposiciones marcadas sobre los hechos coyunturales o culturales, izquierda-derecha, dominados-dominante, verdad-engaño, y en el didactismo. Quizá la opinión pública era en ese tiempo todavía el tribunal justo de la historia, pero más probable y demostrablemente es que su importancia estuviera relacionada estrechamente a la masividad de las publicaciones de entonces, dato que hace una gran diferencia con los casos actuales que estamos citando.

En Jesús Cossio y en Miguel Det, y en tantos de nosotros, no hay obviamente apelación a un abstracto tribunal de lo humano, sino al pueblo y a los ciudadanos directamente, pero sin pasar por la figura de la opinión pública, porque en los hechos reales las dificultades de distribución y circulación impiden la llegada a un número amplio de público, y porque hay suficientes muestras de que ella está capturada hace tiempo por los grandes medios de comunicación, de un modo patente y nuevo y abrumador desde la entrada del neoliberalismo.

Barbarie, de Jeús Cossio, Editorial Contracultura, Perú, 2010. http://comicperu.wordpress.com

Barbarie, de Jeús Cossio, Editorial Contracultura, Perú, 2010.
http://comicperu.wordpress.com

Es la conciencia de que los jueces institucionales reales, los antiguos garantes de la civilización, no fueron ni son garantes más que de su propia propiedad privada, y de lo que desafortunadamente en los hechos ha sido su propiedad pública. Pero no se trata de enseñarlo a quienes no lo supieran, sino de enseñarlo en el sentido de mostrarlo, citando a esos “garantes” en sus propias palabras y sobre todo describiendo sus actos, con un equilibrio que es admirable en Cossio, y con una crítica directa en Miguel Det. En este sentido, Rupay y Barbarie no parecen hechas para formar opinión pública, sino para “tocar” al pueblo campesino devastado inenarrablemente por la guerra entre el Estado peruano y el Sendero Luminoso. “Tocar” es asistir a lo que nadie quiere asistir, mostrar lo que ha sido, abrazarse a ellos, los campesinos, tarea que corresponde al arte. La Nueva Corónica y mal gobierno habla desde el principio con una conciencia dolorida por los hechos consumados en la sociedad peruana, que quedan bastante claros para quienes no los sabíamos, y expone por cierto una lectura orientada, lo cual supone un riesgo, porque es cierto que en general los lectores, para bien y para mal, no queremos ser orientados.

Rocha, Tierra en Trance, Brasil, 1967

Rocha, Tierra en Trance, Brasil, 1967

Si Glauber Rocha en su no fácil película Terra em trance, veía al Brasil, según mi lectura, precisamente en el movimiento del trance, movimiento tan difícil de entender, tan enajenador, quizá nosotros, historietistas suramericanos que cargamos a nuestro pesar una conciencia dolorida, ¿pues quién diría que se trata de conciencias positivas?, estemos también, querámoslo o no, en el trance hacia alguna parte que, en este caso, los peruanos nos muestran que va en o hacia la crítica de la Historia, hacia la crítica del olvido, como una trabajo por hacer, necesario, nada fácil, nada de moda.

Pues hay que remarcar esto tantas veces dicho, que la cultura universal, en cualquier caso y si es que existe, se hace de las voces auténticas, y estamos en Sudamérica, en el Paraguay, en el Perú, en mi Bolivia amada, en Uruguay, en Ecuador, al fin en Chile, en Argentina, y aunque nombrar a todos me dejará en la mira burlona del sardónico, lo concluyo como niño de la escuela: en Colombia, en Venezuela, en el Brasil desconocido, en la América Central, en las islas, en México. Los lazos no se deben tanto al antiimperialismo, sino precisamente a una Historia de experiencias similares, que nos dan contenidos sobre los cuales debería ser lógico hablar. El asunto es, quizá, desde qué narrador se aborda ahora la Historia. Hay relatos que ya conocemos bien como parciales, intencionados, en fin, pero ¿quiénes somos los que ahora narramos? ¿Se necesitan formas de relato o dibujos nuevos, o es más sutil el problema? Muchas preguntas sobre la cuales es preciso pensar.

Qué ganas de que nosotros fuéramos nuestros mutuos lectores, qué mercado más que suficiente haríamos, qué ganas de ser independientes. Pero si a nadie se le da la breva pelada en la boca, tampoco a nosotros, menos sobre lenguajes cuya universalidad sigue siendo en gran parte y por la fuerza de los hechos propiedad privada, o si se quiere, marca registrada. Tenemos ya estas obras que todavía no pueden contar con llegar suficientemente bien a su público, pero que no podemos menos que hacer y leer.

Gracias a Christiano G. por prestarme La Novísima Corónica, y a Carlos Reyes antes por prestarme Rupay, y a Jesús por Barbarie. Recomiendo también: http://elcuytv.lamula.pe/

Saludos a todos

Written by vichoplaza

julio 5, 2013 at 10:05 am

DESEMBARCO EN ROCKET 2: El optimismo crítico

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Puede escucharse el audio de este artículo en la siguiente dirección

Portada del nº 1

Portada del nº 1

¿Cuáles son los méritos que hacen memorable a Rocket? Dio el inicio al gran proyecto de revistas de historietas de Zig Zag en febrero de 1965, y se afirma que fue la primera revista de historietas de c/f en Latinoamérica.[1] Pero, como podemos entender y se hace necesario discernir, la eclosión de estas revistas obedeció en buena parte a la política comercial de Zig Zag, que aprovechaba la popularidad del nuevo formato como producto de entretención, pero la cual, vista desde una perspectiva más amplia, corría paralela a un desmedro lamentable de la producción de libros de literatura adulta e infantil, de ensayo y divulgación científica, según demostraba en el año 1984 Bernardo Subercaseaux[2]. Es decir, en el contexto editorial de esta llamada “época de oro” de las historietas chilenas hubo implicado un deterioro de la misión cultural de las dos grandes editoriales chilenas. Podemos debatir, sin embargo, en cuánto fueron las historietas en sí las que provocaron el desmedro del libro, y en cuánto lo fueron más bien las políticas editoriales en cuestión. No podemos aquí entrar en este problema, pues necesitaría una atención especial, sino solamente decir que en el caso de Rocket, su calidad de pionera no es para nosotros necesariamente su mérito mayor, ni implica un aporte a la cultura; en cambio, lo que valoramos es la calidad historietística y literaria de sus contenidos. También deberíamos tener en cuenta que, en el estudio citado, las revistas de entretención y las historietas subyacen todavía, por razones quizá de contexto, bajo el juicio de lo culturalmente intrascendente, y al contrario, debilitador, juicio que aceptamos que otras historietas de Zig Zag dan la razón.

Hoy día es de sentido común pensar que ni un libro ni una pintura son culturalmente más potentes que una historieta simplemente porque su formato o su lenguaje garantizara un mayor alcance; no tenemos dudas de que hay pintura mala, hay libros insignificantes, y hay historietas insignificantes. Tenemos claro también que las historietas —que están volviendo a ser estudiadas con seriedad— no se hacen valiosas en razón de que se conviertan con el tiempo en bienes patrimoniales, ni tampoco necesariamente porque hayan tenido un papel en la formación creativa de personas hoy adultas, sino cuando por su propio mérito generan una conexión con la cultura popular, y quizá podríamos decir con la infancia y la juventud, que son sus territorios propios, los cuales ya no parecen caber dentro de una definición como la de “cultura de masas”. Lo que valoramos de Rocket es que su propuesta alcanzó un nivel interesante como arte popular, y por lo mismo digno de estudio. Uno presume razonablemente que no se trata sólo de aciertos o inspiraciones afortunadas, sino que hubo un pensamiento, una serie de ideas que originaron aquella propuesta organizada y clara, en la cual se insertaron sus distintas historietas. Iniciemos entonces su estudio.

Señor presidente

Señor presidente

El nº 1 de Rocket abre con “Señor Presidente”, historia de 6 páginas, sin firmas autorales, que parece haber sido dibujada por varias manos, y con la que se presentaba la propuesta de la revista: en un futuro indeterminado se alcanza un gobierno mundial unificado y pacífico, el cual por lógica consecuencia, dice el narrador, hace que la ciencia desarrolle su potencial bienhechor, dando la solución de los problemas políticos y sociales. En esta situación feliz, un grupo del crimen organizado subsiste y planea asesinar al presidente, para provocar el terror y acabar con la cibernética, que ha dado ese bienestar general que a ellos no les conviene. El plan de los bandidos falla, pero toman prisionero al presidente para extorsionarlo. Jorge Rojas Flores relaciona su motivación con el recuerdo todavía fresco del asesinato de Kennedy (8 de noviembre de 1963),[3] y es cierto que evidentemente se trata de un deseo de una política y de una clase dirigente sabia. Diríamos también que la figuración de un gobierno mundial es un tema que se tornó característico de los relatos de anticipación, mientras que la maldad, ambición de poder o desviación delincuencial es un tema de toda literatura. Aquí lo que leemos es que unos pocos malvados harían de nuevo imposible el deseado buen gobierno, problema difícil que se resuelve con una solución optimista pero también paradójica: en la página 6, con un vuelco sorpresivo, el presidente se descubre ante los jefes criminales como un robot, y se autodestruye para dejar su puesto a otro similar. “Una espantosa explosión puso fin a una organización que sólo buscaba el odio y la muerte. Y terminó también con Robert Ferrison, presidente de la Federación Mundial. Robot creado para proteger a los humanos.”

Final de Señor presidente

Final de Señor presidente

La paradoja es intencional, y envuelve un elemento crítico, es el “mensaje” o sentido final de la historia. Las lecturas quedan abiertas, son claras la apología de la ciencia y una relación entre el poder y la sabiduría, pero también —tal vez desde una perspectiva poética— podemos considerarla una alegoría de la “falla” humana, falla tan profunda que es posible pensar, puesto que estamos en una manera de pensar popular —y en una literatura de ficción—, que sólo superando lo humano la humanidad encontraría su perfección.

Pero, para ser justos en nuestro análisis, esta historieta tiene cierta rigidez narrativa, debida probablemente a la retórica de los textos y un descuido al pensar las lógicas de la secuenciación.

Una solución inesperada

Una solución inesperada

La segunda historia del nº 1 “Una solución inesperada”, de José Nazario y Lincoln Fuentes tiene más interés en su contenido y su narración. A bordo de un cohete espacial, Robert Shacton descubre que queda aire sólo para uno de los dos tripulantes hasta llegar de regreso a la Tierra; luego de una difícil cavilación, decide eliminar a Eric, el otro cosmonauta, para sobrevivir él. Pone veneno en el café que Eric tomará sólo unas horas más tarde, según sus metódicas costumbres de hombre más viejo. En un arranque irracional, “sólo por darse una satisfacción morbosa”, Robert le ofrece antes el café, que Eric rechaza, ocupado en su trabajo. Robert sale fuera de la nave a revisar el radar, pero cuando termina su trabajo y llama a su compañero para que le abra la compuerta, éste demora en responder, “perdona, Robert, estaba escribiendo y tomando un café, ya te abro.” Eric muere antes de poder hacerlo, y Robert queda en el vacío, dando desesperados gritos de ira y de angustia. En el último cuadro vemos la nota de la bitácora de Eric: “un aerolito rompió uno de los tanques de oxígeno; deberíamos sortear cuál de nosotros llegará a la Tierra; pero Robert es mucho más joven y puede servir a la humanidad por más tiempo que yo… mañana me suicidaré.” Como vemos, presenta respecto a la anterior un matiz, porque las oposiciones egoísmo-altruismo, homicidio-sacrificio son los motivos del desenlace trágico, que suspende lo ideológico, es decir la prédica directa, de modo que la crítica tiene incluso más credibilidad. El plan narrativo ha hecho el siguiente juego: 1: Robert sabe del problema, Eric no sabe. 2: los actos de ambos se cruzan trágicamente. 3: vuelco sorpresivo: Eric también sabía. En consecuencia, el mensaje es dado más netamente por la forma narrativa, lo que aumenta su efecto. La crítica es acá más profunda y el optimismo más mitigado.

El enemigo

El enemigo

Otra de las historias del nº 1, “El enemigo”, también de Nazario y Fuentes, de 6 páginas, introduce la ironía. Hay una cuidada construcción en las 5 primeras páginas para describir un ataque de crueles invasores que sin provocación agreden a fuego y sangre desde el espacio. Los defensores logran rechazar el ataque, haciendo prisionero a uno de ellos. Los cosmonautas, que no pueden quitarse los cascos puesto que el combate dejó una avería en la nave, advierten a los más jóvenes sobre el aspecto de aquellas criaturas guerreras. Cuando aparece el enemigo, en el cuadro grande de la página 6, vemos que es un hombre. “Qué horrible, es asqueroso. —Ya se acostumbrará, cadete, al verlos por primera vez revuelven el estómago, ya se acostumbrará.” El vuelco inesperado trae el golpe de ironía, como preguntando ¿pero quiénes nos creemos que somos? Provoca un efecto a la vez sensible e intelectual, que es reiterado cuando los defensores reparan la nave y se quitan sus trajes.

Las tres historietas expresan lo que llamaremos el “optimismo crítico” de Rocket, que se mueve entre ambos modos, primando uno u otro. Una respuesta a un lector, en el Nº 9, hacía explícito este ánimo y sus razones:

  • “Desgraciadamente, no podemos cerrar los ojos a la maldad. Ella existe, pues la humanidad está, precisamente, formada por humanos. Y uno de los medios de corregir esto es mostrando los errores. Pero, como contrapartida, están los hombres como tú, llenos de idealismo y confianza en un futuro mejor. Un futuro de paz, igualdad y justicia.”

En cuanto a la construcción del relato, “Señor Presidente” presenta ya un modelo que veremos también en las otras historietas alegóricas de Rocket: se apunta a problemas trascendentes al género, que dan un contenido a la situación fantástica. En una situación dada de imaginación futurista, irrumpen los viejos conflictos y dilemas humanos; el relato los señala claramente, y el desenlace entrega un mensaje ejemplar, admonitorio, o moral, remarcado en el cuadro final por el texto del narrador off. El argumento está construido en base a oposiciones marcadas: deseo de paz y bien común opuesto a la ambición individualista y la agresividad humana, la bondad al crimen; el sacrificio y la renuncia opuesta a la codicia. En las otras dos historias, donde hay un tono más crítico que optimista, la estructura argumental cobra mayor complejidad, en proporción, al parecer, a cuanto en su intención va dejando de ser alegórico.

He hablado también de efectos, porque se trata de una literatura de efectos, que pretenden llevar al lector hacia cierta inquietud, para trastornar y ampliar allí sus actuales modos de pensar, el cual parece ser un acuerdo implícito en el género c/f, y probablemente en cualquier buen arte narrativo, recurso que según se aprecia los argumentistas de Rocket conocían bien.

El sacrificio

Sacrificio (nº 6)

Las historias donde prima el acento aleccionador, en su confianza en el género humano tienden a la afirmación de la autoridad, el Estado, la policía, el ejército, o las instituciones de la justicia humana, y conciben, como ellas, que su falla corresponde, a la degeneración moral de individuos particulares, como lo leemos en “Señor presidente”. Por ejemplo, en “Encrucijada”, de Isabel de Hagel y Rubén Orellana (Nº 24) el protagonista se encuentra en una situación desesperada: su mujer agoniza de muerte, y él no tiene medio de salvarla; se le acercan sujetos de una organización mafiosa que le ofrecen la ayuda que necesita, a cambio de que él coopere con ellos para apoderarse del gobierno mundial; el final inesperado resulta feliz, y afirma la incorruptibilidad del protagonista, del gobierno en el cual la mafia se había infiltrado, y de la policía. Esto implica que el núcleo crítico va dirigido a las “manzanas podridas” y a su antisocialidad. En “Boomerang” (Nº 24) también de Isabel de Hagel, con dibujos de Lincoln Fuentes, vemos la lucha agónica y súper avanzada de la civilización Acturiana por apoderarse de la tierra y de los terrestres, para sobrevivir ellos mismos; pero fallan debido a sus despóticos excesos, y la justa reacción bélica de los humanos, que les dejan la posibilidad de escape hacia el espacio. En “Sacrificio” de Máximo Carvajal (6p. Nº 5), una nave invasora destruye a una cuadrilla aérea estadounidense, y resulta inmune a tres bombas atómicas; luego de estas demostraciones de poder, pide parlamentar. El general terrestre responde a viva voz “Quienquiera que seas, si precisabas nuestra ayuda, no era necesario que asesinaras a nuestros hombres, bastaba haber solicitado lo que deseas. Ahora ya es tarde.” Sobreviene un peligro global; la nave va a llevarse, por la extorsión de la fuerza, a las 30 mentes más potentes del planeta, todos hombres occidentales del primer mundo, excepto el profesor Tanaka, de Japón, que trabaja en una isla solitaria. La historieta contiene ejemplarmente un espectro de ideología y connotaciones en el sentido de la afirmación institucional, concluyendo con el triunfo de la inteligencia humana sobre la extraterrestre.

Por estas razones, es posible pensar que estas historietas encarnan dentro de la revista aquella mentalidad de la cultura de masas que subyace en los cómics tradicionales, producto de la manipulación ideológica desde arriba hacia abajo, de acuerdo a la crítica que aparecía ya en esa misma época (en especial a partir de Umberto Eco (1964))[4]. Hay por lo tanto una parte de tradición conservadora, la que no es extraña, considerando su contexto. La locación anglosajona, por ejemplo, es transversal, una convención visible también en las demás revistas. No había llegado a definirse todavía, o a aceptarse la idea de apropiaciones en la historieta de aventuras chilena, pese a que existían antecedentes, sobre todo de ubicación temática, cuyo ejemplo clásico es el proyecto de “El Manque” de Mario Igor, el cual nuestros autores conocían seguramente muy bien. Probablemente también influía la noción, debida a las lecturas nutricias mencionadas antes, de que una condición de la ciencia ficción es su necesario origen en contextos industrializados, lo que se traduciría aquí en la localización anglosajona.[5] Parece haber sólo dos historias localizadas en Chile: “Los visitantes”, de Nazario y J.R.Gutiérrez. (Nº 6), y “El regreso de las cruces gamadas”, del propio Carvajal (nº 22); además del esbozo en otras de castellanizar los nombres (“Regreso al hogar”, de Isabel de Hagel y Juan Araneda, nº 15). En “Sacrificio” lo japonés aliado a Occidente, pero pintado con rasgos de exotismo, ofrece una lectura del orden geopolítica, pero no una crítica a dicho orden. Puede pensarse como elemento dentro del rango de “lo aceptable” para entonces, imbricado con elementos más especializados, como la preferencia por los maestros de la historieta estadounidense. El dibujo del personaje japonés, calvo y con bigotes, nos remite a tipos creados por una tradición de “villanos” orientales en los cómics norteamericanos. Pudo haber en la mente de Carvajal un homenaje, una fascinación profunda, y un guiño a modo de vuelta de tuerca. Pero en esa influencia, “pasa” la mirada respecto al oriente de un historietista como Milton Caniff, por ejemplo. Es decir, pasa sin aduana una ideología, la cual ha sido bien analizada por Umberto Eco respecto al mismo Cannif. Nuestro joven maestro se colocaba como mediador apasionado y era traspasado por el otro “de un mundo más fuerte”.

Pero en otras historietas la afirmación optimista del “establishment” queda matizada por la visión crítica, como vimos ya en “Una solución inesperada” y “El enemigo”; y en algunas la crítica pasa a primer plano. Probablemente aquí encontremos buena parte de lo que hace más interesante a la revista..

Portada nº 2. Los perseguidos

Portada nº 2. Los perseguidos

La historieta que abre el nº 2, “Los perseguidos, una competencia racial por el futuro”, de Nazario y Ulzurrún (6 páginas), relata la persecución policial y ejecución de un hombre que caminaba con su hijo en la calle. El niño escapa, pero uno de los policías lo persigue y lo acorrala, para matarlo; el niño reacciona sorpresivamente, y por un poder psíquico es él quien mata al policía; entonces el niño enuncia un argumento discursivo que nos trae el conflicto que originó la escena: “¡La humanidad nos ha dado sólo odio, y odio tendrá!… Mi padre trató de hacer que nosotros conviviéramos en mutua colaboración con la humanidad, ¡y la humanidad le dio muerte!… Ellos nos odian porque nos temen, saben que la raza nueva los destruirá, como los Cromañones destruyeron a los hombres de Neanderthal.” Esta historieta, en la cual también están planteados los problemas de la diferencia y la otredad, pone en suspenso la confianza sobre el orden general y niega la afirmación del mundo como es, para afirmar más bien un proceso natural (o cósmico) más profundo, el cual el orden político actual quisiera reprimir.

“El linchamiento” (Nº 4, sin firmas ¿Antonio Benedicto?, 5 p.), es una escena de racismo brutal, con un dibujo alargado e incisivo en las expresiones, y con una conclusión sorpresiva, pero no moralista. Todos los personajes son racistas, salvo la víctima ejecutada. La orientación al lector sobre lo que debe pensar está un poco más mitigada, y por ese medio reafirma precisamente su reclamo. En “Visita de inspección”, de Sergio Hazeldine y Miguel Aránguiz (Nº 15) tenemos la advertencia sobre la estupidez de la belicosidad humana, en ella los extraterrestres no ven la necesidad de destruir a la raza humana como peligro para todos los demás mundos, porque se destruirán ellos mismos. Tenemos la crueldad de los conquistadores humanos sobre criaturas que ellos tienen por inferiores y torpes, donde también está expresada la explotación de los trabajadores. Hay un par de esas historias, una es “Repetición” (sin firmas, Nº 15), donde los esclavizados hombres-gato matan finalmente a los humanos para liberarse, con los mismos procedimientos crueles con que éstos les inflingían castigos. La historia comunica la idea de extraterrestres más humanos que los humanos, y de nosotros como raza bárbara del universo, pero premunidos de un orgullo monstruoso; su grafismo es expresionista y “barroco”, es decir que junto a las formas grotescas y la línea gruesa, recurre al efectismo de las expresiones y los gestos de dolor o los actos de crueldad. El cuadro donde el último humano es sumergido en la caldera de ácido es interesante en esta doble línea de expresionismo y patetismo. Aquí vemos un puente que conecta a los relatos de anticipación con los de horror, más naturalmente que con los de aventuras de inspiración épica, en el sentido de que ambos géneros sintonizan en este patetismo fundamental, en lo literario y en lo plástico.

“Mundo Nuevo”, de Nazario y Ulzurrún (nº 7), y “Regresión”, de Germán Gabler y René Poblete (nº 8), dos historias de eco romántico, ponen en cuestión la confianza en la tecnología y la ciencia, a través del tema recurrente de los nuevos comienzos, que aluden al contexto de la inminencia real de la destrucción del planeta. En otras historias hay un fondo de confianza en que el nuevo comienzo, o los nuevos Adán y Eva han aprendido sabiamente del dolor de una catástrofe anterior. Por ejemplo, “Regreso al hogar” de Isabel de Hagel y Juan Araneda (nº 15), dice: “los hombres aprendieron a muy alto precio la forma de vivir en paz y luchar juntos contra la gran catástrofe… y entonces ya no cometeríamos los mismos errores”, mientras que en “Compensación”, de Nazario y Mario Igor (nº 1), vemos una nueva pareja inicial perfeccionada por una sabiduría superior, la cual, en un discurso grave, expresa el respeto al otro más débil en compensación de su propio error, al haber dañado a la pareja accidentalmente; allí la crítica es inversa: los extraños enseñan a los humanos lo que debe hacerse ante el propio error. Inferiríamos de ellas el mecanismo psicológico del arrepentimiento. Pero ambos argumentos dependen de una alta ciencia y tecnología. En “Mundo Nuevo”, en cambio, Atlán, cosmonauta cuya nave se estrelló en un mundo primitivo, decide no convertirse en el dios de la tribu que lo recoge, y destruye sus propias armas y su nave, renunciando al poder que estas le otorgarían alli, para unirse a esos hombres en su propia condición de vida, y enseñarles a pensar a partir de ella. “Regresión” sigue la línea de enseñanza moral de José Nazario, y profundiza la crítica; una misión es enviada al planeta Cirus para saber de la anterior y primera expedición colonizadora de hace 50 años atrás, de la cual no se tuvieron más noticias. Allí descubren una pequeña colonia humana, de cultura agrícola, materialmente rudimentaria y atrasada. El anciano líder de la colonia trata de convencer a los visitantes de que ellos viven en esa condición porque lo han escogido así, y porque desprecian su anterior vida en el mundo humano, representada en el progreso. Pero ante la inminencia de la intervención terrestre, el anciano los lleva a una cueva donde se guarda una caja con reliquias de la primera expedición. De ella saca un arma. Cometerá homicidio para la supervivencia de una posibilidad mejor. “¡Espera, viejo loco. No puedes matarnos! –¡claro que sí puedo hacerlo! Yo soy uno de los antiguos. Yo aprendí a odiar, como lo han hecho ustedes. ¿Qué importan vuestras vidas ante el milagro de un nuevo amanecer?”

La propuesta de Rocket, por lo tanto, conjuga posiciones diversas y variantes sobre temas comunes y reiterados, que se han tornado preocupaciones del pensar popular, que se está preguntado sobre el orden de las cosas, preguntando por la idoneidad de algunas cosas.

Herencia

Herencia

Puede percibirse además en los argumentos una “misión” de enseñanza y transmisión de valores morales. La mayoría de los dibujantes y argumentistas tenían esta concepción de la literatura para niños y jóvenes, que transmite el mensaje de “haz el bien”, recibido desde sus lecturas infantiles. Pero hoy día puede intuirse que lo nuevo de Rocket, ayudado por el género, no se debía solamente a la conjugación del contenido serio con la entretención, que implicaba en la tradición heredada una función didáctica y enciclopédica, sino la idea de se pueden transmitir conocimientos y sabiduría directas al lector. Sería importante remarcarlo. Esto se aprecia con nitidez en “Herencia”, de Themo Lobos (7p. Nº 2), comienza con un homicidio por ambición, “¡Ahí te pudras, idiota!” grita el asesino al muerto, mientras lo arroja afuera de la nave, al espacio. Una mente encuentra al cadáver, y aprovechando las últimas funciones vitales de su cerebro, inicia una búsqueda. Al fin encuentra hombres sin maldad, aunque para llegar a ellos debe asesinar a uno que sí la tiene. El objetivo de esta mente es traspasar de nuevo a la humanidad “la luz de la inteligencia, la llama de Prometeo”. Otro ejemplo simillar lo hemos visto en “Mundo nuevo”, donde se sugiere la idea de que la civilización humana fue empujada por sabiduría extraterrena. Themo Lobos, que en cuanto argumentista firma como José Nazario, puede considerarse como un propagador constante de esta idea, que ha recogido del didactismo cierta conciencia de una palabra sabia, transmitida al lector no ya como cita o referencia a una autoridad moral o literaria, sino venida del propio historietista. Esto implica la convicción de que la historieta es capaz de manejar sus contenidos al mismo nivel que la literatura o el cine. En eso tenemos un paso importante de las historietas en Chile.


[2] En la década del 60 Zig-Zag publica 33 revistas de historietas, llegando a sacar una historieta de la serie Disney cada día del mes. En cuanto a revistas saca “Eva” “Saber Corner”, “Confidencias” “Rosita”, “Telecran”, “Rincón Juvenil”, “Gol y Gol”, “Vea” y “Ercilla“, además de fotonovelas y fotoromances; buscando convertir a los distintos miembros de la familia en consumidores, publica una revista para cada día de la semana. Lord Cochrane, por su parte, produce las revistas “Ritmo”, “Cine Amor”, “Vanidades”, “TV-Guia”, “Chef”, “Corin Tellado”, “Paula” y “Mampato”. En Zig-Zag a fines del período las revistas representan el 90% del volumen total de ventas por año, mientras los libros alcanzan sólo al 10%: en Lord Cochrane las revistas representan el 95% y los libros menos del 5%. Bajo la presión de esta incipiente industria cultural (que abre las puertas a la industria transnacional) se dan situaciones legislativas insólitas, como un decreto-ley que rebaja los aranceles y permite la libre importación de papel a condición que sea destinado a revistas y no a libros (cita nº 27: Informe Corfo Industria Editorial”, op. cit. p.21. Decreto 1369 de 1968 establece rebajas de derechos al papel para impresión.) Subercaseaux, Bernardo: La industria Editorial y el libro en Chile (1930-1984) Ensayo de interpretación de una crisis. Céneca. Santiago de Chile, octubre de 1984. (p. 28).

[3] Rojas Flores, Jorge: Las historietas en Chile, 1960-1980. Industria, discursos y prácticas sociales. Santiago, Tesis para optar al grao de Doctor en Estudios Americanos, mención Historia, facultad de Humanidades, Universidad de Santiagos de Chile, 2012. En el subcapítulo 4.14.- Alegorías políticas en la ciencia ficción p.162-164, se refiere al sentido crítico y político de varias historias de Rocket.

[4] Jorge Rojas Flores nos da una excelente y documentada revisión sobre el curso y los puntos de debate teórico del problema de los cómics en la cultura de masas, en especial en el capítulo 2 de la primera parte: “El debate sobre la cultura de masas”. Op. Cit.

[5] Conocí este debate gracias a Francisco Ortega en la charla “La narrativa gráfica fantástica: Las historias que hay que contar”, durante el 3º festival Viñetas del fin del mundo, UST, Santiago, Miércoles 05 Octubre de 2011. Allí Ortega la documentaba como una idea refutada por la historia del género, aunque es interesante notar que en su propia novela gráfica “1899 Cuando Los Tiempos Chocan” (Francisco Ortega y Nelson Daniel, 1899), la historia se ubica en un Chile industrializado, productor de tecnología, gracias a un particular mineral hallado en el territorio.  

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enero 26, 2013 at 7:48 am

DESEMBARCO EN ROCKET. 1: los datos

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Pueden escuchar y ver este artículo en este enlace

Portada del nº 7

Portada del nº 7

Rocket fue una revista de historietas de ciencia ficción, creada en Chile en 1965, lanzada por la Editorial Zig Zag, y que alcanzó los 29 números quincenales. Fue un proyecto de adaptación de la idea del comic book estadounidense, es decir que ya no era miscelánea como las anteriores revistas de historietas chilenas, sino dedicada a un género particular. Su éxito dio pie a la consecutiva eclosión de revistas de historietas chilenas de Zig Zag, donde se presentaron muchos temas y géneros con relatos y personajes creados por artistas nacionales, y que se mantuvo hasta la primera mitad de los años 70. En ellas, el género historietístico de aventuras de dibujo realista tuvo un desarrollo especializado e interesante.

TRAYECTORIA EDITORIAL

Según puede desprenderse de los diversos testimonios orales y escritos,[1] Rocket fue un proyecto concebido y presentado a Zig Zag por el dibujante y guionista Themo Lobos, quien asumió su dirección, aunque fue la empresa quien quedó como propietaria de la revista, de acuerdo tal vez a la costumbre de aquel tiempo respecto a la propiedad intelectual y las marcas de nombres. Por lo mismo, fue realizada en el Departamento de Historietas de la Editorial[2], donde los dibujantes y guionistas laboraban en las dependencias de la Editora, ganando según cada página producida.[3] No obstante, cuando Lobos abandonó el proyecto, poco más de un año después de su aparición, Zig Zag respetó su propiedad artística y cerró la revista, para continuar la idea seis meses más tarde bajo el nuevo título de Robot, en la cual siguieron escribiendo y dibujando varios de los colaboradores de Rocket. Según los mismos testimonios, Themo Lobos dejó la revista debido al agobio del trabajo administrativo, al cual no se pudo someter, y no a un declive de lectores o a un cambio de idea editorial. Al contrario, en la sección de correo del Nº (26) se anunciaba su salida semanal, respondiendo a las solicitudes de los lectores. Desafortunadamente, cerraría tres números después.[4]

Cristián Díaz Castro[5] informa que Rocket salió a circulación en febrero de 1965, y considerando su periodicidad quincenal, el último número (29) fue probablemente de marzo de 1966. Robot apareció en septiembre de 1966 y el último número (10) es de enero de 1967. Rocket publicaba en cada número entre 5 y 6 historietas cortas, de entre 4 a 8 páginas, y excepcionalmente de 10 ó 12 páginas, e incluía historietas cómicas y páginas de humor, además de una o dos páginas en cada número de la serie didáctica “El camino del espacio”. Robot, en cambio, presentó historias más largas, de entre 10 y 12 páginas, o más, y no incluyó humorismo, pues la editorial lo separó el mismo año 66 en otra revista: “Comicnauta”.[6]

De izq.. A derecha:, Cristian Pardow, Adolfo Urtiaga, Themo Lobos, Maximo Carvajal, Juan Francisco Jara, René Poblete, Lincoln Fuentes. Fotografía de Lincolnl Fuentes, publicada en entrevista por mauricio García en Ergocomics. http://ergocomics.cl/wp/2003/05/lincoln-fuentes/

De izq.. A derecha:, Cristian Pardow, Rodolfo Urtiaga, Themo Lobos, Maximo Carvajal, Juan Francisco Jara, René Poblete, Lincoln Fuentes. Fotografía de Lincoln Fuentes, publicada en entrevista por Mauricio García en Ergocomics. http://ergocomics.cl/wp/2003/05/lincoln-fuentes/

DIBUJANTES Y ARGUMENTISTAS

Aprovechamos aquí los recuentos de Cristián Díaz Castro:

Dibujantes: Gilberto Ulzurrún, Abel Romero, Themo Lobos, Juan Francisco Jara, Christian Pardow, Máximo Carvajal, Lincoln Fuentes, Luís Rosales, Germán Gabler, René Poblete, Juan Araneda, Oscar Camino, Andrés Núñez, Ricardo González, Miguel Aránguiz, Enrique Calvo, Luís Cerna, Ismael Chirón, Bernardo Aravena, David Maturana, Debe agregarse a Rubén Orellana y J.R. Gutiérrez.

Argumentistas: José Nazario (Themo Lobos), Germán y Guillermo Gabler, Isabel de Hagel, Alan Time, Eduardo Smith, Hernán Escobar, Sergio Hazeldine, Nelson Rivera.

Páginas de Humor: Ric, Luís Cerna, Charles, Estades, Hervi, Rufo, Guidú, Pal, Jorcar, Felguerra, Themo Lobos, Chiko y Jalid.

Historietas humorísticas de Themo Lobos y Adolfo Urtiaga.

Los textos y dibujos de la página “El camino del espacio” son de Miguel Aránguiz. Themo Lobos, Máximo Carvajal, Christian Pardow, David Maturana, son, en general, sus propios argumentistas. Juan Araneda es autor de “El visitante” (Nº 8) y “Ficción”, (Nº 17). Lincoln Fuentes es autor de “El camarada” (Nº 13). “Recuerdo” (Nº 29), está firmada por E. Dazid.

DEFINICIÓN DE GÉNERO E INFLUENCIAS

No parecía crucial para el trabajo de los argumentistas y dibujantes tener una exactitud conceptual del género literario (ciencia ficción, fantaciencia, anticipación u otras definiciones). Buscando hoy esa exactitud dura, probablemente se trata de fantaciencia. De cualquier modo, aceptamos la autodefinición de C/F dada por la misma revista, lo que quizá es decir de Themo Lobos, que era un conocedor atento, en la apertura de la sección “La nave correo” (Nº 9), donde responde a un lector:

  • Tiene razón al indicarnos que lo que se ha publicado en ‘Rocket’ no es ‘ciencia ficción’ sino ‘historietas de anticipación’. Pero el nombre ‘ciencia ficción’ es más amplio y nos da más campo para los temas, ya sean científicos, fantásticos, o de ‘anticipación’.

Según se desprende de una revisión de sus temas e imágenes más frecuentes, Rocket estaba dedicada especialmente a imaginar la aventura espacial (vista como conquista, exploración científica o explotación de riquezas), al avance científico-tecnológico del futuro, representado en los robots y en las máquinas del tiempo, y al encuentro con los alienígenas, o con mundos y seres desconocidos, en claves de amistad o guerra. El Nº 10 estuvo dedicado a los robots, y el Nº 22 a los Ovnis. En este último, el texto editorial incluido en la primera página dice:

  • La fiebre de los Ovnis o platillos voladores ha recrudecido. Han sido observados nuevamente y con gran frecuencia en Chile y el resto del mundo. ¿Qué son? ¿De dónde vienen? ¿Qué intenciones traen? ¿Acaso proceden de la misma tierra? ¿O son emisarios de una civilización que existe en otro sistema solar, y pretenden invadirnos? ¿Serán observadores de nuestro mundo, así como nosotros, los terrestres, observamos y sondeamos los demás planetas de nuestro sistema solar?

Es un espectro de ideas y de interrogantes que nos informan sobre las líneas manejadas para los argumentos y contenidos. Según las referencias citadas, así como en un artículo escrito por Máximo Carvajal, las fuentes nutricias directas y principales para nuestros autores fueron la revista argentina Mas Allá, y la colección española Nebulae. “Más Allá pondría a nuestro alcance a Asimov, Damon Knigh, W. Tenn, Clarke, Bradbury, Clifford, Simak, Van Vogt y a toda una pléyade de maravillosos soñadores, que constituirían para nosotros otras tantas ventanas a sus múltiples mundos.”[7] También se ha citado últimamente a la serie televisiva “Dimensión desconocida” (The Twilight Zone) como probable influencia en su orientación social y moral.[8] La relación es sugerente, puesto que hay una correspondencia en ese sentido, sin embargo no es citada por los protagonistas, sólo algunas historias de Rocket coinciden con su temática, además que debería confirmarse si para 1965 ya se transmitía esta serie en Chile, teniendo en cuenta además que la TV no se masificó entre las clases medias y populares sino hacia fines de la década 60.[9]

RECUENTO DE TEMAS EN ROCKET

Ordenados, aproximadamente, en su relación de mayor a menor presencia:

Viajes espaciales como viajes de expedición, descubrimiento o comercio.

Conquista de otros planetas, explotación de riquezas, escalavizaciones.

Alienígenas, contactos amistosos o guerreros.

Humanos como invasores / extraterrestres como invasores.

Viaje en el tiempo. Máquinas del tiempo. Paradojas temporales.

Robots y androides, como amigos ayudantes / como amenaza.

Guerra nuclear. Guerra(s) final(es).

Nuevos Adanes y Evas. Nuevos comienzos de la humanidad.

Mundos felices.

Prehistoria / Futuro. Hombres prehistóricos/ hombres del futuro.

Contacto entre hombres del futuro y hombres primitivos, tribales.

Historias detectivescas. Agente o investigador versus criminal.

Especulación sobre misterios o mitos del pasado.

El subconsciente, la mente, lo desconocido.

Amenazas espeluznantes o inquietantes.

Temas anteriores en clave de comedia y humor.

Especulaciones sobre supervivencias del nazismo hitleriano.

Localizaciones en Chile (2 veces)

Intrigas de romance y rivalidades amorosas.

Caso real de encuentro con extraterrestres (1 vez)

Narración poética, impresionista, sin conflicto dramático (1 vez)

Combinación C/F Western (1 vez)


[2] Según Hasson, el Departamento se creó a fines de 1964. Véase: http://ergocomics.cl/wp/2012/08/la-cf-en-suenos-maravillosos-y-mundos-fabulosos/ Véase también sobre el Departamento de Historietas de Zig Zag el artículo de Mauricio García en: http://ergocomics.cl/wp/2012/09/elisa-serrano-la-mujer-tras-la-historieta/

[3] Pérez Cartes, José: “La historieta chilena”. En: Pequeña historia de la historieta. Memoria de título. Escuela de Periodismo, Universidad de Chile. Julio de 1972. (p. 99)

[4] Máximo carvajal sugiere que también hubo problemas de censura de parte de Zig zag: “Mucho se ha especulado para explicar el término de la aventura. Un desacuerdo de Lobos con la empresa, la revista se había puesto demasiado inteligente, blanco para un macarthismo criollo que, sin duda, existía ya en aquel entonces.” Máximo Carvajal: ” EL ROCKET. Un tiro al corazón del cómic”, artículo gentilmente facilitado por Mauricio García, cuya publicación recomendamos.

[5] Díaz Castro, Cristian: La historieta en Chile (4). Revista Latinoamericana de Estudios sobre la Historieta, Nº 9. 2003 – año 3 – volumen 3. Observatorio permanente sobre la historieta latinoamericana. http://www.rlesh.110mb.com/

Las fechas rastreadas por Cristián Díaz se basan en números que aparecen fechados, y a partir de ahí es inferible la quincena, semana o día de aparición. Si no existen dataciones en las mismas publicaciones, están deducidas a partir de cuando es indudable su mes (ediciones de Navidad o fiestas patrias), conservando un margen de error porque la periodicidad podía variar. (Comunicación de Cristián Díaz).

[6] Conversación con Moisés Hasson. Respecto a Comicnauta, Cristián Díaz la indica en el año 1966, con periodicidad mensual, llegando a los 12 números. Véase Cristián Díaz, loc. cit.

[7] Máximo Carvajal: ” EL ROCKET. Un tiro al corazón del cómic”, referencia citada en nota 4. Véase también: http://saladehistoria.com/wp/2010/05/01/revista-rocket-zig-zag/. Y en general para la ciencia ficción y su presencia en Chile, el Blog ya citado de Moisés Hasson: http://bibliotecajuntoalmar.blogspot.com

[8] programa radial Viñetas del Fin del Mundo #67. Entrevista de Carlos Reyes G. a Moisés Hasson sobre Ciencia Ficción en Chile. http://www.podcaster.cl/page/2/?s=vi%C3%B1etas+del+fin+del+mundo. Aparte de este comentario que debe establecerse, la entrevista es interesante y experta.

[9] Véase: Torti, Juan Ángel: Televisión Chilena. Sus primeros pasos (1959-1973). Ediciones Emege comunicaciones. Santiago, 2005.

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enero 17, 2013 at 6:13 am

Una manera de cómo sentimos el poder

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banalidad del mallLeyendo LA BANALIDAD DEL MALL (Libros La Calabaza del Diablo. Santiago, 2012),surge natural hablar del impacto de la lectura. ¿Qué decir, se trata de un humor sin humor, nos hace bien, nos hace mal, nos gusta o es muy cruel? En ese problema me pone Leo Ríos, uno de nuestros mejores dibujantes, por sí y por el modo como domina cada trazo cargándolo de señas de estilo y memoria. Una de las riquezas profundas de Leo es que conoce la forma y la contraforma de cada dibujo que lo nutrió, que admiró o disfrutó. Hablo en pasado porque siento que sus viñetas hablan melancólicamente de un sentido del humor perdido, o sea irrecuperable así como era. Sus viñetas son una opinión racional, la razón contra la fuerza, y en eso ya habría una ironía pero a la vez una autodestructividad verificable. No tiene contemplaciones, no sólo con los criticados y con lo criticado, sino con el mismo lector. La estrategia antes era desagradar al burgués, al pirulo y a la momia, al desclasado, y hacernos reír a nosotros, que no lo éramos. Pero ha pasado el tiempo y Leo Ríos incomoda definitivamente  a nuestro pequeño burgués, a nuestro momio y a nuestro fascista interior. Lo encuentra, lo incomoda y no lo perdona, ¡qué lo va a perdonar!, no le ofrece nada, no lo halaga, no lo autocomplace, sino que lo critica. Corre su riesgo y tiene coraje, pues a pesar de su notable dibujo, en su opinión gráfica para adultos sigue un camino no popular.

En la evolución del humorismo gráfico la risa ya no está siempre, incluso ya no está nomás. Aquí en este libro, y como hacen también otros humoristas, dibuja sonriendo burlones a los inversionistas, los corpulentos mega-empresarios, los miembros de directorios, los políticos en general,  los faranduleros cuya salud, según los hechos cotidianos nos muestran, dependería de pasarnos por encima. Por supuesto en esta opinión o sentir subyace un acuerdo sobre la percepción de las cosas, dependiente de nuestra posición en el sistema, si se quiere, y si no subyace entonces no hay acuerdo. Sus escenas me dicen: ellos siguen ganando, esa es la realidad y no hay que disfrazarla, sino que hay que hundirle el dedo, porque ya está bueno ya. Los ciudadanos sentimos la burla del poder, no hace falta extenderse para explicarlo más, y sentimos amargura en ello. Las viñetas de Leo Ríos son un modo de cómo sentimos el poder, el modo cómo sentimos que somos burlados, en fin, nada para coser y cantar. Difícil encontrar la risa liberadora, y Leo lo sabe mejor que nadie, creo yo. Por el otro lado, no hay contemplaciones con los sujetos medios y pobres, con su mediocridad y su fascismo, es una crítica total y transversal.

Pero a veces Leo hace una defensa, una ingeniosa vuelta de tuerca, hay que decirlo.

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diciembre 20, 2012 at 9:40 pm

Publicado en Fichas de estudio

Hoy fue uno de esos días

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Hoy esHOY ES UNO DE ESOS DÍAS, (autoedición, Santiago, 2012) de Nicolás Pérez de Arce, narra  lo suyo con dibujos y diseño en página doble, o abierta,  integrando la rotulación en el dibujo. Trabaja la relación entre caligrafía y grafismo, una relación que hoy nos parece inherente y hasta obvia, es decir que lo escrito es un dibujo, y que lo dibujado es una escritura. La relación entre caligrafía, dibujo y escritura es un modo de comprender la creación artística, y tiene sentido. Mayormente, cuando aparece  visible es porque estamos frente a un trabajo de ese tipo, más que del arte aplicado o industrial, por decirlo así con esos antiguos nombres.  En los hechos, ha sido pensada por el arte verdadero y sin mayúsculas (véase por ejemplo el ensayo de Ronald Barthes sobre Cy Twombly) puesto que el arte es una forma de pensamiento, y su tarea consecuente es pensar. De ahí que al parecer se confunda el trabajo del arte con la experimentación.  Cuando uno trabaja aprendiendo a encontrarse con el flujo interno y complejo del trabajo y de uno mismo, necesariamente tiene que experimentar con los materiales, con la sintaxis, pero si no sé qué cosa quiero pensar, entender, sensibilizar, se transformará en formalismo, un formalismo atractivo quizá pero vacío por consecuencia.  Además, si esto ocurre en el trabajo de los relatos ilustrados, que no tienen por qué reclamar su ingreso al arte académico, pero sí al arte verdadero, el cual sabemos escaso y excepcional, uno se da cuenta que se aleja peligrosamente de la aprobación del Capitán América.

El Capitán América es otro mundo, es la ideología del control,  y allí la palabra, en los guiones y escaletas, tiene la función de previsualizar y precaver en todo lo posible cada efecto y cada significación. O sea, pensarlo todo antes, por palabra y por boceto. Opuesto a esto,  la escritura y su método busca pensar sensiblemente en y durante el propio trabajo, y dar si se puede con lo que realmente uno quiere decir, y eso no puede ser meramente verbalizado con anterioridad, porque si se pudiera, o sea si correspondiera al lenguaje verbal y cotidiano, no tendría sentido repetirlo con otro lenguaje.

Por otro lado, plantea también la cuestión del tema, de aquello sobre lo cual se habla.  Aquí la angustia existencial, la angustia del ingreso al feroz funcionamiento del mundo fáctico. Se escucha todavía decir que la autenticidad viene  cuando hay tristeza, angustia, desesperación, que no se escribe cuando uno es feliz. Esa relación es falsa porque implica solamente a la emocionalidad, y más todavía, a la emocionalidad atormentada, la frustración y el dolor, cosa que todos deberíamos saber ya que es una pose aceptable en los adolescentes, pero no en los adultos. Expresa hedonismo simple, y confirma que merece el rechazo del mundo. Podemos pensar más bien que la realidad es peor, y que sus dimensiones son atisbadas por el lenguaje del arte, el cual está especialmente capacitado para esa ingrata tarea. Cuando en este caso el relato y el dibujo nos hacen pensar en lo cierto de la situación que está diciendo y que está graficando, de modo que no tratemos de hacernos los tontos, es calificable como algo verdadero, auténtico, por consecuencia como un trabajo de arte. Contradictorio como sea, su existencia nos alegra.

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diciembre 14, 2012 at 12:38 am

¿Qué diría usted? ¿Vender o vender?

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La recién organizada Feria del cómic de Plaza Brasil 2012 fue una excelente reunión de las tendencias actuales de las historietas y los fanzines del género en Chile, –o en Santiago si se quiere. Nuestro aprecio para Sabina Gálvez, brillante gestora cultural, y Directora además del proyecto bibliotecario de Puente Alto, y a su equipo, cuyo trabajo se nota en los detalles. Respeto y profesionalidad, que los expositores invitados se esfuerzan en corresponder. Sólo sentimos la ausencia de Jorge Pato Toro, quien puso tanta energía y creatividad en las versiones anteriores.
Aquí en realidad no escribo una nota sobre la Feria, sino una reflexión a partir de ella, animado por la energía que se genera en ocasiones como estas.

Foto de la Feria en Facebook.

Foto de la Feria en su sitio de Facebook.

La Plaza Brasil, en el centro de Santiago, bulle de actividad y de gente que circula con ánimo de ver cosas nuevas, raras, con ánimo de encontrar la distracción tan necesaria, una pausa, y hasta con ánimo de encontrar objetos o libros. Es un ambiente popular y espectacular, lleno literalmente de vida. Hace años de años se ha venido generando toda esta verdadera movida cultural, y otros mejor que yo pueden contarnos su proceso y su historia. En ese sentido, nosotros, historietistas reunidos en una feria, (proyecto de Sabina Gálvez, apoyada por fondos públicos), con espectáculos musicales acompañantes, somos tan invasores como aportadores a esta Plaza Brasil, que no creamos nosotros en cuanto dibujantes, ni la Municipalidad, ni la Historia, sino nosotros como gente, pueblo que va allí por años.
Pero la actividad comercial en la misma Plaza es tan grande, que pasarse allí dos días completos por momentos nos resultaba agobiante, a mí y a algún otro nos faltaba el aire, porque todo estaba literalmente lleno de cosas que se vendían, y de gente que las vendíamos.
Me dirán que soy un pesimista, pero no es pesimismo, lo que pasa es que no se puede dejar de ver que quienes venden son más que quienes van a ver, y evidentemente más que los que compran algo. No darse cuenta es imposible para un ser normal, no ver lo que hay implicado es otra cosa. No se trata de pesimismo sino de simple sentido común del cual todos estamos dotados. Digo que este abigarramiento de comercio informal es la “cultura del comercio a como dé lugar”, a la que nos han llevado los dueños del mundo. Cultura que consume a la otra cultura, la de hacer nuestra vida, de hacer lo que uno necesita hacer, no exclusivamente la de conseguir plata. La cultura de la venta formal o informal hace que el sentido de las cosas se juegue en el vender o no vender. Encubre la cesantía, la precariedad, pero es más honda, creo yo, su raíz dura.
Aunque todavía la juventud y las ansias de vivir parecen encontrar un pretexto en extender un paño en el suelo para vender alguna artesanía, alguna cosa para comer, alguna canción, algún cómic, más cierto parece lo inverso: no se trata de una actividad alternativa, porque no hay alternativa. Habría que saberlo, pero no soy sociólogo, bien se nota. Los sociólogos parecen estar dedicados a hacer mediciones porcentuales, estadísticas que se pagan bien.
Para algunos no hay problemas de verdad en todo esto, al contrario, es una conjugación de economía y cultura, o sea una situación sana. Para otros es lo mejor que puede darse, porque no hay intermediarios, y la retribución y retroalimentación es directa. Pura ganancia.

Pero diré que para algunos como yo, más que problema la situación es una sentencia, porque en la competencia por la venta, sabiendo que seré desplumado a la primera, yo prefiero no entrar al ruedo de nuevo. No entrar de nuevo, ahora que me doy cuenta, porque como nadie puede evitarlo, estuve allí en pleno casi toda mi vida. Prefiero vivir estrechamente, algo que puede hacerse peor más adelante, y no hallando el modo de evitarlo. Pero a pesar de eso no pude evitar el deseo y la necesidad de vender. La presión viene de todas partes. Ése es el asunto. Estar allí, en un stand formal o informal con tus libros, tus fanzines y tus objetos, te coloca en la situación de aceptar que no hay salida por lo pronto, que las cosas se miden según vendes o no, según compras o no, que la venta es la medida de todas las cosas. ¿Qué diría Leonardo, qué diría Bruneleschi? ¿Qué diría Poe, qué diría Benjamin?

En estas circunstancias pierde sentido pensar en qué hacemos y cómo hacemos lo que hacemos, o sea pensar nuestro medio y su lenguaje. Tratamos de hacerlo pero no logramos organizar una actividad crítica vital, y seguimos a años de otros mercados ¡paradójico!

Ese es el segundo punto, y el que más me interesa: allí en las ferias uno se presiona, sólo tiene sentido pensar en lo que estamos haciendo para vender. Esto adquiere como sabemos rango de verdad, de realidad. El problema, para quienes están convencidos, es lo caro que resulta contratar estudios de mercado.
Diré que uno trata de hacer algo, mostrando por ejemplo entre los libros otros libros u objetos que no se venden, que sólo se exhiben, que atraen quizá porque son bonitos y originales, eso nomás. O sea que al menos algunos respondemos con romanticismo, pero “no sirve”, y sabemos que no sirve. Hay gente que odia estos “gestos”. Para exhibir están las galerías, grandísmimo hipócrita, dirán,  y el recorrido es el mismo, en otro nivel.
Yo no creo que la civilización ¡OH, la civilización!, encuentre su vértice en el billete, el más aplastante de los significantes, decía Lacan. O en el poder, el sexo y el dinero, como dicen en el Movimiento Humanista. Pero la porfía es cosa de uno no más, porque la realidad existe, es fascista, y te muele a palos, dice Feinmann en Filosofía aquí y ahora.

O sea ¿estoy pensando, diría el Divino Anticristo,  que se trata de las relaciones con el poder? Gente que dice que a este país le hace falta remecerlo, sacarle la hipocresía, etcétera, mientras gozan de un muy buen pasar con la publicidad, y ya no hacen otra cosa. Gente que nunca pasó hambre y que entra a dominar el mundillo del arte con “Para no morirse de hambre en el arte”, y va a las poblaciones. Pero lo que los hace entrar en la Historia es que son capaces de contactos exitosos con Soprole y la FACH, en tiempos de Pinochet, nada menos. Porque, ¿qué mérito hay en persuadir a las personas pobres que participen en la acción del CADA si la acción que les piden es que reciban bolsas de leche de Soprole en el escenario de sus casas? ¿No acusan por lo mismo, gravemente y con razón, a quienes se dedican a otro tipo de actividades y van a Pedro Aguirre Cerda a ofrecer bolsas con mercadería?
Al fin señores leyentes, que me habéis tenío paciencia, que en esto o en aquello digo no hay aquí nada nuevo, y toos lo sabimos bien. Aquí, o en una librería, se trata de los contantes y sonantes, pero en otro nivel de esto mismo, y a medida que se va subiendo, se trata de la venta del símbolo, de la personalidad, de la lectura histórica, del anti-anti discurso, del genio que dicta su regla a la cultura. Por eso a ellos les hace falta la crítica, de esa que se convierte en metalenguaje de élites. Yo sospecho que hay necesidad de ello para que lo de arriba domine a lo de abajo, por eso funciona, –aunque para sospechar ya sabemos quienes están. Yo no quiero esa crítica para lo nuestro. Ellos nunca nos darán sitio, tenemos que ganarlo nosotros. Pero si no le vemos sentido, si no encontramos nuestro propio debate serio, perdidos en la urgencia de sobrevivir, no tendremos cómo.

Aguántenme si lo último, o todo acaso, no fue lo claro que tendría que ser. Uno no puede verbalizar bien y a la primera lo que, según lo poco que conozco, no está verbalizado en ninguna parte todavía.

Written by vichoplaza

diciembre 4, 2012 at 5:49 am

Publicado en Crítica

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